La molestia chavista pues el mundo ignoró su crítica al asesinato de Osama bin Laden

 
 
 
 
Tras la muerte del terrorista más grande de la historia del mundo, Osama Bin Laden, a manos de un comando militar de los Estados Unidos el único gobierno del mundo que ha emitido un documento oficial criticando, desmereciendo, cuestionando y rechazando la operación quirúrgica realizada tenía que ser el de Hugo Chávez.
Habiendo sido crítico feroz de la intervención colombiana en Ecuador para acabar con Raúl Reyes y su campamento guerrillero de las FARC no le quedaba otra salida sino reiterar su oposición a un hecho similar, a pesar de que tras aquella rabieta pública lanzando todo tipo de epítetos al presidente Álvaro Uribe terminó dándole un abrazo en el encuentro promovido por el presidente Leonel Fernández en Santo Domingo.

Luego arreció cuando se supo que de las computadoras del narcoguerrilero se había obtenido mucha información que por cierto está a punto de ser entregada el próximo 10 de mayo por el británico Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).

Hace unos días la Cancillería venezolana emitió un comunicado, en el que criticó la violencia norteamericana desatada con “la supuesta intención de neutralizar” al líder del grupo terrorista Al Queda, Osama bin Laden, que murió “producto de una operación militar conducida por fuerzas estadounidenses en el territorio de Pakistán, sin conocimiento de las autoridades de ese país”.
El gobierno de Hugo Chávez rechazó la “barbaridad y la ilegalidad de los métodos utilizados por el gobierno de los Estados Unidos” en la región.
En cuanto a Bin Laden, lo calificó de “sombrío personaje, entrenado y armado por las agencias de inteligencia estadounidenses durante los años 80”. Luego de volver a “sus prácticas terroristas contra Estados Unidos en años posteriores”, Bin Laden se convirtió “en el mejor pretexto para desatar la guerra que hoy se prosigue contra los pueblos de Irak y Afganistán”, agregó el texto.
 
Como se conoce el doble lenguaje al que el mundo entero ya se acostumbró por parte del gobierno venezolano en la nota oficial hacen énfasis en ratificar “su condena irrestricta al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, y repudia todas las formas de violencia, y su compromiso con la paz”. También expresó que “no se puede combatir al terror con más terror, ni a la violencia con más violencia, y que el respeto a la dignidad y soberanía de los pueblos constituye un requisito indispensable para la consolidación de la seguridad y la paz mundial”.

Para no dejar dudas de su amistad con el único país que le paga completa la factura petrolera terminaron señalando: “El gobierno bolivariano, en unión del pueblo de Venezuela, se vale de esta ocasión para manifestar su solidaridad con el pueblo de los Estados Unidos, especialmente con las familias de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001”, concluyó.
Recordamos aquellas declaraciones de Chávez mostrando como en Afganistán e Irak los “gringos mataban niños” y otras menudencias demagógicas de la izquierda mundial, apenas pasó el atentado a las Torres Gemelas; también la fiesta que hicieron los colectivos gobierneros como el de Lina Ron en ese momento y las repetitivas críticas a las acciones de Estados Unidos en la zona mencionada en el documento de la cancillería.
 Pues ahora supimos que dentro del gobierno, dígase Miraflores y la Cancillería, hay una enorme molestia e incomodidad con el mundo entero pues las palabras oficiales venezolanas se las llevó el viento y nadie se dio por aludido. Ni siquiera los Estados Unidos  le hicieron caso. Además le toca el hecho en medio de la diatriba que con los grupos de la izquierda radical está confrontando Chávez tras haberle entregado a Colombia el ex guerrillero ahora convertido en “periodista sueco” Joaquín Pérez Becerra y enredarse en sus explicaciones entorno a la motivación que tuvo para  ordenar apresarlo al llegar al aeropuerto de Maiquetía.
Indicativo este acontecimiento todo, desde el comunicado hasta las explicaciones, de la pérdida de liderazgo noticioso y de influencia del comandante presidente venezolano.
El hastío con su discurso trasnochado, repetitivo y chancletario que se siente en Venezuela ya trasciende las fronteras.

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Tras la muerte del terrorista más grande de la historia del mundo, Osama Bin Laden, a manos de un comando militar de los Estados Unidos el único gobierno del mundo que ha emitido un documento oficial criticando, desmereciendo, cuestionando y rechazando la operación quirúrgica realizada tenía que ser el de Hugo Chávez.
Habiendo sido crítico feroz de la intervención colombiana en Ecuador para acabar con Raúl Reyes y su campamento guerrillero de las FARC no le quedaba otra salida sino reiterar su oposición a un hecho similar, a pesar de que tras aquella rabieta pública lanzando todo tipo de epítetos al presidente Álvaro Uribe terminó dándole un abrazo en el encuentro promovido por el presidente Leonel Fernández en Santo Domingo.

Luego arreció cuando se supo que de las computadoras del narcoguerrilero se había obtenido mucha información que por cierto está a punto de ser entregada el próximo 10 de mayo por el británico Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS).

Hace unos días la Cancillería venezolana emitió un comunicado, en el que criticó la violencia norteamericana desatada con “la supuesta intención de neutralizar” al líder del grupo terrorista Al Queda, Osama bin Laden, que murió “producto de una operación militar conducida por fuerzas estadounidenses en el territorio de Pakistán, sin conocimiento de las autoridades de ese país”.
El gobierno de Hugo Chávez rechazó la “barbaridad y la ilegalidad de los métodos utilizados por el gobierno de los Estados Unidos” en la región.
En cuanto a Bin Laden, lo calificó de “sombrío personaje, entrenado y armado por las agencias de inteligencia estadounidenses durante los años 80”. Luego de volver a “sus prácticas terroristas contra Estados Unidos en años posteriores”, Bin Laden se convirtió “en el mejor pretexto para desatar la guerra que hoy se prosigue contra los pueblos de Irak y Afganistán”, agregó el texto.
 
Como se conoce el doble lenguaje al que el mundo entero ya se acostumbró por parte del gobierno venezolano en la nota oficial hacen énfasis en ratificar “su condena irrestricta al terrorismo en todas sus formas y manifestaciones, y repudia todas las formas de violencia, y su compromiso con la paz”. También expresó que “no se puede combatir al terror con más terror, ni a la violencia con más violencia, y que el respeto a la dignidad y soberanía de los pueblos constituye un requisito indispensable para la consolidación de la seguridad y la paz mundial”.

Para no dejar dudas de su amistad con el único país que le paga completa la factura petrolera terminaron señalando: “El gobierno bolivariano, en unión del pueblo de Venezuela, se vale de esta ocasión para manifestar su solidaridad con el pueblo de los Estados Unidos, especialmente con las familias de las víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001”, concluyó.
Recordamos aquellas declaraciones de Chávez mostrando como en Afganistán e Irak los “gringos mataban niños” y otras menudencias demagógicas de la izquierda mundial, apenas pasó el atentado a las Torres Gemelas; también la fiesta que hicieron los colectivos gobierneros como el de Lina Ron en ese momento y las repetitivas críticas a las acciones de Estados Unidos en la zona mencionada en el documento de la cancillería.
 Pues ahora supimos que dentro del gobierno, dígase Miraflores y la Cancillería, hay una enorme molestia e incomodidad con el mundo entero pues las palabras oficiales venezolanas se las llevó el viento y nadie se dio por aludido. Ni siquiera los Estados Unidos  le hicieron caso. Además le toca el hecho en medio de la diatriba que con los grupos de la izquierda radical está confrontando Chávez tras haberle entregado a Colombia el ex guerrillero ahora convertido en “periodista sueco” Joaquín Pérez Becerra y enredarse en sus explicaciones entorno a la motivación que tuvo para  ordenar apresarlo al llegar al aeropuerto de Maiquetía.
Indicativo este acontecimiento todo, desde el comunicado hasta las explicaciones, de la pérdida de liderazgo noticioso y de influencia del comandante presidente venezolano.
El hastío con su discurso trasnochado, repetitivo y chancletario que se siente en Venezuela ya trasciende las fronteras.

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