La Cumbre de la izquierda por Luis DE LION

CumbredelasAméricasPanamá4

 

La Cumbre de las Américas en Panamá, reunió a los presidentes de América Latina y el presidente Obama. El eje central del encuentro era el acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos, y también, aunque de forma más marginal, era la ocasión para abordar la situación en Venezuela.

Dos días de discusiones e intercambios, pero un único objetivo; el apretón de manos entre Obama y Raúl Castro.

Una cumbre a la que Cuba asistía por primera vez, pero que la grave situación en la provincia de Venezuela, prometía aguarle la fiesta del debut de los hermanos Castro en estos grandes eventos regionales. Caracas está al borde de la cesación de pagos, al tiempo que Maduro ha multiplicado la represión contra los opositores a su régimen satélite. Un grave situación que hizo que en marzo pasado Obama calificara a Venezuela como una “amenaza para la seguridad de los Estados Unidos” para luego retractarse.

Pero si la grave crisis venezolana no estaba en la orden del día, la declaración de los 26 ex presidentes el día previo a la cumbre, denunciando la falta de garantías democráticas en Venezuela junto a la exigencia de puesta en libertad de los presos políticos de Maduro, hizo que en un primer momento se hablara menos de las negociaciones entre La Habana y Washington.

No obstante, el simbolismo que representa el gesto de los ex presidentes, logró romper con la naftalínica matriz de una supuesta solidaridad entre naciones latinoamericanas ante el “imperialismo” estadounidense.

Nunca antes América Latina había tenido un número tan grande de presidentes de izquierda democráticamente electos. Sin embargo, la figura del hombre que más daño le ha hecho a la izquierda en América Latina, el menos demócrata, Fidel Castro, sigue estando presente, al tiempo que es respetado por unos y venerado por otros de estos nuevos líderes de la izquierda latinoamericana.

Esa misma izquierda que se niega a hacer un balance profundo de su historia y de su identidad, se encuentra desabastecida de ideas, justo en el momento en que le sobran los espacios. El futuro pareciera asustarles, no se hayan en una escena sin guerra fría y buscan fantasmas en la Globalización. Al estribillo antiimperialista se le suma el antineoliberal. En lugar de proletariado se habla de Sociedad Civil.

La más alta plaza política la han conquistado, pero tarda en llegar la respuesta a la interrogante en cuanto a la capacidad de ofrecer alternativas modernas a los desafíos de la modernidad.

@ldelion

luisdelion@gmail.com

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La Cumbre de las Américas en Panamá, reunió a los presidentes de América Latina y el presidente Obama. El eje central del encuentro era el acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos, y también, aunque de forma más marginal, era la ocasión para abordar la situación en Venezuela.

Dos días de discusiones e intercambios, pero un único objetivo; el apretón de manos entre Obama y Raúl Castro.

Una cumbre a la que Cuba asistía por primera vez, pero que la grave situación en la provincia de Venezuela, prometía aguarle la fiesta del debut de los hermanos Castro en estos grandes eventos regionales. Caracas está al borde de la cesación de pagos, al tiempo que Maduro ha multiplicado la represión contra los opositores a su régimen satélite. Un grave situación que hizo que en marzo pasado Obama calificara a Venezuela como una “amenaza para la seguridad de los Estados Unidos” para luego retractarse.

Pero si la grave crisis venezolana no estaba en la orden del día, la declaración de los 26 ex presidentes el día previo a la cumbre, denunciando la falta de garantías democráticas en Venezuela junto a la exigencia de puesta en libertad de los presos políticos de Maduro, hizo que en un primer momento se hablara menos de las negociaciones entre La Habana y Washington.

No obstante, el simbolismo que representa el gesto de los ex presidentes, logró romper con la naftalínica matriz de una supuesta solidaridad entre naciones latinoamericanas ante el “imperialismo” estadounidense.

Nunca antes América Latina había tenido un número tan grande de presidentes de izquierda democráticamente electos. Sin embargo, la figura del hombre que más daño le ha hecho a la izquierda en América Latina, el menos demócrata, Fidel Castro, sigue estando presente, al tiempo que es respetado por unos y venerado por otros de estos nuevos líderes de la izquierda latinoamericana.

Esa misma izquierda que se niega a hacer un balance profundo de su historia y de su identidad, se encuentra desabastecida de ideas, justo en el momento en que le sobran los espacios. El futuro pareciera asustarles, no se hayan en una escena sin guerra fría y buscan fantasmas en la Globalización. Al estribillo antiimperialista se le suma el antineoliberal. En lugar de proletariado se habla de Sociedad Civil.

La más alta plaza política la han conquistado, pero tarda en llegar la respuesta a la interrogante en cuanto a la capacidad de ofrecer alternativas modernas a los desafíos de la modernidad.

@ldelion

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La Cumbre de las Américas en Panamá, reunió a los presidentes de América Latina y el presidente Obama. El eje central del encuentro era el acercamiento entre Cuba y los Estados Unidos, y también, aunque de forma más marginal, era la ocasión para abordar la situación en Venezuela.

Dos días de discusiones e intercambios, pero un único objetivo; el apretón de manos entre Obama y Raúl Castro.

Una cumbre a la que Cuba asistía por primera vez, pero que la grave situación en la provincia de Venezuela, prometía aguarle la fiesta del debut de los hermanos Castro en estos grandes eventos regionales. Caracas está al borde de la cesación de pagos, al tiempo que Maduro ha multiplicado la represión contra los opositores a su régimen satélite. Un grave situación que hizo que en marzo pasado Obama calificara a Venezuela como una “amenaza para la seguridad de los Estados Unidos” para luego retractarse.

Pero si la grave crisis venezolana no estaba en la orden del día, la declaración de los 26 ex presidentes el día previo a la cumbre, denunciando la falta de garantías democráticas en Venezuela junto a la exigencia de puesta en libertad de los presos políticos de Maduro, hizo que en un primer momento se hablara menos de las negociaciones entre La Habana y Washington.

No obstante, el simbolismo que representa el gesto de los ex presidentes, logró romper con la naftalínica matriz de una supuesta solidaridad entre naciones latinoamericanas ante el “imperialismo” estadounidense.

Nunca antes América Latina había tenido un número tan grande de presidentes de izquierda democráticamente electos. Sin embargo, la figura del hombre que más daño le ha hecho a la izquierda en América Latina, el menos demócrata, Fidel Castro, sigue estando presente, al tiempo que es respetado por unos y venerado por otros de estos nuevos líderes de la izquierda latinoamericana.

Esa misma izquierda que se niega a hacer un balance profundo de su historia y de su identidad, se encuentra desabastecida de ideas, justo en el momento en que le sobran los espacios. El futuro pareciera asustarles, no se hayan en una escena sin guerra fría y buscan fantasmas en la Globalización. Al estribillo antiimperialista se le suma el antineoliberal. En lugar de proletariado se habla de Sociedad Civil.

La más alta plaza política la han conquistado, pero tarda en llegar la respuesta a la interrogante en cuanto a la capacidad de ofrecer alternativas modernas a los desafíos de la modernidad.

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