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¿Cuál es el mejor ejercicio para los niños?

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Fuente: El Mundo / Por María Valerio

Antes de los 7 años son preferibles las actividades que movilizan todo el cuerpo

Antes de esa edad los niños suelen cambiar de deporte hasta ir decantándose

Los expertos desaconsejan la práctica competitiva a edades tempranas

Ahora que los colegios han arrancado las clases, las agendas familiares se llenan de nuevo de actividades extraescolares. Es seguro que muchos padres habrán apuntado ya a sus hijos a diferentes clases y entrenamientos deportivos, pero ¿cuál es el ejercicio ideal para los niños a cada edad? ¿A partir de qué año pueden practicarlo más seriamente?

“Los médicos sabemos que el ejercicio físico es fundamental, imprescindible en la vida de los niños”, explica a ELMUNDO.es el doctor Juan Casado Flores, jefe del servicio de Pediatría del Hospital Niño Jesús de Madrid. “De hecho, ellos hacen ejercicio espontáneamente (mueven los pies cuando son bebés, gatean, corren…), porque se lo pide su propio cuerpo, y si un niño no se mueve probablemente es porque está enfermo”.

Lo que sí es importante, subraya este especialista, es adecuar el tipo de ejercicio a cada etapa de la vida y siempre, teniendo en cuenta que el deporte infantil debe cumplir varias características: “Que no ponga en riesgo su salud, que sea algo querido por el niño, que sea divertido para ellos, y que movilice todos los músculos del cuerpo”.

En este sentido, Maite Gómez, profesora de la Facultad de Actividad Física y del Deporte de la Universidad Europea de Madrid, especifica que en la edad preescolar y escolar son preferibles “las actividades predeportivas orientadas al movimiento en general, y que estimulan la coordinación, el equilibrio, la motricidad…“. Esta etapa, aclara la especialista, les otorga a los niños un bagaje motor para desarrollar posteriormente cualquier deporte.

A su juicio, es un error preparar a los niños específicamente para un único deporte en edades muy tempranas (“antes de los 6-7 años”), porque en esa etapa predeportiva es incluso recomendable que vayan cambiando de práctica deportiva, “porque eso les da mayor bagaje motor y les permite ir decantándose hacia lo que realmente les guste”.

Jordi Álvaro, especialista en la misma Universidad, aclara la diferecia entre actividad física (“que los niños hacen de forma natural desde que pueden andar”) y entrenamiento propiamente dicho. En este tipo de actividad más regulada, él coincide con sus colegas en que es importante que los niños realicen diferentes deportes para que adquieran el dominio de muchas actividades. “Sólo a partir de los 14-15 años se va produciendo la especialización”, pero incluso en el caso de chavales que practiquen una sola disciplina, recomienda a los entrenadores “otras actividades que complementen la riqueza motora del niño”.

La natación, la gimnasia y el atletismo, el fútbol, el baloncesto, el baile, el ballet… “cualquier ejercicio que movilice todos los músculos del cuerpo de manera asimétrica es beneficioso en la infancia”, coincide el doctor Casado [en comparación con aquellos deportes que consisten en repetir un gesto con un único grupo muscular]. “Además, si es un deporte en equipo todavía es más beneficioso, porque les enseña a socializar, a integrarse en el grupo, a tolerar la frustración…”.

Como añade el profesor Álvaro, “la especialización precoz que se produce en disciplinas como la gimnasia, la danza, la natación o el tenis, en las que los niños empiezan a los ocho o nueve años, es desaconsejable y en su caso debería complementarse con otras actividades”.

De hecho, continúa el pediatra, hay que evitar que la actividad física se convierta en una “esclavitud si al niño no le gusta” y evitar la práctica competitiva antes de que su desarrollo muscular se haya completado (“que en unos chicos puede ser a los 14, a los 17 años…”). En este sentido, la profesora García admite que se empiezan a ver en escuelas deportivas infantiles, donde el ejercicio está mal pautado, lesiones propias de deportistas profesionales (como la osteopatía de pubis que sufren algunos futbolistas adultos).

Jordi Álvaro aconseja proteger especialmente la columna vertebral de cargas intensas (“en fase de consolidación”), así como la cabeza y los ojos en disciplinas concretas. Aunque los niños son especialmente flexibles, las lesiones más frecuentes a esas edades están relacionadas con caídas y traumatismos (esguinces, fracturas…). “Cuando se empieza una práctica de más exigencia a partir de los 14-15 años, se debería hacer un reconocimiento cardiaco para evitar lesiones previas o congénitas no diagnosticadas”.

“El deporte en la infancia es formativo y lúdico, y no se puede entrenar como si todos fueran a ser olímpicos”, apunta Álvaro. “El ejercicio físico debe ser algo divertido, no una tarea más”, destaca Casado. “Lo fundamental es tener en cuenta la edad y las características del niño a la hora de planificar la actividad”, resume por su parte la profesora García.

Tiempo de Palabra: El misterio de la verdad por Carlos Blanco @carlosblancog

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Nicolás y sus cófrades tienen un serio problema con la verdad. La más reciente genialidad es el “Noticiero de la Verdad” que se proponen. Sería mejor nombre “La Verdad Encadenada”.

 

A medida que controlan medios de comunicación y que hacen buuuuhh… para obligar a que les crean, pierden terreno. No es de dudar que existan habitantes de la burbuja roja que admitan los cuentos de la coexistencia pacífica de Blanca Nieves y los siete enanos libidinosos o los de la inoculación del cáncer por vía subcutánea; pero no son esos a quienes el régimen quiere marear; son otros. Los jefes de este bochinche se ponen trascendentales; miran al infinito en franca comunicación con la posteridad y afirman, solemnes, que el sol se pone por el oeste, y nadie les cree. Como alguna vez sostuve en relación con Chávez, no se les cree porque mienten hasta cuando dicen la verdad.

 

Controlan medios de comunicación, cierran televisoras y radios, compran con la mano de goma de los testaferros cuanta estación pueden, hacen cadenas sin parar, dicen y dicen sin continencia, pero la percepción es la de una falsedad, una impostura, una simulación, un no sé qué oloroso a fraude y escamoteo.

 

La única solución que se les ocurre a estos estrategas es aumentar la frecuencia de sus parloteos y cerrar las opciones de sus enemigos. En el límite podrían hablar ellos solos; podrían cerrar todo espacio alternativo, y todavía no se les creería.

 

LA GALAXIA ERRANTE. Si usted se consigue a un caballero, digamos en un café, y éste le informa que a un familiar suyo le inyectaron un cáncer, más adelante le dice que la tubería del baño se rompió y que tiene la certeza de que lo hizo un saboteador furtivo, si además el sujeto le expone que anda de incógnito porque supo que unos colombianos tenían su foto y lo iban a matar, y si agrega que una gran empresa internacional quiere arruinarlo, sin duda se puede suponer lo que usted haría. Le hablaría con delicadeza, así como suavecito, sin sobresaltarlo, le daría una infusión de valeriana con Ativan y procedería a llevarlo al terapeuta más cercano. Diagnóstico imbatible: loco de metra.

 

Sería, sin embargo, demasiado fácil despachar a los próceres actuales con la fórmula de la locura. Lo peor es que no están locos, al menos no todos, sino que en el proceso de perpetuarse en el poder han creado una historia que de tanto contársela unos a otros, la terminan imponiendo como referencia. Poco vale si la creen o no, pero así la viven. Los ejemplos abundan, pero se citarán apenas dos. El primero es el del golpe de estado de 1992. En la burbuja semántica de los iniciados no era de buen ver admitir que fue un golpe porque, entre otras cosas, con las mismas causas podrían justificarse nuevos golpes; por lo tanto lo que para cualquier observador fue y sigue siendo un sangriento golpe de estado, poco a poco en la ampolla roja se le ha convertido en una rebelión tan angelical, inofensiva y silenciosa como un flato de monja. El segundo ejemplo es de la imponente rebelión ciudadana en abril de 2002, asediada por los pistoleros de Llaguno, consagrada por el TSJ de entonces como un “vacío de poder”, con renuncia y todo -”la cual acectó” (sic)-, y que se ha convertido dentro del cerrado sistema de referencias de los bolivarianos, en un vulgar y brutal golpe de estado. Pedro Carmona, que no llegó a ser Presidente de nada, pasó a ser convertido en el terrible dictador que según la superstición bolivariana, habría sido el culpable de atrocidades sin límites desde un cargo que nunca ejerció.

 

Ya no importa si se creen o no sus invenciones. El hecho esencial es que actúan como si se las creyeran y a partir de allí montan la escenografía de los pobrecitos, asediados por los medios de comunicación “de la derecha” (que casi no existen ya) y necesitados de defenderse de la ofensiva burguesa que los asfixia. En medio de su trágico estreñimiento intelectual, los próceres informan al país de opiniones, falsas investigaciones, hipótesis, fábulas y cuentos de camino, para contrarrestar con “la verdad” una “mentira” opositora que no tiene forma de difundirse, dado el control que ejercen de los medios.

 

PERO… TIENEN RAZÓN. En cierto sentido tienen, si no razón, razones. Fracasan, por más esfuerzos que hacen y por más ministros que se turnen en el oficio de llamar “fascistas” a sus enemigos. Tienen los instrumentos en su poder y fracasan. Piensan que la solución es tener más medios de comunicación en sus manos y fracasan.

 

Para creer lo que dicen hay que compartir los supuestos desde los que hablan. Si usted cree que esto es una revolución, que todo está mejor que antes, que lo que no está bien es culpa de Obama o de María Corina, que los únicos problemas derivan de diminutas fallas que con discretos ajustes serán superadas; si además cree que desde la eternidad el Comandante guía los pasos y que Él, Bolívar y Jesús son Uno y Trino, pues naturalmente admitirá todas las historietas de Nicolás. Pero si usted falla en aceptar al menos uno de esos misterios gozosos, pues esa narración le parecerá una descomunal chapucería. Para creer en lo que dicen antes hay que creer en los fundamentos extravagantes de lo que dicen.

 

El otro problema gravísimo que tiene el régimen es que transmite involuntariamente mensajes contrarios a los que verbaliza. Piensan que se la comieron con el cierre de RCTV, con haberle torcido el brazo y apretado las criadillas a los demás canales; estiman que han hecho una conquista galáctica con el puré incomible que han logrado de Globovisión y con las emisoras de radio que se han cogido, entre varias hazañas comunicacionales. La realidad es que el silencio de RCTV, el falaz equilibrio de otros canales, el expolio en vivo y directo de Globovisión, transmiten una ausencia, un despojo, una muerte. El mensaje que transmiten no es lo que Nicolás dice, sino lo que no aparece, lo que le quitaron al país. El silencio que envían es mucho más sonoro que las cubanías con las que la usurpación trata de convencer. Son huecos negros que se tragan la atención que el régimen no encuentra como capturar. Por eso es que confiscan un medio e inmediatamente su rating se desmorona; lo primero que llega es el silencio, la censura que encubre el mensaje, antes que los gritos histéricos de algún jefe escarlata atragantado de revolución.

 

La verdad es un efecto de poder, pero el poder no es la represión, aunque pueda implicarla. El poder es una maraña sutil de alianzas, sinapsis, (corto) circuitos, encuentros y desencuentros, en un ámbito que comparten “amigos” y “enemigos”.

 

Cuando la represión sustituye las sutilezas del poder político como base de “la verdad”, esta adquiere el rostro estrafalario de la artimaña. Al final, Goebbels, el genio de la propaganda y maestro de todo fascista, desde el búnker de los suicidas ya no podía convencer.

 

El abismo por Tony Bianchi

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“El Profesor” nos recibió en la amplia terraza de su cómodo per no ostentoso apartamento con vista al mar. “Carramba,” nos dijo en su marcado acento extranjero añadiendo una R demás, “¡qué milagro! Venezolanos que llegan a la hora… Bueno pero en realidad ustedes son unos internacionales y han aprendido la importancia y lo cortés que es ser puntual”.

Después de un breve intercambio de cordialidades fue directamente al tema de la reunión: ” estoy sumamente preocupado por Venezuela… está al borde del abismo, no creo que se pueda salvar  porque no veo las condiciones  y le costará fácilmente unos quince años recuperarse económicamente y moralmente. ¡Qué lástima! Los seis años que viví en Venezuela fueron fabulosos, pero esos eran otros  tiempos en que el país y los venezolanos no progresaban suficientemente, pero que gozaban de plenas libertades y tranquilidad.”

Nos dijo que en parte Venezuela le recuerda a la Rusia que surgió luego del colapso de la Unión Soviética y en parte  la Rusia actual. En la primera instancia un gran número de mercaderes y ciudadanos se aprovecharon del despelote para adueñarse y saquear el país, incluyendo a  industrias del Estado que pasaron, juntos a muchas organizaciones en manos de la mafia y de especuladores irresponsables dando vida a una corrupción generalizada.

En lo actual, luego de controlar en gran parte a los saqueadores y todas las industrias clave, ha regresado cierto orden bajo un gobierno que pretende ser reconocido  como democrático pero que en realidad es una dictadura casi tan poderosa y cruel como la de Stalin.  El Profesor afirmó que la persecución de los disidentes ya se aproxima a los niveles de la Gestapo alemana  y el servicio secreto del estado simplemente ha cambiado nombre de KGB a FSB controlada por un jefe de estado que conoce muy bien el oficio porque  él fue jefe de la KGB.

En el año 2001 la última estación de televisión independiente, la NTV, fue adquirida por la compañía petrolera estatal Gazprom, ” ¿no les recuerda a Radio Caracas TV  y a Globovisión?”, nos preguntó.

“La embestida en contra de los disidentes en Rusia ha escalado, cosa que me temo podría pasar también en Venezuela. En el 2009  Sergei Magnitsky, un abogado de Moscú, que acusó a varios ministros de acaparamiento indebido de fondos del estado murió de repente a la edad de 37 años.  En enero de este año el disidente Alexander Dolmatov, quien se había escapado a Holanda, se suicidó al conocer que el gobierno holandés le había negado el asilo político y tenía que regresar a Rusia.  Finalmente, para completar el triste panorama ruso, las mismas autoridades de Moscú han admitido que en el año 2012 la increíble suma de 4.121 personas murieron bajo estado de arresto”.

“Mientras  PDVSA  se ve afectada por desastres por falta de mantenimiento, no aumenta su producción  y regala gran parte de su petróleo a Cuba y otros amiguitos, la economía está en picada y la inflación crece día tras día. Para poder mantener el control parece que el actual gobierno de Caracas no tiene otra intención que la de seguir los pasos de Rusia
y aumentar el uso de la mano dura.

“¿Y los venezolanos?”, se pregunta El Profesor anticipando nuestra interrogante,” de hijos de gobiernos paternalistas que administraban la riqueza petrolera han pasado a ser aprovechadores de la falta de controles y las libertades otorgadas por Chávez y sus seguidores  y a los malandros para seguir los pasos de la Rusia post Unión Soviética y saquear al país.

“Hoy en día son pocos los venezolanos que pueden decir que operan con juicio, trabajan y ganan su plata honestamente y se preocupan de su país. Oficialistas, arrimados, ladrones  y hombres de negocios sean ellos chavistas o antichavistas, todos tratan de salirse con la suya. Algunos  dependen de la ayuda  o participación de funcionarios del gobierno, otros  inventan formulas que le permite evadir las pocas reglas impuestas por el gobierno para obtener grandes ganancias. El interés personal de lejos sobrepasa el interés  nacional  dentro y fuera del gobierno.

“Leo que el gobierno ahora quiere atacar la corrupción. Lo siento, ya es muy tarde. La corrupción que empezó como una bola de nieve se ha convertido en una avalancha que nadie puede detener. Imagínese ustedes la reacción de los que  ya está acostumbrados a devengar jugosas ganancias, la mayoría de las cuales por cierto son ilegales,  cuando se le diga  ¡ya basta! De ahora en adelante se van a comportar como buenos muchachos porque  la fiesta se terminó.”

Volviendo al ejemplo de Rusia, El Profesor recuerda que  a Vladimir Putin le costó horrores y  la formación  de una fuerza policial súper preparada para contener y controlar la mafia y los corruptos aunque solo para que él mismo y su gobierno se adueñaran de los negocios más lucrativos.

Pero al mismo tiempo señaló, que al contrario de Venezuela, Putin se ha preocupado de los que se ha convertido en la principal fuente de ingreso de su país que es gas y petróleo y que en un memorándum  emitido en el 2003 instó a su tren  ministerial a dedicarse a la consolidación y a la expansión de la industrias energéticas “…para poder asegurar  la debida influencia geopolítica que Rusia se merece”  en lugar de dedicarse a la recuperación de su fuerza militar y nuclear y apegarse a la obsoleta ideología  Marxista-Leninista.

“Uno podía pensar que Cuba  y los Castros, con el fin de continuar recibiendo los favores del Régimen, tomaran el sartén por el mango y pusieran cierta orden  en el despelote venezolano. Después de todo  deberían haber aprendido  algo de los rusos. Pero  Cuba no está dando la talla  como no la ha dado a lo largo de 30 años de dictadura  durante la cual solamente  los servicios de inteligencia han funcionado,” constató El Profesor.

“¿Entonces cuál es la solución  para Venezuela? le preguntamos.

“Honestamente creo que primero Venezuela tiene que estrellarse por completo y que como resultado la cabeza de los venezolanos reciban unos golpes bien duros, para luego despertar, reflexionar y darse cuenta que tienen que reconstruir la patria, es decir volverse patrióticos, obrar honestamente y deshacerse de todos los defectos del pasado y del presente. Pero tal como dije al comienzo, desafortunadamente lo que le espera a Venezuela es una lenta y penosa transición que pienso no dure menos de 15 años.”

El monólogo perenne por Gonzalo Himiob Santomé @HimiobSantome

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Caracas 3

 

Todas estas tardes han terminado nubladas. El tráfico ha ido a poco a poco recuperando su arritmia de “clases regulares” y nuestra ciudad, Caracas, sale de las vacaciones a paso cansado y sin ánimos. Lo poco que queda del año, menos de cuatro meses, se anuncia como esos nubarrones que más o menos a las tres de la tarde ya empiezan a oscurecernos los días capitalinos. Vas en la cola, ya parte de nuestra diaria rutina, y ni siquiera la lentitud del tráfico te permite reposo. Tienes toda tu atención y tus esmeros puestos en la vía y en los retrovisores. Te desdoblas. Una parte de ti se ocupa de mover tu vehículo, dentro de lo que se puede, mientras otras se ocupan de escuchar las noticias que desde la radio te llegan entre canción y canción, de pensar en cómo harás para que te alcance para llevar el pan a la mesa y a la vez comprar los útiles escolares, y de evitar que el hampa decida que hoy es a ti a quien le toca rendirse, o caer, a sus pies.

 

Con respecto a la conmemoración del fallecimiento de Allende, y a propósito también de la infausta concreción de la denuncia del gobierno contra la Convención Americana de DDHH, en uno de estos espacios de oscura inmovilidad a los que nos fuerza la realidad en estos días, me di a la tarea de leer en las redes sociales las opiniones y expresiones de muchos oficialistas sobre tales hechos, pero no tardé en perderme en otros temas a la velocidad vertiginosa a la que se mueven las redes sociales en nuestra nación atribulada. Además de las notas cliché, tan semejantes que parecen salidas todas de la misma olla, todos los temas que se planteaban daban para mucho más que su simple consideración. Pasó con aquellos hechos, como ocurre hasta con los comentarios sobre el desempeño premundialista de nuestra Vinotinto y hasta con las fotos de bellas mujeres que se muestran en la web, lo que desde hace tiempo, demasiado diría yo, nos ha pasado: Los tomamos como base para discutir todo lo que nos pasa, tenga o no que ver con el tema de origen.

 

Desde acontecimientos de gran trascendencia internacional, hasta las lolas al aire o el “picón” supuestamente espontáneo de la vedette de turno, pasando entre los dos extremos por cuanto tema se asome al conocimiento general, a todo le sacamos punta para encarcelar nuestras palabras y comentarios tras los duros barrotes de la defensa de nuestras propias posturas políticas. Tal o cual famosa animadora termina, por ejemplo, su relación amorosa con tal o cual actor, y dependiendo de nuestras simpatías o antipatías la relacionamos automáticamente con cualquiera de los bandos políticos en pugna y la medimos con esa vara. Caen quejas sobre César Farías por lo que ha sido su papel como director técnico de nuestra selección y no perdemos la oportunidad, alentada por los exabruptos de Pedro Carreño entre otros, de acotar que nuestro fútbol estaría mejor o peor si una u otra fuera nuestra dirigencia política. Dudamel, la Sinfónica y la Coral Juvenil  “Simón Bolívar” descosen la lona en Salzburgo con la Sinfonía 3 de Mahler, y los unos y los otros nos ocupamos es de pelearnos sobre si eso es o no un logro “Hecho en Socialismo”. No nos damos cuenta de que, al buscarle a todo y automáticamente la veta política, nos encarcelamos voluntariamente en una dinámica que nos encapsula y aísla de las demás realidades con las que, nos guste o no, debemos convivir, bajo la mirada complaciente de aquellos a los que no les interesa que la polarización cese; y lo que es peor, perdemos la oportunidad de abrir espacios en los que sea lo positivo, lo que nos enlaza y nos identifica como gentilicio, lo que nos permita mirarnos como iguales contra lo que buscan y quieren quienes ganan, de bando y bando, al mantenernos separados y mirándonos los unos a los otros como boxeadores en esquinas distintas, supuestamente irreconciliables a muerte.

 

Peor es que muchas de nuestras reacciones ante todo lo que acontece, movidas desde nuestras entrañas por la inclemente polarización, no son debate ni intercambio. Nada fructífero, más allá de la simple descarga emocional, nace de estos “duelos” virtuales o mediáticos en los que todos hablan al aire de todo pero nadie termina, en realidad, diciendo algo significativo o concluyente. Para ello sería necesario que desde nuestros liderazgos hasta nosotros mismos tuviésemos, primero, la capacidad de colocarnos en el lugar del “otro”, validándole como interlocutor con derechos como los nuestros, comprendiéndole y aceptándole en su visión diferente; y luego, la de ser capaces de ceder, al menos en los aspectos no esenciales de nuestras posturas y valores, para lograr algunos acuerdos, algunos puntos de enlace o de identificación mínimos, que nos permitan, desde allí, desde lo que nos une (que no desde lo que nos separa) construir una nueva e indispensable forma de vinculación entre nosotros, por disímiles que sean nuestras posturas.

 

El punto es que hemos reducido nuestra capacidad de diálogo al insulto o a la simple expresión de lo que nos disgusta, sin tomar en cuenta además que la palabra dicha o escrita que no busca, valora o respeta a sus destinatarios no crea, sino destruye. No dialogamos, monologamos, y lo hacemos las más de las veces desde lo que nuestras tripas nos imponen, no desde la comprensión de que de todo intercambio entre personas cabe esperar vocación de trascendencia y el logro de un objetivo común. Veo todo esto y comprendo cómo es que todavía hay oficialistas que intentan hacerle creer al mundo que en nuestro país todo “está bien” cuando estamos por llegar a ser la nación con mayor inflación acumulada del planeta, cuando la gente literalmente se cae a golpes por un pollo o por unos paquetes de harina, cuando el hampa cobra las vidas de casi 60 ciudadanos al día y cuando en esta “potencia energética” no hay luz y hasta la gasolina y el gas tenemos que traerlos de otras naciones. Veo esto y comprendo cómo es que hay opositores, que aún sin pasearse por realidades distintas de las que ellos mismos viven, descalifican de entrada y desde la cintura todo lo que se diga desde la otra acera sólo porque es un oficialista el que lo dice.

 

Puro monólogo pues. Chávez fue el primero que lanzó esas piedras. Para él todo lo que ocurría, todo, tenía que ver con una ilusoria confrontación entre el “socialismo” y el “capitalismo”, y su discurso jamás tomó en cuenta a esa otra Venezuela que nunca le acompañó. Pero no han sido él, o Maduro ahora, los únicos que nos han hecho caer en esas trampas. Llevan su cuota de responsabilidad en esto algunos líderes opositores que también se ceban en la hiel del soliloquio perenne. El día que aceptemos, por difícil que sea, que debemos rescatar e insistir en el valor de la palabra, del intercambio y del diálogo, por encima de la estéril confrontación, toda esta debacle comenzará a trasegar el camino hacia su final.

Un hombre frente al micrófono por Yoani Sánchez @YoaniSanchez

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No sirvieron de nada los filtros. Los tantos ojos frente a los monitores en “el máster”, con dedos ágiles para cortar una señal, quitar el audio, descartar una cámara y pasar a otra que tome a la multitud… o al cielo. No sirvieron de nada los profesionales entrenados en la censura televisiva, en colocar el patrón de prueba o poner una cortinilla musical mientras se saca a ese “espontáneo” que dijo lo que no debía en una transmisión en vivo. No sirvieron de nada, porque un hombre frente al micrófono tomó una decisión de vida. Resolvió que primara la honestidad por sobre su propia carrera artística.

Robertico Carcásses estuvo en el momento justo y en el lugar indicado. No desaprovechó la ocasión y le soltó a la plana principal del régimen cubano lo que tantos pensamos.

 

Gracias Bobby, por el valor, la originalidad y por haberte dado cuenta de la gran oportunidad que tenías con tu voz y con tu arte.  ¡Gracias!

Fuente: Generación Y

Los gringos y la imaginación de izquierda por Ibsen Martínez @IbsenM

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I

Seymour Hersh, el extraordinario periodista estadounidense que hace treinta años denunció al mundo la masacre de Mai Lay y que recientemente desenmascaró muy fundadamente al mismísimo Rumsfeld como eminencia gris de las torturas a los prisioneros de guerra iraquíes, narra en uno de sus libros cómo en 1975, una vez cesaron las hostilidades en Vietnam, un coronel norvietnamita y otro americano se conocieron formando cada cual parte de las respectivas delegaciones que, en París, discutieron los términos de la paz entre ambos países.

La ocasión que Hersh atestigua fue de tipo más bien social y en ella, según él, tuvo lugar el siguiente cordial intercambio:

Coronel USA: “Ustedes nunca nos derrotaron en el campo de batalla”.
Coronel Vietnam del Norte: “Es posible, pero eso es absolutamente irrelevante”.
Ambos coroneles tenían razón.
En efecto, contrariamente al tópico mil veces tremolado por la izquierda planetaria durante más de tres décadas y según el cual la guerra de Vietnam fue un avatar más del tema de David y Goliath, la verdad histórica es que ni el ejército regular de Vietnam del Norte ni los cuerpos armados del Viet Cong, en el sur, lograron repetir la hazaña de Die Bien Phu en 1954.
Como se sabe, Dien Bien Phu fue la batalla final en la que el ejército colonial francés no sólo resultó cabalmente derrotado por los vietnamitas sino que le impuso una rendición en Indochina. Dien Bien Phu fue el principio del fin de la era colonial francesa que pocos años más tarde resultaría también derrotada en Argelia.
Llevaba, pues, mucha razón el coronel americano: la famosa ofensiva del Tet, desplegada en todo el territorio vietnamita a principios de 1968 que puso sitio a la antigua capital imperial, Hue, y llevó a las unidades del Viet Cong a penetrar el perímetro defensivo de la embajada americana en Saigón, no resultó al cabo en modo alguno decisiva ni condujo a una “rendición incondicional” de los contingentes americanos. Tampoco llevó, en el mediano plazo, a una reducción de la presencia gringa en el sureste asiático.
Todo lo contrario: la alarmante magnitud de la ofensiva del Tet sirvió sólo para llevar agua al molino de quienes en el Pentágono recomendaban una escalada de hombres y recursos para una guerra que el desmoralizado y corrupto ejército de Vietnam del Sur no podía ni soñar en ganar.

II

Los asedios como el de Keh San, en el que una hoy legendaria unidad de marines se vio cercada durante semanas por fuerzas que la quintuplicaban en número, fueron rotos todos llegado el momento y los sitiadores vietnamitas diezmados y forzados a retroceder.
Ciertamente, un hecho poco difundido hasta hoy ha sido el que aquellas acciones, que los generales de Ho Chi Minh habían concebido como definitivas, tuvieron un altísimo costo en bajas vietnamitas. En su resistencia a la cuidadosamente montada ofensiva, los soldados gringos de la 82 y 101 divisiones aerotransportadas causaron entre las unidades atacantes una mortandad sin precedentes, incluso para un ejército “de liberación” acostumbrado a hacer fuertes inversiones en carne de cañón.
De 1968 en adelante la presencia militar estadounidense, que ya era significativa desde 1965, no hizo sino crecer, los bombardeos de saturación aumentaron y con ellos las operaciones de búsqueda y destrucción, y estas con una sola consigna: atender al conteo de cadáveres enemigos para cruciales fines de prensa. Dos años más tarde, el conflicto se extendía a Camboya sin que ninguno de los dos bandos lograse imponer su voluntad al otro en todo el resto de la guerra, al menos no en el terreno de batalla.
Si es cierto que la llamada tercera guerra de Vietnam no ilustra en absoluto la fábula de David y Goliath , y si es verdad que en ella los vietnamitas no vencieron militarmente a los gringos con la contundencia y claridad con que lo hicieron al derrotar a los franceses en Dien Bien Phu, ¿quién derrotó entonces a la formidable máquina de guerra americana?
La respuesta correcta, y que ningún izquierdista de esos que Teodoro Petkoff llama “borbónicos” puede escuchar en calma, es que el vencedor del Pentágono no fue el glorioso pueblo vietnamita sino la mismísima sociedad estadounidense.
Los reflejos democráticos del cuerpo social americano, puestos en tensión por el vigoroso movimiento en pro de los derechos humanos y en contra de la guerra que signó aquella época, fueron los que, en definitiva, forzaron a Washington a poner fin a su intervención en el sureste asiático.
En ese sentido el coronel norvietnamita de mi cuento tenía también razón: es irrelevante decidir quién ganó en el campo de batalla porque lo único cierto es que la guerra fue derrotada políticamente en las calles, plazas, universidades, columnas de opinión, manifiestos, libros, interpelaciones parlamentarias y reportajes televisados por los valores de la democracia estadounidense recogidos en su constitución.
Vistas así las cosas, el fin de la guerra de Vietnam no lo dictó el Vietcong sino la democracia norteamericana.

III

Aquel intenso debate que se dio en el seno de la sociedad gringa puso fin, no sólo a la guerra sino, hablando en términos de reformas y enmiendas, también a la conscripción obligatoria por sorteo, origen de tanta injusticia como las que caracterizaron aquella guerra no declarada por el Congreso cuyas víctimas del lado americano fueron ostensiblemente víctimas negras, latinas y de esa categoría designada con crudeza por el habla coloquial como “white trash”: “basura blanca”: los blancos pobres.
Ese debate profundizador de la democracia no fue cosa tersa y de salón. Costó, en el terreno de los hechos, muchas vidas anónimas en los campos de batalla del sureste asiático y en los guetos de las ciudades americanas. También algunas vidas notorias, segadas por la barbarie ultraderechista, como las del reverendo Martin Luther King Jr. y la de Robert Kennedy, asesinados con meses de diferencia el año 1968, el mismo del mayo francés y la intervención soviética en Checoslovaquia.
Pero las cosas no suceden en vano, y ello es cierto hasta en ese proverbial país de paradojas que son los Estados Unidos: la demencial política que George W. Bush y los suyos persiguieron en Irak fue derrotada por los propios ciudadanos estadounidenses y por los anticuerpos que la constitución política de ese país sabe segregar ante los extravíos del poder y no por los atentados suicidas en territorio ocupado.
Con esto en mente debería juzgarse mejor el intercambio entre Obama y el Congreso de su país.

Entrevista al economista Orlando Ochoa @OrlandoOchoa

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Aquí nuestra entrevistas al economista Orlando Ochoa, donde habla sobre la inflación y esa “falta de un éxito económico de la revolución” que comentó el Ministro Merentes.

Orlando Ochoa, es economista de la Universidad de Los Andes, Premio Bicentenario ULA. Especialización en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Brasilia, Brasil; Maestría en Estudios del Sector Público en Universidad de Buckingham, Reino Unido; y PhD en Economía de Brasenose College, Universidad de Oxford, Reino Unido. Profesor agregado de la Escuela de Economía de la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela). Es columnista en El Universal desde 1997 y anteriormente en otros periódicos nacionales. En los últimos 18 años ha realizado distintos trabajos como consultor independiente de diversos organismos públicos y privados, así como de fundaciones internacionales, incluyendo la presidencia de la Comisión de Finanzas del Congreso Nacional (1995-98). Ha sido consultor en el sector petrolero, financiero e industrial; y ha colaborado en consultoría económica con organismos internacionales. Expositor en universidades y seminarios nacionales e internacionales. Además de artículo y ensayos especializados, publicó libro sobre patrones de crecimiento, cambio tecnológico y comercio internacional en economías avanzadas de OCDE (Macmillan Press, Londres, y St. Martin ‘s Press, Nueva York, 1996-97)

Sentido Común por Gerardo Blyde @GerardoBlyde

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Mi abuelo decía que el sentido más importante para un ser humano es el sentido común. Cuando de niño me topaba con algún problema y le preguntaba cómo resolverlo, siempre respondía igual: usa el sentido común. Me obligaba a pensar y a hallar las respuestas partiendo de las cosas más sencillas para llegar a las soluciones más complejas. Ya adulto, cuando me plantean un problema y una solución siempre contrapongo la solución que me dan al sentido común. Así puedo observar si es razonable o simplemente debe ser desechada por incongruente. Siempre hay algo dentro de la lógica que te dice si tiene sentido o no.

 

Todos tenemos una muy buena idea de lo que es el sentido común, aun cuando no podamos explicarlo con exactitud. Muchos han tratado de definirlo. Para el Drae es el “modo de pensar y proceder tal como lo haría la generalidad de las personas”; sin embargo, a esta definición le falta su relación con lo racional. Trout y Rivkin dijeron que el sentido común es “una facultad que posee la generalidad de las personas para juzgar razonablemente las cosas”. Más completa esta definición, pero pienso que aún le falta algo. Si entendemos facultad como aptitud o capacidad, diríamos entonces que el sentido común esla aptitud o la capacidad que tenemos los seres humanos para llegar a conclusiones lógicas derivadas de la experiencia y de la observación, a las que debe arribar el mayor número de personas al enfrentar diversos problemas.

 

El gobierno nacional luce entrampado dentro de un laberinto donde recorre siempre los mismos caminos para acabar chocando contra la misma pared. Incapaz de reinventarse, insiste en hacer lo mismo en cada una de sus líneas de acción para buscar solución a los grandes problemas que ahogan a los venezolanos. Pero, lejos de disminuirlos, siguen creciendo y multiplicándose

 

Ante cada problema siempre propone (y a veces ejecuta) las mismas soluciones: controla, destruye lo que lo adversa, culpa a los demás, nunca a sí mismo, trata de amedrentar y de silenciar, asume competencias o actividades que no le corresponden para terminar fracasando en cada una de ellas, y vuelve al control. Un círculo vicioso. Si esa fórmula no funciona ¿qué sentido (común) tiene insistir en ella? Su sentido común, estimado lector, como el mío, nos indican la misma respuesta: no tiene ningún sentido.

 

Veamos algunos ejemplos:

 

Ante la falta de viviendas, legisló y expropió desarrollos habitacionales en construcción. Prometió que las obras se terminarían, pero hizo quebrar a las constructoras. Al paso de los años, la mayoría de esos desarrollos se han vuelto elefantes blancos, cuyos terceros adquirentes han sido los principales perjudicados.

 

Ante la alta demanda y baja oferta de viviendas para alquiler, legislaron aplastando los derechos de los propietarios y haciendo a los inquilinos morosos los fuertes ante la ley, quebrando cualquier equilibrio o justicia. ¿La consecuencia? Desapareció por completo el mercado de renta de viviendas.

 

Ante su propia ineficacia para otorgar debidamente los dólares oficiales a los rubros e industrias a los que debían llegar -y no a los bolsillos de unos apátridas que se los robaron haciendo negocios cambiarios desangrando al país-, legislaron para establecer delitos cambiarios. Han debido corregir la falta y afinar los mecanismos de otorgamiento de divisas. Los peces gordos siguen libres y haciendo negociados, beneficiados por el control y al país se lo come la inflación y el desabastecimiento.

 

Ante la desbordada crisis de la salud pública, el Gobierno es incapaz de hacerle frente a la inmensa demanda de los venezolanos. En lugar de invertir en el rescate y establecimiento de una eficiente red hospitalaria del sector público para que el ciudadano no tenga que acudir a centros privados, legisló y reguló todas las clínicas privadas que ya comienzan a mostrar síntomas del colapso al que muy pronto sucumbirán.

 

Ante la incapacidad para contener la inmensa corrupción gubernamental para la que solo se requiere voluntad política y aplicar la legislación y los procedimientos vigentes, el Gobierno propone, sin ningún sentido, la misma receta: acusar a otros del mal que lo carcome por dentro y solicitar poderes especiales para legislar y aumentar las penas a cada tipo delictual.

 

Son solo ejemplos de lo errada y distanciada del sentido común que ha sido y sigue siendo la conducta reiterada del gobierno nacional, que nos tiene al borde de un precipicio a los venezolanos en una lucha diaria por sobrevivir. ¿Es que nadie allí tiene algo de sentido común como para ya saber que la receta que aplican para todo no funciona?