“Lo que pasó en El Valle fue un segundo Caracazo: había gritos, tiros, motorizados que disparaban al que se atravesaba”

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Foto: Yasmín Velasco

11 personas murieron durante la noche de confusión y violencia en El Valle. Yorgeiber Barrena, un joven de 15 años, fue una de las víctimas. Sus familiares denunciaron que el muchacho fue empujado por la turba que había entrado al local para saquear. Impactó contra un mostrador y recibió la descarga. La víctima se dirigía a su casa, proveniente de la residencia de su abuela

                                                                                                                                                                                                                                                                                                                @nmatamoros

                                                                                                                                      Natalia Matamoros

“Lo ocurrido anoche en El Valle no tiene nombre. Fue un segundo Caracazo, había gritos, tiros, motorizados que iban y venían y que disparaban al que se atravesaba. Aquí pagaron justos por pecadores los que saquearon y los inocentes, entre ellos: Yorgeiber. Él no estaba participando en la manifestación, pero murió en medio de esos robos, cuando intentaba buscar refugio para preservar su vida y librarse de esos malandros”.

El testimonio corresponde a un allegado de Yorgeiber Barrena, un joven de 15 años que pasó a formar parte de las 11 personas que murieron electrocutadas y por herida de proyectil durante las acciones violentas que se produjeron en las protestas registradas en la parroquia. Cuenta el pariente que el joven salió del liceo Fray Pedro de Ágreda, donde cursaba tercer año de bachillerato a la casa de su abuela. Allí pasó la tarde. Hizo sus tareas y a las 8:00 pm se marchó a su vivienda, ubicada en el sector Matanza. Mientras caminaba a su residencia el joven notó que varios corrían gritando, algunos vecinos estaban quemando basura, mientras que otros eran perseguidos por grupos paramilitares en motocicletas. El muchacho nervioso se dirigió hacia la panadería Fray Pedro Ágreda, situada en la calle 14. Quería resguardarse, pero la turba de personas que entró para apoderarse de los productos que tenían adentro lo empujó e impactó su cuerpo contra el mostrador de la tienda. En ese momento recibió una descarga eléctrica que mató a otras ocho personas.

Hay varias versiones sobre el origen de la descarga, una de ellas es que el propietario del local, cansado de que lo robaran activó el sistema de seguridad eléctrico, cuando llegó la multitud para evitar que lo saquearan. Había un pozo de agua y al hacer contacto produjo el corto que electrocutó a un grupo que había ingresado. Otra versión señala que durante la sustracción de los equipos rodaron una nevera, cuyo cableado hizo contacto con el piso húmedo y provocó el accidente. “Quién responde por esta muerte y otras tantas que son producto el odio, de la intolerancia. No se de dónde salieron tantos malandros con apetitos destructivos. Ellos solo causan muerte y dolor. Yorgeiber quiso salvarse, pero no pudo”, dijo el pariente.

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foto:  Yasmín Velasco

El padre que fue a buscar a su hija 

A las afueras de la morgue del Hospital Universitario de Caracas también se encontraban los familiares de Jairo Ramírez, de 41 años. Su esposa, Zulay Soto narró que esa noche las detonaciones los tenían nerviosos. Su hija una adolescente de 16 años estaba con su novio, a pocos metros del Centro Comercial El Valle. “Le dije a mi esposo: ve a buscar a la niña que los tiros me tienen nerviosa”. A las 9:00 pm Jairo bajó a buscarla, pero no regresó. “Yo no me atrevía a salir, tenía una bebé de ocho meses en brazos, con quién la iba a dejar. Solo debía esperar para tener noticias”, relata la mujer, quien vive en el sector San Luis.

A medida que las horas fueron pasando, la angustia de Zulay fue en aumento. Solo escuchaba los tiros, el sonido de las cacerolas y consignas de algunos vecinos que decían: “Fuera Maduro”. A las 5:00 am recibió la llamada de su hija, la joven de 16 años. Estaba ahogada en llanto, casi no podía hablar. Cuando se calmó un poco le contó que Jairo murió electrocutado. “Ella me dijo desesperada, perdí a mi papá, se fue mi papá”.

Zulay desconoce si su esposo participó en el saqueo registrado en esa panadería, qué hacía en ese negocio. Él había salido a buscar a la joven. “No sé qué pasó en el camino”, refiere la cónyuge de Jairo, quien durante cuatro años trabajó como mecánico de la empresa Supracaracas.

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foto:  Yasmín Velasco

El estudiante que se dejó llevar por sus amigos

Sumergidos en una crisis de llanto y sentados en un muro que bordea el hospital se congregaron los parientes del joven Manuel Pérez. Era estudiante del cuarto semestre de Administración en el Iutirla. Su tía Carmen Pérez, relata que desde las 7:00 pm, él estaba reunido con un grupo de amigos frente a su residencia. “A los pocos minutos comenzaron a escucharse unas detonaciones. Se veía una humareda. En la vía principal estaban quemando cauchos. Al rato bajaron los colectivos con la intención de apagar la candela”. Su sobrino le dijo: “Tía yo vuelvo en un rato”. La tía le respondió: “no tardes mucho, las cosas no están bien”.

Ella supone que se dejó llevar por el resto de sus amigos. “Seguramente lo invitaron a participar en los saqueos y estas fueron las consecuencias. Aquí solo me dijeron que murió electrocutado”, dice la mujer, quien se enteró de lo ocurrido por una vecina que le avisó a la 1:00 de la madrugada. Esa noche también murieron electrocutados William Marrero, de 33 años de edad, quien era peluquero; Estiverson Zamora, de 29 años; Robert Centeno, de 30 años; Jonathan Meneses; Elio Pacheco de 20 años; y Francisco González, de 34 años.

Mientras que Kelvin León, de 30 años y Ramón Martínez, de 29 años, fueron asesinados con proyectiles.

Martínez luego de haberse enfrentado contra un grupo de colectivos. Estaba defendiendo su negocio con el cual mantenía a sus tres hijos. Su vecina narra que él era propietario de una tienda de venta de empanadas y comida casera, al lado del Conjunto Residencial Juan Manuel Cajigal de la parroquia. El clima estaba tenso. Ya se habían concentrado varios grupos de manifestantes en algunas esquinas a protestar contra Maduro. Decidió recoger algunas cosas y llevárselas a su casa. Mientras organizaba, un grupo integrado por 10 hombres que llegaron en motos y armados con fusiles y pistolas ingresaron al negocio. “Él los enfrentó, les dijo. Yo no me voy a dejar saquear como a otros. Tendrán que matarme”. Al terminar la frase, uno de los hombres sacó el arma y le disparó varias veces. Antes de irse dijeron: “Vieron que no andamos con jueguitos”, le robaron su celular y se marcharon.

Varios habitantes fueron testigos del crimen. Como pudieron arrastraron el cuerpo hacia el interior del conjunto residencial porque la zona estaba tomada. No había manera de trasladarlo a un centro asistencial. A los pocos minutos, él murió.

La guerra desatada la noche del jueves también dejó un saldo de otras seis personas heridas, de acuerdo con un boletín de prensa del Ministerio Público. En esa lista figura Scarlet López, quien tiene un mes de embarazo. Ella estaba reunida con su esposo y dos familiares más en una de las habitaciones de la casa de la calle Cajigal de El Valle. Mientras conversaban, escucharon detonaciones, gritos y a los pocos minutos sufrieron los efectos de los gases lacrimógenos. “Corrimos hacia el porche de la casa porque no aguantábamos la piquiña en la garganta y en los ojos. Mi esposa fue la primera en salir. Le dieron nauseas. Cuando nos reunimos afuera, lejos de la humareda tóxica, ella se desplomó. Había recibido un tiro en un costado”, reseña su esposo Rafael Canelón.

A pocos metros de la vivienda había un efectivo de la Guardia Nacional. Rafael le dijo que su esposa había resultado herida, que por favor lo ayudara a llevarla al hospital de Coche, pero él se negó y le respondió: “no podemos llevarla, no ves que estamos aquí”. El hombre desesperado con la mujer malherida caminó cuatro cuadras hasta que un conductor los auxilió. En el camino se toparon con una ambulancia.

“Nos atravesamos y la trasladaron hasta el Clínico Universitario. La operaron y está fuera de peligro. Lo que pasó fue una película de terror. Estuve cerca de perderla y de perder a mi bebé. No hay palabras para describir tanta impotencia, tanta injusticia. Vivimos en un país de desalmados, donde la vida no vale”, expresa Rafael.

El Ministerio Público comisionó a los fiscales 54 y 62 del Área Metropolitana de Caracas, Griolinda Morales y Carla Rangel para que inicien las investigaciones de los saqueos registrados en El Valle.

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