Debido a la fragilidad de su salud, el mandatario venezolano, Hugo Chávez, reelecto en los comicios presidenciales del 7 de octubre de 2012, no asistirá este jueves (10.1.2013) al acto en el que debía juramentarse de nuevo como jefe de Gobierno; el militar retirado convalece en un hospital cubano desde que lo operaran hace un mes. Apoyándose en un artículo constitucional, sus opositores piden que se cree una junta médica para determinar si Chávez está en capacidad de ejercer el cargo o si se deben realizar nuevas elecciones.
Citando otro artículo de la Carta Magna, el oficialismo desestimó ese clamor, anunció que Chávez tomaría posesión del cargo “posteriormente” ante el Tribunal Supremo de Justicia y recordó que el parlamento local le dio permiso al líder venezolano para tratar su enfermedad fuera del país. ¿Qué pasará entonces en Venezuela este 10 de enero, considerada una fecha protocolar fundamental para legitimar el nuevo período de gobierno de Chávez (2013-2019)? Absolutamente nada. En eso coinciden los especialistas consultados por DW para analizar la crisis desatada por la ausencia del caudillo.
“Habrá mucho movimiento tras bastidores, pero no se harán pronunciamientos sorprendentes. Centrar el análisis de la actual situación venezolana en lo que establece o no la Constitución es perder el tiempo. La Carta Magna sirve como referencia, pero lo fundamental es lo que ocurre en el ámbito político”, advierte Manuel Silva-Ferrer, investigador del Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín y del Instituto de Investigaciones de la Comunicación (Ininco), en la Universidad Central de Venezuela.
“Según la Constitución venezolana, el mismo 10 de enero se deben dar pasos para determinar la naturaleza de la ausencia de Chávez; si se trata de una falta absoluta y no temporal, el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, debe asumir la jefatura del Gobierno y convocar a elecciones presidenciales extraordinarias en treinta días. ¿Qué razones tienen los chavistas para temerle a este escenario, cuando es evidente que la oposición no podría triunfar en esos comicios? En principio, ninguna”, opina Silva-Ferrer.
¿Quién le teme a Diosdado Cabello?
“De cara a esa hipotética elección extraordinaria, da igual que Chávez se recupere y haga campaña a favor de su delfín, el vicepresidente Nicolás Maduro, o que muera, desatando un furor místico sin precedentes en torno a su figura. Encarnado en Maduro, el ungido de Chávez, el oficialismo ganaría esos comicios fácilmente en ambos casos. En Caracas, los analistas políticos suponen que lo que preocupa al círculo íntimo de Chávez –los líderes cubanos Fidel y Raúl Castro incluidos– es que Cabello tome las riendas del país, aunque sea por una breve interinidad”, comenta.
“Maduro lidera el ala civil del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), identificada con el discurso ideológico compartido por Chávez y los Castro, mientras que Cabello pertenece a su ala militar, que no tiene vínculos con La Habana. Las especulaciones apuntan a que, una vez en el poder, Cabello podría hallar la manera de posponer las elecciones extraordinarias, prolongar su mandato interino y decretar un cambio de Gabinete favorable a la facción chavista que menos fraterniza con Cuba y la izquierda”, explica el experto venezolano.
“Hasta cierto punto, estos planteamientos me parecen exagerados. Pero yo mismo me pregunto: si el propio Chávez habló abiertamente sobre la posibilidad de su desaparición política o física y nombró a Maduro como su sucesor, en caso de que se realizaran elecciones para respetar el orden constitucional, ¿qué otro motivo puede haber para que los chavistas cercanos a Maduro ahora hagan retorcidas interpretaciones de la Carta Magna con miras a retrasar unas votaciones en las que tienen todas las de ganar?”, señala Silva-Ferrer.
Esta incógnita trae otras consigo. Por ejemplo, si Cabello representa un riesgo tan grande para la continuidad del “socialismo del siglo XXI”, tal como Chávez lo encaminó, ¿por qué se le ratificó recientemente como presidente de la Asamblea Nacional en lugar de hacérsele a un lado? “Lo que ocurre es que Cabello pertenece a la generación de militares que apoyó el proyecto golpista de Chávez en 1992 y tiene lazos fuertes con quienes ahora se hallan en los cargos más altos de las Fuerzas Armadas”, aclara Silva-Ferrer.
“El chavismo sin Chávez puede funcionar”
“A Cabello se le describe como un militar de derecha y se le atribuyen actos de corrupción y nexos con el narcotráfico. Hasta hace un año y medio, él no era más que un diputado –ni siquiera pertenecía a una comisión parlamentaria– porque había caído en desgracia a los ojos de Chávez, tras su paso por varias instancias estatales. Se dice que Chávez no nombró a Cabello como presidente de la Asamblea Nacional por gusto, sino obligado por las limitadas opciones que le ofrecía la rotación de sus hombres de confianza por los cargos públicos”, cuenta el especialista venezolano.
Manuel Paulus, investigador de la Universidad de Rostock, no le da mucho crédito a las especies que presentan a Cabello como un peligro para la “revolución bolivariana” o las relaciones cubano-venezolanas. “Creo que el presunto temor al poder de Cabello es una invención de los periodistas. A mí más bien me sorprende que, durante la prolongada ausencia de Chávez, no haya estallado la lucha descarnada por el poder entre las distintas alas del chavismo: la civil, de Maduro; la militar moderada, de Cabello; y la militar recalcitrante, sin líder definido todavía”, dice Paulus.
“El hecho de que las diferentes facciones del PSUV no hayan lavado sus trapos sucios en público demuestra que el chavismo sin Chávez puede funcionar”, recalca este conocedor del acontecer venezolano. “El problema no es Cabello. El oficialismo no quiere que se declare la falta absoluta de Chávez para poder ganar tiempo, evitando que se convoque inmediatamente a elecciones extraordinarias: los comicios presidenciales y regionales de 2012 estuvieron muy cerca el uno del otro; hasta a los chavistas les costaría mucho financiar una nueva campaña para movilizar a sus seguidores durante una tercera temporada electoral consecutiva”, sostiene Paulus.
Autor: Evan Romero-Castillo
Editora: Emilia Rojas Sasse
El Tiempo
Venezuela entera está sumida en un gran ‘no sé’

Entre la gente del común, campea la incertidumbre sobre lo que ocurrirá si falta Chávez .
En estos días los únicos que caminan con alguna certeza política del futuro por las calles de Caracas son lo que tienen fe. Una fe inquebrantable, religiosa, en que el presidente Hugo Chávez se recuperará del complicado postoperatorio que atraviesa y del cáncer para venir a casa y reencontrar al país donde lo dejó, con unas elecciones recién ganadas y a punto de profundizar su revolución a toda velocidad. (Lea: Presidente uruguayo y canciller argentino viajaron a Venezuela).
Por eso rezan, como la señora Chiquinquirá Hernández, todos los días por la salud del Comandante. “Como si fuera por la salud de mi hijo y como le escuché a decir a una señora en la radio, sin tristeza y sin cruces, con las manos en alto, visualizándolo contento, con una gran sonrisa. Ella dijo que él pasará por un trance muy difícil, pero no un trance de muerte… He rezado y he llorado por él, y sé que volverá”, dice conmovida, con sus 79 años, caminando con paso fuerte hacia un centro comercial de la ciudad. (Lea: Asamblea de Venezuela autoriza a Chávez a no asumir el 10 de enero).
Nadie duda de que esa imagen de oración se repite en cientos de miles de hogares venezolanos. Si algo ha dejado claro la prolongada ausencia del Presidente es que su figura ha adquirido un carácter mítico, que crece y se recrea entre la plegaria sencilla del ciudadano y también el aparato comunicacional del Gobierno, volcado al apoyo absoluto a la recuperación del mandatario.
Por ejemplo, en Twitter se canalizan los mensajes de apoyo a través del hashtag #ChavezEsUnPueblo, mientras que en el canal del Estado se repiten decenas de imágenes del Chávez más conmovedor, alzando niños, abrazando señoras, cantando, alzando el puño victorioso.
Incluso, ya no se habla de su tierra natal como Sabaneta de Barinas, a secas. El vicepresidente, Nicolás Maduro, en un fervoroso discurso la calificó como “sagrada” por haber visto nacer al Comandante, y hoy ya son miles de sus seguidores los que la llaman así.
Si no está de cuerpo presente, sus copartidarios dejan claro que el presidente Chávez es la más poderosa de las omnipresencias en Venezuela, el “corazón de la Patria” -como decía el eslogan de su campaña electoral-, y el chavismo se comporta como la mejor militancia política: no pide más datos, no presiona para saber qué pasará, no quiere considerar siquiera la posibilidad de su muerte.
Para ellos los rumores no son sino el producto de mentes malintencionadas que quieren angustiarlos. El Gobierno lo ha dicho, es una nueva “campaña de la ultraderecha” y para contrarrestarla el chavismo se concentra, junto con el Gobierno, en mostrar que la revolución sigue avanzando a pesar del momento.
“Aquí estamos presentes, todo el consejo de ministros y ministras, realizando una labor fundamental que va a marcar este período de trabajo 2013-2019”, dijo el vicepresidente Maduro en una torrefactora de café caraqueña, con obreros uniformados que se movían al fondo dando esa sensación de mantenimiento, de perdurabilidad.
Pero no todo el chavismo es del tipo venerador. Es más el que asoma una duda razonable sobre el regreso del Presidente. Entre ellos cala la incertidumbre desde hace ya cuatro semanas, y peor en la oposición, que se siente burlada por la falta de detalles, de pronósticos, en un país cruzado por las inseguridades (la personal y la económica, para empezar) y en el que desde hace muchos años las decisiones dependen de este hombre, que hoy sufre una severa infección respiratoria gracias a la cuarta operación por un cáncer desconocido.
“Hace falta que el Presidente esté, que hable por su propia cuenta, que muestre sus exámenes, que un médico diga algo”, dice el estudiante universitario Antonio, de 17 años, que teme decir su apellido, pero no su opinión. “Yo le deseo lo mejor, que se recupere, pero que sea honesto, pues la información es muy escasa. Todo se siente raro, es como una preocupación general, y uno no sabe a quién creer”, dice antes de entrar al cine.
Y el cine está a reventar porque la gente, con incertidumbre o sin ella, aprovecha los últimos días del asueto decembrino. Las playas del país reciben todavía a miles de bañistas que prefieren soportar el trancón del regreso a casa antes que desperdiciar un día libre, sobre todo si de lo único de lo que se habla es de qué pasará si el presidente Chávez vuelve, si no vuelve, o cómo vuelve.
“No sé si vuelve, ¿quién lo sabe? La interrogante sobre su salud es tan grande que deja espacio para todo. A veces pienso que se está burlando de todos y va a regresar como si nada hubiese pasado”, comenta una educadora de 38 años, dedicada a las labores del hogar. “El problema no es tanto que la información sea escasa, sino que es confusa, un día dicen que está haciendo ejercicios; otro, que está de absoluto reposo, supuestamente da instrucciones, pero tiene una infección respiratoria severa. ¿Puede hablar? ¿Lo pueden ver? La verdad es que uno, de saber, no sabe nada”.
Lo que sí dispara las malas caras en la gente es el asunto de que el Presidente se atienda en Cuba. Que ministros y funcionarios viajen para allá, dando esa sensación de que, de pronto, la sede de gobierno se mudó intempestivamente de Caracas a La Habana es un asunto que trasciende el tema de la salud. No falta la interpretación de que las decisiones del país están siendo tomadas bajo un severo tutelaje de los hermanos Castro y que, con la distancia, se cuecen a fuego lento movidas políticas a espaldas de los venezolanos.
Fue justo tras un encuentro en La Habana entre el vicepresidente Maduro y el presidente del parlamento venezolano, Diosdado Cabello, que ambos regresaron al país a jurar, juntos, su lealtad tanto al presidente Chávez como a la “revolución bolivariana”.
“Hemos jurado unión con nuestro pueblo y lealtad hacia el comandante (…). Estamos más hermanados que nunca”, dijo Maduro con la palma en alto, hace unos días. Se dispararon los rumores sobre la existencia de un pacto, el “pacto de La Habana”, en realidad un acuerdo de no agresión entre las principales figuras del chavismo para evitar fisuras políticas. Nadie confirma tal versión.
“Creo que están lejos, y todo es en secreto, porque están preparándose para aplicar una especie de sucesión. Que sea el hermano, Adán (Chávez), o que quede Maduro, sin elecciones, haciendo creer que esa es la voluntad del presidente Chávez. Todo es una hipótesis pero todo es posible, la Constitución es clara, pero ellos no”, comenta la ingeniera Marianela García, de 33 años.
Sin embargo, para ella no todo es maquiavelismo, pues siente que el Presidente no sabía de la reincidencia de su enfermedad antes de las elecciones. “El cáncer es caprichoso, no creo que supiera, honestamente no creo que nos hiciera pasar por este momento de gratis”.
En la Venezuela de este momento histórico, todo el que habla sobre el tema asegura que “nunca” en el pasado reciente el país había permanecido tantos días en vilo y con el futuro incierto. Ni en las misas por la salud del Presidente en la iglesia de San Francisco (la misma donde fue proclamado Libertador Simón Bolívar) ni en los bares de Sabana Grande, la gente -sin importar su grado de apego al Comandante- recuerda tanta tensión.
El golpe del 4 de febrero de 1992, o el del 11 de abril del 2002, el paro petrolero de 2002-2003 o el juicio contra Carlos Andrés Pérez, que resultó en su salida de la presidencia, fueron momentos precedidos por días en los que prácticamente se sabía lo que ocurriría. Pero el abanico de opciones, corrientes y escenarios en juego a propósito de la gravedad del presidente Chávez pocas veces ha dejado al análisis tan nutrido de posibilidades y escaso de certezas.
“Chávez logró alterar reiteradamente la Constitución, derrumbó el significado de verdad o falsedad, desmanteló las referencias de la normalidad y aglutinó todos los poderes alrededor de sí mismo -comenta el ingeniero mecánico Gerardo Febres, candidato a Doctor en ciencias interdisciplinarias-. Construyó un método potencialmente capaz de hacerlo perpetuo en el poder, pero no contó con los inviolables límites de la naturaleza y por eso estamos hoy en este momento excepcional. El poder no sabe cómo reaccionar sin él, y de la capacidad de reclamo opositor dependerá ahora la duración este gobierno sin ley y, por ahora, sin presidente”.
VALENTINA LARES MARTIZ
CORRESPONSAL DE ELTIEMPO
VENEZUELA