ESTUDIANDO PERIODISMO EN LA UCAB, nuestro profesor de reporterismo, Carlos Delgado Dugarte, quien era jefe de información del diario El Nacional, nos había dotado de un “carnet de periodista con foto y sello” para asignarnos distintas tareas de reportear desde diversas fuentes informativas. Yo estudiaba a la vez el quinto año de Ciencias en el colegio La Salle de la Colina y tenía que conseguir espacio en el tiempo para las tareas que nos daba el querido profesor. Por eso, la visita del presidente de los Estados Unidos de América, me llamó la atención y me registré en la Embajada Americana en La Floresta para cubrir su visita pues él se reuniría allí con la colonia estadounidense en Caracas y los diplomáticos de su país encabezados por el farmacéutico puertorriqueño Teodoro Moscoso. Me apersoné, con mi camarita Kodak Starmite con flash, en la embajada desde temprano pues era el sábado 16 de diciembre de 1961 y no tenía clase. Fue allí que por ser un “carajito” de apenas 16 años, me colocaron justo al frente del podio del que JFK hablaría al lado del embajador, Teodoro Moscoso, un farmacéutico puertorriqueño que tenía excelente relación con el presidente Rómulo Betancourt. El sitio era el patio interno de la embajada donde estaban sentados en sillas y el piso los ciudadanos de su país residenciados en Venezuela.
Apenas terminó de hablar y antes de que saludara a los asistentes me le acerqué a Kennedy y le disparé una foto que lo encandiló sobremanera por la cercanía lo que lo hizo reaccionar de inmediato dándome un coscorrón al tiempo que me decía: “Oh, boy”. De ese encuentro me quedó la gráfica:
Adicionalmente, saqué muchas fotos de la limusina presidencial estacionada frente a la embajada con las que unos días después estuve haciendo gala frente a mis compañeros de bachillerato. Casualmente fue la misma limusina en la que Kennedy sería asesinado casi dos años después.
La mañana del domingo 17 de diciembre fui a la quinta Los Núñez en Altamira donde residía el presidente Betancourt y su esposa Carmen Valverde y donde se había alojado el matrimonio Kennedy que prefirió esa casa antes que la residencia de la embajada en La Florida. Muy temprano Kennedy salió al Panteón Nacional para depositar una ofrenda al Libertador y Jacqueline más tarde. En su salida estábamos agolpados en la calle los reporteros quienes ante la simpatía de ella, no recuerdo si compramos o nos las dieron los vecinos, le entregamos unas flores. Me tocó a mí por ser el benjamín entregársela a ella.
REPORTE DEL USIS SOBRE VIAJE DE KENNEDY A VENEZUELA:
MI SEGUNDO ENCUENTRO CON JAQUELINE KENNEDY
Muchos años más tarde, 1974, se lo recordé en una cena a beneficio de la fundación “Special Olympics” que sus cuñadas Eunice Kennedy Shriver y Pat Kennedy Lawford dirigían para asistencia de los jóvenes con discapacidades que competían en sus olimpíadas anuales. Yo estaba en la mesa directiva pues había traído a Venezuela, por Viasa, a las dos hermanas Kennedy para reunirse con Avepane y la Fundación del Niño con la intención de repicar en nuestro país dichas competencias.
Conversé con ella mientras cenábamos y recuerdo haberle preguntado si le molestaba o no recordar algunos eventos de la llamada época “Camelot” como definen a la presidencia de ella y su esposo. Lo primero que me dijo es “somos tan humanos como el resto de las personas”. Se recordaba con claridad sus palabras ante los campesinos en La Morita, el asentamiento que entregaba el Instituto Agrario Nacional, en el que Kennedy anunciaba lo que más tarde sería la Alianza para el Progreso. Fue allí que él le pidió a ella que se dirigiera en español a los asistentes. Para demostrarme lo natural de la vida de cualquier presidente me contó que en el trayecto a Caracas en el helicóptero presidencial estadounidense su marido sufrió un cólico estomacal y entonces el presidente Betancourt ordenó el desvío a la base militar de Boca del Rio en Maracay, estado Aragua para que JFK fuera al baño junto a su médico y el inseparable militar con los códigos secretos de los misiles nucleares. (En una nota adicional, más abajo, cuento en detalle íntimo lo sucedido).
Esa noche fue muy especial para mí, pues tras ver que Jacqueline había aceptado las invitaciones a bailar del diseñador Valentino y de uno de los diplomáticos invitados a la reunión me llené de valor y la invité a bailar una pieza. Ella aceptó y fue así que bailé con ella como si estuviera en el cielo. Confieso que mientras danzaba hacía señas con los ojos a los fotógrafos para que me hicieran una foto. A ninguno le pareció interesante verla bailar con un desconocido total. Solo el embajador argentino ante la ONU, Carlos Ortiz de Rozas, que me felicitó por el atrevimiento se dio cuenta del momento. Menos mal que en sus palabras le contó a su colega embajador venezolano, Simón Alberto Consalvi, el evento y así pude dar certeza y credibilidad a tan inolvidable hecho. Esa noche terminamos con los Kennedy más jóvenes en Regine´s la discoteca de moda en Nueva York. Siguiendo con la osadía terminé bailando allí con María Kennedy Shriver. Años más tarde, en los 80, hacerle esa referencia al actor Arnold Schwarzenegger en una entrevista que le hice en Hollywood me valió que me diera 10 minutos adicionales en lo que era una exclusiva de Venevisión sobre su película Terminator 2.
EL ASESINATO DE KENNEDY PARA VENEZUELA
Era el viernes 22 de noviembre de 1963 cuando almorzábamos en el restaurante PorLaMar en Chacaíto dos jóvenes que comenzábamos en las lides reporteriles Antonio José González (“Gonzalito”) de Radio Caracas y yo que estaba en Radio Aeropuerto; la veterana periodista Ana Luisa Llovera, fundadora de la Asociación Venezolana de Periodistas y quien era la jefa de relaciones públicas del Ministerio de Fomento con el colega Rubén Chaparro Rojas, otro veterano que estaba a cargo de las relaciones de la Compañía Shell quien nos había invitado a conversar sobre las elecciones que se acercaban en apenas nueve días.
En medio del almuerzo nos sorprendió la noticia del asesinato del presidente de los Estados Unidos en la ciudad de Dallas. La infausta y mala nueva nos sacudió y los dos reporteros nos comunicamos con nuestras oficinas para comenzar de inmediato las entrevistas con los más variados personajes del espectro político venezolano.
Kennedy provocó de inmediato una reacción de tristeza entre la población que apenas dos años antes lo había aclamado, aplaudido, honrado y saludado en las calles de Caracas en un contraste diametral a lo que fue la visita de 1958 del vicepresidente de Dwight Eisenhower, Richard Nixon, abucheado y casi herido en una reacción montada por la izquierda comunista venezolana que resucitaba tras una década de dictadura militar. Veíamos a la gente llorando en la calle. Apenas salió la edición “extra” de los diarios caraqueños, aunado a lo que sería una especie de “cadena de las radios y las televisoras” por varios días usando radiofotos y los “newsreels” que llegaban en los vuelos desde Nueva York o Miami, el país entero se hundió en un duelo como si se tratara de un familiar. Así fue la reacción espontánea.
Oscar Yanes, nuestro profesor en la escuela de periodismo de la UCAB y quien era el jefe de prensa de Venevisión, con su habitual olfato periodístico y reporteril, montó un operativo en el canal de la colina de Los Caobos, que nos obligó a irnos a la estación para agarrar la “ñapa” de los muchos personajes que entraban y salían del canal donde Don Diego Cisneros los recibía y los conducía al estudio para las entrevistas con Oscar. Los reporteros del canal 4 -a los que yo me uní un mes después tras Yanes verme reporteando- recorrían calles y avenidas al igual que ministerios e instituciones captando las reacciones en película de 16 milímetros -en las cámaras “Auricón”- que debía ser revelada en Tiuna Films en la avenida Páez de El Paraíso y luego llevada por un motorizado al canal.
Caída la noche ante el anuncio de que en el canal estarían varios ministros y embajadores -y quizás el presidente Rómulo Betancourt- me dirigí hacía allá saliendo de la residencia del embajador americano ubicada en San Rafael de La Florida. El diplomático era Allen Stewart. Él había sido corresponsal de la Associated Press en Caracas y apenas renacía la democracia en Venezuela su gobierno lo había adscrito a la representación estadounidense dado su conocimiento y contactos con la sociedad y medios venezolanos. Stewart reemplazó a Teodoro Moscoso nombrado por Kennedy -tras su visita a Venezuela- director de la “Alianza para el Progreso” con sede en Washington.
Subí conduciendo mi pequeño Volkswagen por la carretera que más tarde sería la Cota Mil para entrar por el colegio La Salle de La Colina y cortar camino hacia Venevisión. En el edificio de la Fundación La Salle, lateral al colegio, quedaba la Comandancia General de la Aviación. Eran las nueve aproximadamente en un camino oscuro cuando me sentí encandilado por la luz de un potente reflector desde su azotea tras lanzar unos disparos de advertencia. Salí del carro, asustadísimo y les grité que era periodista y que iba a Venevisión. Hay que recordar que estábamos en medio de una situación conflictiva con una guerrilla urbana que mataba policías, había muchas alcabalas y una permanente tensión. En el canal recuerdo haber entrevistado al canciller Marcos Falcón Briceño, al presidente del Senado Raúl Leoni y al presidente de los diputados Rafael Caldera al igual que a Jóvito Villaba, Alirio Ugarte Pelayo, Arturo Uslar Pietri, Reinaldo Leandro Mora y una amplia gama de personajes de la vida nacional que recordaban la vida y las acciones de Kennedy para mejorar las relaciones con Latinoamérica.
El impacto del asesinato del presidente estadounidense fue de tal magnitud que hasta se decretaron tres días de duelo nacional. El gobierno venezolano envió una amplia delegación a su funeral.
ROBERT KENNEDY EN CARACAS 1965
A fines de 1965, en diciembre, casi cuatro años después de la visita de su hermano John, el senador Robert Kennedy dispensa una visita a Venezuela, Argentina y Uruguay. En Caracas se entrevistó con el presidente Raúl Leoni y políticos de distintos partidos y asistió en Venevisión a un programa especial moderado por Oscar Yánez con diferentes líderes estudiantiles de la UCV.
El acto más significativo, sin embargo, fue su visita al barrio caraqueño hasta ese día llamado Ciudad Pagüita para rebautizarlo como Barrio Kennedy cercano a Catia.

Como nos había tocado participar en los preparativos para el programa en el canal y gracias al hablar inglés me pidieron que lo acompañara en su gira como una especie de “agregado de prensa” para asegurarme que estuviera en Venevisión a tiempo para el especial que mi jefe Oscar había preparado.
De él recibí un pisa-corbata con el símbolo de su hermano JFK cual era la famosa lancha patrullera de la marina americana “PT-109”. Robert fue muy parco en sus comentarios aunque su actitud cambiaba con mucho entusiasmo cuando se le preguntaba sobre el legado de JFK. Recordemos que él luchaba en su partido Demócrata para ser candidato presidencial en 1968 cuando fue asesinado en junio de ese año. Era el primero de la lista para la convención unos meses después.

Robert Kennedy junto al Presidente Raúl Leoni acompañado del embajador estadounidense Maurice Bernbaum en el palacio de Miraflores.

La periodista Mariahé Pabón de El Nacional entrevistando a Robert Kennedy en la residencia del embajador estadounidense mientras atrás espera Jules Waldman, director de The Daily Journal.
LA NOTA MAS ÍNTIMA SOBRE LA VISITA DEL PRESIDENTE AMERICANO
La presidencia de Venezuela encargó a quien era el gerente del Hotel Maracay, Franco de Andreis, un desayuno venezolano para la visita de Kennedy pues saldría de Maiquetía muy temprano para viajar al estado Aragua donde tendría el encuentro con los campesinos.
Fue así que JFK disfrutó de arepas, caraotas, carne mechada y plátano así como de frutas tropicales aquella mañana del 16/12/61.
Su estómago no estaba acostumbrado para esa comida y fue así que en trayecto o a la Morita o a Caracas lo atacó un cólico estomacal muy fuerte. Al saberlo el presidente Rómulo Betancourt pidió a sus edecanes lo llevaran a la base militar de Boca del Rio para que pudiera ir a un baño.
Esta es la historia que me esboza tímidamente Jacqueline en la conversa de la que doy razón más arriba. Cuando comento este incidente en la Misión venezolana ante la ONU me responde el general Francisco León D´Alessandro quien era el agregado militar: “el que recibe los helicópteros presidenciales soy yo. Me dirijo al identificado con el número USA001 y de su puerta baja Betancourt que me increpa: Teniente: lleva a Kennedy a un baño ya porque si no se nos caga”.
Francisco, que era amigo de mi familia desde hacía muchos años, se explaya en el cuento, hilarante pero angustioso. A Kennedy lo acompaña al sanitario más cercano su médico, dos edecanes y el coronel que lleva los códigos cifrados para un ataque nuclear, quienes se quedan del lado de afuera en una sala contigua.
A los 20 minutos todo vuelve a la calma y los mandatarios suben al helicóptero hacia su destino original.
Este año 2013 la pluma de nuestro recordado maestro Simón Alberto Consalvi describió en nuestro portal Runrun.es la vista presidencial:
John F. Kennedy En Venezuela, 1961 Por Simón Alberto Consalvi
Quizás hay una clave en las relaciones diplomáticas entre Venezuela y Estados Unidos que constituye un buen método para analizar y comprender las relaciones entre ambas naciones. Esa clave son los presidentes, sus personalidades, los asuntos que predominaron durante sus periodos en la gran potencia mundial, y, desde luego, los presidentes que en Venezuela coincidieron en el tiempo con aquellos. Tal para cual, así como a Pérez Jiménez le tocó el general Eisenhower, a Betancourt le correspondió en fortuna John F. Kennedy. En 1960, Kennedy publicó su libro The Strategy of peace, una especie de manifiesto de política internacional de un aspirante a la presidencia de Estados Unidos. De las referencias a América Latina, conviene retener estas palabras:
“El desarrollo amargo, airado, apasionado, de la revolución cubana demuestra que las playas del hemisferio americano y de las islas del Caribe no son inmunes a las ideas y fuerzas que causan tormentas semejantes en otros continentes. Tal como nosotros redescubrimos nuestro propio pasado revolucionario a fin de comprender el espíritu y la significación de las insurgencias anticoloniales en Asia y África, debemos releer la vida de Simón Bolívar, el Libertador y, algunas veces, dictador, de América del Sur, para apreciar el nuevo contagio por la libertad y las reformas que ahora se generaliza al sur de nuestras fronteras”.
Kennedy se preguntó si Castro hubiera tomado una orientación más racional después de su victoria, si el Gobierno de Estados Unidos no hubiera respaldado durante largo tiempo al dictador Batista, y si se le hubiera dado al fiero rebelde una acogida más calurosa en su hora de triunfo, especialmente durante su viaje a Estados Unidos. Dijo no estar seguro de esa hipótesis. Coincidió con Harry S. Truman en un juicio sobre el asunto y una crítica despiadada al general Eisenhower.
Kennedy analizó las relaciones con América Latina a propósito de la Revolución cubana y de su inesperada influencia. No vio a Cuba, sin embargo, como un caso aislado, sino en el contexto general. Reconoció que Estados Unidos debía expresar preocupación por la libertad y la democracia y revisar las relaciones con los dictadores que ahora, o en el futuro, traten de suprimir las aspiraciones de sus pueblos. Obviamente, estos puntos de vista establecían puntos de encuentro con las tesis del Presidente Betancourt. El candidato Kennedy añadió:
“Nosotros podemos tomar las decisiones largamente demoradas y requeridas para permitir que las olas revolucionarias que sacuden a América Latina se encausen a través de canales relativamente pacíficos, orientadas hacia las tareas constructivas que tenemos a mano”.
Así pensaba Kennedy antes de ser Presidente. Ya en la Casa Blanca, postuló la Alianza para el Progreso en 1961. Se trataba de un vasto conjunto de programas multilaterales destinados a combatir la pobreza y las desigualdades.
En la Conferencia de Punta del Este se aprobó la Carta de la Alianza. Los países de América Latina se comprometieron a aportar 80 millardos de dólares en diez años, y Estados Unidos a contribuir con 20%. Abogaba por la vigencia de los sistemas democráticos, por la distribución equitativa del ingreso, la reforma agraria y la planificación social.
John F. Kennedy fue el primer Presidente de Estados Unidos que vino a Venezuela en visita de Estado. En diciembre de 1961, fue huésped de Rómulo Betancourt. Resultaron grandes y fieles amigos. Eran tiempos de la reforma agraria democrática. Ambos presidentes viajaron a La Morita, en el estado Aragua, donde un asentamiento campesino figuraba como ejemplo de lo que se emprendía en todo el país.
En La Morita, Betancourt le dijo a Kennedy:
“Esta reforma agraria nuestra se ha realizado enmarcada en formulas legales, por métodos pacíficos y acertando unas veces y errando otras, pero aprendiendo de lo que se hizo bien para hacerlo mejor en el futuro”.
Kennedy reconoció la significación de Venezuela como proveedor de petróleo, en paz o en guerra, de Estados Unidos. En febrero de 1963, Betancourt le retribuyó la visita a Kennedy. Fue, en suma, una gran etapa en las relaciones entre Caracas y Washington.
El historiador Arthur Schlesinger precedió a Kennedy en una visita de exploración a Venezuela, como su consejero de mayor jerarquía. Conversó con el Presidente Betancourt, a quien encontró en los tiempos del exilio. Su testimonio guarda sumo interés, y estas son sus palabras:
“Mi última parada fue Caracas. Yo no había visto a Betancourt desde hacía diez años en La Habana. Hasta el final de aquellos años había vivido una existencia de exilio político, a veces perseguido por los agentes de Pérez Jiménez, el brutal dictador venezolano y, durante algún tiempo, puesto en entredicho por el Departamento de Estado, hecho por el que no parecía guardar rencor. Vuelto a Venezuela tras la caída de Pérez Jiménez, fue elegido para la Presidencia. Ahora tenía esperanzas de ser el primer Presidente venezolano que llegase al término de su magistratura”.
SIMÓN ALBERTO CONSALVI
EXHIBICIÓN CONMEMORANDO LA VISTA DE KENNEDY A VENEZUELA:







