Panamá: Donde las sonrisas ya no son gratis para los venezolanos

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Ese paraíso dibujado en el pasado en una cuña por el cantante y ex Ministro de Turismo, Rubén Blades, pareciese que se esfumara lentamente para los nacidos en la tierra de Bolívar. Una reciente manifestación en el país centroamericano dejó al desnudo sentimientos anti arepas y tequeños

 

Fiorino es hijo de padre italiano, en sus venas corre la sangre de inmigrante, su progenitor llegó a Venezuela con escasos recursos en procura de un mejor futuro y lo consiguió, estableció un negocio y brindó trabajo a otras personas.

Décadas después, a Fiorino Paolini le toca pasar por lo mismo que su padre décadas atrás, salir de su país para concederle un eventual mejor porvenir a su entorno familiar.

A la hora de escoger un destino, Fiorino se decidió por Panamá, una opción de la que no se arrepiente, pese a las más recientes manifestaciones de rechazo por parte de algunos lugareños.

“Yo experiencia de haber sufrido xenofobia o discriminación por ser venezolano: ninguna”, dijo el venezolano. “Por el contrario, he recibido más apoyo de panameños y nicaragüenses, que de los compatriotas que viven acá”.

“En esa marcha no habían más de cincuenta personas, la mayoría de los panameños te preguntan como un país tan rico como Venezuela llegó a esto que está pasando hoy”, agregó.

Un panfleto reproducido centenas de veces en las redes sociales invitaba a una concentración en una zona de Ciudad de Panamá conocida como Cinta Costera. En la convocatoria se podían leer consignas como “Que no vengan más y se vayan los que están” y “No más arepas ni tequeños” en clara alusión a la notable presencia venezolana en el istmo.

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El embajador panameño en Venezuela, Miguel Mejía, pidió disculpas públicamente en Instagram por la conducta de algunos de sus coterráneos.

“Como ciudadano panameño y del mundo, no puedo callar ante actos   reprochables que rayan en la xenofobia y discriminación que lesionan la dignidad humana”, escribió el diplomático.

“En cualquier momento una nación puede atravesar por circunstancias difíciles, ya sean de tipo económicas, políticas o sociales, tales como las que vivimos en Panamá en algunos episodios de nuestra vida republicana. Mi solidaridad con todos los extranjeros buenos residentes en Panamá”

Asimismo Guillermo Cochez, ex embajador de Panamá en la OEA, se solidarizó con los venezolanos residentes en su país.

 


En el sitio de la protesta, donde se congregaron no más de cincuentas personas, el estudiante de abogacía Pedro Rincón, líder del movimiento “Panamá para los panameños” se lavó las manos casi que con agua del canal y a regañadientes pidió perdón. “No es contra los hermanos venezolanos; lo que queremos es reformas migratorias”, declaró a TVN Panamá.

Rincón abogó por la derogación del Crisol de Razas o el decreto de regularización migratorio de junio de este año, un documento que a su juicio es flexible y permisivo con los inmigrantes.

“Creemos y pensamos que las políticas migratorias necesitan ser reformadas y modificadas, especialmente la ley migratoria de 2008”.

Dijo que la convocatoria que circuló por redes sociales fue un error y dio pie para que entes extranjeros la magnificaran.

“Pedimos disculpas. Hemos hechos las aclaraciones, medios internacionales y personas malintencionadas quisieron llevarlo a ese punto. Aceptamos que la publicación en redes tiene esos errores”.

No solo en Panamá se han producido actos de supuesta xenofobia recientemente, también en el partido de Ecuador contra Venezuela del pasado 17 de noviembre en Quito, donde varios visitantes denunciaron maltratos raciales por parte de fanáticos y los mismos efectivos de la policía.

“Panamá está saturada, es un país de apenas tres millones de habitantes, algunos venezolanos que van allá no tienen la manera de insertarse y generan problemas”, dijo el director del Laboratorio Internacional de Migraciones, Iván de la Vega.

A juicio de De la Vega este fenómeno de humillar a personas con otra nacionalidad no es nuevo.

“Esos actos de xenofobia no son aislados, desde hace cierto tiempo nos han encasillado como sudacas”

Según el Laboratorio se calcula que cerca de 2,5 millones de venezolanos están viviendo fuera del país.

Después de ser un receptor de inmigrantes en el siglo XX, Venezuela dio la vuelta a la tortilla.

“La gente venía acá por las posibilidades laborales que existían, era un país de oportunidades, había una solida clase media y media alta, emprendedores y empresas”, dijo el profesor de la Universidad Simón Bolívar.

Para De la Vega sucedieron una serie de hitos a los que cataloga como marcadores que provocaron el éxodo de venezolanos hacia el exterior.

“La llegada de Hugo Chávez al poder, los despidos de PDVSA, el quiebre político, la polarización, la inseguridad, entre otras cosas”.

A todo eso se suma el alto costo de la vida, la destrucción de la clase media y la incapacidad del profesional de poseer un estatus siquiera moderado con un sueldo en bolívares en una economía dolarizada y con más de una década sumergida en control de cambio.

Para De la Vega si bien algunos venezolanos delinquen y transgreden las normas en Panamá, República Dominicana y Miami, por citar algunos destinos, no se trata de un grupo representativo, son expresiones fugaces y mínimas que por su naturaleza hacen mucho ruido, especialmente en las redes sociales.

“Normalmente hay una migración de gente educada, por ejemplo la que se produce hacia Europa es básicamente de profesionales”, sentenció.

De La Vega informó que la desesperación ha arrojado a los venezolanos a las fauces de la incertidumbre y la escasa planificación. “Los jóvenes se están yendo por tierra hasta Ecuador, Perú e inclusive Uruguay, que es un país pequeño. Se han marchado familias con ocho, diez y hasta catorce personas”.

El analista expresó que en algunos casos el inmigrante venezolano se ve en la obligación de desempeñar actividades ajenas a su profesión.

“A veces el venezolano tiene que doblar su ego y bajar el nivel curricular para poder ingresar al mercado laboral”.

Sin cifras oficiales

Se estima que alrededor de 20 mil venezolanos viven en Panamá entre legales e ilegales. A todas estas no se conoce la cifra oficial ¿La razón? Porque el Servicio Administrativo de Migración y Extranjería (SAIME) carece de una data oficial del flujo migratorio en el país y si la maneja, simplemente se reserva la información.

“La OIM (Organización Internacional para las Migraciones) obliga a todos los países a informar el flujo migratorio, es una norma, todos me dirán loco si digo que en Colombia hay un millón de venezolanos, eso es porque allí hay que contar a los doble cedulados”, dijo De la Vega.

El experto en política migratoria negó la tesis que avala un eventual regreso de venezolanos a la nación si el rumbo político cambia o hay algún tipo de viraje en cuanto a la calidad de vida.

“Entre un 15 y 20 % tienen previsto regresar, pero el resto ya posee un estatus que le permite establecerse, ya están insertados y no creo que vuelvan ni en el corto ni en el mediano plazo, independientemente que el país cambie”, puntualizó.

Con o sin xenofobia, algunos compatriotas prefieren encarar el rechazo en suelo foráneo a correr el riesgo de terminar hurgando en la basura para proveerse de alimentos. La necesidad tiene cara de perro, uno que en ocasiones muestra sus afilados dientes.

 

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