María Corina empieza a construir ese “nosotros” a través de un credo distinto. Ideas nuevas para el país, pero no para ella. Son sus ideas de siempre y por eso la gente le cree y la acompaña
“No soy una política de consensos. Soy una política de fuertes convicciones”. La frase es de 1979 y fue dicha por Margaret Thatcher. La forma de hacer política de la Dama de Hierro marcó un cambio de época en Inglaterra y logró consolidar, pese a las adversidades, un credo que la llevó a ganar las elecciones en tres ocasiones y que fue capaz de influenciar, incluso, a sus propios adversarios. 44 años después, la historia del triunfo de sus ideas y sus formas puede servir para dar algunas luces sobre lo que hoy tiene a muchos sorprendidos en el mundo político venezolano: el fenómeno María Corina Machado.
Machado es, sin duda, una política de convicciones. La más ideológica en el mapa de la oposición venezolana. Como Thatcher, es liberal en lo económico y, a diferencia de la inglesa, también lo es en lo político y en lo valórico. Desde el inicio de su carrera levantó sus banderas. La apuesta, para algunos, resultaba poco inteligente en un país donde el socialismo chavista había llevado al paroxismo la tan venezolana cultura estatista. Su resultado electoral en las primarias opositoras de 2012 parecía confirmar la tesis de los fanáticos del cálculo político. Ese año tan solo alcanzó el 3.7 %, un poco más de 100 000 votos. El resultado, ya lo sabemos, no la hizo claudicar y hoy se logra ver como uno de los primeros pasos que la han traído a consolidar su actual popularidad.
Los políticos opositores, más populares para ese entonces, hicieron una apuesta distinta. Intentaron jugar por estrategia o, en algunos casos, afinidad ideológica dentro del marco de la hegemonía dominante. Oponiéndose al chavismo, sí, pero sin desafiarlo en términos ideológicos. En ese campo optaron por el consenso y sus resultados electorales parecían demostrar que era una estrategia más rentable. Pero el objetivo de Machado era otro, buscaba construir un imaginario político distinto, un proyecto no inscrito en el corto plazo y que no ha caído en el chantaje del pequeño cálculo electoral.
Hoy, en una Venezuela arrasada por el chavismo, la hegemonía socialista parece haber muerto o estar en profunda agonía. El vacío dejó innumerables demandas insatisfechas y aisladas sin una narrativa de “nosotros”. Conceptos e ideas, para aquel entonces incuestionables, fueron destronadas por su propio fracaso. Algunos, aún sin entender esto, siguen apostando por la lógica de jugar dentro de unos códigos promovidos por el chavismo y le hablan a un país que ya no existe. Las encuestas demuestran ahora que su estrategia ya no renta como entonces.
Por su parte, María Corina consigue el escenario ideal para terminar de mover el eje ideológico de Venezuela. Como también lo hizo Thatcher en Inglaterra. Su narrativa da explicaciones claras y profundas de la destrucción del país. Denuncia a sus responsables en una dimensión moral, política e ideológica. Empieza a construir ese “nosotros” a través de un credo distinto. Ideas nuevas para el país, pero no para ella. Son sus ideas de siempre y por eso la gente le cree y la acompaña.
Su actual popularidad también responde a otras variables: el desencanto con la dirigencia tradicional opositora, una campaña movida a través de la necesidad del reencuentro familiar, donde saca provecho de su rol de madre distanciada de sus hijos, la correcta canalización de la rabia acumulada en los venezolanos; pero su coherencia y haber apostado siempre por ser contraste de la tragedia del socialismo del siglo XXI, sin duda, son las razones más potentes. Hoy los números la acompañan.
* Politólogo y periodista. Maestrando en Comunicación Política.
Las opiniones emitidas por los articulistas son de su entera responsabilidad y no comprometen la línea editorial de RunRun.es



