15° 25′ North, 61° 20′ West, mi próxima dirección por Armando Martini Pietri

Brújula

 

Por estos días, en un ataque de nerviosa arrechera, cansado, agobiado por tantas quejas y sinsabores, rodeado de hipócritas e hipocresías, molesto de ver largas colas, el fastidio de los bachaqueros, la inseguridad que nos está matando, la falta de medicamentos y de comida; en fin, sin dólares, con el precio del petróleo por debajo de 30 dólares el barril, la OPEP que no me para bolas, los pranes alborotados y las cárceles vueltas leña, la economía desplomándose, toda esa gigantesca pava; el rollo del niño y la niña, no termina de llover, la luz en su límite crítico, el agua no llega, la corrupción en Bicentenarios y todos los males, plagas y mosquitos, me llevaron a tomar una decisión sin consultar con inútiles ni sabihondos: me voy p’al carajo y dejo que este país se friegue, nadie entiende la buena gestión, no tomaré ninguna otra providencia que no sea la de retirarme a disfrutar la vida y cuando el país reviente estaré lejos –aunque cerca- con el dinero de mis prestaciones sociales y servicios prestados. Declaro, con esto no puedo más. Me rindo. Se acabó. Me voy. Pero ni de vaina renuncio.

Comencé la búsqueda de un territorio para envejecer con dignidad y visité China. En Pekín, la milenaria capital imperial, encontré un maravilloso país y una ciudad rimbombante. La Plaza de Tiananmen, la más grande del mundo. El Parque Beihai con sus espectaculares jardines. El Mercado nocturno de Wangfujing y finalmente la Ciudad Prohibida. Las enseñanzas de Mao fueron y siguen siendo extraordinarias. Lo que ví me gustó, sintonizo con su sistema de gobierno, comunistas con éxito económico sólo en China. Con tristeza debo apuntar, la señora no estuvo de acuerdo y expresó su inconformidad, dijo que aquello estaba muy lejos de su barrio al oeste de Caracas, que le haría falta su cruzado de pata’e res con patica’e cochino, que el idioma era difícil de aprender; insistí sobre los intérpretes y que en el mercado hay todo para cualquier sancocho, pero se negó rotundamente, una lástima, ya había abierto cuentas bancarias con nuestros ahorritos.

Decidimos entonces, visitar la inmensidad de Rusia, gran potencia que muchas veces ha puesto a temblar a los imperialistas, ése es un buen síntoma. En su gran capital histórica, Moscú, está el enorme palacio, más bien la soberbia fortaleza, el Kremlin, frente a la Plaza Roja, donde nadie hace manifestaciones contra el Gobierno, ¡ésa si es una democracia socialista moderna!  Deslumbran también la Basílica de San Basilio, la Catedral de Kazán, el Museo Nacional de Historia, el Zoológico de Moscú y el Teatro Bolshoi. Pero el frio nos corrió, hasta los huesos se me congelaron, lo mismo que le pasó a los invasores franceses con Napoleón –quien fue, por cierto, símbolo extraordinario de la fuerza de la democracia, porque era italiano pero llegó a ser general del ejército francés y gobernante de Francia, para que después anden con pendejadas limítrofes y regionalistas.

Para mi sorpresa, mi amada quedó encantada con la ópera y el ballet que no entiendo, me fastidia y me quedo dormido. Además a ella le gustan los castillos, el lujo y la opulencia de los zares, todo eso que se recuperó después del stalinismo –es que el comunismo ruso es histórico y entendió la importancia de los monumentos, fusilaron sus reyes, pero dejaron intacta la grandeza histórica, como ahora sigue haciéndolo Putin, un tipo interesante, hace ejercicio y cabalga sobre un oso.

La señora indicó estar dispuesta a un sacrificio por la temperatura. Claro que frío con pieles costosas, buenos abrigos, guantes y bufandas no sólo se lleva bien, sino que es elegante, igual como en las películas de Hollywood. Lo malo fue otra vez lo dificultoso del idioma -¿habrá alguno que entienda y hable el ruso? ¡Ni siquiera Roy!- y la lejanía de nuestra Venezuela nos hicieron desistir. De todas maneras aprovechamos la estadía y abrimos cuentas de ahorro igual a las que dejamos en China produciendo intereses para el futuro, para nuestra ancianidad -que todavía está lejos, aclaro-, y lo ratifica mi compañera, que se cuida mucho y se le nota, tratamientos gringos y cremas francesas son carísimos pero dan resultado. La veo chévere.

Regresé a la patria bolivariana para ahogarme en la agotadora angustia por los mismos problemas que dejé pero empeorados, siempre pensando y madurando alternativas en una soledad que aturde, porque las propuestas de políticos y asesores de confianza eran tan tontas o más que las mías.

De repente, viendo televisión, pareció cosa de Dios, o de Ashé, en esos pocos tiempos de descanso y recreo de no saber nunca cuál decisión tomar, y consultar a una pila de infecundos que sólo saben no decidir, allí estaba una maravillosa, esplendorosa e impactante isla caribeña. De inmediato comprendí, no siempre es fácil agarrar las cosas así de repente, y grité emocionado “¡mi amor, ven acá, ése es el lugar que quiero para vivir, es perfecta, tiene sol tropical, cielo azul, está cerquita y sólo se habla inglés!”. Ella exclamó con la dulzura que la caracteriza que “no espikea english”. “No importa”, le respondí, “lo aprendes, te inscribes en clases”. “Bueno”, contestó ella, que siempre está dispuesta a mejorar, y agregó una buena idea: “quien sabe, puedes montar una línea de autobuses chinos, ¡seguro en esa isla serán una sensación y un buen negocio! Además de eso tu sabes.”

Al día siguiente nos pusimos a buscar información, nunca faltan bolichicos que son unos aviones en los negocios financieros y abogados expertos y de confianza que nos indicarán qué hacer, qué planificar y cómo dirigir las inversiones correspondientes y necesarias para cumplir los requisitos de la visa, los detalles para la residencia y que entiendan muy bien los convenios internacionales, especialmente los de extradición. Eso sí, la primera y única seguidora, aunque a veces pienso si no sería mejor que yo la siguiera a ella, siempre prudente y cuidadosa, no permitió que los ahorritos dejados en China y Rusia fueran utilizados y siguen a buen resguardo, serán comunistas pero son gente seria. Por eso nuestros asesores presupuestarios utilizaron un remanente que estaban en la seguridad, de eso que llaman “partidas secretas” entre marido y mujer o un “por si acaso”, nunca se sabe qué depara el devenir del tiempo.

Para tranquilidad la isla no es Cuba, no se preocupen, aparte de que ya los imperialistas norteamericanos están allí y las sonrisas de Raúl me fastidian, me desconciertan. Lo único que no me termina de convencer que es zona de huracanes y el tamañito de 250 millas cuadradas más o menos, ¡pero qué caray! me encanta porque es uno de los centros financieros offshore más grandes del mundo. Está cubierta de selvas, llena de cascadas, manantiales y ríos, sus aguas termales de las mejores del mundo, la mayoría es de religión cristiana, es de naturaleza volcánica y podré aprender a bucear con Jacques Cousteau jr.

Que se queden los ingratos, que olviden quien los lanzó a la anarquía, a pelear sin esperanza. Permanezcan los que nunca entendieron al Comandante Supremo ni su legado, con impaciencias, incomprensiones e injustos reclamos. Que nombren Presidente al oso, para que se enteren cuánto costará la fulana Harina Pan y la cerveza, para que se les acaben los cuatro aumentos salariales anuales y se les termine la guachafita de que el Gobierno los siga manteniendo. Pero así es la vida, nada es perfecto, ¿después de tanto proclamar al comandante ahora hablan maravillas del adeco y están babeados por Nacho? ¡Eso es mucho mal agradecimiento!

Verán a jefes políticos y diputados que ahora se llenan la boca proclamando que son opositores, peleándose por votos y pedacitos de poder. Ustedes son capaces de elegir a quien los dejó abandonados después que los llamó a ayudarlo, o a quién(es) inventó la rebelión civil y después se dejó poner preso confiado que lo soltaríamos, allí sigue encanado y allí seguirá, quienes vienen tampoco lo quieren en la calle. Hagan lo que quieran, incluyendo aquellos que andan alzados y respondones, quédense con el país, voy por una nueva vida de sosiego, sin revoluciones ni mazazos amenazantes ni hojillas afiladas, ni conducta zurda y menos, política en el diván. Estaré tranquilo en mi tropical island.

No se angustien, estén serenos no pediré favores ni tratamiento especial, al Gobierno que subsista le solicitaré la aplicación de la Ley de Amnistía y regresaré triunfante. We will come back, carajo, si no que lo diga Henry.

@ArmandoMartini

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