Esperando ser atendida por una funcionaria de una institución pública esta mañana, le escuché esta frase, que utilizó a título de saludo, cuando tomaba el teléfono para atender una llamada que recibió en mi presencia.
Más que sorpresa y extrañeza sentí satisfacción cuando iniciamos una corta pero interesante conversación sobre su desesperanza actual y su angustia pero que progresivamente se fueron matizando (quizás en parte como consecuencia de mi tarea evangelizadora de procurar construir escenarios que demuestren la posibilidad de un futuro mejor al presente) mientras intercambiábamos nuestras percepciones y deseos.
Parte del éxito que tuvo el gobierno en los últimos 15 años fue su enorme capacidad de fabricar esperanzas que logró aglutinar a una gran mayoría en torno a una alternativa diferente que prometía futuro.
No vamos a hablar de los fracasos, errores y desastres generados por el modelo y sus dirigentes por lo aburrido y harto conocido, sino de como quienes adversamos por distintas razones al régimen debemos enfocar los esfuerzos en hacer que la oposición se convierta en la alternativa que devuelva las esperanzas extraviadas.
Nuestros actuales gobernantes pasaron de ser los grandes generadores de esperanzas a ser prominentes dispensadores de excusas.
Es entonces nuestra oportunidad para demostrar que la oposición ha hecho un gran esfuerzo de tiempo, talento y análisis para diseñar un camino distinto al andado en los últimos 15 años; para demostrar que sabemos para donde vamos y que estamos dejando de ser un cuerpo reactivo para convertirnos en un motor de iniciativas que produzcan resultados.
Debemos iniciar una cruzada para rescatar la ilusión y esperanzas en medio de una situación muy difícil y que seguramente tenderá a empeorar en el futuro próximo, por lo que el reto se hace aún mayor.
Sin embargo existen ejemplos en la historia reciente que nos permiten afirmar que si es posible. La experiencia que vivieron los chilenos a finales de la década de los 80 puede ser muy útil para evidenciar que aún cuando la alternativa democrática tenía todo en su contra (comunicaciones limitadas, control férreo del uso de los espacios publicitarios, terror policial, entre otros) a través del uso del ingenio y la participación de muchos lograron devolver los colores y la alegría a un país gris, obteniendo su fin ulterior: recuperar la democracia.
Con la participación de artistas, publicistas, comunicadores, pensadores diseñaron una campaña que permitió cautivar a quienes estaban indecisos o temían las consecuencias de un cambio, con un mensaje de esperanza y alegría en medio de muchas adversidades. No somos los únicos entonces que hemos enfrentado escenarios adversos y difíciles, como muchas veces tendemos a pensar, para así justificar nuestra conformidad o mediocridad.
Los venezolanos estamos muy necesitados de ilusiones que despierten nuestro apagado ánimo y es obligatorio que nuestros líderes así lo entiendan y dediquen esfuerzos importantes para generarlas.
Vienen momentos mas complejos y requeriremos de mucha motivación positiva que contrarreste la frustración y el desánimo.
Nuestros jóvenes han dado la talla al convertirse en factores de entusiasmo colectivo al tiempo que se preocupan por su formación futura y por sus oportunidades de desarrollo.
A ellos les debemos esa Venezuela mejor donde todos tengamos esperanzas de poder contar con un futuro mejor que el presente, ese es el reto de hoy!
María Elena Arcia Paschen







