Ugalde: “El Gobierno está tratando de sembrar la idea de que el Papa no está con la Iglesia venezolana”

Luis-ugalde

@MariaAlesiaSosa

 

Apenas el Papa Francisco aterrizó en Roma el 30 de abril de 2017, proveniente de su viaje a Egipto, saltaron todas las alarmas por sus declaraciones sobre Venezuela durante el vuelo. Así lo relata el padre Luis Ugalde, exrector de la Universidad Católica Andrés Bello.

El Papa había declarado que la oposición venezolana estaba dividida, o al menos ése fue el titular que la mayoría de los medios destacaron de su informal alocución. “A mi también me saltaron las luces. Recibí una carta del rector José Virtuoso pidiendo que, inmediatamente, la Iglesia venezolana debía comunicarse con el Vaticano. Recibí también al Cardenal. Nos reunimos con urgencia y sacamos un documento”.

Cuenta Ugalde, que Pietro Parolín, secretario de estado de la Santa Sede, entregó ese documento al Papa, y fue entonces cuando el sumo pontífice supo que sus declaraciones habían sido sacadas de contexto. Lo mismo opina Ugalde. quien explica que la gente ignora muchas acciones que ha tomado el Vaticano en esta situación, y que no tienen la misma resonancia.

 Francisco fue duramente criticado por hablar de las divisiones de la oposición y no condenar la represión.

El Papa está muy claro de lo que sucede en Venezuela. Hay que entender el contexto: Regresaba de Egipto, de un encuentro que ocurre cada 500 años, de reunirse con los dos Papas de las iglesias ortodoxas, y de un complicado encuentro con los musulmanes en su universidad. Llega al avión, viene cansado. Le preguntaron del diálogo y dijo dos cosas claras: Que no se cumplieron las condiciones para que el diálogo funcionara. Y además, sobre el diálogo, dijo que la misma oposición está dividida. El Gobierno desde hace unos seis meses, está jugando sistemáticamente a difundir el siguiente mensaje: “Los obispos venezolanos han traicionado a la Iglesia y  funcionan como un partido político, por eso están en contra de nosotros; en cambio el Papa quiere el diálogo, y nosotros estamos con el diálogo”. Efectivamente, al Gobierno le interesa que la oposición diga que el Papa no está con los obispos venezolanos.

¿Hubo alguna aclaratoria del Santo Padre?**

El Ángelus del domingo siguiente, que se llama Regina Celis (Reina del Cielo), lo comenzó hablando sobre Venezuela y las terribles noticias que estaban recibiendo, como completando o corrigiendo el malentendido. Es el Gobierno quien está tratando de sembrar la idea de que el Papa no está con la Iglesia venezolana.

¿Cree que el Vaticano ha sido una postura clara en este tema?

Hay cosas que deben conocerse: Cuando se dió el mal llamado diálogo, que no ocurrió, el Vaticano, a través de Parolín, mandó una carta durísima en la que reclamó que no se habían dado las condiciones ni respetado los acuerdos. El Vaticano exigía los cuatro puntos que pedía la oposición. La respuesta del Gobierno de Venezuela fue terrible, y eso no se publicó. Furiosos en Caracas, Diosdado Cabello dijo que un tal Parolín les había enviado una carta, sin embargo, insistía en que esa no era la respuesta del Papa, “porque el Vaticano está con ellos”. Pero evidente el secretario de Estado del Vaticano, no escribe ni un párrafo en temas tan trascendentales, sin acuerdo con el Papa y la Conferencia Episcopal. Lo cierto es que el diálogo no se dió, y en diciembre de 2016 fueron a Venezuela los otros facilitadores, nombrados unilateralmente por el Gobierno, y el del Vaticano dijo “No voy”.

Algunos tachan a Francisco de comunista…

Pesa contra el Papa la idea de que él no acaba de entender la economía liberal, y eso está bien. No tiene por qué estar de acuerdo con esos  principios, son cosas que se discuten. Pero es bueno no mezclar las dos cosas, porque él está muy claro de que en Venezuela hay una dictadura. Hay que separar las dos cosas.

¿Cree que la Constituyente es una solución como plantea el Gobierno?

Cuando el Gobierno cayó en la cuenta de que las decisiones 155 y 156 prendieron las luces de alarma nacionales e internacionales, Maduro dijo que había un “malentendido”. Pero no corrigió nada en lo sustancial: la Asamblea Nacional no existe, y reparten sus atribuciones entre el TSJ y el Ejecutivo. Eso es dictadura.

El Gobierno primero trató de suavizar esa decisión, aunque la gente no le creyó y salió a la calle. Ellos dijeron: “les vamos a meter miedo”, y sacaron 500 mil milicianos con fusiles, y miles de motos armadas de sus grupos y la gente no se asustó. Fuimos a las marchas. Siguiente paso del Gobierno: deseos infinitos de elecciones regionales ¡Otra mentira! Nadie le paró. El Gobierno pensó que con eso desactivaba la calle, pero no fue así. Tuvieron que inventar otra cosa: la constituyente. Si se ha dicho nacional e internacionalmente que esto es una dictadura, ¡continuemos la secuencia! ¡No empecemos de cero!

Ahora nos ofrece este otro plato, pero todo lo que te ofrece el dictador es para afianzar la dictadura, no nos engañemos, es una trampa, y una trampa mortal. Los obispos lo dicen claramente en su último pronunciamiento, y el Papa está de acuerdo con ellos.

Justamente esta semana se cumplieron 60 años de la Pastoral de Monseñor Arias Blanco, que fue determinante en la caída de Pérez Jiménez, ¿Son estos pronunciamientos de los obispos el equivalente en la Venezuela de hoy?

Efectivamente esa pastoral que salió el 1 de mayo de 1957 irritó mucho al Gobierno, pero si se compara con lo que han sacado los obispos, los de hoy son mucho más duros. En aquel momento de gran silencio dictatorial, todos los analistas ponen ese momento de la Iglesia como un detonante. La reacción del Gobierno fue muy negativa, y fue la inspiración del movimiento. Eso es muy importante, porque cuando se ve la contradicción entre los principios cristianos y lo que un régimen está haciendo, aunque no tengas fusiles, la legitimación moral del régimen se derrumba. Y eso es lo que está pasando en Venezuela: la gente deslegitima al Gobierno.

¿Qué tan importante son las decisiones de los líderes en un momento en que el pueblo está desbocado en esa deslegitimación al Gobierno?

Si usted me hace esa pregunta hace dos meses, la situación hubiera sido muy distinta. En este momento, los líderes están en primera fila, en la calle, amenazados y a veces golpeados. Ahora tienen una gran claridad en los documentos que sacan, en las decisiones que toman. Se ve una unidad que no existía hace diez años. Están activados, están unidos, y además tienen claridad. No se van a dejar engañar cuando el Gobierno les ofrezca falsas salidas, están claros que la lucha es por la restauración total de los derechos humanos y de la constitución. También sienten que se ganaron la confianza de la gente que habían perdido. Todo el mundo responde a sus convocatorias, no porque sean de ese partido, sino porque los ven definidos y claros.

Usted habla de tender puentes, ¿a qué sectores hay que incluir sin caer en la trampa del diálogo?

El tema del diálogo, con los facilitadores que había nombrado el Gobierno unilateralmente, hay que cerrarlo. Ahora, pensando en la reconstrucción, es un esfuerzo formidable lo que hay que hacer, y allí hay que invitar a todo el mundo. Por supuesto, si alguien es un delincuente, para eso están los tribunales. Pero hay que abrir las puertas a toda la gente que, de buena fe, pensó que esto era la esperanza y hoy ha visto que es un desastre. No sólo arriba, también en las comunidades. Todas las familias que no se hablaban, que se comiencen a hablar cuando caigan en cuenta que esto ha sido una desgracia que se ha vivido, y que para salir de ella hace falta una especie de primavera de la conciencia, eso vendrá.

Usted ha dicho que sin una decisión de los militares, no hay salida, ¿eso lo ve posible?

Sin, llamémoslo, resquebrajamiento del apoyo militar al Gobierno, no hay salida. Porque esto es una dictadura militar. Pero no es una dictadura tan cerrada como la de Cuba o Alemania Oriental. Efectivamente nos agrava la cosa, la presencia de cubanos expertos en vigilancia, y por eso, cualquier conversación entre militares está más vigilada que las demás. Pero ese resquebrajamiento está, y si hubiera un modo o termómetro para medir dónde estaba hace seis meses, dónde está hoy y dónde estará mañana, se darán cuenta que el resquebrajamiento inicial es una grieta tremenda. Pero de eso nos enteramos al día siguiente.

Pérez Jiménez hizo el plebiscito y a las semanas tuvo que tomar el avión, porque los militares le dijeron: “No tienes apoyo”. No echaron tiros, hizo las maletas y se fue. Cuando Pinochet quiso continuar, el de la aviación, Matthei, le dijo: “Nosotros no te apoyamos”, y se dio la transición.

Son ejemplos de dictaduras de derecha, ¿no es diferente con regímenes comunistas?

Alemania Oriental, ningún analista podía predecir que el muro iba a caer, y el muro cayó sin disparos, teniendo un Estado policial terrible, teniendo la Fuerza Armada, todo. Pero al final, el desafecto es tal que viene mentalmente y en cada conciencia. Es la deslegitimación. La gente dice: “Para mí, no tiene legitimación”. Y eso está pasando en Venezuela en toda la sociedad.

La fuerte represión aún no refleja eso en el sector militar…

En las encuestas, los militares están en el sótano. En cambio, la empresa privada que fue atacada exitosamente por el gran predicador, y bajó, ahora está de segunda después de la Iglesia. No porque alguien lo predique, sino porque la gente se pregunta por qué no hay productos. Porque no hay empresa, y saben que no hay trabajo, porque no hay empresa. Si no hay empresa creativa y exitosa, ni hay trabajo, ni hay productos. Y eso lo entienden los militares también. Y cuando llegan a su casa, la mujer le dice que estuvo haciendo cola, el muchacho le pregunta cuándo van a actuar, eso va minando. Y la calle, cuando ven cientos de miles en la calle, decididos, eso va minando. Eso va minando mucho más que un ejército en frente echando tiros. Estoy convencido que ese resquebrajamiento hay que manejarlo con muchísimo cuidado, pero está ocurriendo.

¿Y los más leales?

Hitler decía lo siguiente: “Si el pueblo alemán no es capaz de defender este régimen, no es digno de seguir viviendo”. Luego del desembarco en Normandía, y cuando se vieron caídos, Hitler dio orden de, a medida que se iban retirando, destruir todas las infraestructuras: industria, ferrocarriles, vías, todo. Y Albert Speer que había sido el gran arquitecto de confianza de Hitler, se negó a ello. Le dijo que no a Hitler.

¿Todo Allende tiene su Pinochet?

Siempre hay gente que cree, pero cuando llega la hora de la verdad se dan cuenta de que están haciendo una monstruosidad. Esa actitud última de Speer, de negarse a la petición de Hitler, que era totalmente suicida, le salvó de la ejecución en Nuremberg.

¿Entonces la historia le da esperanza a Venezuela?

La historia nos da mucha esperanza, las dictaduras no duran para siempre.

 

 (**Esta entrevista se realizó horas antes de que el Papa Francisco publicara una nueva carta alertando sobre la situación de Venezuela, el 6 de mayo de 2017.)

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