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Excelentes puntos de la intervención de Ramón Guillermo Aveledo

EL COORDINADOR POLÍTICO ESTRATÉGICO del Comando Simón Bolívar, Ramón Guillermo Aveledo, calificó la intervención del Comando de Campaña “Hugo Chávez”, calificándola como una de las más irresponsables. Entre los puntos más importantes de su intervención destacan los siguientes:

“El jefe de campaña oficialista está engañando a su gente y pretende engañar al país”, criticó.

Resaltó que todo el mundo debe cuidar sus mesas. “Todos a acompañar a sus testigos y a estar en paz. Tenemos que garantizar la paz de Venezuela”, dijo.

Asimismo, resaltó su deseo “que la voluntad del pueblo sea respetada, porque queremos la paz, la seguridad, la convivencia”.

“Que nuestros testigos se sientan acompañados. Que todos sientan el calor de Venezuela. Hoy es un día para el futuro de Venezuela.”

“Cuando hay una tendencia irreversible el CNE emite su primer boletín. Esperamos un pronunciamiento de su parte responsable”

“El General Barrientos decía que la FANB garantizaba la paz y la seguridad en todos los centros. Eso es lo que queremos”

“Nosotros no podemos decir qué pasó. Eso le corresponde al CNE decirlo. Sin embargo SABEMOS LO QUE PASÓ.”

“No aceptamos ni un votico menos de lo q los Venezolanos le dieron a Capriles. pueden contar con nuestra firmeza en esta convicción.”

“Dicen q somos ingenuos por confiar en las FANB. Poco tiempo antes de la alocución [Rodríguez], Barrientos decía que la FANB garantizaba la PAZ.”

“Mañana tendremos una Venezuela en la que todos podemos trabajar juntos para que progrese en justicia y libertad”

Mientras tanto el candidato democrático, Henrique Capriles Radonski, tuiteaba:

 

A confesión de parte… Relevo de pruebas: Gobierno tumba ABA como medida desesperada contra “hackeo”

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Hackeada la cuenta de Nicolás Maduro y el PSUV por Lulz Security Peru

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Recado al ganador del 14-A por Vladimir Villegas

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En apenas días conoceremos el resultado de las elecciones presidenciales y se habrá despejado la incógnita con respecto a quién le corresponderá asumir la Presidencia de la República para sustituir al fallecido mandatario Hugo Chávez Frías, y más allá de lo que ocurra, de lo que decida el soberano, Venezuela va a ingresar definitivamente en un nuevo ciclo, que debería estar marcado por la prioridad de promover desde el Gobierno el reencuentro de los venezolanos.

Ese reencuentro es una necesidad insatisfecha desde hace muchos años, y ha sido imposible de alcanzar porque aún nos domina el esquema de una sociedad polarizada, reducida a una confrontación que limita nuestras posibilidades como país. Sectarismo, exclusión, discriminación, persecución, estigmatización y criminalización son palabras y acciones que debemos desterrar y obtener de ellas lecciones que en otros países han costado guerras civiles, destrucción y miles y miles de muertos, lo cual no quiere decir que aquí no hayan causado estragos en demasía.

Si gana Nicolás Maduro es insostenible la actual manera de gobernar. Tiene que abrir puertas verdaderas al diálogo nacional, hacer realidad el reencuentro de exiliados y presos con sus familias, llamar a la oposición a conversar sobre los grandes problemas nacionales y promover decisiones consensuadas en lo económico, en lo social, frente a calamidades como la inseguridad, y llamar también al sector privado a trabajar juntos para que el desabastecimiento sea derrotado, para que generemos empleos de calidad y salgamos poco a poco del exacerbado rentismo en el cual nadamos. Aunque Maduro, el PSUV y sus aliados ganaran las elecciones, los factores opositores agrupados en la Mesa de la Unidad Democrática no pueden seguir siendo tratados como apátridas o enemigos a los cuales hay que convertir en polvo cósmico.

Si gana Henrique Capriles, tendrá que darle direccionalidad al cambio que el país necesita. Gobernar con los mejores, y para todos, sin repetir la historia de segregaciones y con la mira puesta en el fortalecimiento y mejoramiento de los programas sociales, dejando de lado la tentación del pase de factura, aunque sin impedir que quien haya incurrido en hechos de corrupción responda por ellos. Aun perdiendo las elecciones, el chavismo seguiría siendo una fuerza determinante en la política venezolana, a la cual se le debe garantizar y respetar sus espacios, como es natural y mandatorio en una democracia.

Esas inmensas concentraciones que hemos visto tanto del chavismo como de la oposición nos muestran un pueblo apegado al voto como un instrumento fundamental de expresión política y democrática.

Es un solo pueblo que está en la calle, que tiene en su seno visiones distintas, y esas visiones tienen que ser respetadas por quienes detenten el poder luego del 14 de abril.

Ese pueblo, que se viste de rojo o que usa el tricolor, no va a salir de las calles. Va estar presente en ellas para exigir sus derechos, para premiar los aciertos del gobierno que asuma luego de sus comicios, y para reclamarle con firmeza sus fallas e inconsecuencias. El nuevo presidente se va a manejar en un escenario en el cual ya no hay cabida para liderazgos mesiánicos, para decisiones inconsultas o para ignorar a la otra mitad del país. Es un escenario en el cual se avizoran dificultades en el campo económico, que demandarán la búsqueda de acuerdos y consensos Si el mandatario que resulte elegido el próximo domingo no entiende eso, Venezuela puede entrar en una dinámica de confrontación incontrolable, de mayores proporciones que la que ya hemos tenido.

La despolarización, la búsqueda de zonas de entendimiento, el trabajo sincero por la reconciliación verdadera y justa son parte de los puntos de una agenda nacional que luce ineludible para darle estabilidad al país en la nueva etapa que se avecina.

@VladiVillegas

Dieterich, el padre del Socialismo Siglo XXI, habla de su proceso con Hugo Chávez

ME PERMITO TOMAR PRESTADO este artículo de BBC Mundo por la importancia que tiene hoy para Venezuela.

Un excelente trabajo del periodista Juan Carlos Pérez Salazar presenta una entrevista muy actualizada con el intelectual de izquierda mexicano-alemán Heinz Dieterich responsable -según él- de haberle sugerido a Hugo Chávez la identificación política de lo que sería su gobierno y su quehacer político desde Venezuela para el mundo: “Socialismo del Siglo XXI”.

Dieterich cuenta al corresponsal de BBC su acercamiento a Chávez a través de Alí Rodríguez, ex ministro de energía, ex secretario de la OPE y hoy compartiendo la secretaría  de Unasur.

Igualmente su relación con el llamado “proceso” venezolano, su discrepancia con Chávez años después y la seguridad de que al ganar Nicolás Maduro seguirá el rumbo impuesto por Chávez.

El hombre que imaginó el “socialismo del siglo XXI”

Juan Carlos Pérez Salazar

BBC Mundo, Ciudad de México

 

Heinz Dieterich, quien ha escrito más de 30 libros, llegó por primera vez a América Latina a mediados de los años 70.

Este domingo, en Ciudad de México, una persona estará siguiendo con especial y personal interés las cruciales elecciones en Venezuela: el economista y sociólogo alemán Heinz Dieterich.

Y no es para menos. En diciembre de 1999, Dieterich tuvo un encuentro que lo marcó profundamente. A él y a su interlocutor, Hugo Chávez Frías, entonces flamante presidente venezolano.

En los 14 años que han transcurrido desde entonces, Dieterich se involucró tanto con Venezuela y su proceso político que conoce de manera personal a casi todos sus protagonistas, incluida la cúpula de la Revolución Bolivariana, y lo que sucede y se trama en los corredores del poder.

Cuando vio por primera vez a Chávez, Dieterich ya era conocido por mérito propio como un pensador de izquierda. Había publicado un libro con Noam Chomsky (“La aldea global”) y, crucialmente, su obra “El socialismo del siglo XXI”.

¿Qué es el socialismo del siglo XXI?

Haciendo algo simple de una teoría compleja, según Dieterich, ahora tenemos una sociedad burguesa capitalista que atiende en primer lugar los intereses de la clase empresarial; una economía de mercado, donde los grandes capitales determinan su dinámica y un Estado caracterizado por una democracia formal que sólo puedes ejecutar cada tantos años en las elecciones.

Su teoría propone reemplazar esos tres pilares por una democracia realmente directa y participativa (algo posible ahora, en la era digital), donde el Estado represente todo el cosmos social y una economía que no se base en la propiedad privada y el precio de las mercancías, sino fundada en la teoría de valor de la escuela clásica de la economía, donde el valor se mide por el trabajo que implica un producto o servicio y no en las leyes de la oferta y la demanda.

Los críticos desde algunos sectores de la academia dicen que esta economía de valores no está muy bien detallada.

Y desde la izquierda más radical dicen que es sólo otra máscara de la democracia capitalista.

Los presentó su amigo Alí Rodríguez, ministro de Energía del nuevo gobierno. “Cuando ellos ganaron las elecciones yo fui y le dije: ‘Mira, quiero saber si realmente va a haber un cambio o si van a ser como los demás'”.

Chávez había leído en la cárcel uno de los libros de Dieterich, así que aceptó hablar con él. “Hubo una química espontánea”, dice el profesor de la Universidad Autónoma Metropolitana de México (UAM).

Conversaron toda la noche en el Palacio de Miraflores. Después de eso hablarían muchas noches más, hasta 2007, cuando se presentó la ruptura.

“Era un hombre que aprendía rápidamente. Tenía un pensamiento dialéctico, no burocrático. Escuchaba. Un sistema de ese tipo inevitablemente modifica su software. Su aprendizaje fue muy rápido.

“La primera vez que lo conocí obviamente había limitaciones en el conocimiento de la política en general y del mundo global. Pero me sorprendió como, unos tres años después, a través de sus viajes y contactos, había asimilado como una esponja conocimientos y experiencias”.

Durante toda la conversación con Heinz Dieterich hay un tema recurrente: cómo cambió Hugo Chávez después del intento de golpe de Estado de abril de 2002.

“Antes yo creo que había una cierta inercia de pensamiento. Creo que el golpe le despertó, le hizo entender realmente cómo funcionaba la política. Él creció. De un militar patriótico, democrático y cristiano, se convirtió en un gigante de la política”.

Una “repercusión del carajo”

Heinz Dieterich habla español con un ligerísimo acento alemán y camina con una cojera no tan ligera. En lo que no vacila es en sus respuestas: Son sesudas y redondas.

Su oficina, en el tercer piso de una de las sedes de la UAM en Ciudad de México, es amplia y sobria. Un par de tableros, sillas desperdigadas y dos mesas. Sobre una de ellas un reluciente juego de tazas y tetera para servir té chino, posiblemente recuerdo de un viaje reciente a ese país.

Buena parte de los esfuerzos intelectuales y prácticos de Dieterich parecen enfocados ahora hacia China -donde sus ideas empiezan a ser acogidas-, pero en algún momento lo estuvieron hacia Venezuela.

Eso se hizo evidente el 30 de enero de 2005, cuando, en el Quinto Foro Social Mundial, en Porto Alegre, Brasil, Hugo Chávez habló por primera vez en público del socialismo del siglo XXI.

 

El concepto lo había ideado Dieterich para diferenciarlo del socialismo del siglo XX (la Unión Soviética, Cuba, Corea del Norte).

“Cuando yo encuentro a Hugo Chávez por supuesto que hablamos de eso, porque él estaba buscando un modelo (…) Para mi sorpresa, lo lanza en el foro de Porto Alegre y obviamente tuvo una repercusión del carajo”.

Pero, ¿logró Hugo Chávez llevar a la práctica algo de esa teoría?

No en lo económico: “Es que es muy difícil, en primer lugar porque hay que entender un poco de economía y el problema de toda la izquierda del mundo es que cuando se habla de una economía no capitalista piensan que se trata de colocar la bandera roja en la fábrica y meter un tanque”.

Pero cree que hubo avances y logró cambiar la manera de pensar de las clases popular y media en Venezuela. “Es algo que la derecha no ha entendido y por eso no van a ganar las elecciones: hoy día las mayorías son otras. No ve que (la mayor parte de) la clase media también quiere ese modelo”.

“En Venezuela el pueblo tiene una conciencia proactiva, piensa por sí mismo. En la Unión Soviética y otros países del socialismo del siglo XX recibían órdenes. Y eso no es sólo un gran dique a la derecha sino un control a la burocracia”.

Sin embargo, dos años después del discurso de Chávez en Porto Alegre se produjo la ruptura.

El rompimiento

En su oficina, el profesor Dieterich sólo tiene un cuadro. Y no está colgado, está puesto sobre un viejo sofá. Es un afiche enmarcado de los paracaidistas venezolanos, firmado por el general Raúl Isaías Baduel, uno de los cuatro compañeros con los que Chávez creó, en 1982, el Movimiento Bolivariano Revolucionario. Aunque no quiso participar en la intentona golpista de 1992, fue una de las figuras claves para evitar la pérdida del poder en 2002 y llegó a ser ministro de Defensa entre 2006 y 2007.

Caudillismo, populismo y control de los poderes

Una de las principales críticas que se le hacen a Hugo Chávez es que es el típico caudillo latinoamericano (para algunos escritores de la región, el único “concepto” que América Latina le ha legado a la historia del pensamiento político).

¿Qué dice Dieterich a esto?

– Lo he escuchado muchas veces. Otra crítica desde la derecha es decirle populista. Nunca he encontrado una definición de populismo que me parezca científicamente satisfactoria. Y menos una de caudillo.

Hay un concepto que se toma del imperio romano, que es Cesarismo. O acuden a Max Weber y su tipología del líder carismático. Pero todo esto, a mi juicio, para quemarlo o por ignorancia, incapacidad teórica de calificar un fenómeno nuevo.

No pueden definir caudillo. Es un concepto que nace de la vida latinoamericana. Es como Macondo, puedes describirlo…

– O dar ejemplos muy concretos como Fidel Castro y Perón: la persona carismática que arrastra masas, pero que en algún momento se convierte en el único líder, que arroja a las sombras a todos los demás y que sin él es a veces difícil que el movimiento continúe

– Sí, eso lo entiendo, pero entonces Ronald Reagan también sería un caudillo, porque tenía un tremendo apoyo. O Maggie Thatcher en su momento.

La oposición y la academia mediocre han utilizado ese concepto porque es muy sencillo de entender.

Tú tienes coyunturas históricas donde líderes con determinada configuración excepcional -Lázaro Cárdenas en México, Getulio Vargas en Brasil, Perón en Argentina- pueden transformar la realidad nacional.

Y el modelo que crearon es lo que podríamos llamar una economía mixta de desarrollo.

– Con el Estado interviniendo fuertemente…

– Con el Estado liderando fuertemente. Lo que se vio después de 1945 en Europa. Todos estaban de acuerdo con que el Estado tenía que conducir el proceso de construcción.  Y como acá (en América Latina) los neoliberales habían dejado una destrucción muy semejante a lo que dejó a guerra en Europa, había que reconstruir el sistema. Se necesitaba una estrategia. Y la que Chávez finalmente practica es la de Perón, Cárdenas y Vargas.

Pero con una diferencia clave: el modelo de Chávez no es corporativo -todo controlado por el poder-: él es democrático, respeta la superestructura burguesa, división de poderes, todo eso. Tal como lo tienes en el primer mundo.

– Usted menciona la división de poderes de la teoría liberal clásica, pero la otra crítica es que Chávez los controlaba totalmente

– Eso es lo que sucede en todos los gobiernos que tienen la mayoría absoluta. Se vio en el gobierno de Bush, tenía la mayoría en la Corte Suprema, la mayoría de los gobernadores, senadores y diputados. Eso es así en cualquier sistema de la democracia burguesa.

Dieterich se hizo muy amigo de Baduel y cuando éste marcó distancia con Chávez en noviembre 2007, al criticar una propuesta de reforma constitucional -que a la postre fue derrotada en las urnas-, el presidente venezolano no se lo tomó nada bien. El profesor Dieterich dice que trató de mediar, algo que -asegura-, algunos sectores dentro del chavismo no le perdonaron. Fueron quienes influyeron para alejarlo de Chávez.

Por internet es posible encontrar ataques de chavistas contra Dieterich. Un ejemplo típico dice: “Opina desde la nostalgia y resentimiento por su pérdida de influencia en Venezuela”.

Baduel fue detenido en 2009, acusado de corrupción y en la actualidad se encuentra en la cárcel, pagando una condena de ocho años.

A pesar de eso, Heinz Dieterich guarda un buen recuerdo de Hugo Chávez. Y es evidente que lo consideró un amigo. “Pese a nuestras diferencias, nunca habló mal de mí”.

Lo que viene

Volviendo a la política y a las elecciones de este domingo en Venezuela, ¿es posible mantener el modelo bolivariano sin Chávez? Dieterich cree que sí. “Se va a mantener porque las mayorías lo quieren. Cualquier candidato, sea de izquierda, centro o derecha que no respete esa voluntad de las mayorías no tiene futuro en Venezuela”.

“La gente (incluida, insiste, la clase media) se ha convencido de que es el mejor modelo que puede tener. Porque tienen ingreso… claro, la inflación es alta, pero el estado les repone con los salarios mínimos. Es un estado más o menos democrático donde se respetan hasta las derrotas electorales. El principal problema es la criminalidad, pero los votantes van a decir: ‘Maduro lo va a arreglar. Hay que darle una oportunidad'”.

Sobre Nicolás Maduro -a quien dice conocer bien- reflexiona que “está evolucionando su propio perfil. Mantiene el patrón del comandante, pero está ganando una estatura propia. Va a ser un buen presidente, sin las condiciones de un Chávez o un Fidel, pero lo va a ser porque el sistema está estructurado. Una catástrofe no va a haber”.

Tampoco cree que se vayan a presentar divisiones internas en el chavismo, pues no ve quién le pueda hacer sombra a Maduro, ni siquiera Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea Nacional y quien al parecer goza de gran apoyo entre los militares.

“Yo creo que Cabello se quemó cuando quiso desconocer la voluntad de Hugo Chávez de dejar a Maduro como su sucesor. Eso definió su papel al futuro, él siempre va a ser un hombre del aparato. Aunque bien puede llegar a ser el segundo en el poder. No hay que subestimarlo”.

A pesar de que hace cuatro años que no visita Venezuela, es evidente que el país y su gente lo apasionan. A principios de marzo siguió desde la distancia la muerte y sepelio de Hugo Chávez. ¿Le habría gustado estar en Caracas en ese momento?

“Sentí mucha tristeza. Pero no me hubiera gustado estar allá. Y si me hubieran invitado no habría ido. Porque allá había mucha gente que creo son trepadores. Y no me hubiera gustado verlos en ese momento”.

 

Dieterich cree que Nicolás Maduro ganará con facilidad este domingo.

 

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El artículo de BBC Mundo está colgado en esta dirección:

http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2013/04/130412_venezuela_mexico_heinz_dieterich_chavez_socialismo_siglo_xxi_jcps.shtml?

 

Para qué votar por Alberto Barrera Tyszka

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Probablemente no hay nada peor para un articulista que un domingo de elecciones. Casi por obligación, toca ser aburrido. Por lo general, se espera una pieza seria y responsable, llena de un solemne ánimo ciudadano, que convoque a los lectores a cumplir con el sagrado deber y con el inexpugnable derecho del sufragio. Por lo general, también, convoca más bien al bostezo a la altura de la cuarta línea. Ya llevo cinco. Si usted sigue aquí, ya tengo una pequeña ventaja.

De entrada, cualquier lector más o menos agudo debe sospechar de una columna que se llame, por ejemplo, “Para qué votar”. Ahí empiezan los problemas. Las pupilas dan vueltas alrededor de la página, a ver si consiguen algo mejor, aunque sea un pequeño recuadro de publicidad que ofrece un nuevo balancín para los amortiguadores de su automóvil. ¡Qué interesante! ¡No tenía idea de que los amortiguadores llevaran balancín! ¡Lo que uno aprende leyendo la prensa los domingos! Saltan las pupilas, también, a otros artículos cercanos, buscando algún refugio. Pero todos suelen ser bastante semejantes. Pareciera que es de mal gusto escribir sobre otra cosa. O, en todo caso, si no se va a tocar un tema relacionado con el espíritu electoral, pareciera que lo medianamente aceptable es escribir sobre algo inocuo, inofensivo: la siembra de sorgo en el sur de Indonesia. El particular lenguaje de las morsas patagónicas durante el invierno. La insólita historia de un violinista rumano que terminó sus días como reconocido chef en Australia.

Temas prescindibles o textos repetidos. Ese parece ser el destino. Porque algo que se llame “Para qué votar”, insisto, no entusiasma ni a la familia, no suena ciertamente a novedad. Si yo hubiera colocado “El orgasmo femenino”, como título de estas líneas, de seguro hubiera captado mayor atención y curiosidad entre la audiencia. Pero tendría que escribir sobre algo bastante distinto de esta jornada electoral. Y, ya lo dije, no se puede, está mal visto. Además, tampoco se puede hacer campaña. No puedo yo presentarme aquí diciendo, de una manera más o menos velada, vote usted por hache y no por ene. Como, por cierto, de seguro habrá hecho el Gobierno durante todos los días entre el día final, en el que de manera oficial terminaba la propaganda electoral, y este domingo. Legalmente está prohibido. Pero ya sabemos que, en este país, ese adverbio no siempre es igual para todos. Al menos, por ahora.

He pasado toda la semana cavilando en cómo puedo sortear los 5.000 caracteres de este día. Debo confesar que se me han ocurrido muchas pendejadas. Pensé que sería ideal que nuestro sistema electoral diseñara un nuevo tipo de tinta, una tinta responsable y de larga duración. La cosa iría así: usted vota hoy, moja su dedo, o se lo enchumban más bien, y se va a su casa tranquilamente. A los 2 o 3 días ya no existe esa mancha morada que envuelve su huella dactilar. Pongamos que su candidato gana. Que es presidente. Y que resulta desastroso y que no cumple ninguna de sus promesas. La idea es que cada vez que ese presidente ponga la torta, de inmediato se active la tinta responsable y consciente en cada dedito de todos los venezolanos que votaron por él. Así los demás podríamos reconocerlos y reclamarles y tratar de lograr eso que algunos llaman la “sistematización del aprendizaje”. Es cierto: quizás no sea una idea magnífica. Pero ya tengo 513 caracteres más.

Pero vayamos al grano, al título de esta crónica. Digamos que un lector amanece químicamente indeciso. O harto de la política. Pensando que tanto sufragio ya parece una adicción estadística. Digamos que amanece sin ganas de saber de nada que vaya un poco más allá de su almohada. Ahí termina el mundo. Que se encuentra desalentado, sin fe en las instituciones y en el futuro. ¿Qué pueden realmente hacer estas líneas frente a eso?

No lo sé. Y además sólo tengo un argumento. Voy a reiterar lo que escribí las elecciones pasadas. Creo que votar es una forma de nombrarnos. Más allá del resultado, uno vota para definirse, para decir quién es. Votar es una forma de ejercer la identidad. Se vota como se firma. Con esa misma línea personal. Igual a muchas y a la vez tan diferente a todas. Uno vota para que la pluralidad cuente, tenga peso, se imponga. Para que la realidad no sea unicolor. Para que no nos presenten como una única marca estandarizada. Para que el poder tenga límites. Para eso también se vota.

Por supuesto que yo tengo un candidato y quiero que ese candidato gane, que sea elegido presidente. Pero más allá de ese resultado, poder elegir es también un ejercicio de autoestima. Una manera de representar y de defender lo que soy y lo que no soy. Lo que jamás voy a ser. Por eso, finalmente, existen estas líneas. Porque, con todos sus bemoles, el voto es una institución que todavía no hemos perdido. Un espacio para la diferencia. Un espacio nuestro. Que nos toca defender este domingo.

Carta abierta a José Miguel Insulza por Tamara Suju Roa

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Hoy, los venezolanos acudimos una vez más a las urnas electorales, unos en defensa de un sistema absolutista contrario del derecho y la justicia y otros en defensa de los valores y principios que rigen la democracia, los derechos humanos y las libertades individuales. Los demócratas acudimos con la certeza de que nuestros compañeros latinoamericanos en cuyos países se ejerce la democracia, las Instituciones son independientes y se lucha por la igualdad entre sus ciudadanos, nos han abandonado.

Sólo ha habido voces individuales, de ex Presidentes, congresistas, diputados, diplomáticos, escritores y personalidades reconocidas por su vocación democrática, que se han atrevido a criticar y exponer al mundo lo que verdaderamente sucede en Venezuela. Que difícil ha sido recorrer esta América silenciosa, para decirles como en los últimos años nuestras Instituciones dejaron de ser independientes, se han escrito leyes discriminatorias e inconstitucionales, se ha perseguido penalmente, torturado y encarcelado a la disidencia, y en general, se ha permitido que se cercenen los derechos individuales, la libertad de expresión, la propiedad privada entre otros derechos, sin que los gobiernos Latinoamericanos abran la boca para denunciar que en Venezuela se están violando los Derechos Humanos contenidos en la Convención Americana de Derechos Humanos aprobada en Noviembre de 1969 y ratificada por nuestro país en Junio del 77, texto fundamental que rige los Derechos Humanos en el Continente.

Hoy, le escribo a usted, señor Insulza. Porque fue usted con quien nos reunimos hace ya 3 años, para llevarle los casos de los presos y perseguidos políticos venezolanos, a raíz de la huelga de hambre que hicieran los jóvenes de Operación Libertad, frente a la sede de la OEA en Caracas. Cuando estuvimos reunidos le entregué no sólo un resumen de todas las leyes que habían sido aprobadas por la Asamblea Nacional y los argumentos explicativos de cómo violaba el texto constitucional, sino que además le dejé mi Constitución, la que había usado hasta entonces, remarcada, comentada, bien rayada, para que usted pudiera comprobar lo que le decíamos. También le expusimos casos de persecución y le hablamos de los presos y perseguidos políticos, como el caso de la Juez María Lourdes Afiuni, ¿lo recuerda? Caso por el cual se han pronunciado diría yo, casi todos los Organismos Internacionales, Organizaciones e incluso Congresos y diputados del mundo.

Ahora bien, Señor Insulza, lo que yo no puedo entender, es cómo todavía, a pesar de las decenas de visitas que no sólo le han hecho representantes de Organizaciones no Gubernamentales de DDHH, sino diputados y líderes venezolanos para explicarle nuestra situación, usted no ha asumido una posición contundente y firme, para que su posición llame la atención de los países miembros sobre lo que aquí sucede. Recuerdo sus comentarios sobre su época juvenil y sus luchas estudiantiles. Confieso que cuando salí de estrecharle la mano, me embargó la esperanza de que los venezolanos contábamos de alguna forma con un convencido demócrata, dispuesto a realizar acciones que generarán efectos para ayudar a nuestra ya deteriorada democracia. Lamentablemente, me equivoqué.

Me pregunto si le parece poco que mantengan encarcelada a una Juez por tomar una decisión apegada a la Ley, caso conocido por el propio Sistema Interamericano de DDHH que ha pedido por su libertad y el respeto de sus derechos. También, si el desconocimiento y la decisión de no acatar las medidas y sentencias dictadas por la Corte y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos por parte del gobierno venezolano no es suficiente para encender la luz de alerta en el Organismo que dirige sobre – como diría un buen diplomático- “la vulnerabilidad de los derechos humanos en Venezuela y el desconocimiento y desobediencia de los Pactos y Convenios Internacionales que el gobierno de Chávez realizó”. Usted se ha escudado en la supuesta poca extensión de sus facultades como Secretario General. Pero también sabe que los reglamentos que rigen dicho organismo, le permiten tomar iniciativas que pudo haber usado para actuar de forma contundente. Una denuncia suya sobre cualquiera de las cosas de las que usted tiene conocimiento sucedian y siguen sucediendo en mi pais, como por ejemplo la falta de independencia de los poderes públicos y la utilización del sistema de justicia para perseguir a quienes de alguna forma disienten o se oponen al gobierno, tiene mucho más peso que una denuncia de cualquier mortal. Pero prefirió no asumir su responsabilidad, para con su actitud, encompicharse con el resto de los gobiernos latinoamericanos, a los cuales parece habersele inoculado la tolerancia al despotismo que todo caudillo trae consigo. Cuando se está ante un proyecto de poder como el que se pretende implantar en Venezuela, sólo cabe una forma de actuar, sin titubeos, porque los principios democráticos no se negocian.

Ojalá, el próximo Secretario General de la OEA utilice todos los instrumentos que le dan los cimientos en los que se apoya dicho Organismo, para defender las democracias del Continente, pero sobre todo, a sus pueblos, a su gente, de los regímenes caudillista que por ignorancia o por dinero, todavía deambulan por nuestra región y son capaces de pisotear años de progreso en defensa de las libertades y de los Derechos Humanos Universales que tantas lágrimas le han costado a la Humanidad.

Hoy 14 de Abril, los venezolanos acudiremos a las urnas a luchar por nuestra democracia, a pesar del abuso del poder económico y de fuerza que este régimen ha ejercido, de la falta de independencia del Árbitro Electoral, de las amenazas que pesan sobre el pueblo demócrata y sus líderes, y de un Ministro de la Defensa y un Alto Mando que ha puesto a la Fuerza Armada al servicio del gobierno, quitándole su institucionalidad e imparcialidad. Hoy, se da una gran batalla por el Sistema Democrático y la libertad en Venezuela. Ojalá no sea usted uno de aquellos que pudiendo hacer mucho por nuestra democracia, solo ayudó a cargar otra urna en la que se sepultó a la democracia venezolana.

“Dedos Morados” toman las redes sociales

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