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Tiempo de Palabra por Carlos Blanco @carlosblancog

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Vámonos, aquí no nos quieren

Así dice García Márquez que le dijo el Libertador a José Palacios: “Vámonos volando, que aquí no nos quiere nadie”. En medio de estas euforias patrióticas de la decadencia no es de extrañar que un día, desesperado, Nicolás suelte algo parecido a su edecán. Sería sano ante el desolador panorama que tiene quien el azar envió a una sucesión que no maneja.

El gobierno Maduro presenta síntomas de final. Tal vez sea el espejismo causado por las escaseces básicas y el clima camorrero que domina la sociedad; pero esta administración sobrevenida pareciera más bien que está a punto de entregar, aunque un tanto en desorden. Las retiradas militares y políticas son operaciones muy complicadas y los camaradas que administran la pulpería no tienen idea de cómo hacer. Estos próceres tienen el problema que señalaba Jorge Amado y gusta recordar el poeta Joaquín Marta Sosa, al referirse al izquierdismo militarista, “son de los que entran al futuro reculando”.

DELFINES SIN ALETAS. Un gobierno está en fase terminal cuando no se puede mover ni a la derecha ni a la izquierda, ni hacia arriba ni hacia abajo, ni hacia afuera ni hacia adentro. Esa es la situación en la que yace “el experimento Maduro”. Si hace alianzas, los extremistas de adentro las detienen; si no las hace, carece de fuerza para cualquier iniciativa. Es un régimen agarrotado, cuyos músculos de tanto contraerse para asestar golpes fulminantes, poco a poco se quedaron crispados y aquel cuerpo que parecía atlético y rozagante, de 1999, hoy dormita empequeñecido, inmovilizado, tullido, en la silla presidencial. La parálisis oficial viene no solo como contrapartida del crecimiento de las fuerzas democráticas sino de la guerra a muerte en las entrañas del chavismo, en una pelea letal por los despojos del héroe, lo que no es más que una forma de dilapidar las arcas que Fortuna deparó a los delfines sin aletas.

Véase el episodio con el Presidente de Colombia. Este recibe a Henrique Capriles en forma “privada” que es una manera de disminuir la importancia del asunto, precisamente para no herir la susceptibilidad de unos camorristas con piel delicada; lo recibe en camisa para hacer más informal el encuentro. Entonces a Diosdado Cabello y a Elías Jaua les da la pataleta conocida que destruye la relación que Chávez había construido con Santos, y Maduro con la Canciller colombiana. La necedad hecha gobierno no advierte lo que ha destruido.

AMOR A JURO. Los jefes del bochinche bolivariano se creen geniales cuando obligan a arrodillarse o, al menos, a sonreír a los empresarios que humillan. Son tan tontos estos alquimistas que estiman que su labor es más socialista mientras más ofenden y sojuzgan a los empresarios. No perciben algo elemental: la actividad empresarial es del interés de los dueños del capital, pero también de los trabajadores, de los consumidores y del tejido social del cual forman parte. El drama de los que se han cogido el botín es que no son marxistas ni tampoco han leído a Marx sobre el papel de los capitalistas.

Los productores, una y otra vez regañados, juegan el juego pero jamás trabajarán para la perpetuación del régimen escarlata. No necesitan sabotearlo, basta que restrinjan sus inversiones para que la mala hierba se coma el jardín revolucionario y llegue hasta el Cuartel de la Montaña. Eso hacen los enemigos; se sonríen con Maduro y en realidad se ríen de Maduro. Así, lentamente los jefes rojos, atrevidos e ignorantes, piensan que liquidan a los capitalistas cuando en realidad se suicidan. La ausencia de conocimiento histórico no les da para entender que cuando embisten contra empresarios, a los que de verdad sí destripan es a los pequeños y medianos, a los que no tienen paraguas grandes para aguantar la lluvia ácida del esperpento socialista. Esta conducta roja constituye una dimensión adicional del suicidio.

El dinero tal como lo estudió Marx, demanda su movimiento, su expansión permanente. Esto lo sabe hasta el otro yo del doctor Merentes. Cuando el dinero no se reproduce, se achica, deja de ser motor y expresión del capital. Tal es el fenómeno que se abate sobre Venezuela, tanto con la ferretería de la esquina como con Pdvsa. El de la esquina tiene menos pulmón y fenece más rápido, pero el gigante petrolero de antaño ahora tiene el mismo cáncer que se ha comido el papel toilette. El efecto letal de la ignorancia.

NO TIENEN JUEGO. Como el gobierno provisional de Maduro no tiene posibilidad de moverse con flexibilidad porque se arrinconó a sí mismo, el único recurso del que dispone con relativa facilidad es la represión policial, militar, judicial, y de grupos paramilitares de choque. Su propósito es descabezar a la oposición, a veces amagan con destituir a Capriles de la gobernación y otras, enjuiciarlo; golpean y quieren liquidar a María Corina; ambicionan apresar a López; le caen a palos a Julio Borges; ofenden a Ledezma y a Ismael García; acusan a Pablo Pérez y a Salas Feo. Pero, ¿saben qué? No pueden. Si no lo hacen, pierden poder; si lo hacen, duran menos en sus chambas provisionales.

Véase la operación sobre Globovisión. Se la comieron. Le quitaron la planta a sus dueños y a la oposición. No advirtieron que el poder de denuncia de las fuerzas democráticas nacionales e internacionales podía contrarrestar la insolencia de los nuevos dueños que están obligados -léase, obligados- a entregar el canal en bandeja de plata al gobierno. La razón es elemental: si los anteriores dueños vendieron porque la presión oficial los forzaba, es obvio que la transacción realizada incluye quitarse de encima esa presión oficial, lo que significa complacer al gobierno. ¿Aparecerá la oposición en Globovisión? Sí, claro, como elemento decorativo (ahora más con el escándalo que impide su desconocimiento total)

EL DERRUMBE. Un gobierno sin capacidad de alianzas, chantajeado desde adentro por los personajes que se comportan como copresidentes, obligado al extremismo para que -como lo revela la grabación- no lo cojan por el flanco izquierdo, parece destinado a esperar inmóvil su desplome. Sobre todo cuando la presencia y el control cubanos han generado una repulsa dentro y fuera del proceso, muy especialmente entre los militares institucionalistas, hartos de la sumisión a mandos extranjeros.

Hace un tiempo podía preguntarse cómo salir de un régimen como este y las respuestas eran inciertas. Ahora la pregunta es cómo un régimen tan desgastado puede mantenerse todavía. La represión es un factor de estabilidad en sociedades aisladas, desconectadas comunicacionalmente, pero no es el caso de Venezuela. Los peinillazos, las lacrimógenas, los enjuiciamientos, ni amilanan a los de adentro ni convencen a los de afuera. Ha llegado el momento de decirle a Nicolás, con discreción, si quieres no te calles, pero ¿por qué no renuncias?

Fuente: Tiempo de Palabra

10 preguntas a… Ibsen Martínez por @Planeta_Vzla

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Primer libro que leyó o le marcó.
Las aventuras de Huckleberry Finn, de Mark Twain.

Un libro para promover la lectura en los chamos.

La isla del tesoro,de Robert Louis Stevenson

Un libro que le hizo querer ser escritor/a

El espía que regresó del frío, de John LeCarré.

Si tuvieses la oportunidad de conocer a un personaje de ficción, ¿cuál sería?

Augie March.

Tres cosas que tiene sobre la mesita de noche.

Despertador, un estuche de lentes para leer, Kindle.

La canción que más se ha reproducido en su iPod.

“Las doncellas de Cádiz”, de Leo Delibes, en la versión de Miles Daviles & Gil Evans.

La vergüenza más grande que haya pasado en público.
Un día que prefiero olvidar sin lograrlo, una mujer que yo pretendí, puso al descubierto mi cleptomanía.
Alguien a quien admira y nunca se lo ha dicho públicamente.

Al escritor colombiano Evelio Rosero.

Una grosería que le encanta.

El coñísimo de su madre.

“Lucha contra la impunidad” por Red de Apoyo @redapoyo

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De conformidad con el artículo 29 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela “El Estado estará obligado a investigar y sancionar legalmente los delitos contra los derechos humanos cometidos por sus autoridades”. Al asumir esta obligación, el Estado se compromete a luchar contra la impunidad en casos de violación de derechos humanos con dos acciones concretas: investigar y sancionar a las personas responsables.

¿Quién tiene la obligación de investigar?

Tal como lo prevé el numeral 3 del artículo 285 de la Constitución, es una atribución del Ministerio Público “Ordenar y dirigir la investigación penal de la perpetración de los hechos punibles para hacer constar su comisión con todas las circunstancias que puedan influir en la calificación y responsabilidad de los autores o las autoras y demás participantes, así como el aseguramiento de los objetos activos y pasivos relacionados con la perpetración. ”En consecuencia, en Venezuela la misión de investigar tanto los delitos comunes como las violaciones de derechos humanos corresponde al Ministerio Público, ya que la Constitución le ha asignado la responsabilidad de llevar a cabo todas las diligencias y recabar las evidencias que permitan el esclarecimiento de hechos delictivos, para determinar la responsabilidad de las personas implicadas y presentar los actos conclusivos correspondientes.

La obligación de investigar sólo puede cumplirse en la medida en que este órgano del Poder Ciudadano cuenta con los recursos técnicos y el talento humano necesario para hacerse cargo de las investigaciones; de allí la importancia de la formación y capacitación de fiscales y fiscalas, quienes no sólo deben conocer la ley y actuar garantizando el debido proceso, sino también hacer uso de formación técnica y científica que les permitan llegar a la verdad de los hechos.

Aun cuando la dirección de la investigación está en manos del Ministerio Público, esta es una labor que requiere la articulación con el Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas, que se encarga de ejecutar las diligencias solicitadas por la fiscalía, tales como informes, experticias, inspecciones, etc.

¿Qué características debe tener la investigación?

La investigación penal de cualquier hecho, sea un delito común o una violación de derechos humanos, debe fundamentarse en criterios técnicos y jurídicos que vayan mucho más allá de la tramitación burocrática de diligencias, constituyendo un ejercicio metódico, dinámico y proactivo para el esclarecimiento de los hechos, con pleno apego al debido proceso. Este proceso técnico debe ser dirigido por el Ministerio Público de manera estratégica, considerando todos los elementos necesarios para la formulación de hipótesis, que permitan la comprensión y explicación satisfactoria del delito o la violación de derechos humanos.

Durante el proceso investigativo, es necesario que se produzcan e identifiquen elementos de convicción válidos, de manera que la “verdad procesal” sea lo más cercana posible a la “verdad material”, es decir, que los elementos incorporados en la investigación realmente den cuenta de la verdad de los hechos. Una vez que se reúnen estos elementos de convicción, será posible determinar las circunstancias de tiempo, modo y lugar de la comisión del delito o violación de derechos humanos.

El desarrollo de la investigación debe darse orden y método, es decir, debe seguir un programa de acción que oriente las diligencias sobre la base de las distintas hipótesis que puedan presentarse, de manera que una vez practicadas dichas hipótesis sean sustentadas o descartadas.

Cuando el Ministerio Público investiga, debe hacerlo con diligencia, trazando un programa metodológico que incluya distintas hipótesis del hecho, practicando las pruebas relevantes y recopilando toda la evidencia disponible. En casos complejos, la investigación debe trascender lo ocurrido en el sitio del suceso, analizando también el contexto relacionado con el caso, y estableciendo también la autoría y participación de otras personas vinculadas.

El análisis de la información recaudada, la formulación de hipótesis, el establecimiento de líneas de acción relacionadas con las distintas hipótesis, el estudio del derecho aplicable, la incorporación de las pruebas requeridas para la demostración de las hipótesis y la garantía de información y participación de las víctimas son elementos ineludibles de las investigaciones, y deben por lo tanto orientar el accionar del Ministerio Público.

La participación de las víctimas

El Código Orgánico Procesal Penal, prevé que las personas víctimas tienen derecho a participar en la investigación, tanto con su testimonio como con la sugerencia de diligencias que deben ser consideradas por la fiscalía, pues muchas veces pueden aportar información valiosa para el proceso investigativo. Por otra parte, las víctimas tienen derecho a ejercer contraloría sobre la investigación, evidenciando cuando la misma carece de sentido estratégico, omite diligencias importantes o no tiene coherencia estructural.

La participación de las víctimas en el proceso penal, ha sido una conquista histórica en Venezuela a partir de la aplicación del sistema penal acusatorio, ya que con el anterior sistema inquisitivo, las víctimas no tenían derecho a solicitar información o hacer aportes para el avance de la investigación, limitándose exclusivamente a su valor probatorio en la medida en que podían dar su testimonio.

Investigación como herramienta de lucha contra la impunidad

La impunidad atenta contra el estado de derecho y la paz, pues envía un mensaje de incertidumbre, generando desconfianza en las instituciones y fomentando la violencia, es por ello que el Estado tiene que hacer todo lo necesario para lograr identificar y sancionar a los responsables de cometer delitos y violaciones de derechos humanos.

Se deben exigir Investigaciones serias

La investigación penal es crucial para la lucha contra la impunidad, pero el éxito de esta lucha depende de la calidad de las investigaciones dirigidas por el Ministerio Público, de allí la gran importancia que tiene exigir de éste investigaciones serias, analíticas, coordinadas y coherentes, para cumplir así su mandato constitucional y representar dignamente los intereses de las víctimas

www.redapoyo.org.ve

Rafael Garrido Álvarez

Maduro, tras los pasos de Galtieri por Luis Rosales para @Infobae

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Es, como se llama en el fútbol, una jugada de pizarrón. Cuando un régimen de tintes autoritarios empieza a sentir en carne propia la crisis de legitimidad, apela al conflicto externo. La fantasía del enemigo común, que acecha y amenaza, no sólo atizona el nacionalismo propio sino que se supone puede terminar uniendo a todo el pueblo detrás del líder que promete defenderlos.

Esta fórmula ya casi gastada, que muchas veces ha dado resultado y ha conducido a naciones enteras al colapso de la guerra y la destrucción, fue usada varias veces y en varias partes. Mussolini, Hitler, Stalin y tantos otros del pasado reciente, sin dejar de citar a los casos más actuales de Ahmedinayad y las familias Al Assad, Kim y Castro. En la Argentina el caso más paradigmático lo vivimos con Galtieri, cuando aprovechándose del justo reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas y enfrentando un peligroso alzamiento popular, decidía ocupar el archipiélago austral y con ello provocar la guerra contra la OTAN, cuya derrota precipitó no sólo el fin de su gobierno sino que también de todo el régimen dictatorial.

En Venezuela, pareciera que Maduro en su intento de revertir su débil situación presente, ha decidido utilizar la misma estrategia. Acosado por las denuncias de fraude por parte de su principal contrincante electoral, rechazado por al menos la mitad de sus compatriotas, jaqueado por sus competidores internos dentro del chavismo y acechado por una situación económica al menos angustiante, el heredero del Socialismo del Siglo XXI parece contar a su favor sólo con el apoyo de los cubanos y el dedo de Chávez, aquel que lo señalara como su sucesor.

Reaccionar amenazando con una posible ruptura del Acuerdo de Santa Marta y convocando a su embajador en Bogotá, sólo porque el presidente Santos recibiera al ex candidato y actual gobernador del Estado de Miranda, Henrique Capriles, es sin dudas una exageración que muestra claramente la intención de jugar con fuerza esa carta del enemigo y la conspiración externa.

Como es habitual en sus largos monólogos, el ocupante del Palacio de Miraflores se despachó con una serie de relatos y revelaciones propias de un capítulo de ciencia ficción o de una película de 007, pero en versión caribeña. La sola idea de catalogar como conspiración internacional una reunión mantenida entre dos mandatarios vecinos y considerar como espía y destituyente a un consultor de campañas, de larga trayectoria en la región, muestra claramente sus tendencias autoritarias. La oposición, la prensa libre o la mera idea de perder una elección parecen no estar contemplados en el “Manual del buen chavista” que sigue a rajatabla Maduro. Ni que hablar de las ridículas y fantasiosas teorías del veneno que le pretenden inocular desde el “Imperio”.

Como el tema similar del cáncer de Chávez o el pajarito que le hablaba en su nombre, Maduro o bien subestima enormemente a su pueblo y lo trata de ignorante o, en su defecto, muestra pocas condiciones para el cargo que está ocupando. Pero más allá de la anécdota, lo grave es que no se aceptara una auditoría de los votos como lo pedían varios países de la región y que ahora se pretenda crear un conflicto entre dos naciones hermanas. Latinoamérica en general y Sudamérica en particular constituyen ejemplos de paz y armonía en un mundo plagado de odios y conflictos.

Esperemos que la desesperación por la supervivencia de una facción interna, dentro de un movimiento que quiere perpetuarse en el poder a toda costa, no termine alterando esos equilibrios que tanta admiración despiertan en el planeta y que tanto nos ha costado mantener. Que lo hagan al menos por la memoria de Bolívar y San Martín.

Fuente: Infobae

Nadie detiene el futuro. Nadie detiene a la verdad. por Henrique Capriles Radonski @hcapriles

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En el mundo en el que vivimos, la información y la verdad no pueden detenerse por los caprichos de un gobierno desesperado. Sin embargo, los enchufados siguen viviendo en el pasado. Eso ha quedado demostrado con las pataletas recientes que han armado al darse cuenta de que el mundo entero sabe muy bien que la credibilidad y legitimidad del régimen de Nicolás están en tela de juicio, a diferencia de su incapacidad que es cada vez más evidente.

Si algo ha demostrado el pueblo venezolano al mundo entero es que nuestra lucha no la estamos llevando adelante simplemente para ocupar el poder: nosotros lo que queremos es rescatar a Venezuela. El partido de gobierno se sigue equivocando. Están perdidos y, como ya se les ha hecho costumbre, buscan culpables donde no los hay para distraer a la opinión pública de lo mal que están llevando sus responsabilidades.

Un ejemplo a la vista: en este momento Venezuela vive una crisis de salud, producto de lo mal atendidos que han sido los brotes en el pasado por el Ejecutivo Nacional. Hoy incluso cometen la irresponsabilidad de ocultar información oficial a los venezolanos, a los medios de comunicación y a los organismos internacionales. Además, desatienden los protocolos internacionales para abordar este tipo de casos y son incapaces de dar un reporte serio tanto de la H1N1 como de cualquier otro asunto vinculado con la salud pública.

Y así como son ineficaces en el ámbito de la salud, cada uno de los ministerios y dependencias del Ejecutivo Nacional sigue aplicando políticas equivocadas, sin terminar de entender que su proyecto de país fracasó y que el pueblo venezolano lo dejó clarito en las elecciones del 14-A.

Una crisis más que no pueden resolver. Otra crisis que se suma a la crisis política que ellos mismos construyeron secuestrando las instituciones y engañando al pueblo que votó el pasado 14 de abril. Otra crisis que se suma a la crisis de desabastecimiento en la que han hundido al país por sabotear la producción nacional. Otra crisis que se suma a la crisis económica que, desde el Paquetazo Rojo que aplicó Nicolás, ha empobrecido días tras día a los venezolanos y devaluado nuestra moneda. Otra crisis más, culpa de un gobierno que durante quince años no ha podido resolver ninguno de los problemas de los venezolanos pero sí se ha ocupado en resolver problemas a otros países.

¿Qué es lo que desespera tanto a los enchufados de que nuestro proyecto de país se conozca en el mundo entero? Que ya no les sirve de nada que su partido tenga secuestradas a las instituciones, ni silenciar a los medios de comunicación independiente a través de subterfugios penosos ni que retrasen una decisión del Tribunal Supremo de Justicia sobre la impugnación de los resultados de las elecciones presidenciales —del que ya duda hasta su propia militancia— y que el pueblo sigue esperando sin olvidar nuestra lucha.

Y no les sirve de nada porque contra la verdad no hay poder que valga.

Sin embargo, lo más penoso de la pataleta que despertó en los enchufados mayores que nuestros países hermanos se enteren de lo que sucede en Venezuela es ver cómo los cabecillas de este gobierno extorsionan y amenazan a los pueblos. Ellos, acostumbrados a comprar apoyo político, no saben cómo reaccionar cuando ven que se hace política de altura, ésa que hacemos los líderes que trabajamos para conseguir soluciones.

Ahora demuestran que ya no se conforman con jugar con la esperanza de los venezolanos, sino que pueden sumar a eso a nuestras naciones hermanas. Usan a nuestro Libertador cuando les conviene, pero cada día lo traicionan más y más. ¿Si no cómo puede interpretarse que Nicolás y su combo amenacen al pueblo colombiano con dejar de apoyar el proceso de paz con el que se habían comprometido? Pues de una sola manera: no lo hacían para ayudar a nuestros hermanos colombianos, sino como parte de su plataforma internacional de mentiras.

Los venezolanos que están viviendo fuera de nuestro país también forman parte del país que queremos y que merecemos construir juntos.  No en balde en países como Colombia ganamos casi con el 89% de los votos. Es evidente que eso preocupa a Nicolás y a sus enchufados: mientras ellos intentan comprar favores a realazo limpio, nosotros tenemos ciudadanos honestos y con ganas de futuro que demuestran que Venezuela puede estar mejor, pero que eso será imposible con tantos incapaces al mando de la Nación.

Afortunadamente, en Venezuela existe un nuevo liderazgo y una nueva manera de hacer política que cada vez suma más personas. Me enorgullece liderar esa visión del país que queremos en cada pueblo de nuestra Venezuela y fuera de nuestras fronteras. ¡El mundo debe saber que en Venezuela las cosas cambiaron, están cambiando y van a cambiar!

Hemos decidido no abandonar esta lucha por la verdad y, gracias a este esfuerzo, hemos ido viendo caer las máscaras de los cabecillas del partido de gobierno, desesperados y hasta quitándose las competencias, para demostrarse entre ellos quién manda a quién. Pero pronto se terminará este penoso momento de nuestra historia. Y para eso estamos llevando a cabo esta indetenible defensa de los derechos y el futuro de todos los venezolanos.

Venezuela sabe cuál es el camino que lleva al país que queremos todos los venezolanos: progreso, tranquilidad y futuro. Y en el resto de los países de la región también lo saben. Tanto los pueblos como los gobiernos.

¡Qué Dios bendiga a Venezuela! Sigamos adelante: el futuro y la verdad son indetenibles.

¿La hora de las trincheras? por Mario Vargas Llosa para El País (España)

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La súbita destitución de Arturo Fontaine como director del Centro de Estudios Públicos (CEP) ha causado un pequeño terremoto en Chile, a juzgar por la veintena de artículos sobre el tema que han llegado a mis manos. A muchos nos ha apenado esa mala noticia, más que por Arturo, por el CEP y por Chile.

Arturo Fontaine es un hombre de varios talentos, poeta, novelista, filósofo, profesor, versado también en economía y en derecho, y uno de esos cuatro gatos liberales que desde hace muchos años nos reunimos periódicamente en España y América Latina para promover la cultura de la libertad, digamos que con logros más bien reducidos. Hasta ahora, el más exitoso de esos cuatro gatos parecía ser él, precisamente gracias al CEP, que dirige desde hace treinta y un años. Sin exagerar un ápice, estethink tank es una de las instituciones que más ha contribuido a la formidable transformación política, social y económica de Chile del país subdesarrollado que era en la democracia moderna y próspera que es ahora y que araña ya las características de una nación del primer mundo.

El Centro de Estudios Públicos lo fundaron un puñado de empresarios empeñados en modernizar el pensamiento político de su país y de fomentar estudios e investigaciones rigurosas de la problemática chilena en todos los ámbitos desde una perspectiva independiente. Arturo Fontaine hizo del CEP algo todavía más ambicioso: una institución de alta cultura en la que la doctrina liberal inspiraba los análisis, propuestas y sondeos de los especialistas más calificados al mismo tiempo que se promovían debates y encuentros entre intelectuales y comentaristas de todas las tendencias, sin complejos de superioridad (ni inferioridad). Entre sus innumerables aciertos, figura el haber creado el sistema de encuestas de opinión pública más objetivo y confiable de Chile, a juicio de todos los sectores políticos.

En las actividades que patrocinó y en sus publicaciones el CEP ha combatido aquella aberración que hace del liberalismo nada más que una receta económica centrada en el mercado, y ha demostrado que la filosofía de la libertad es una sola, en los ámbitos económico, político, social, cultural e individual, y que la libertad, sin la tolerancia y la convivencia, es letra muerta. Todos quienes han tenido el privilegio de leer estos años la notable revista del CEP Estudios Públicos han podido comprobar que estos principios informaban las colaboraciones y que en esa publicación había siempre un diálogo vivo, controversias sobre todos los temas de elevado nivel intelectual y un respeto sistemático con los adversarios, un afán de deslindar la verdad aunque ello implicara corregir las propias convicciones.

El CEP siempre se resistió a considerar, como muchos irresponsables, que el progreso social es fundamentalmente una empresa económica, y dio atención no menos importante que al mercado, a la libre competencia, a la apertura de fronteras, a la disciplina fiscal y a las privatizaciones, al derecho a la crítica, a los derechos humanos, a la cultura, a las actividades literarias y artísticas. Los números monográficos de la revista del CEP dedicadas a Karl Popper, a Friedrich Hayek, a Isaiah Berlin y a muchos otros pensadores de la libertad son ejemplares. Por todo ello el Centro de Estudios Públicos ha alcanzado en estos años un enorme prestigio que desborda las fronteras de Chile. Por su auditorio han pasado figuras eminentes (y no solo liberales, sino social demócratas y socialistas) en todos los campos del saber.

Ahora bien, ¿por qué alguien que puede lucir unas credenciales tan envidiables al frente de una institución que en buena parte es hechura suya ha sido defenestrado de manera tan inopinada e injusta? Al parecer, los patrocinadores del CEP habrían descubierto que Arturo Fontaine es demasiado independiente para su gusto y que se toma libertades ideológicas que no convienen a su idea particular de lo que debe ser el centro derecha, es decir, una derecha sin centro que la estorbe. Lo habrían advertido en el hecho de que Arturo aceptó formar parte del Directorio del Museo de la Memoria que creó el Gobierno de Michelle Bachelet, y, sobre todo, en sus opiniones sobre el tema de la política universitaria, asunto que, como es sabido, ha dado origen a intensos disturbios y manifestaciones de estudiantes contra el Gobierno de Piñera y es objeto de una polémica que lleva ya bastante tiempo en Chile (comenzó en los tiempos de la Concertación).

Antes de escribir este artículo he leído las dos conferencias y las entrevistas que ha dado Arturo Fontaine sobre este asunto y creo poder resumir con objetividad su pensamiento. Él piensa que la Universidad es una institución que no sólo prepara profesionales sino forma ciudadanos y personas y que por lo tanto requiere un régimen especial, y que no debería ser materia de lucro, porque, cuando lo es —cita al respecto abundantes estadísticas de Estados Unidos y de Brasil, dos países donde las universidades privadas con ánimo de lucro son lícitas—, incumple su función y suele preparar profesionales deficientes. No está contra las universidades privadas, ni mucho menos, a condición de que no distribuyan beneficios entre sus accionistas sino que los reinviertan enteramente en la propia institución, como hacen Harvard o Princeton.

Pero la crítica que hace Fontaine a la situación universitaria chilena es la siguiente: que, en un país donde las leyes prohíben explícitamente que haya universidades privadas con ánimo de lucro, muchas instituciones hayan encontrado la manera de burlar la ley haciendo pingües negocios en este dominio. ¿Cómo? Muy sencillamente: alquilando terrenos o vendiéndolos a la Universidad o construyendo los campus universitarios a través de empresas que hacen las veces de testaferros de los mismos propietarios. Las sumas que Fontaine señala que se habrían ganado en los últimos años mediante esta burla de la legalidad (la de la “universidad fabril” la llama) son astronómicas.

Se puede estar de acuerdo o en desacuerdo con esta postura de Arturo Fontaine —muchos liberales lo están y muchos otros no lo están—-, pero nadie que cree que el respeto de la legalidad es un principio básico de la civilización podría discrepar con él cuando exige que en Chile se cumpla la prohibición legal de hacer negocios con la Universidad. O que, en todo caso, se cambie la ley y se autoricen las universidades privadas con fines de lucro. Pero, en ese caso, estas empresas deberán funcionar como las otras, sin las prerrogativas de que gozan ahora todas las universidades (exoneración de impuestos y subsidios estatales, por ejemplo).

Lo que parece estar en juego en la defenestración de Arturo Fontaine es más complejo que una simple discrepancia: el temor de una parte mayoritaria de los patrocinadores del CEP de que, en las próximas elecciones, gane de nuevo Michelle Bachelet y que la Concertación que suba con ella al poder sea mucho más radical de lo que lo fue en su anterior gobierno, como deja suponer cierto extremismo retórico de sus últimos pronunciamientos. Desde luego que si Chile retrocede hacia alguna forma de chavismo sería una catástrofe no solo para los chilenos sino para toda América Latina. Pero nada puede perjudicar más a la derecha, en esta circunstancia, que oponer a esta radicalización de la izquierda un extremismo paralelo, atrincherándose en la intolerancia de las verdades únicas y dogmáticas y purgando de sus filas a todos quienes osan discrepar. Nada daría más razón a quienes sostienen, desde el bando opuesto, que la derecha es egoísta, intolerante y autoritaria, que su adhesión a los valores democráticos es superficial y de coyuntura, que detrás de la propiedad privada, el mercado libre y la democracia burguesa hay siempre un Pinochet. Chile parecía haber dejado atrás esa visión pequeñita y mezquina que, por desgracia, todavía alienta en la derecha iliberal de América Latina.

Héctor Soto, uno de los más lúcidos analistas chilenos, escribió en su columna de La Tercera con motivo de este asunto que el gran mérito de Arturo Fontaine fue “su aporte en términos de modernizar y civilizar a la derecha”. No la modernizó ni civilizó lo bastante, por desgracia.

Fuente: El País

Amoroso y la inseguridad por @GerardoBlyde

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Escuché con atención las declaraciones que dio el pasado miércoles el diputado Elvis Amoroso en la nada complaciente entrevista que le realizara José Vicente Antonetti. Sabiendo, como lo sé, de la amistad que desde hace muchos años une a Amoroso con Maduro y Cilia y siendo además el presidente de la Comisión de Política Interior de la AN, debo reconocerle que fue mucho más serio y responsable de lo que lo ha sido el propio Maduro al tratar dos temas tan fundamentales: la inseguridad y el desabastecimiento como consecuencia, ambos, de erradas políticas instrumentadas por años.

Se enredó al tratar de explicar la inexplicable presencia de su suplente en la infame sesión que terminó en una emboscada a la fracción de diputados de la unidad. Y se salvó de responder -pues no le hicieron la pregunta- sobre la no devolución a los diputados de la Unidad a las presidencias y vicepresidencias de las comisiones permanentes que por proporcionalidad les corresponden. Amoroso, que ya tiene tres períodos como parlamentario, conoce bien cuáles son las reglas a las que me refiero y le habría sido muy difícil defender públicamente la decisión de Diosdado de mantener a nuestros diputados fuera de esos cargos.

Respecto a la inseguridad -tema al que quiero referirme dejando el control de cambio y desabastecimiento para los expertos en ello- Amoroso señaló, en el marco de la información que daba sobre la posible y pronta aprobación de la Ley Desarme, que los planes espasmódicos no son suficientes y tienden a ser efectistas ante la criminalidad. Dijo que los alcaldes que tenemos cuerpos policiales, los gobernadores y el gobierno nacional somos los responsables de la seguridad, pero que se requiere coordinación entre todos para que este mal desatado en Venezuela pueda ser combatido con efectividad. Que este tema no debe ser politizado. Todo ello lo compartimos y lo decimos a diario.

Quizás en esta ocasión su amigo Maduro lo escuche y, en vez de estar atacando constantemente a nuestra policía municipal, se informe primero de la cuantiosa inversión que hacemos en ella para que hoy sean los mejores pagados, formados y equipados del país. También sería bueno que se informe de los índices de delitos que ocurren en todos los municipios y deje de decir, falsamente, que el nuestro es el más inseguro. Sólo basta comparar las cifras del muy rojito municipio Libertador con las nuestras, por índice de habitantes, para que su mentira quede desnuda.

Maduro debería informarse además sobre la coordinación que siempre hemos realizado con todos los entes nacionales y regionales de seguridad. Tanto los civiles (CICPC, PoliNacional) como los militares cuando son activados (Guardia Nacional y hasta el Ejército). Nunca hemos impedido las actuaciones conjuntas que se nos han solicitado. Al contrario, nos apoyamos mutuamente, pues en este tema no se puede ser irresponsable. Aun con los ataques públicos que nos ha hecho, los funcionarios asignados a Baruta coordinan con nuestra policía, pues son nuestros funcionarios quienes conocen todos los rincones de nuestro municipio.

El gran problema de la inseguridad está en nuestro Poder Judicial que consagra la impunidad al haber sido tomado por jueces nombrados a dedo por la revolución, que negocian la libertad de los detenidos. Las tristemente célebres tribus judiciales de la mal llamada cuarta república fueron sustituidas, luego de dos procesos de reforma judicial, por otras tribus de jueces sin preparación y con mucha hambre atrasada, con notables excepciones por supuesto. Faltan más policías en todos los cuerpos. Eso es cierto. Pero la gran mayoría de los funcionarios realiza enormes esfuerzos para atrapar a los delincuentes y en más de un 80% son liberados por los tribunales rápidamente. De eso debería estar enterado Maduro. Creo que Amoroso sí lo está.

El vértice superior de la pirámide judicial venezolana, la presidencia del TSJ, acaba de ser sustituida. Reposa sobre sus hombros la inmensa responsabilidad de acometer todo lo que en sus competencias está para acabar con esas nuevas tribus y con ello terminar con la impunidad reinante. Si no hay sanción al delincuente, no hay posibilidad alguna de que quien delinque sienta al menos el temor de ser juzgado y sentenciado conforme a derecho. Sabe que, pagando un precio, su crimen quedará en el olvido. ¿Será que la nueva presidenta del TSJ sí se ocupará de esto y no de usar a la justicia para persecuciones políticas?

Aprieten donde hay que apretar y coordinen donde hay que coordinar. Los resultados se verán muy pronto. Si se mantienen sólo en el discurso político y en las acciones efectistas que no efectivas, la delincuencia seguirá tan fuerte como hasta ahora.

gblyde@gmail.com

@GerardoBlyde

Fuente: GerardoBlyde.com

Entre sapos y culebras por Isa Dobles @IsaOropeza

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sapos y culebras
Lo que se está discutiendo en La Habana entre el gobierno de Colombia y las FARC siempre me ha parecido difícil.  Porque sencillamente, y esto lo he escrito varias veces, a uno, con tantos años vividos y  no ausente de todo lo que ha pasado con la fuerza guerrillera y  su historia de sangre y lágrimas, resulta muy  cuesta arriba creer que  quienes han  fracturado durante tanto tiempo todos los principios contra lo humano, puedan cambiar. Pero quienes están comprometidos  en ello públicamente tienen que  ubicarse en un marco exigente y rígido con ellos mismos y se necesita desprendimiento y responsabilidad en cada paso  del duro trayecto  hacia la paz.
 Ante la magnitud del  objetivo fijado, la reacción virulenta, sobre excitada, torpe de Nicolás Maduro, ratifica la pobreza  y miserabilidad política de Nicolás Maduro y su “cartel” de gobierno. “Tengo dudas de seguir o no con el proceso”.- lanzó desde   la imagen cada vez más ancha, mas redonda, iracundo, pero frágil En su torpeza incontenible. ¡Ahora nos van a pagar  con la traición!
Donde está la sinceridad del Presidente Santos cuando “mete” esa puñalada “ a Venezuela”. En una histérica respuesta al encuentro Santos-Capriles, ante un pequeñísimo grupo  de “aplaudidores”, rugió:“Esta derecha odia a Colombia (Capriles). Y él (Santos) tiene información sobre como asesinan soldados aquí…no se metan con nosotros! Somos hijos de Bolívar, somos hijos de Chávez!”
Desbocado, con la guayabera blanca bailando al son de su  furia, comenzó entonces a “contar” confidencias políticas  en un “sapeo” peligroso y “bocón”.
Ya  los videos, las acusaciones, confesiones o denuncias de ellos mismos  tienen una amenaza mucho más cercana que una oposición alerta: ¡Maduro  no se contiene! Confidencias, la podredumbre  tenebrosa de las maniobras obscuras de su “padre”  difunto, corren peligro en su discurso. Pero de pronto, pareció escuchar al “pajarito” que tiene en el cerebro..  y después de soltar “yo no me puedo quedar callado”, frenó y acusó al norteamericano Roger Noriega de por un “equipo para venir a Venezuela a Inocularlo con un veneno para causarle una enfermedad que no lo mataría en seguida…..pero lo mataría” No se contuvo…
Quedó claro que no se puede confiar en  la lealtad a lo que se compartió en la fragua del engaño a un pueblo manso.
En cualquier momento  Maduro se “va de boca”.