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El Nuevo Herald: A un año de Amuay, la seguridad de refinerías venezolanas sigue en entredicho

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INÉS GUZMÁN

EFE

CARACAS — Un año después de la explosión en la refinería de Amuay, en el noroeste de Venezuela, las causas del peor accidente de la historia petrolera reciente venezolana aún no se conocen oficialmente, la seguridad de esa industria está en entredicho y el Gobierno insiste en que fue un sabotaje.

La explosión, comparada por el fallecido presidente Hugo Chávez con la caída de una bomba atómica, se debió según las primeras hipótesis manejadas por el Gobierno a una fuga de gas y dejó un saldo preliminar de 42 muertos, 8 desaparecidos, más de un centenar de heridos y millonarios destrozos en casas y comercios cercanos.

Sin embargo, al cumplirse un año aún no hay un número definitivo de víctimas y los sindicatos se encuentran a la espera de un informe oficial que explique las causas de la explosión, que tiñó de rojo el cielo de la ciudad de Punto Fijo en plena madrugada del 25 de agosto del año pasado.

“Fue producto de un sabotaje, así de sencillo, las pruebas se mostrarán en los próximos días”, señaló ayer el presidente venezolano, Nicolás Maduro, insistiendo en una tesis que empezó a sugerir hace dos meses responsabilizando del accidente a la oposición.

La oposición ha contraatacado diciendo en un voluminoso informe dado a conocer esta semana que la explosión se debió a una “negligencia gerencial” derivada de la falta de inversión y mantenimiento.

En el medio, los sindicatos y algunos expertos de la industria denuncian que la estatal Petróleos de Venezuela (PDVSA) no cumple con las inversiones necesarias para que Amuay, una de las refinerías más grandes del mundo con una capacidad de refinación de 645,000 barriles diarios, recupere plenamente sus operaciones.

Para Jean Paul Leidenz, investigador del Centro de Energía del venezolano Instituto de Estudios Superiores de Administración (IESA), ha sido escasa la información de PDVSA sobre Amuay, una refinería que cubre el 67 % de la demanda interna de combustibles.

“Uno de los problemas que hay con el tema de Amuay es que no se ha publicado mucha información oficial”, dijo Leidenz a Efe.

Los contrapuntos entre los expertos y el gigante estatal se extienden al nivel de operaciones de la refinería, que forma parte del Centro Refinador de Paraguaná (CRP), uno de los mayores del mundo.

Leidenz sostuvo que Amuay está operando en torno a un 75 % de su capacidad, mientras que PDVSA ha dicho que el CRP se encuentra 100 % operativo y ha defendido el nivel de inversiones ejecutado.

La explosión, que dejó en llamas nueve depósitos de combustible en el patio de tanques de Amuay, puso en alerta también a la industria sobre los niveles de seguridad al interior de las refinerías.

La Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros (FUTEG) ha reportado 20 incidentes en los tres centros refinadores de Venezuela en lo que va del año, entre explosiones de hornos, paradas de emergencia e incendios, mientras que la diputada opositora María Corina Machado sostuvo que desde Amuay el número de accidentes llega a 38.

Las cifras más actuales de PDVSA, correspondientes al año 2012, señalan que la frecuencia neta de incidentes, un indicador sobre la accidentabilidad de la industria que mide la cantidad de lesiones que afectan las operaciones, creció un 3 % frente al 2011.

El ministro de Petróleo, Rafael Ramírez, ha rechazado desde el mismo momento del accidente que la falta de mantenimiento hubiera sido “de ninguna manera” la causa de la explosión, asegurando que PDVSA invirtió 6,000 millones de dólares en el mantenimiento de sus refinerías entre 2009 y 2012.

Para el consultor en materia energética Enrique Guinand, recientes accidentes evidencian que “los problemas de mantenimiento de las refinerías persisten”.

“El CRP no ha recuperado la capacidad operativa completa que tenía antes del accidente. La otra evidencia de los problemas operativos son los volúmenes de importaciones de aditivos para gasolina y de combustibles en general”, dijo Guinand a Efe.

Los accidentes han dejado al desnudo además los problemas en la capacidad de refinación de PDVSA, cuyos volúmenes de petróleo procesado cayeron un 5.9 % en el 2012 frente al 2011, acompañados por un descenso del 3 % en la producción petrolera, de acuerdo con su balance financiero del año pasado.

La propia PDVSA reconoció en su balance financiero que “entre los días del siniestro (de Amuay) y la restitución de las operaciones” se realizaron importaciones de aditivos para combustibles por 1,572 millones de dólares, aunque la empresa niega que el país esté importando gasolina terminada.

Los sindicatos denuncian que el incidente en la mayor refinería de América no fue un hecho aislado y afirman que desde entonces “siguen sucediendo los mismos problemas que ocasionaron la tragedia”.

“Sigue la misma situación, si acaso no se ha acrecentado, todas las semanas hay por lo menos dos eventos, entre incendios, fugas, fallas en los equipos”, dijo a Efe el secretario general de la Federación Unitaria de Trabajadores Petroleros de Venezuela (Futpv), Iván Freites.

PDVSA ha dicho que organismos como la Fiscalía General se encuentran investigando el incidente de Amuay y que no le corresponde pronunciarse sobre los resultados de esa investigación.

Fuente: El Nuevo Herald

Al Jazeera: de enemigo a esperanza por Luis Carlos Vélez

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Por primera vez desde 1996, cuando nació la republicana FOX News, Estados Unidos estrena una cadena de noticias 24 horas. Al Jazeera America, propiedad del emir de Qatar, salió al aire la semana pasada dejando una muy buena impresión.

Se trata de una apuesta millonaria que ha generado poco más de 800 puestos de trabajo, especialmente en la ciudad de Nueva York y otras 12 sedes en la unión americana. Su amplia petrobilletera permite entender que su problema no será el de la falta de recursos, sino el de tener la suficiente paciencia para conquistar a la audiencia estadounidense.

La primera semana de programación ha mostrado claramente cuál será su línea editorial. Busca mostrar un EE.UU. mucho mas real y alejado de Washington, Wall Street y Hollywood. Revelan problemáticas que afectan a la mayoría del país, que principalmente no se ve representada en los actuales canales de información.

Otro elemento determinante es la voz editorial. Al Jazeera America está haciendo un esfuerzo para no tener partido. Es algo que se nota ya que, entre otras, no dedica horas de su programación a los debates partidistas que actualmente inundan la programación noticiosa en esa nación. Esto es tal vez uno de los elementos más destacados de esta nueva cadena y a la vez más riesgosos, ya que la audiencia norteamericana ha favorecido con rating los que antes eran intercambios de opiniones y ahora se han convertido en grescas entre republicanos y demócratas.

También el no tener partido podría ser una estrategia no muy taquillera, ya que la cadena de noticias preferida en EE.UU. es FOX News, cuya posición es nacionalista y republicana. El espacio del millonario Rupert Murdoch ha intensificado su postura desde la segunda guerra del golfo y ha hecho de Barack Obama su objetivo militar. En segundo lugar, también con una bandera política definida, está MSNBC, un canal que nació de la unión entre NBC y Microsoft con la idea de ser mas tecnológico y cercano a los jóvenes, pero que terminó siendo un bastión demócrata cuya acogida viene aumentando desde que su defendido, el presidente Obama, está en el poder. Y por último viene CNN, que ha intentado defender el balance y la ecuanimidad sin casarse con una visión partidista, pero sin mayor acogida en la audiencia. (Para total transparencia debo anotar que hice parte de esa organización hasta el año pasado).

Así las cosas, Al Jazeera ha escogido el camino más difícil, pero también el más independiente, algo que va en contravía de la percepción que tienen los estadounidenses de ella. Y es que esta marca se dio a conocer en EE.UU. después de los atentados del 11 de septiembre como el canal que revelaba los videos del líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden. En el recuerdo mediático de esa nación permanece la idea de que Al Jazeera es un canal árabe con el objetivo de diseminar una mirada antiamericana de la realidad.

Sin embargo, su apuesta inicial, puesta en marcha por antigua gente de CNN, ABC y BBC, tiene la intención de hacer buen periodismo sin bandera y la billetera para aguantar la presión de no tener rating ni patrocinadores.

Elespectador.com| Elespectador.com

El País: Arde la estatal Petróleos de Venezuela por Maye Primera

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Los accidentes en las refinerías, los despidos y la multiplicación de la deuda amenazan a la industria petrolera

El sector aporta más del 60% del presupuesto nacional

El 30 de junio 2013, una explosión en el Complejo Criogénico José Antonio Anzoátegui de Barcelona, al este de Venezuela, levantó una llamarada de 50 metros que, según las autoridades, fue controlada en 20 minutos sin reporte de heridos. El 11 de agosto, el impacto de un rayo incendió la laguna de desechos de la refinería Puerto La Cruz, también en el oriente. “Tenemos el incendio confinado en la laguna”, informó entonces Asdrúbal Chávez, vicepresidente de Refinación, Comercio y Suministros de la estatal Petróleos de Venezuela y primo del difunto mandatario Hugo Chávez. El 20 agosto, otro rayo encendió fuego en una chimenea de la refinería de Amuay, una de las dos plantas que conforman el Complejo Refinador de Paraguaná, el mayor del país, donde hace exactamente un año se produjo un estallido por fuga de gas que mató al menos a 42 personas. El Gobierno suele quejarse de que “la derecha” utiliza estos accidentes como “elemento de terrorismo mediático”.

En el último año, la estatal Petróleos de Venezuela (Pdvsa) ha reportado 24 incidentes en sus refinerías: incendios, cortes eléctricos, paralizaciones no programadas, fugas de gases y combustibles. La mayoría de ellos ocurrieron en las plantas de Amuay y Cardón, que integran el Complejo Refinador de Paraguaná: hubo cuatro en mayo, uno en junio, uno en julio y cuatro más en los días transcurridos de agosto de 2013. Los vecinos de los barrios aledaños, que perdieron sus casas o los vidrios y marcos de las ventanas con la explosión del 25 de agosto de 2012, replican el espanto de entonces cuando ven lenguas y columnas de humo saliendo de las instalaciones de la petrolera.

“Los trabajadores se persignan cuando entran, muchos no quieren estar allí”, dijo uno de ellos, Juan Montero, al diario caraqueño El Nacional, en un informe que denuncia la fuga de mano de obra calificada a Colombia debido a los bajos salarios y a las fallas de seguridad en las refinerías de Venezuela. Este goteo migratorio de petroleros venezolanos se suma a la gran desbandada que comenzó en 2003, cuando el presidente Hugo Chávez ordenó el despido de más de 20.000 profesionales de la industria. Estos se sumaron al paro general en su contra, convocado en diciembre de 2002 por la patronal Fedecámaras y los sindicalistas de la CTV. Muchos de ellos fueron a parar a las petroleras y contratistas de México, Canadá, Estados Unidos, Brasil, Catar, Arabia Saudí, Aruba y Curaçao para burlar el veto impuesto en los sectores público y privado de la industria de Venezuela.

La estatal venezolana opera un total de 24 refinerías: seis de ellas están ubicadas en Venezuela y las 18 restantes, en Aruba, Curaçao, Cuba, República Dominicana, Jamaica, Estados Unidos, Suecia y Gran Bretaña.

En 2012, las operaciones de Refinación, Comercio y Suministro reflejaron pérdidas por 7.795 millones de dólares. Esta viceprepresidencia ha sido dirigida desde mayo de 2007 por Asdrúbal Chávez: ingeniero químico, con 28 años de carrera dentro de Pdvsa y primo hermano del expresidente Chávez. Según los sindicatos petroleros de oposición, los accidentes constantes y las pérdidas en el área de refinación son consecuencia de la falta de inversión en las operaciones de la industria, especialmente durante 2011, cuando los “aportes al desarrollo social” entregados por Pdvsa superaron en casi 50% el monto en inversión. Pero según el Gobierno venezolano, los números rojos del último año y medio en el área de refinación se deben a la explosión de Amuay, a los rayos, las tormentas eléctricas y otros fenómenos naturales.

Los combustibles que Venezuela ha dejado de producir los compra en Estados Unidos. En abril de 2013, las compras venezolanas de diesel, gasolina, gas licuado, fuel oil y otros productos refinados en el mercado estadounidense aumentaron en 138,8% respecto al mismo mes del año anterior, según cifras del Departamento de Energía. En los primeros cuatro meses del año, promediaron 129.000 barriles diarios. De acuerdo al mismo informe, fechado en junio de 2013, las exportaciones de Pdvsa a Estados Unidos sumaron 847.000 barriles diarios: un 4% eran combustibles y el 96% restante, petróleo crudo. Esta porción representa un 52% de la producción total de Venezuela y es la única parte que se vende a precio del día y se paga con dinero líquido. El resto se vende subsidiado en el mercado interno; a crédito, a países amigos; o se utiliza para pagar préstamos de dineros ya gastados, otorgados por China.

La deuda de Petróleos de Venezuela sumó en el año pasado 40.026 millones de dólares, 14,7% más que en 2011, a pesar de que los precios de la canasta petrolera venezolana se mantuvieron en el rango de los 100 dólares por barril. En 1998, antes de que Chávez ganara sus primeras elecciones y cuando el barril venezolano llegó a costar 9 dólares, el saldo de la deuda rondaba los 3.000 millones de dólares. La industria petrolera ha sido el pilar económico del gasto social y del dominio político en Venezuela, pero especialmente durante la última década. El grueso del dinero que Pdvsa produce o solicita en préstamos ha sido destinado a financiar actividades distintas al negocio petrolero: a subsidiar el mercado cambiario, férreamente controlado por el Gobierno desde 2003; a la compra de alimentos que se venden a menor precio en mercados populares; a sostener las “misiones sociales”, que funcionan como ministerios paralelos en las áreas de salud, educación y militar. Es por eso que, pese a los altos precios del petróleo nacional, el patrimonio de Petróleos de Venezuela se mantiene estancado y en riesgo.

La maquinaria petrolera que durante la era del chavismo ha aceitado la diplomacia venezolana y ha financiado la satisfacción de las necesidades inmediatas de las clases populares -que no por ello han superado la pobreza- da señales de agotamiento. De acuerdo a cifras aportadas por el Gobierno venezolano a la Organización de Países Exportadores de Petróleo (Opep), la producción total de crudo de Pdvsa entre enero y mayo de 2013 fue de 2,7 millones de barriles por día, un 2,92% menos petróleo del que producía en agosto de 2012. Estas cifras están muy por debajo de la meta que Hugo Chávez se había fijado en vida. “Para el 2014 debemos estar llegando a cerca de cuatro millones de barriles diarios. Para el 2019 debemos estar en seis millones de barriles diarios de crudo. Somos uno de los pocos países del mundo con esa gran capacidad de crecimiento de la producción”, dijo el presidente en septiembre de 2011, el año que Pdvsa gastó más dinero en mantener al pueblo contento.

Fuente: El País

Corrupción y contraloría social por Marino Alvarado

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Como ya lo hemos anunciado públicamente compartimos el llamado del presidente Nicolás Maduro para enfrentar la corrupción.

Y también advertimos que la instrumentalización política del mismo le quita fuerza y credibilidad.

Para enfrentar la corrupción se requiere entre otros factores el accionar firme, independiente y en el marco de la Constitución y la ley de las instituciones del Estado. Pero hay un factor que es fundamental: garantizar la participación ciudadana.

Para ello deben promoverse mecanismos y condiciones que permitan una real y efectiva participación de hombres y mujeres con disposición a dar su aporte.

Estimular y facilitar la contraloría social debería ser uno de los propósitos del gobierno si quiere permitir la participación individual o colectiva de los y las ciudadanas en la convocatoria a la lucha contra la corrupción.

Para que sea posible se le plantean como mínimo cuatro desafíos al gobierno.

El primero:

Desarrollar una gestión pública con mayor trasparencia. Debe dar el Ejecutivo Nacional el ejemplo al resto de la estructura del Estado. Ello pasa por algo esencial: garantizar el acceso a la información pública. Que, por ejemplo, los portales web de los ministerios publiquen su memoria y cuenta. La gran mayoría no la publican. Que ante las informaciones solicitadas se den respuestas oportunas y adecuadas.

Una de las grandes deficiencias existentes actualmente en el país es la dificultad para acceder a la información pública. Además la poca que se difunde es dispersa y contradictoria en cuanto a lo que informan órganos de un mismo ente.

Individuos y colectivos mejor informados tienen mayor posibilidad de participar en los asuntos públicos, entre ellos el velar por el uso adecuado de los recursos del Estado.

El equipo central de gobierno tiene que dar el ejemplo promoviendo en los órganos y entes donde actúa rendición de cuentas ante la población, lo cual pueden ir progresivamente realizando tanto a través de sus portales web como mediante actividades específicas que faciliten, por ejemplo, el control de la ejecución presupuestaria y de las obras en desarrollo.

Segundo:

Sumar fuerzas. No excluir. Ello pasa por promover un discurso favorable a la búsqueda de consensos que permita sumar a diversidad de organizaciones políticas y sociales para que participen desde sus propios espacios y dinámicas en el ejercicio de la contraloría social y la lucha contra la corrupción. Un aspecto esencial es la no discriminación.

Tercero:

Tener disposición a colaborar para que el Ministerio público lleve hasta las últimas consecuencias las investigaciones independientemente de la jerarquía política o institucional de las personas presuntamente responsables de hechos de corrupción.

Cuarto:

El respeto a los derechos humanos de los presuntamente responsables. Es importante que el Ejecutivo Nacional estimule al resto de los poderes públicos para que se respeten principios como el de la presunción de inocencia y el debido proceso. La lucha contra la corrupción no puede sustentarse en la arbitrariedad pues ella misma puede convertirse en factor de corrupción.

Lucha firme sí, pero con plena garantía de los derechos.

Finalmente, consideramos que debe priorizarse la investigación de todos aquellos hechos donde se pueda estar afectando en mayor manera los derechos de miles de personas, particularmente creemos debe investigarse lo referente a las irregularidades que pudiese haber en los programas sociales, en la administración de justicia y el dinero destinado a proyectos locales de gran impacto para la comunidad.

@marinoalvarado

El cobre que se consume en la dieta podría precipitar la enfermedad de Alzhéimer

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Fuente: Abc.es

El mineral está presente en el agua que fluye por tuberías de cobre, suplementos nutricionales y en algunos alimentos como carnes rojas, mariscos, frutos secos

El cobre podría ser uno de los principales factores ambientales que desencadenan y ayudan a la progresión de la enfermedad de Alzheimer. Este metal se acumula en el cerebro y acelera la acumulación de proteínas tóxicas (placas beta-amiloide) que son el sello de esta enfermedad neurodegenerativa. Al menos, esta es la conclusión de un estudio del Centro Médico de la Universidad de Rochester (Estados Unidos), publicado en la revista científica «Proceedings» .

El cobre forma parte de nuestra dieta, a través de numerosos alimentos. Está presente en el agua potable, que fluye por tuberías de cobre, en suplementos nutricionales y en algunos alimentos como carnes rojas, mariscos, frutos secos, y muchas frutas y verduras.

Un mineral necesario

El mineral juega un papel importante y beneficioso en el organismo, en la conducción nerviosa, el crecimiento del hueso, la formación de tejido conectivo y la secreción hormonal. Sin embargo, el nuevo estudio muestra que el cobre también se acumula en el cerebro y puede causar una ruptura de la barrera hematoencefálica, la membrana que impide la entrada de sustancias tóxicas al cerebro. Esto resulta en una acumulación tóxica de placas de la proteína beta-amiloide, un subproducto de la actividad celular.

El grupo de Rashid Deane, profesor de Investigación en el Departamento de Neuromedicina de la Universidad de Rochester, realizó una serie de experimentos con células de ratones y del cerebro humano, que explican cómo el cobre acelera la patología. En circunstancias normales, la proteína beta-amiloide se elimina de forma natural por la acción de otra proteína llamada proteína 1.

Experimentos con ratones

El equipo de investigación administró a los ratones normales dosis de cobre durante un periodo de tres meses. En concreto, se expuso a los roedores a trazas de metal en el agua potable, lo que supone una décima parte de los estándares de calidad de agua para el cobre establecidos por la Agencia de Protección Ambiental. «Son niveles muy bajos de cobre, el equivalente a lo que la gente consume en una dieta normal», explicó Deane. Los científicos encontraron que el cobre recorre el sistema sanguíneo y se acumula en los vasos que alimentan de sangre al cerebro, específicamente en las «paredes» celulares de los capilares.

Estas células son una parte crítica del sistema de defensa del cerebro y ayudan a regular el paso de moléculas hacia y desde el tejido cerebral. En este caso, las células capilares impiden que el cobre entre en el cerebro, pero, con el tiempo, el metal puede acumularse en estas células con un efecto tóxico.

Los investigadores observaron que el cobre interrumpe la función de las proteínas que deben limpiar la acumulación de tóxicos. Luego, los expertos analizaron el impacto de la exposición al cobre en modelos de ratón de la enfermedad de alzheimer, en los que la barrera hematoencefálica ya se ha roto y se permite la entrada de elementos tóxicos al tejido cerebral. Los autores del estudio observaron cómo el cobre estimuló la creación de grandes complejos de atascos de beta-amiloide que el sistema de eliminación de residuos del cerebro no puede borrar.

Llamada a la cautela

Además, los investigadores observaron que este material provocó inflamación del tejido cerebral, que puede promover aún más la rotura de la barrera hematoencefálica.

Sin embargo, ya que el metal es esencial para muchas otras funciones en el cuerpo, los investigadores dicen que estos resultados deben ser interpretados con cautela. «El cobre es un metal esencial y está claro que estos efectos se deben a la exposición durante un largo periodo de tiempo -subraya Deane–. La clave será encontrar el equilibrio justo entre demasiado poco y consumo excesivo de cobre. Ahora mismo no podemos decir cuál es el nivel correcto, pero la dieta puede finalmente jugar un papel importante en la regulación de este proceso».

El dilema sirio por Carlos Alberto Montaner

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Síria-bandeira

El ejército sirio exterminó a centenares de sus ciudadanos como si fueran cucarachas. Muchos de ellos eran niños. Prácticamente todos eran civiles indefensos. La crueldad de ese gobierno no tiene límites. Los muertos ya exceden de cien mil.

Una de las hipótesis es que los generales de Assad utilizaron gas sarín para aterrorizar a sus adversarios. Ese compuesto comenzó como un devastador insecticida. Cuando los alemanes, en 1939, al año de haberlo descubierto, se percataron de que era 500 veces más poderoso que el cianuro, se apresuraron a convertirlo en un arma de guerra. En esa época el señor Hitler estaba más interesado en matar personas que insectos.

Eventualmente, todas las potencias lo fabricaron, pero en la década de los setenta decidieron prohibirlo. Sus efectos eran demasiado horripilantes. Mataba por asfixia en medio de crecientes dolores y el descontrol total de las funciones vitales. Las gentes morían convulsionadas, dando gritos y encharcadas en su orina y excremento.

Por eso, hace exactamente un año, el presidente Obama declaró que el uso de armas químicas, como el sarín, era la frontera de las atrocidades permitidas. A partir de ese punto, amenazó, Estados Unidos tomaría represalias directas contra el régimen de Assad.

Pero tal vez no haya sido gas sarín. Algunos expertos opinan que la muerte de estas víctimas se debió a una alta concentración de otros gases letales utilizados contra personas que estaban encerradas. Pudiera ser. No es un consuelo, pero acaso es un amable detalle que te asesinen con un gas permitido en vez de que recurran a otro que ha sido proscrito.

El horror es tanto que el canciller francés Laurent Fabius quiere entrar en combate para desalojar del poder a Assad y a su gobierno de criminales. Es la misma reacción deSarkozy cuando se produjo el conflicto en Libia. Fueron los franceses, aliados de los ingleses, quienes alentaron la operación de la OTAN que terminó con el régimen (y con la vida) de Kadafi.

Francia es un país curioso. Hace un siglo dejó de ser potencia, pero conserva sus reflejos imperiales y actúa decididamente en lo que fue su zona de influencia. Los paracaidistas franceses han puesto orden (o algo parecido) en Gabón, Chad, Zaire, Costa de Marfil, República Centroafricana y en Mali. Es el gendarme africano.

París no manda los paracaidistas a Siria porque no es África. Es un hueso demasiado duro de roer. Sin embargo, es difícil que el presidente François Hollandese cruce de brazos. Siria y el Líbano, al fin y al cabo, fueron inventos franceses construidos con los escombros del Imperio Otomano tras el fin de la Primera Guerra.

¿Qué puede hacerse frente a los truhanes del gobierno sirio? Ya se sabe que Assad y sus secuaces son terribles, pero una parte de la oposición no le va a la zaga. No hay garantía de que quienes hereden el poder en Siria no basculen hacia alguna forma de fundamentalismo, incluido el manicomio de Al Qaeda.

Como no hay ninguna opción buena, habrá que elegir la que parece menos mala: salir del régimen de Bashar al-Assad y arriesgarse a explorar la posibilidad de contribuir a instalar en Siria un gobierno del que se esperarían al menos los cinco objetivos primarios que me enumeró un experto en la región que prefiere el anonimato para que no lo expulsen de su cargo en la ONU:

1. Que no asesine y torture a sus ciudadanos, renunciando a las incomprensibles matanzas entre chiíes y suníes.

2. Que rompa su alianza con Irán.

3. Que abandone sus lazos con Hezbolláh, una organización justamente calificada como terrorista.

4. Que respete la soberanía del Líbano.

5. Que haga las paces con Israel y admita el derecho a existir que tiene ese país.

¿Cómo ganar esa guerra? Esto es lo que me dijo el diplomático: “Ayudando abundantemente a la oposición siria con armas y pertrechos canalizados por medio de los franceses y pagados por los saudíes. Nadie es tan ingenuo de esperar que se establezca en el país una democracia respetuosa de los derechos civiles. A estas alturas, el mundo se conformaría con que se detuviera la carnicería”. Tal vez tenga razón.

@CarlosAMontaner

No es sólo Amuay. Formato del Futuro… por Edecio Brito Escobar

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Supuestamente, el 25 de agosto del 2012, a la 01:12 minutos de la medianoche, hubo una explosión en la refinería de Amuay, en el estado Falcón, considerada por expertos como el peor accidente en 100 años de historia petrolera en el país.

Supuestamente, a las 12:00 de la medianoche de ese mismo día, es decir, 01:12 minutos antes, se había registrado una fuga incontrolada de gas en el bloque 23, y las alarmas no se activaron. Tampoco hubo acciones preventivas conocidas dirigidas a desalojar las zonas adyacentes.

Supuestamente, la razón por la que no se pudieron implementar acciones preventivas de desalojo, no funcionaron las alarmas, ni se aceptó que el escape de gas pudiera llegar a convertirse en el epicentro de una explosión, es porque no hubo mantenimiento preventivo.

Supuestamente, la explosión se tradujo en la muerte de 42 venezolanos -aunque habitantes de Punto Fijo hablan de un mayor número de muertos y de la aparición de osamentas- generó la emisión de 500.000 toneladas de dióxido de carbono, equivalente a 3 semanas de contaminación automotor en Caracas, y el costo del accidente alcanzó a 1,8 millardos de dólares. Asimismo, que el 65,4% de esa cantidad, es decir, 1,2 millardos de dólares corresponde a la pérdida económica de Petróleos de Venezuela por la merma en la capacidad de procesamiento de la refinería.

Supuestamente, el daño por activos e inventarios que debió registrar PDVSA suma 344,7 millones de dólares, por los destrozos en viviendas y comercios 234,7 millones, por indemnización a las víctimas 35,2 millones de dólares, por el costo de la extinción del incendio 10,3 millones de dólares, y por los perjuicios por la emisión de gases 10 millones de dólares.

Supuestamente, a comienzos del 2013 la Fiscalía General de la República le iba a decir a los venezolanos en qué concluyeron sus investigaciones sobre lo que sucedió realmente en Amuay. Pero a un año del accidente, nadie sabe exactamente qué sucedió allí, más allá de lo que describen los supuestos, incluyendo el descubrimiento basado en no se sabe qué razones, de que todo se debió a un sabotaje. La Fiscalía ha dicho esta semana que todavía se está en el proceso de investigación, por lo que habrá que seguir esperando. De igual manera, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia sigue sin pronunciarse sobre la solicitud de amparo a favor de los habitantes que fueron afectados por la explosión.

Lo que no es un supuesto, sin embargo, sería que, definitivamente, allí no hubo mantenimiento preventivo y que después del accidente, no se han tomado medidas para evitar un nuevo accidente y que ahora el riesgo es mayor. De hecho, Amuay es hoy, además, una empresa a merced de ciertos fenómenos naturales, luego de que una de las chimeneas del Conjunto de Refinación registrara un incendio recientemente, después que cayó sobre ella un rayo en medio de una tormenta eléctrica.

Hace poco más de un año, desde Formato del Futuro… las reflexiones giraron alrededor de lo que se percibía que pudiera suceder con el caso Amuay, después de lo que pasó con el deslave de Vargas y las posteriores justificaciones sobre lo que se dejó de hacer en el sitio:

Y desde Vargas a Amuay, ¿cuántos han sido los casos, eventos, hechos que han terminado siendo portaestandartes de la misma conducta gubernamental, para convertirse después en olvido interesado, si acaso en huella imperecedera exclusiva para dolientes y/o afectados?

Muchos han sido los casos. Sin duda alguna. Pero cada uno, indistintamente de su fuerza o gravedad, de igual manera, ocupan el lugar debido y correspondiente en la agenda de una sociedad que, mayoritariamente, ha comenzado a derrotar sus miedos, convencida como está de que hay que evitar la reedición del olvido de Vargas o la hoy pretendida minimización de lo que realmente ha sucedido en Amuay. Sobre todo, por la manera como se le ha estado usando desde un enfoque netamente propagandístico, a partir de la difusión de la especie de que allí no hubo nunca negligencia, indolencia o incompetencia. No. Todo se debió a la acción del viento paragüanero, que se empeñó en imposibilitar la eficiente actuación de la gerencia petrolera en contra de las causas de lo que, una hora más tarde del momento cuando se les identificó, sin embargo, luego se convirtió en la generadora de la peor tragedia mundial que se ha registrado en un centro refinador de petróleo durante los últimos 25 años”.

Ante el caso de Vargas, en vista de que Corpovargas no pasó de ser otro de esos canales de trasvase de recursos que se generan en los momentos de tragedia, sin que luego se perciba en qué se usaron y a quiénes realmente beneficiaron, hasta se llegó a insinuar la posibilidad de que ese estado, sencillamente, debía cerrar sus puertas y convertirse en un apéndice referencial caraqueño, de una zona destruida por un fenómeno natural. Pero los varguenses reaccionaron en contra de semejante posibilidad, y el resto de los venezolanos hizo causa común con ellos.

Desde luego, más allá de lo que hacen los medios, del dolor de quienes todo lo perdieron en el sitio y del recuerdo imperecedero entre los sobrevivientes que hoy prefieren trabajar en Colombia, antes que exponer su vida a la eventual repetición de la tragedia, hay una interrogante que mueve el espíritu de muchos que se niegan a olvidar lo sucedido: ¿qué hacer ante el caso Amuay?

La subsiguiente abundancia de eventos que se han suscitado en la industria petrolera desde hace ya un año, a decir de sus propios trabajadores, es verdad, ha tenido la suficiente fuerza e importancia como para reducir a un simple recuerdo el caso Amuay. Pero a la propia industria y al país, mucho menos a los habitantes de la zona de Alí Primera en el estado Falcón, les interesa y conviene que semejante tragedia sólo sea, como Vargas, un caso referencial en los textos relacionados con similares casos petroleros del mundo.

Se podrán desentender del cumplimiento de sus responsabilidades, en cuanto a decir qué sucedió, cómo sucedió y quiénes son los responsables de que haya sucedido, aquellos funcionarios interesados en validar lo que supuestamente no aconteció, atendiendo a su desempeño de obediencia a la importancia de silenciar lo que ha sido un ruido mundial.

Sin embargo, alrededor del evento, sin duda alguna, no hay supuestos con tal fuerza autonómica, como para anular ese ruido citado. Mucho menos, para borrar de la mente de los miles de venezolanos que siguen viviendo en espacios aledaños a las múltiples instalaciones petroleras del país, que lo que se produjo el 25 de agosto del 2012 a la 01:12 minutos de la medianoche en el estado Falcón, es verdad, fue un accidente; no necesariamente el único en su tipo. Sobre todo, si los llamados a evitarlo insisten en convertir cada observación, reclamo o alerta, en un simple motivo para cuestionarlo por provenir de personas interesadas en escandalizar.

En Amuay, no fue que supuestamente hubo un accidente hace un año. En Amuay hubo un accidente. Se produjo una tragedia, la peor en un siglo de actividades petroleras en Venezuela; la mayor en los últimos 25 años en la industria petrolera del mundo. Y eso es definitivamente grave. Inocultable. Comprometedoramente exigente en sus efectos y en la importancia de evitar que se repita.

Edecio Brito Escobar

Lo anormal es lo normal por Carolina Jaimes Branger @cjaimesb

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Vuelvo a escribir sobre el tema de la costumbre. Y es que cada vez me preocupa más que aceptemos como normales las cosas que no lo son. Entiendo que por cuestión de mera supervivencia no podemos sufrir por todo lo que pasa aquí todos los días. Pero tampoco irnos al otro extremo y dejarnos de horrorizar.

Me tiene consternada la muerte de la enfermera de la Maternidad Concepción Palacios, asesinada a golpes por dos mujeres a quienes les reclamó porque estaban dañando el ascensor. También por el asesinato de un joven en la puerta de una farmacia, porque le pidió a un hombre que estaba orinando en el jardín del local que no lo hiciera. El hombre se montó en su carro, le dio la vuelta a la manzana y le metió dos tiros al muchacho.

Solo estos dos acontecimientos en la Venezuela en la que yo crecí hubieran sacudido a la sociedad durante meses. Ahora, pasan varios a la semana y la mayoría sigue impertérrita. ¡Estamos enfermos! Hace unos diez años la periodista Nelly Aguilera me contó la historia de un muchacho sobre quien había hecho un reportaje. Él murió asesinado frente a un quiosco de revistas. La dueña, quien conocía a los malandros de la zona, le dijo a Nelly que “al principio, cuando mataban a alguien, se ponía muy nerviosa, cerraba y se iba para su casa. Pero como los asesinatos se hicieron habituales, ahora lo que les pedía era que no los mataran tan cerca, porque le salpicaban las revistas de sangre y ésas la gente no las compraba.

Al cantante Onechot casi lo matan por haber denunciado esta patética realidad en la canción “Rotten town” (ciudad podrida).

¡Nos hemos acostumbrado vivir entre asesinatos y sicariatos! Los delincuentes sueltos y nosotros entre rejas. Vemos impávidos cómo Iván Simonovis, María Lourdes Afiuni y tantos otros cuyos nombres desconocemos, están condenados a morir de mengua, simplemente porque nos hemos acostumbrado a que no haya justicia.

Nos hemos acostumbrado a convivir con corruptos y corruptores. A la matraca, a la cayapa, a los abusos de autoridad. Nos hemos acostumbrado a la violación de la privacidad, a la pérdida de libertades, a estar en constante zozobra. A los atropellos, al insulto, a la descalificación. Lo anormal es lo normal… nos hemos convertido en una sociedad que acepta como “normales” los instrumentos de su propia destrucción.