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Aparece el Director de la NSA en “Black Hat”, la cumbre de hackers

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En medio de la controversia por el masivo espionaje estadounidense en la Web y en las redes telefónicas, el enigmático director de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA), Keith Alexander, hizo una inusual aparición pública en la famosa cumbre de hackers BlackHat donde justificó la necesidad de aplicar los programas de vigilancia como única alternativa para evitar atentados. “ Los terroristas viven entre nosotros ”, argumentó.

El general de cuatro estrellas dio su conferencia vestido de uniforme, y enfrentando en un principio las ironías y abucheos de los piratas cibernéticos que veían en él la representación del poder. Sin embargo, con habilidad supo ganarse a la peculiar audiencia de esta cumbre de la industria de seguridad informática que reunió a principios de esta mes en Las Vegas a 7.000 expertos de todo el mundo. Su audacia tuvo frutos: terminó siendo aplaudido calurosamente.

Alexander reconoció que los programas de ciberespionaje se inmiscuyen en la intimidad de la gente, pero aseguró que se hace bajo un estricto control político. “La mayoría supone que nuestra gente está por ahí haciendo tejes y manejes, pero nada podría estar más lejos de la verdad. Tenemos un enorme control sobre estos programas. Podemos auditar correctamente las acciones sobre nuestro pueblo, y vamos a hacer eso”, dijo.

Para ejemplificar lo que decía, citó a su propia familia. “ Tengo cuatro hijas. ¿Se creen que puedo interceptar sus correos electrónicos?

No, las limitaciones técnicas están ahí. Si alguien en el NSA tratar de eludir los controles a despecho de la política, tendrán que rendir cuentas”, sostuvo.

Entre los datos puntuales que dio, figura el siguiente: “No tenemos un cien por ciento de vigilancia.

Sólo 35 analistas de la NSA tienen autoridad necesaria para consultar una base de datos de los registros telefónicos de EE.UU.” Alexander no tuvo ningún recelo en meterse en la guarida de los profesionales cibernéticos, que por lo general mantienen una pésima relación con las autoridades. Sobre todo en este momento en que la mayoría de ellos respaldan y elogian la actitud del ex técnico de la CIA y la NSA, Edward Snowden, quien reveló el descomunal sistema de espionaje montado por los servicios estadounidenses. Antes de la llegada del militar había un gran nivel de tensión. Inclusive la seguridad había confiscado huevos que, se presume, iban a ser lanzados contra él.

Pero ocurrió todo lo contrario. Con cautela y elogios, y algunos chistes aislados, los fue conquistando. “Ustedes son la cumbre de talentos técnicos más grande del mundo. Quiero que nos ayuden a hacerlo mejor”, les propuso. Y luego continuó: “Se dice que estamos recogiendo todo tipo de información. Eso no es cierto.

La NSA no barre todos los correos electrónicos. Eso está mal, no lo hacemos. Y si lo hiciéramos, tendríamos que rendir cuentas”.

Sin nombrar a Snowden, se refirió al polémico caso. Aseguró que las filtraciones del ex técnico informático beneficiaron a las agrupaciones terroristas. “ El daño a nuestro país es significativo e irreversible ”, dijo, sin dar mayores detalles. “Nuestra tarea –insistió– es la defensa de este país, salvar vidas, apoyar a nuestras tropas en combate. Es nuestra responsabilidad proporcionarles la información que necesitan para sobrevivir y para ir tras el enemigo”.

En el razonamiento de su discurso, Alexander señaló que la modernización de los sistemas les permiten dar respuesta a las necesidades actuales. Antes, dijo, la comunidad de Inteligencia no pudo “conectar los puntos” esenciales para evitar los ataques del 11 de septiembre de 2001 contra las Torres Gemelas. Ahora, enfatizó, los nuevos programas de ciberespionaje frustraron 54 actividades relacionadas con el terrorismo, incluyendo 13 en los EE.UU. Por ahora los hacker le creyeron, y Alexander ganó una pequeña batalla interna.

El neosandinismo por Carlos A. Montaner @CarlosAMontaner

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Daniel Ortega, el presidente de Nicaragua, hoy disfruta de un notable apoyo popular. Casi el 73% de los nicas tiene una opinión favorable del personaje. Apenas un 20% opina lo contrario.

La encuesta, divulgada en julio, la llevó a cabo el costarricense Víctor Borge, uno de los mejores investigadores sociales de Centroamérica. En ella se observa una oposición carente de respaldo. Ninguno de sus líderes alcanzaría el 5% de los votos si hoy hubiera comicios presidenciales. El 33%, en cambio, dijo que votaría por Ortega. El único dato curioso es que el 36% se negó a responder. En las encuestas, los que callan no otorgan, sino todo lo contrario.

Este es un fenómeno digno de estudio. Quienes vivieron la década de los ochenta saben que aquel sandinismo marxista-leninista, colectivista y alineado con la URSS y con Cuba, posición que generó la hostilidad de Estados Unidos en medio de la Guerra Fría, fue el peor Gobierno de la historia del país.

Ese sandinismo provocó una sangrienta guerra civil, escasez, inflación, el éxodo masivo de cientos de miles de personas; asesinó adversarios, llevó a cabo genocidios en regiones indígenas, destruyó el débil tejido empresarial (que en la década previa había crecido a niveles admirables) y dejó un país infinitamente peor, más pobre y convulso que el que recibió en medio de grandes esperanzas generales aquel auspicioso verano de 1979 en que huyeron los Somoza, acosados por su pueblo y por la presión internacional.

Parecía imposible revertir el pésimo recuerdo de la pesadilla sandinista. Y así fue durante tres periodos presidenciales que duraron 16 años. Violeta Chamorro, Arnoldo Alemán y Enrique Bolaños derrotaron fácilmente a Ortega, y si no sucedió lo mismo en las elecciones del 2006 fue porque el antisandinismo acudió dividido a los comicios.

Mientras en esas elecciones Ortega sólo obtuvo el 38% de los votos, los dos candidatos liberales combinados recibieron el 55%, a lo que puede añadirse otro 6% que sufragó en beneficio del ala democrática desprendida del sandinismo. Es decir, en ese momentoel 61% de los nicas era antisandinista.

¿Cómo logró Daniel Ortega la transformación de la opinión pública?Lo hizo con una hábil manipulación neopopulista. Con el petróleo y el dinero de Hugo Chávez, que no iba al Estado, sino a empresas asociadas al poder, aumentó sustancialmente su clientela política haciendo pequeños regalos a los sectores más pobres del país y adquiriendo medios de comunicación que respaldaran de manera obsecuente su gestión de gobierno.

Simultáneamente, canceló el proyecto colectivista, se declaró cristiano con el beneplácito del cardenal Miguel Obando –el poder bien vale una misa– y permitió que las compañías privadas hicieran buenos negocios y se enriquecieran (mientras que esos empresariosno se metan en política).

Objetivamente, el país no va mal en el terreno económico. El propósito del neosandinismo ya no es instaurar una dictadura comunista calcada del modelo cubano, sino echar las bases de un régimen formalmente democrático y capitalista, aunque realmente no sea ninguna de las dos cosas, porque corazón adentro sobrevive el sustrato ideológico revolucionario, en medio de grandes contradicciones.

Mientras en las escuelas públicas los adoctrinadores sandinistasinsisten a los niños en que todos los males del país se originan en la codicia de los ricos y la perfidia de los yanquis, la estructura de poder se hace cada vez más poderosa y emite señales de que su antiamericanismo es sólo una cuestión retórica, dado que en el país aceptan las inversiones norteamericanas con los brazos abiertos y las relaciones con Washington, en realidad, no son malas.

Finalmente, ¿se puede definir qué es el neosandinismo? Por supuesto. Es una especie de somocismo de izquierda sin convicciones democráticas reales y una política exterior estridentemente antioccidental, dirigido por un grupo económicamente poderoso que ya no necesita los recursos de sus adversarios de clase, dotado de espacios vigilados de libertad de expresión y propiedad privada, con la evidente voluntad de perpetuarse en el poder mediante una combinación de asistencialismo, lenguaje radical y enriquecimiento creciente de la clase dirigente.

No es así como se construye un gran país, pero la verdad es que la fórmula, por ahora, les está dando buenos resultados electorales.

Fuente: El Blog de Montaner

Cada quien en su lugar: soldados a los cuarteles por Luisa Pernalete

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¡Otra muerte violenta por balas de funcionarios! Esta vez, un estudiante de la Universidad de Carabobo: Anderson Jesús Oliveros Rojas, de 20 años, estudiante de Derecho.

La “Patria Segura”  no  garantiza vida a inocentes, la Misión “A Toda Vida  Venezuela” está dejando muertes en las calles.

No se trata de estar en contra de planes a favor de la seguridad de los ciudadanos, se trata de  pensar mejor estos planes, se trata de aceptar que los soldados no están preparados para estas labores.

El caso mencionado no es el único. PROVEA ha registrado 21 casos de uso indiscriminado de la fuerza por parte de funcionarios militares desde el 2012.

Reiteradamente la organización se ha pronunciado en contra del  uso de armas de fuego en operativos de seguridad  y recuerdan lo que dice la Constitución  Bolivariana de Venezuela  en su artículo 332:”los órganos de seguridad ciudadana son de carácter civil”.

Se trata pues, de respetar la Carta  Magna, y no por mero  formalismo, es que es lo sensato. Proteger a los ciudadanos que transitan libremente por las calles no es lo mismo que repeler  un ataque de un ejército invasor en plena guerra,  por ejemplo.

Los soldados, apertrechados con armas largas, no están formados para dialogar, o disuadir, como se  supone que están formados los patrulleros de un municipio.

Alguna vez –aunque no  lo crean –he visto policías municipales dando consejo  a  ciudadanos que cometen faltas menores, alguna vez los vi tranquilizando niños “huelepega” alterados. No se me ocurre que esas sean labores de soldados vestidos y preparados para la guerra.

No acusamos de “malos” a los soldados, simplemente  no están para eso. Miren el rostro de algunos, son tan jóvenes que lo que me provoca es darles una invitación a seguir estudiando o invitarles a practicar algún deporte.

Cuando les veo casi adolescentes con un arma larga en sus  manos, en vez de un bate de beisbol, me los imagino en una situación de emergencia, ¿pensarán antes de actuar o  dispararán asustados y después se  darán cuenta de lo que han hecho?.

Un arma de fuego no es cosa de juego.

Recuerdo que en tiempos de la guerra salvadoreña, que Monseñor Romero se dirigía a los soldados que mataban campesinos desarmados, y les decía que eran del mismo pueblo.

Aquí, en Venezuela, no se trata a veces  ni siquiera de  represión, sino de adelantarse a “posibles problemas”, como el caso de este estudiante en Valencia, ¿qué pensaron los funcionarios que dispararon? ¿presumían que el joven era un delincuente, presumían  que estaba armado? ¿No pararse ante una señal confusa es un delito que merece la pena de  muerte? ¿Era una situación extrema de peligro para los  funcionarios? ¿Y la madre y su hija que murieron en Falcón, representaban una amenaza?

Se me viene a la mente  aquel poema de Nicolás Guillén, dicado precisamente a los  soldados: “No  sé porque piensas tú /soldado que te odio yo/ si somos la misma cosa yo que tú”.

Consideramos que las autoridades deben evaluar serenamente el asunto.

Los militares deben volver a los cuarteles. La Constitución no es un mero formalismo, es el instrumento que nos ampara a todos los venezolanos, fue elaborada pensando en todos nosotros – creo que hasta en los funcionarios también -.

Esos soldados que han causado muertes sin necesidad, están ahora metidos en un problema, los pusieron a cumplir labores para los cuales –repetimos –no han sido preparados. La seguridad ciudadana es asunto de civiles.

Fuente: http://www.derechos.org.ve/

Un lujo enfermarse en América Latina por Carlos Goedder @carlosgoedder

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Al profesor Gustavo Villasmil, de la Alcaldía de Baruta en Venezuela, por su Mesa Sanitaria de 1997.

 

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Durante el pasado mes de julio, tras algunos reportajes y columnas en distintos medios de comunicación, saltó a la palestra pública colombiana el debate sobre el alto precio de los medicamentos. Poco después, el día 26 de julio de 2013, y aunque el  ministro de Salud Alejandro Gaviria declaró que “este no es un tema que responde a un escándalo mediático ni mucho menos”,  la Comisión Nacional de precios de medicamentos y dispositivos médicos del Ministerio de Salud de Colombia, respondió a la controversia publicando la Circular número 04 de 2013, en donde se regula el precio de casi 200 productos farmacéuticos, dejando en claro su disposición a fijar precios máximos y colocar controles directos sobre varios medicamentos.

Me sorprendió que, aun siendo yo partidario del liberalismo económico, la iniciativa de controlar los precios máximos a algunas medicinas en Colombia me haya parecido plausible. Me mudé a Bogotá luego de residir en Madrid por ocho años, y haciendo comparaciones, es asombroso cómo en Colombia, país con un ingreso per cápita de US$ 7.752, se pagan algunos medicamentos a un precio 10 veces superior que en España, cuyo ingreso per cápita es de casi € 22.000, unos US$ 26.500 aproximadamente. Mi primera compra de medicamentos en Colombia me hizo creer que venía una esmeralda incluida en el empaque. Es terrible y me pregunto cómo es que la gente aún tiene coraje de enfermarse en este país.

Mi reacción favorable a un control sobre los precios de los medicamentos tiene que ver con un tema de sentido común: una persona que se enferma está en una situación de vulnerabilidad. No obstante, esta misma lógica podría extenderse a muchos otros bienes y servicios como la alimentación, los servicios médicos en general y la educación. Pero es evidente que con controles de precios podría terminar generándose un desabastecimiento de ciertas medicinas y podría ocurrir –nunca más afortunada la frase– que el remedio sea peor que la enfermedad.

¿Son los laboratorios químicos multinacionales unos villanos como nos quieren hacer pensar algunos exaltados? ¿Hay una razón coherente, distinta a la codicia, para explicar que un medicamento sea mucho más caro en un país pobre? ¿Qué puede aportarnos la teoría económica para dilucidar qué debe hacerse en materia de precios farmacéuticos?

A continuación repaso algunas consideraciones que nos da la teoría económica, esperando que sirvan de guía para orientar el debate sobre políticas públicas con respecto a los precios de las medicinas, para así evitar caer en razonamientos simplistas.

Lo primero que debo destacar es que esto dista de ser un problema tercermundista. La literatura que empleo para este análisis es anglosajona y muchos de los trabajos surgieron como respuesta a declaraciones exaltadas contra la industria farmacéutica que realizó el expresidente estadounidense Bill Clinton, al asumir el poder en 1993. Existe una línea ineludible de investigación sobre la materia.

La Economía de la Salud

Como principal hito en temas médicos, los economistas tenemos un trabajo del premio Nobel de Economía (1972) Kenneth Arrow (1963), (es uno de los veinte artículos más citados en investigaciones económicas), en donde se señalan varios elementos distintivos en la demanda de servicios médicos, incluyendo los medicamentos. Es importante señalar al menos tres:

1. La demanda de servicios médicos es errática e impredecible: no podemos predecir a ciencia cierta cuándo enfermaremos. El costo de la salud no tiene que ver solamente con las  medicinas, sino que involucra los ingresos que perdemos al estar enfermos. Además, a diferencia de la demanda de alimentos, no es un tema que se resuelve simplemente con dinero. El viejo adagio que pide salud, dinero y amor separadamente ya advertía esto desde tiempos inmemoriales.

2. Incertidumbre: tenemos aversión al riesgo como consumidores de medicinas, pues a diferencia de otros productos, probar un servicio médico equivocado puede ser fatal. Tenemos dificultades para predecir cómo nos irá con un médico o medicina y muchas veces no tenemos tiempo o salud suficiente para generar una curva de aprendizaje.

3. Asimetría de la información: los médicos y farmaceutas tienen más información que los pacientes. Es más, los médicos insisten en ello para cobrar sus honorarios. Simplemente la jerga médica es imposible de entender –aun consultando internet- y la medicina dista de ser una ciencia exacta.

La economía de las empresas farmacéuticas

Los laboratorios farmacéuticos tienen una particularidad que los diferencia de cualquier negocio: tienen un coste marginal de producción muy bajo con respecto al precio final del medicamento. El gasto de los laboratorios viene de otra arista: la investigación y desarrollo (I+D). Los laboratorios tienen que invertir en desarrollar los nuevos químicos y pasar todas las validaciones que hacen las autoridades para aprobar el medicamento. En 2002, Ernest Berndt estimaba que el costo total de introducir un nuevo medicamento en Estados Unidos era de US$ 802 millones, el doble de los US$ 350 millones que se necesitaban en los años noventa (Berndt, 2002, p. 55).

Scherer (1993) nos recuerda además que pocos medicamentos son exitosos: “el desarrollo de nuevas medicinas se parece a una lotería riesgosa que da mucha recompensa a unos pocos ganadores, mientras que la mayoría pierde dinero” (Scherer, 1993, p. 106). Los laboratorios generan el 55% de sus ingresos en diez medicinas exitosas, como los llamados “blockbusters”[1], mientras muchos medicamentos desarrollados generan menos ventas o simplemente fracasan.  Además, las empresas farmacéuticas vienen teniendo mayores gastos publicitarios, invirtiendo en promedio el 15% de sus ventas (Scherer, 1993, p. 56).

Estas consideraciones nos muestran que lejos de ser unos villanos, los laboratorios tienen una importante función en el sector salud: desarrollar nuevas fórmulas que nos mejoren la calidad de vida, lo cual demanda unas altas inversiones y muchos riesgos. Lo que recogen los precios de los medicamentos es esa inversión inicial en innovación, lo cual muchas veces no se captura en los balances de los laboratorios bajo la contabilidad tradicional. El regulador (en este caso el Estado), parece estar considerando solo el precio del medicamento respecto al costo de fabricación, perdiendo de vista todo lo que se invierte en el proceso previo de investigación.

Las patentes

La solución para compensar a los laboratorios ha sido darles patentes sobre sus medicamentos. Esto los protege de la entrada de otros competidores y con su duración (puede prolongarse hasta 15 años), compensa también la demora que estipulan las autoridades para que se apruebe un nuevo medicamento.

Cada vez más acuerdos comerciales internacionales se han empeñado en que se protejan estas patentes farmacéuticas, las cuales, indudablemente, encarecen los medicamentos a los que se aplican, pero tienen una contrapartida favorable: estimulan a que se invierta en I+D para sacar nuevos medicamentos al mercado. Este es otro punto relevante: controlar los precios de los medicamentos puede disuadir el esfuerzo innovador.

La paradoja de los genéricos

En Colombia se olvidan las facilidades para comercializar medicamentos genéricos[2]. Estos tienen la misma fórmula que los medicamentos que comercializan los laboratorios con marcas más reconocidas (y precios más caros). Sin embargo, Scherer (1993) nos señala una paradoja sorprendente de los genéricos: los medicamentos que son “clonados” no bajan su precio de manera relevante (apenas un 2%), y en algunos casos incluso suben su precio (Scherer, 1993, p. 101). Además, con los genéricos surge un mercado segmentado en dos: los que compran el genérico y los que siguen siendo sensibles a la marca y a las drogas “originales” más caras.

¿Por qué se sigue comprando la misma fórmula en una presentación más costosa? Aquí aparece uno de los temas claves y polémicos, descifrar por qué muchos médicos y pacientes prefieren usar la medicina de una marca más fuerte (no hay que ser muy astuto para saber que muchos médicos reciben publicidad y muestras de estas marcas).

El problema evidencia un importante aspecto de la demanda por medicamentos: el sujeto que consume el medicamento (el paciente) es diferente a quien toma la decisión de compra (el médico que da la receta) y a quién financia (en muchos casos el seguro médico privado o social). El consumidor de medicamentos muchas veces ni siquiera sabe que existe el genérico, confía en su médico y sabe que le pueden reembolsar parte del gasto si tiene la fortuna de contar con un seguro.

Mala medición de la inflación en medicamentos

Scherer (1993, p. 102-3) nos habla de las “perplejidades en los índices de precios de los medicamentos”. Muchas veces la canasta de medicamentos que se usa para medir el rango de los precios tiene una serie de debilidades que exageran el costo final ante la opinión pública:

– No consideran los medicamentos genéricos disponibles. Estos medicamentos  ponderarían a la baja el precio en las drogas que sustituyen.

– No distinguen entre medicamentos nuevos y ya existentes. Los precios de los medicamentos tienen ciclos de vida y suelen salir con un precio más bajo para ganar mercado y luego aumentar su valor.

– Se carece de “índices hedónicos”. Esto significa que quien compra medicamentos puede estar evitando, gracias al producto que adquiere, una serie de costos adicionales en servicios médicos de hospitalización o en días perdidos de trabajo. El medicamento puede estar ahorrando muchos costos adicionales y esto se pierde de vista.

Los mercados emergentes

Michael Kremer (2002) estudia varios de los problemas que se presentan en los países en desarrollo para la industria farmacéutica. El primero es de escala: el gasto de 38 países africanos en medicamentos era menor al del estado norteamericano de Connecticut en 2001. Para esa época, los países latinoamericanos representaban el 7,5% de los ingresos para los laboratorios farmacéuticos multinacionales (Kremer, 2002, p. 70).

Es por esto que antes de la era de los acuerdos de libre comercio internacionales, algunos laboratorios realizaban una práctica que los economistas conocemos, pero el público general desprecia: discriminación de precios. La teoría microeconómica demuestra que para maximizar ingresos, una empresa puede cobrar más caro el mismo servicio a quien tiene mayor disposición de  consumirlo. En los mercados emergentes, los laboratorios eran más laxos con sus precios y menos exigentes sobre las patentes. El resultado fue que los consumidores en países desarrollados comenzaron a protestar por los exorbitados precios farmacéuticos en sus países, tomando como evidencia los menores precios en mercados emergentes. Una de las anécdotas más terribles sobre estas denuncias ocurrió en 1982, cuando la senadora estadounidense, Paula Hawkins, protestó porque el precio de una serie de vacunas era el triple cuando se vendía al Gobierno de Estados Unidos que al comercializarlas en naciones extranjeras. El laboratorio fabricante, ante la interpelación oficinal, optó por dejar de acudir a las licitaciones de UNICEF para comercializar las medicinas a bajos precios en naciones pobres (ver Kremer, 2002, p. 74). Vaya uno a saber cuántos niños murieron como consecuencia.

El problema de los mercados emergentes es la percepción de que se aprovechan gratis o a menor precio de todo el esfuerzo de investigación y verificaciones que se conduce en naciones desarrolladas. De allí que en acuerdos comerciales internacionales se tienda a proteger al lobby de laboratorios y a exigir que se respeten las patentes.

Los economistas hablan del problema de las externalidades para referirse a las consecuencias involuntarias de nuestro consumo o producción. En el caso de los medicamentos, el consumidor del tercer mundo jamás piensa en el problema de la producción en los laboratorios internacionales. Y también hay otra dificultad: consumir un medicamento y dejar de consumirlo, por decisión propia y no por prescripción médica, puede afectar la salud del resto de los ciudadanos. Alguien que se medica mal y consume antibióticos de forma excesiva, puede terminar generando cepas más poderosas de un virus que posteriormente me pueden atacar a mí. Estos temas cobran relevancia en mercados emergentes por la falta de médicos capacitados y de consumidores educados.

Kremer señala un problema de fondo en el mercado de medicinas para las economías pobres: “el abastecimiento de medicinas es frecuentemente ineficiente y corrupto, y la regulación inapropiada puede impedir el acceso. Adicionalmente, los trabajadores del sector salud son poderosos respecto a los pacientes”. (2002, p. 75)

Esto nos lleva a meditar sobre nuevas aristas en el problema latinoamericano de los altos precios de las medicinas:

– El problema de los precios puede estar lejos del laboratorio fabricante y residir en una ineficiente distribución privada. La distribución de los medicamentos se puede encarecer por la mala infraestructura local (en Colombia hay severos problemas de vías de comunicación y transporte, por ejemplo), la poca competencia en la distribución, y las redes de farmacias que hacen acuerdos de precios. Los mayoristas farmacéuticos como las venezolanas Locatel y Farmatodo (ahuyentados de su país por el comunismo del régimen chavista) han sido una innovación reciente en Colombia.

– El gobierno, como comprador de medicinas, puede favorecer precios elevados que favorezcan a laboratorios “amigos”. He visto personalmente fortunas construidas sobre la provisión de medicamentos al Seguro Social venezolano, y destaco que algunas existían incluso antes del régimen chavista.

– El servicio público de salud se ocupa más de los salarios para el poderoso lobbymédico, que de tener presupuestos para las medicinas que necesitan los pacientes. Luego no es sólo un tema de laboratorios fabricantes. La cadena de distribución y venta al público es un asunto crítico en la formación del precio final. Y hay que preguntarse también por los aranceles y restricciones de divisas para adquirir los medicamentos o sus componentes.

 Recomendaciones de política pública

Scherer concluye en su trabajo: “la marcha desenfrenada hacia una regulación de los precios en la industria farmacéutica puede entorpecer seriamente los incentivos de la industria para invertir en nuevos productos. Los organismos de gobierno que regulan los precios y beneficios están caracterizados por un sesgo miope.” Y agrega: “Una mejor aproximación (…) sería trabajar hacia mejorar la información en el mercado farmacéutico, de tal manera que cuando expiren las patentes de nuevas drogas, los productos genéricos se conviertan en sustitutos más efectivos”. (1993, p. 113)

Tras todas las peculiaridades que he expuesto sobre el mercado farmacéutico, la postura de Scherer adquiere todo su sentido. El control de precios simplemente es un recurso fácil –no dudo que sea bien intencionado-, que nos seduce y para nada resuelve los problemas de fondo.

Tres elementos son relevantes a la hora de pensar los topes al precio máximo de los medicamentos:

En primer lugar, la asimetría de información que ya nos anticipaba Arrow desde 1963. El mundo farmacéutico es complejo, pero en un servicio público el objetivo debe ser favorecer la difusión de información sobre los prospectos de las medicinas, sobre sus principios activos y notificar a los pacientes cuáles son los medicamentos genéricos indicados para su enfermedad.

En segundo lugar, como encontraron Duggan y Scott[3] (2010), al estudiar el impacto a corto plazo de un capítulo del programa Medicare en Estados Unidos (el programa de cobertura de seguridad social), es importante el manejo de formularios que permitan a los pacientes encontrar tratamientos alternos (y menos costosos) que los patentados. Las aseguradoras que manejan formularios y tienen mandato de comprar los medicamentos con ahorro en costes, consiguen economizar en gastos farmacéuticos. Además, estas empresas tienden a hacer un trabajo de procesamiento de información que es inaccesible para el consumidor individual. Los consumidores individuales agrupados –no sólo en aseguradoras, sino en asociaciones de pacientes- pueden hacer el trabajo de buscar mejores precios en medicamentos, porque cuentan con economías de escala ausentes para el consumidor particular.

En tercer lugar, dado que los mercados emergentes tienen una serie de dolencias y enfermedades distintas a las de los  mercados desarrollados, bien por su geografía (la malaria por ejemplo) o por sus menores ingresos, se puede considerar la financiación estatal para el desarrollo de nuevos medicamentos. Como indica Kremer (2002), hay dos tipos de programas estatales para estimular la investigación en nuevas medicinas: por una parte están los programas push, que subsidian a los investigadores y sus insumos, guiándose por los proyectos que presentan; y por otra están los programas tipo pull que ofrecen volúmenes de compra y precios garantizados a quienes consiguen inventar una fórmula exitosa (2002, p. 82).

En mi experiencia personal con la salud española (por cierto, desafortunada en cuanto a médicos), un destacado dermatólogo me comentaba que los fondos públicos en investigación sanitaria se desvían hacia médicos que presentan proyectos de investigación, sin ningún tipo de garantía sobre el resultado final, y muchas veces sin seguimiento o control por parte del Estado. Esta es precisamente la ineficacia de los programas gubernamentales tipo push.

Kremer apunta hacia los programas tipo pull como los más eficaces, en los que el investigador sabe que solo recibirá subsidios estatales y recompensas cuando entreguen un proyecto médico exitoso. En este caso los riesgos van por cuenta del investigador y este será más cuidadoso para buscar las alternativas más viables y eficaces para conseguir una fórmula exitosa y finalmente el apoyo estatal. El gobierno no tendrá que andar verificando quién tendrá éxito sobre un papel guiándose por lo hermoso que se vea el proyecto, porque premiará directamente los resultados.

Estoy convencido de que estas son ideas mucho más eficaces para abaratar las medicinas a la gente. Desde luego, invito a los responsables de políticas públicas, a sus asesores y al elector a que tenga en cuenta estas consideraciones que la teoría económica nos ofrece, en lugar de caer, como yo mismo lo hice, en la retórica fácil sobre un tema tan sensible como las medicinas.

CARLOS GOEDDER ― REVISTA PERSPECTIVA


[1] Aquellos fármacos superventas cuya facturación puede superar los mil millones de dólares anuales.

[2] Los medicamentos genéricos cobraron dinamismo con la legislación estadounidense conocida como Waxman-Hatch Act de 1984.

[3] Estos autores también ponen en consideración el concepto de “formulario” como “mecanismo que permite al comprador identificar un tratamiento terapéuticamente similar como un sustituto viable de un tratamiento patentado” (Duggan & Scott, 2010, p. 590).


Arrow, Kenneth J. (1963). Uncertainty and the Welfare Economics of Medical Care.  The American Economic Review. Volumen LIII.

Berndt, Ernst R. (2002). Pharmaceutical in U.S. Health Care: Determinants of Quantity and Price. Journal of Economic Perspectives. Volumen 16, No. 4, pp. 45-66.

Kremer, Michael. (2002). Pharmaceuticals and the Developing World. Journal of Economic Perspectives. Volumen 16, No. 4, pp. 67-90.

Schrer, F. M. (1993). Pricing, Profits, and Technological Progress in the Pharmaceutical Industry. Journal of Economic Perspectives. Volumen 7, No. 3, pp. 97-115.

Duggan, Mark & Scott, Fiona. (2010). The effect of Medicare Part D on Pharmaceutical Prices and Utilization. American Economic Review. Volumen 100. No.1, pp. 590-607.

Fuente: Revista Perspectiva

Diablos sueltos y lastimosos ball-pullers por Eduardo Semtei @eduardo_semtei

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El Papa se las trae. Es humilde. Dicen que cuando fue electo acudió personalmente al hotel donde se hospedaba para recoger sus maletas. En sus primeras apariciones calzó siempre los mismos zapatos gastados. Ha abandonado ciertamente mucho del protocolo ampuloso del Vaticano.

Les propinó una buena zurra a los banqueros que siempre han merodeado en los alrededores del pontífice. En mis meditaciones intrascendentes e infecundas sobre el papel del Papa y la religión me he topado con el inventario de los pecados capitales y sus respectivos demonios/gerentes. (La palabra ball-puller es una traducción libre de la categoría filosófica “jalabolas” que se ha puesto de moda entre los psuvistas). Bueno, comencemos. La Lujuria. Su Dios es Rafael Asmodeo. Tiene tres cabezas. Pdvsa, ministro de Minas y presidente de Pdval. No por sufrir de inaguantables deseos carnales sino por gustarle en demasía otros. Diosdado Belcebú. Padre de la Gula. Príncipe de los demonios. Se presenta en distintas formas. Civil. Militar. Vulgar. Corrupto. Conspirador. Golpista. Saboteador. Abusadorcito. Es la encarnación del mal. Jorge Mammon. Príncipe de las votaciones y la Avaricia. Representa la riqueza súbita, desproporcionada y de etiología desconocida. A veces se presenta flaco y desgarbado como si sufriera de enfermedades vergonzosas.

Pero todo es una tramoya para pescar incautos. Elías Belfegor. Maestro de la Pereza y las relaciones internacionales fatuas. Suele quedarse dormido en las reuniones a las que asiste. Bota baba cuando duerme. No le gusta el trabajo. Su poder se acrecienta en el mes de abril de cada año. Izarra Amon. Sultán de la Ira. Se enfurece cada cierto tiempo en programas de televisión. Anda rabiando todo el día y maldiciendo a diestra y siniestra. Su color y olor son despreciables. Ernesto Leviatán. Tahúr de la Envidia. Les guarda rencor a sus hermanos. Todo lo que toca lo envenena. Marchita hojas y flores solo con su mirada. Las noticias que solía dar se convertían en maldiciones y en taras insufribles. Y el último. Maestro cósmico. Lucifer. Amo de la Soberbia. Se creyó el más. Que podía derrotar a la muerte y conversar directamente con el Dios del bien. Con el mismísimo creador. Se comparaba palmo a palmo. Al final quiso invocarlo para su provecho. El Señor no lo oyó. Esos son pues los pecados capitales y los demonios que los encabezan. Tienen un guarimba cuya Biblia se llama Socialismo del siglo XXI.

Finalizado este breve inventario arranco con otro. Con los merecedores del Oscar del Jalabolismo Inútil. Lo encabeza William alcalde Ojeda. Se colgó firmemente del pedazo de piel más arrugada del líder rojo con la esperanza de gobernar Petare. Los rojos rojitos de por esos lares lo desprecian más que olímpicamente. Está proscrito de esa zona. Va depauperándose en la rodada. Solo recibe los escupitajos de los jefes rojos cuyo sabor parece deleitarlo en demasía. El Potro le metió un par de patadas en aquel lugar donde finaliza la columna vertebral.

Ernesto ministrico Villegas. Se convirtió de la noche a la mañana en un tarrito de aquella pasta que si uno la pisa maldice. Pensó que estaría como ministro largo tiempo y lo mandaron largo a la porra. De sus allegados y súbditos en el ministerio no quedó pero ni sombra. Todos fueron echados como leprosos. Se consuela tristemente diciendo que su sacrificio por la patria lo lleva a aceptar cualquier posición donde lo coloque el pueblo, sabiendo como sabe que no fue el pueblo quien lo botó sino el señor Maduro. Ricardo garganta profunda Sánchez. Tuvo la vana ilusión de ser candidato en Baruta. En el Hatillo. En algún lado. Su obsecuencia penosa con Belcebú fue remunerada con una bofetada. Se conforma con su apartamento en El Rosal y su Fortunner 2012. Hombre fallido de moral podrida. Ejemplo para el desprecio y la inmoralidad. Y por último, no el menor, Giancarlo voltereta di Martino. Se quedó con la peluca puesta. Nadie lo sacó a bailar. Pérez Pirela se burló en su cara. Ni siquiera lo invitó al homenaje que le hizo la rosca roja rojita del Zulia. Eso sí, le mandó a decir con el emisario de la muerte que ni se le ocurriese acercarse al comando de campaña. Sorpresas te da la vida. Así que no griten que es “pior”.

Público & Confidencial | ¿Hasta cuándo el destructor Rafael Ramírez? por Damián Prat C.

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Incendio_PuertolaCruz

¿Acaso lo normal en una empresa de la importancia y naturaleza de Pdvsa no es tener pararrayos en la cantidad y calidad necesarias? Es muy temprano para conocer los detalles y análisis técnico del incendio ocurrido ayer en el complejo refinador de Guaraguao en Puerto La Cruz pero el sentido común nos dice que esos bomberos que se fajaron con valentía ayer no los han debido llevar a arriesgar sus vidas. La prevención es lo mejor, sobre todo en instalaciones de alto impacto como una refinería de petróleo y más aún si ésta se encuentra en medio de una zona densamente poblada. Los pararrayos, señor Ramírez y Sr Asdrúbal Chávez. Los pararrayos. Algo tan sencillo.

Al final -gracias a Dios- no hubo pérdidas humanas, pero habría podido ser una catástrofe. Otra más en la Pdvsa de Ramírez. Otra como la de Amuay en la que fallaron todas las medidas preventivas y de mantenimiento aunque el gobierno corrupto se empeñe en tapar lo ocurrido para ocultar su propia irresponsabilidad. En Amuay si se perdieron muchas vidas y los daños fueron enormes. En el derrame del río Guarapiche los daños fueron sobre todo ambientales y sometiendo a cientos de miles de habitantes de Maturín a un calvario de semanas sin servicio de agua. Todo menospreciar el mantenimiento y por la irresponsabilidad politiquera de dejar casi del todo abandonadas las instalaciones para enviar al personal a una marcha del Psuv en Caracas. Eso, además, es corrupción. Uso de bienes y dineros públicos para el provecho de un grupo político aferrado a no soltar el poder y el control de los negocios.

Pdvsa ha pagado ¡874 millones de dólares sólo en 2013! por importación de gasolina y diésel desde “el imperio”. La información, publicada en la edición dominical de El Nacional deriva de los informes trimestrales de la OPEP y de los que el departamento de energía debe recopilar de cada empresa petrolera en suelo estadounidense para presentarlo al Congreso de su país (y allá esa cosas si son obligatorias, porque no hay el “me-da-la-gana de ocultar que en el régimen rojito de Venezuela). A mitades casi guales entre gasolina y diésel para poder cumplir con el mercado interno (mas el contrabando) “que consume 300 mil barriles diarios de gasolina, pierde al menos 30 mil barriles diarios de gasolina en contrabando, y utiliza más de 150 mil barriles por día de diesel en plantas termoeléctricas”. Eso también es “obra” del destructor Ramírez y su equipo dizque revolucionario. Haber dañado tanto a las refinerías de Pdvsa hasta convertirnos en importadores de combustible dependientes de EEUU.

Dependientes del imperio como nunca. Los únicos que nos pagan “cash” el petróleo y los que nos venden la gasolina y el diésel. Pero además, la destrucción roja rojita nos ha llevado a debilitar tanto las finanzas de Pdvsa que Ramírez -siempre el destructor Ramírez- acaba de firmar un contrato con Chevron para que la transnacional “del imperio” le preste a Pdvsa ¡2 mil millones de dólares! que es parte de lo que Pdvsa debía aportar para hacer avanzar los casi paralizados proyectos de la Faja.

De Ramírez y su entorno han surgido los escándalos de corrupción de Pudre Val y sus 140 millones de kilos de comida podrida. El bochorno del maletín capturado en la aduana de Buenos Aires con 800 mil dólares. El brutal caso de corrupción con los Fondos de Pensiones de Pdvsa por el que hay varios detenidos en EEUU, pero nadie aquí. Hace un año y medio le entregaron al ministerio de Ramírez el control de las minas de oro. La ruina de Minerven se agravó como ya sabemos. Y le entregaron el control del mapa minero a una potencia extranjera y a una de sus transnacionales. Entreguismo de la soberanía nacional que no se veían desde los tiempos de Gómez. ¡¿Hasta cuándo Ramírez?! ¿Hasta cuándo Maduro y la falsa revolución?

TIP 1: Maduro: ¿el legado de Chávez? Mucha gente en el Psuv se queja con amargura del gobierno anti obrero de Maduro o de su desastre imponiendo candidatos y censuras en VTV. Dicen añorar a Chávez. Quizás tengan algo de razón. Por allá por Carabobo luchan los trabajadores psuvistas que manejan industrias Diana. Se sienten traicionados. Aquí también. Ahora, la verdad es que haber designado a Maduro “a dedo” como heredero es culpa de Chávez. Igual que haber impuesto a juro a Rangel en Guayana una y otra vez a pesar de la resistencia de sus bases. Incluso de haber impuesto y protegido a Sanz.

TIP 2: Quizás, en realidad, el problema era la concentración de poder en un solo hombre. La mezcla de propaganda invasiva con siembra de miedo para convertirlo en semidiós. El no haber permitido jamás una dirección colectiva en la que se habrían probado los liderazgos o los relevos democráticamente logrados. El mismo drama de los caudillismos que termina en regímenes despóticos como el de los Castro en Cuba, en de Kim Il Sung y sus herederos dinásticos en Corea del Norte. El de Stalin en la URSS.

TIP 3: Intervenciones en briqueteras. Siguen las versiones no oficiales, pero se asegura que Min Industrias decretará la intervención en Briqven, Orinoco Iron y Venprecar. En todas, según Menéndez, se habrían hecho “negocios” con venta de briquetas a intermediarios con precios “reducidos”. Veremos.

TIP 4: Sidor. Otra vez se paraliza Laminador de Alambrón. Ayer tarde pararon la producción. Se dice que hasta el miércoles. No hay Palanquillas porque en la acería no hay insumos suficientes y porque la limitada producción de éstas debe repartirse algunos días para el laminador de Barras (cabillas) y otros para el de Alambrón.

TIP 5: Se paraliza fábrica “socialista” de atún en Cumaná. Los trabajadores denuncian que se quedaron sin los insumos importados, es decir, atún y aceite, entre otros. Van descubriendo con su propia experiencia el drama que sufren las empresas privadas ante la destrucción de la economía. En Sidor, el sindicato psuvista pide aumentar precio congelado de las cabillas para que Sidor no pierda dinero. ¡Vaya!. Otros que descubren que no es “voracidad capitalista” reclamar que se pueda trabajar sin perder.

depece54@gmail.com

@damianprat

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El show que no debe continuar por Gonzalo Himiob @HimiobSantome

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“La ironía es una tristeza que no puede llorar, y sonríe”, Jacinto Benavente

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-¡Damas y “damos”! ¡Caballeros y “caballeras”! ¡Prepárense para disfrutar de uno de los espectáculos más impresionantes, avasallantes, delirantes, desconcertantes, apabullantes y aplastantes que nos ofrecerán, con gesto anhelante y abracadabrante, nuestros gobernantes, sus adulantes, y los garantes de la memoria y del “legado” del que fuera nuestro máximo comandante!

Se oye un estallido (de una salva de cañones, no social) y saltan al escenario, entre papeletas del CNE y expedientes judiciales desmenuzados, bufones y payasos con pelucas rojas. Van con la comparsa algunos funcionarios aburridos, que como es viernes, están obligados también a desfilar con franelas rojas; unos pranes, pistoleros y lanzadores de cuchillos mal encarados, que muestran sus inmensos e impunes prontuarios; algunas ratas, muchos avestruces, un par de mamuts y algunas criaturas prehistóricas que nadie sabe cómo es que aún viven, y un par de trapecistas con las lolas al aire y aspecto de “prepagos” que rematan su falta de gracia tropezando con los cables que todos nos estamos comiendo. Sigue el presentador:

-¡Serán ustedes parte de los millones y “millonas” de “personos” y personas, que en esta insigne encerrona, orquestada desde La Casona, notable pero fugaz como aquella fallida intentona, sentirán trepidar sus hormonas y sus siliconas con el inigualable, inimitable, impresentable y por supuesto expropiable “Festival de la Locura Cotidiana” que hoy, inflamable como la inflación y como la gasolina que tenemos que importar del imperio, le presentamos a la Patria “soberana”!

El público en la carpa, embobado, no sabe si aplaudir o si llorar. Nadie sabe cómo es que se ha llegado hasta este lugar, hasta este tiempo. La entrada que se les vendió, hace ya más de catorce años, era para un show completamente diferente. Les han obligado a sentarse sobre sus banderas y sus consignas, y las fuerzas de seguridad les quitaron, antes de entrar, sus voces. No les permiten además ver con sus propios ojos el espectáculo, y se les ha obligado a usar unos lentes con gríngolas que les fuerzan a ver sólo en una dirección mientras lo tiñen todo, como lo hace también el hampa, de rojo. Cualquier intento de ver las cosas desde otro tono o desde otra perspectiva, o de reclamar con dignidad, es severamente castigado, y las celdas de los sótanos de este circo hace tiempo que se hacinan con personas que se han atrevido a criticar que no se les ha dejado pensar, o vivir, a su manera. Sigue entonces el presentador:

-¡Sin más preámbulos! Y sin juegos previos de ningún tipo ni tipa, pues para violarles el cuerpo y la inteligencia no hacen falta cariñitos, les dejo con -suena un redoble garrapateado- el más importante mago, médium, prestidigitador y “desaparecedor” de todos los tiempos: ¡Nuestro presidente! Advertimos de inmediato que esta actuación no es acta para cardiacos, pues involucra la comunicación con los seres del más allá y la violación de todas las leyes de la… las de… las leyes de… ¡Bueno! ¡De todas las leyes!

De pronto, un foco desde la oscuridad ilumina una silla, tan frágil que da la impresión de que en cualquier momento puede romperse, desde la que un hombre alto y de bigotes mira hacia las alturas y a los lados con gesto nervioso y confuso. Un breve pajarito revolotea a su alrededor, pero no parece hacerle mucho caso al individuo que desde abajo lo observa aletargado. Se diría que le ve, en su aleteo, hasta con franco desdén. El ave da un par de vueltas y se va, dejando sin embargo en su partida un “recuerdito” sobre la cabeza de una persona -a la sazón un miembro de la audiencia, ahora ya débil y enfermo, que fue encarcelado hace tiempo sólo por pensar distinto- que bajo la custodia de un grupo de “bienandros”, se muestra a todos enjaulado como si fuese un animal salvaje al borde de la pista central.

-¿Lo vieron? –grita al público el “médium”- He recibido la bendición del más allá. Los espíritus hablan conmigo. He sido ungido.

Nadie le aplaude ni le cree, ni siquiera los suyos, pero el show continúa. Cambia el escenario y el sujeto y sus bigotes se muestran ante una caja negra que abre al público para que se vea que está vacía. Toma un conejito al que llama “La verdad”, y después de meterlo en la caja hace uno o dos gestos pomposos, murmurando algo sobre la salud de alguien y sobre los resultados de las pasadas elecciones, y “La verdad”, ante la mirada atónita de todos los presentes, desaparece. Toma luego un trío de palomas blancas, a las que llama “empleo”, “seguridad” y “justicia”, y en uno o dos pases “mágicos” también las hace desaparecer. Llama después a un “voluntario” del público, que dos pranes le llevan esposado y a empujones hasta el escenario, y después de preguntarle si en sus bolsillos lleva su quincena recién cobrada, se pone la mano en la frente y le dice: “¡La ves, y ahora no la ves!”, y para sorpresa de todos, el sueldo del “voluntario” se esfuma en el aire.

Sin embargo, su piéce de résistance, el acto que deja a todo el mundo mudo en la sala, lo protagoniza una hermosa mujer que un par de edecanes le llevan maniatada y vapuleada hasta una celda de vidrio en la que la “Paz” –así se llama la dama- es encerrada. El “mago” mantiene a la audiencia en tenebroso suspenso hasta que tras una orgía de rayos, truenos, amenazas y maledicencias, sencillamente la “Paz”, se evapora.

Los espectadores callan. Nadie le ovaciona el truco ni le ríe la gracia. El sujeto mira a los lados esperando loas que no recibe, y con evidente enojo, lanza al suelo unos pañuelos coloridos, amarillos, azules, rojos, en los que se lee entre estrellas la palabra “Libertad” y con los que iba a ejecutar su acto final. Los pisotea con furia antes de marcharse rumiando resentimientos indecibles.

El presentador, preocupado, corre presto a salvar lo que queda del espectáculo. Nota que el público, impaciente y molesto, ha empezado rebelarse contra todo aquello. Muchos se han quitado las gríngolas y los lentes que les habían impuesto, y están viendo el espectáculo tal cual es, no como él habría querido que se viera.

-¡Y para cerrar, individuos e “individuas”, tendremos una presentación especial del Batallón Patriota de Artistas Paracaidistas, Oportunistas y Amarillistas, que nuestros alquimistas han transformado en fichas partidistas y han elegido “a dedo” de nuestras listas para que ahora, como renacidos socialistas, anticapitalistas, antiimperialistas y antifascistas, nos brinden un adelanto tercermundista de lo que será su show de contorsionistas para el próximo 8D! Advierto, sin embargo, que Diosa Canales no quiso venir. Alegó que hay que cosas que ni siquiera ella, controversial como es, haría… Se le abrirá, claro está, una averiguación por ello.

Quiso entonces seguir con su arenga de miedo, con sus excusas y con sus logomaquias, pero calló al notar, con sorpresa, que ya le hablaba a unas butacas vacías.

 

Los calores antes de la menopausia podrían protegerla

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Fuente: El Tiempo de Colombia

El sofoco estaría vinculado con una reducción del riesgo de sufrir un infarto, según estudios.

Los calores en la mujer, un trastorno que muchas veces viene acompañado del enrojecimiento de la piel, se asocian fundamentalmente a una menopausia declarada y a sus efectos negativos, pero no siempre es así.

Aunque la mayoría de las féminas esperan que los sofocos lleguen con la menopausia, más de la mitad de ellas podrían empezar a sentirlos antes de que concluya la etapa fértil de su vida, de acuerdo con un estudio de la Universidad de Washington (UW) y del Centro de Investigación del Cáncer Fred Hutchinson (ambos en Seattle, Estado Unidos), en el que participaron alrededor de 9.000 mujeres de entre 45 y 56 años de edad.

Estos resultados, publicados en la revista Menopause, no deberían preocupar a las mujeres, aunque sí pueden fomentar que se modifique la mirada médica de los sofocos, según la doctora Susan D. Reed, autora principal de la investigación.

Se sabe que los calores, asociados a la menopausia, ocurren cuando los cambios hormonales de la mujer hacen que los vasos sanguíneos cercanos a la superficie de su piel se distiendan rápidamente y, hasta ahora, se creía que aquellas con ciclos menstruales regulares producirían suficiente estrógeno para evitar el trastorno. No obstante, y a la luz de esta encuesta, la doctora Reed cree que habría que revisarse esa noción.

¿Calores cardiosaludables?

Por otra parte, los sofocos nocturnos en algunos casos podrían relacionarse con un cierto efecto protector, ya que aquellas mujeres que los padecen al inicio de la menopausia podrían tener menos probabilidades de sufrir algunos problemas cardiovasculares, según investigadores estadounidenses.

“Aunque son muy molestos, los sofocos pueden no ser del todo malos”, ha explicado la endocrinóloga Emily D. Szmuilowicz, de la Universidad Northwestern, autora principal del estudio, junto con JoAnn Manson, del Brigham and Women’s Hospital, y Ellen Seely, de la Escuela de Medicina de Harvard, en EE. UU.

“Encontramos que las mujeres que experimentaron estos síntomas cuando comenzó la menopausia tenían menos eventos cardiovasculares que las que experimentaron sofocos en la menopausia tardía o no los tuvieron”, ha dicho Szmuilowicz.

“Aunque los sofocos nunca serán agradables, quizás estos resultados los hagan más tolerables”, ha señalado Szmuilowicz.

Los hallazgos han surgido de un nuevo análisis de un estudio clínico llamado Women’s Health Initiative Observational Study (Estudio Observacional de la salud femenina), en el que se analizó la salud de 60.000 mujeres durante diez años para determinar la relación entre los síntomas menopáusicos y los trastornos cardiovasculares.

Ellos también se sofocan

En ciertos casos especiales, los varones también pueden tener accesos repentinos de calor corporal, incluso aunque no se den cuenta de que padecen este síntoma, de acuerdo con una investigación liderada por Laura J. Hanisch y apoyada por el Departamento de Defensa de Estados Unidos y el Hospital de la Universidad de Pennsylvania (EE. UU.).

Los autores del estudio, publicado en la revista ‘Psychophysiology’, emplearon una técnica llamada ‘conductancia de la piel esternal o del esternón’ (SCL, por sus siglas en inglés) para identificar los ‘golpes de calor’ en un grupo de pacientes que ya no producían testosterona por diversos motivos, como haberse sometido a tratamientos para el cáncer de próstata.

EFE