El costo de la “paz“ en Colombia por Darío Ramírez

Colombia

 

La solidaridad consiste en un sentimiento de unidad basado en intereses y metas comunes, básicamente si tu eres una persona altruista y existe alguien que necesita ayuda para poder estudiar se desarrolla en ti una solidaridad pues su meta y la tuya coinciden al ponerse al servicio. Existe el mito de que los mandatarios de países deben tener solidaridad automática ante situaciones adversas con países vecinos, por aquello de que somos “comunidad“.

Pero la realidad es que ningún país mueve a una persona si no existe antes un interés que logre cumplir con tan solo hacer una firma. Es por eso que desde hace años vemos como ante situaciones claras y expresas de violaciones de DDHH en Venezuela son pocos los que se han atrevido a levantar la voz y accionar en defensa de la democracia (algo que por cierto debería ser interés de todos).

El caso de Martinelli en Panamá fue bastante claro, un presidente saliente ante un país que tiene una deuda de 2000 millones de $ decide jugarse la última carta y la pone sobre la mesa, la reacción de la mafia que desgobierna Venezuela no es otra que “Corto relaciones contigo y no pago nada“. Al entrar nuevo gobierno se hacen esfuerzos para restablecer relaciones porque de nuevo los intereses preponderan y cuando se tiene una gestión entera por delante no es productivo enemistarse con el país con mayor reserva petrolera del mundo.

Pero por terrible que estos conceptos nos parezcan, lamentablemente es como se llevan las relaciones internacionales, y así ha sido siempre. Ahora cuando caemos a una situación en la cual un país vecino captura con un despliegue militar a un joven desarmado y que no tiene antecedentes penales, y que único cargo es activar políticamente, y es entregado en cuestión de horas a las fuerzas de inteligencia entonces pasa la política internacional de ser diplomática a un burda humillación e irrespeto a tratados internacionales de DDHH.

Lorent Saleh y sus compañeros habían huido de Venezuela meses atrás, producto de amenazas a su integridad y la de sus familias, en efecto no haber solicitado asilo fue un error (aunque al ver esta actitud del gobierno colombiano pareciera que hubiese sido un esfuerzo vano). Sin embargo la manera en que actuó inmigración es totalmente desmedida y que refleja una intención clara: Hubo una amenaza seguida de una solicitud del régimen venezolano al gobierno colombiano.

Imaginarse cuáles podrían ser esas amenazas no son muy difíciles cuando se toma en cuenta que Venezuela controla gran parte de la guerrilla que durante décadas ha mantenido a Colombia en una guerra sin fin y es también la mafia de enchufados quien ha logrado facilitar y mantener la mesa de “Paz“ en La Habana que casualmente ha sido la mayor propaganda del Presidente Santos en sus esfuerzos por la acabar con la guerrilla.

Hoy tenemos a 3 jóvenes más en las cárceles del SEBIN, tratados como narcotraficantes y delincuentes. El gobierno colombiano fácilmente pudo haber llamado a capítulo a los jóvenes venezolanos o expulsarlos simplemente, pero extraditarlos de la manera en que se hizo viola sus DDHH su derecho a la defensa internacional y viola tratados internacionales con respecto a la persecución. Definitivamente los intereses del  Gobierno Colombiano se veían beneficiados al entregar así a unos estudiantes.

Es lamentable y esperamos que no se transforme en una práctica para los países latinos sucumbir ante una dictadura por intereses.

@darioramirez

Concejal del Municipio Sucre, Estado Miranda

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Colombia

 

La solidaridad consiste en un sentimiento de unidad basado en intereses y metas comunes, básicamente si tu eres una persona altruista y existe alguien que necesita ayuda para poder estudiar se desarrolla en ti una solidaridad pues su meta y la tuya coinciden al ponerse al servicio. Existe el mito de que los mandatarios de países deben tener solidaridad automática ante situaciones adversas con países vecinos, por aquello de que somos “comunidad“.

Pero la realidad es que ningún país mueve a una persona si no existe antes un interés que logre cumplir con tan solo hacer una firma. Es por eso que desde hace años vemos como ante situaciones claras y expresas de violaciones de DDHH en Venezuela son pocos los que se han atrevido a levantar la voz y accionar en defensa de la democracia (algo que por cierto debería ser interés de todos).

El caso de Martinelli en Panamá fue bastante claro, un presidente saliente ante un país que tiene una deuda de 2000 millones de $ decide jugarse la última carta y la pone sobre la mesa, la reacción de la mafia que desgobierna Venezuela no es otra que “Corto relaciones contigo y no pago nada“. Al entrar nuevo gobierno se hacen esfuerzos para restablecer relaciones porque de nuevo los intereses preponderan y cuando se tiene una gestión entera por delante no es productivo enemistarse con el país con mayor reserva petrolera del mundo.

Pero por terrible que estos conceptos nos parezcan, lamentablemente es como se llevan las relaciones internacionales, y así ha sido siempre. Ahora cuando caemos a una situación en la cual un país vecino captura con un despliegue militar a un joven desarmado y que no tiene antecedentes penales, y que único cargo es activar políticamente, y es entregado en cuestión de horas a las fuerzas de inteligencia entonces pasa la política internacional de ser diplomática a un burda humillación e irrespeto a tratados internacionales de DDHH.

Lorent Saleh y sus compañeros habían huido de Venezuela meses atrás, producto de amenazas a su integridad y la de sus familias, en efecto no haber solicitado asilo fue un error (aunque al ver esta actitud del gobierno colombiano pareciera que hubiese sido un esfuerzo vano). Sin embargo la manera en que actuó inmigración es totalmente desmedida y que refleja una intención clara: Hubo una amenaza seguida de una solicitud del régimen venezolano al gobierno colombiano.

Imaginarse cuáles podrían ser esas amenazas no son muy difíciles cuando se toma en cuenta que Venezuela controla gran parte de la guerrilla que durante décadas ha mantenido a Colombia en una guerra sin fin y es también la mafia de enchufados quien ha logrado facilitar y mantener la mesa de “Paz“ en La Habana que casualmente ha sido la mayor propaganda del Presidente Santos en sus esfuerzos por la acabar con la guerrilla.

Hoy tenemos a 3 jóvenes más en las cárceles del SEBIN, tratados como narcotraficantes y delincuentes. El gobierno colombiano fácilmente pudo haber llamado a capítulo a los jóvenes venezolanos o expulsarlos simplemente, pero extraditarlos de la manera en que se hizo viola sus DDHH su derecho a la defensa internacional y viola tratados internacionales con respecto a la persecución. Definitivamente los intereses del  Gobierno Colombiano se veían beneficiados al entregar así a unos estudiantes.

Es lamentable y esperamos que no se transforme en una práctica para los países latinos sucumbir ante una dictadura por intereses.

@darioramirez

Concejal del Municipio Sucre, Estado Miranda

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