Derechos sin revés: La paz es un valor, un principio y un objetivo

 

La paz no sólo es la ausencia de conflictos. Tampoco es una abstracción. La paz es un derecho humano del que todas las personas, grupos y pueblos son titulares. Todos tienen derecho a vivir en paz, a una paz justa, sostenible y duradera, según lo proclama la Unesco.

La paz es un concepto amplio y positivo que abarca el derecho a ser educado en y para la paz; el derecho a la seguridad humana y a vivir en un entorno seguro y sano; el derecho al desarrollo y a un medio ambiente sostenible; el derecho a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia frente a actividades que supongan amenazas contra la paz; el derecho a la resistencia contra la opresión de los regímenes que violan los derechos humanos; el derecho a exigir a todos los Estados un desarme general y completo; las libertades de pensamiento, opinión, expresión, conciencia y religión; el derecho al refugio; el derecho a emigrar y participar en los asuntos públicos del Estado en el que se resida; y el derecho a la justicia, a la verdad y a la reparación efectiva que asiste a las víctimas de violaciones de los derechos humanos.

El profesor de Derecho Internacional y expresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Héctor Gros Espiell (2005), en El derecho humano a la paz, señala que la paz también es una aspiración universal fundada en una idea común a todos los miembros de la especie humana. Es un valor, un principio y un objetivo que anida en la mente y en el corazón de todos los seres humanos.

En realidad, la cultura de paz trasciende los límites de los conflictos armados para hacerse extensiva en todos los espacios posibles: las escuelas y los lugares de trabajo del mundo entero, los parlamentos y las salas de prensa, las familias y los lugares de recreación.

Naciones Unidas también ha establecido que convivir en paz consiste en aceptar las diferencias y tener la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás, así como vivir de forma pacífica y unida. Es un proceso positivo, dinámico y participativo en que se promueva el diálogo y se solucionen los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos.

En efecto, la Asamblea General, al reconocer la necesidad de eliminar todas las formas de discriminación e intolerancia, en su resolución 72/130, declaró el 16 de mayo como el Día Internacional de la Convivencia en Paz, y enfatizó la importante función de la sociedad civil, incluidos el mundo académico y los grupos de voluntarios, en el fomento del diálogo entre religiones y culturas.

La Declaración del Milenio establece la importancia de propiciar sociedades pacíficas, justas e inclusivas que estén libres del temor y la violencia. No puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible, sostiene la ONU.

De acuerdo con la Unesco, la paz, el desarrollo y la democracia forman un triángulo interactivo. Los tres se requieren mutuamente. Sin democracia no hay desarrollo duradero: las disparidades se hacen insostenibles y se desemboca en la imposición y el dominio.

Además, la paz, en alianza con los derechos humanos, no podrá hacerse eco de discriminaciones, ni proponer nuevas formas de exclusión. No puede haber ganadores ni perdedores. Promueve la inclusión dentro de la sociedad y la reparación a las víctimas.  

Los derechos humanos y la paz son una convocatoria a pensar, hablar e idear formas más armónicas de convivencia y en ese ejercicio de imaginar sociedades más justas surge la cultura de la paz y su estrecha relación con los derechos humanos porque cuando se promueve la comprensión, el respeto y la solidaridad, en realidad se propicia el logro de una convivencia más justa, libre y respetuosa de la dignidad humana.

Todo eso depende de una tarea compleja que requiere el compromiso de las autoridades y el  apoyo de todos para generar cambios estructurales que faciliten la convivencia, el arreglo pacífico de los conflictos, el respeto y el entendimiento mutuo, la promoción de la democracia, la plena vigencia de los derechos humanos y las libertades, la construcción del diálogo, la negociación, la búsqueda de consenso, la promoción del desarrollo económico y social, la eliminación de toda forma de discriminación, entre otras muchas acciones.

La paz también persigue eliminar todas las manifestaciones de racismo, xenofobia, marginación, discriminación e intolerancia. Implica fortalecer la educación para la democracia, la responsabilidad cívica, el pensamiento crítico, la tolerancia y la solución no violenta de los conflictos.

 

La paz no sólo es la ausencia de conflictos. Tampoco es una abstracción. La paz es un derecho humano del que todas las personas, grupos y pueblos son titulares. Todos tienen derecho a vivir en paz, a una paz justa, sostenible y duradera, según lo proclama la Unesco.

La paz es un concepto amplio y positivo que abarca el derecho a ser educado en y para la paz; el derecho a la seguridad humana y a vivir en un entorno seguro y sano; el derecho al desarrollo y a un medio ambiente sostenible; el derecho a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia frente a actividades que supongan amenazas contra la paz; el derecho a la resistencia contra la opresión de los regímenes que violan los derechos humanos; el derecho a exigir a todos los Estados un desarme general y completo; las libertades de pensamiento, opinión, expresión, conciencia y religión; el derecho al refugio; el derecho a emigrar y participar en los asuntos públicos del Estado en el que se resida; y el derecho a la justicia, a la verdad y a la reparación efectiva que asiste a las víctimas de violaciones de los derechos humanos.

El profesor de Derecho Internacional y expresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Héctor Gros Espiell (2005), en El derecho humano a la paz, señala que la paz también es una aspiración universal fundada en una idea común a todos los miembros de la especie humana. Es un valor, un principio y un objetivo que anida en la mente y en el corazón de todos los seres humanos.

En realidad, la cultura de paz trasciende los límites de los conflictos armados para hacerse extensiva en todos los espacios posibles: las escuelas y los lugares de trabajo del mundo entero, los parlamentos y las salas de prensa, las familias y los lugares de recreación.

Naciones Unidas también ha establecido que convivir en paz consiste en aceptar las diferencias y tener la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás, así como vivir de forma pacífica y unida. Es un proceso positivo, dinámico y participativo en que se promueva el diálogo y se solucionen los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos.

En efecto, la Asamblea General, al reconocer la necesidad de eliminar todas las formas de discriminación e intolerancia, en su resolución 72/130, declaró el 16 de mayo como el Día Internacional de la Convivencia en Paz, y enfatizó la importante función de la sociedad civil, incluidos el mundo académico y los grupos de voluntarios, en el fomento del diálogo entre religiones y culturas.

La Declaración del Milenio establece la importancia de propiciar sociedades pacíficas, justas e inclusivas que estén libres del temor y la violencia. No puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible, sostiene la ONU.

De acuerdo con la Unesco, la paz, el desarrollo y la democracia forman un triángulo interactivo. Los tres se requieren mutuamente. Sin democracia no hay desarrollo duradero: las disparidades se hacen insostenibles y se desemboca en la imposición y el dominio.

Además, la paz, en alianza con los derechos humanos, no podrá hacerse eco de discriminaciones, ni proponer nuevas formas de exclusión. No puede haber ganadores ni perdedores. Promueve la inclusión dentro de la sociedad y la reparación a las víctimas.  

Los derechos humanos y la paz son una convocatoria a pensar, hablar e idear formas más armónicas de convivencia y en ese ejercicio de imaginar sociedades más justas surge la cultura de la paz y su estrecha relación con los derechos humanos porque cuando se promueve la comprensión, el respeto y la solidaridad, en realidad se propicia el logro de una convivencia más justa, libre y respetuosa de la dignidad humana.

Todo eso depende de una tarea compleja que requiere el compromiso de las autoridades y el  apoyo de todos para generar cambios estructurales que faciliten la convivencia, el arreglo pacífico de los conflictos, el respeto y el entendimiento mutuo, la promoción de la democracia, la plena vigencia de los derechos humanos y las libertades, la construcción del diálogo, la negociación, la búsqueda de consenso, la promoción del desarrollo económico y social, la eliminación de toda forma de discriminación, entre otras muchas acciones.

La paz también persigue eliminar todas las manifestaciones de racismo, xenofobia, marginación, discriminación e intolerancia. Implica fortalecer la educación para la democracia, la responsabilidad cívica, el pensamiento crítico, la tolerancia y la solución no violenta de los conflictos.

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La paz no sólo es la ausencia de conflictos. Tampoco es una abstracción. La paz es un derecho humano del que todas las personas, grupos y pueblos son titulares. Todos tienen derecho a vivir en paz, a una paz justa, sostenible y duradera, según lo proclama la Unesco.

La paz es un concepto amplio y positivo que abarca el derecho a ser educado en y para la paz; el derecho a la seguridad humana y a vivir en un entorno seguro y sano; el derecho al desarrollo y a un medio ambiente sostenible; el derecho a la desobediencia civil y a la objeción de conciencia frente a actividades que supongan amenazas contra la paz; el derecho a la resistencia contra la opresión de los regímenes que violan los derechos humanos; el derecho a exigir a todos los Estados un desarme general y completo; las libertades de pensamiento, opinión, expresión, conciencia y religión; el derecho al refugio; el derecho a emigrar y participar en los asuntos públicos del Estado en el que se resida; y el derecho a la justicia, a la verdad y a la reparación efectiva que asiste a las víctimas de violaciones de los derechos humanos.

El profesor de Derecho Internacional y expresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Héctor Gros Espiell (2005), en El derecho humano a la paz, señala que la paz también es una aspiración universal fundada en una idea común a todos los miembros de la especie humana. Es un valor, un principio y un objetivo que anida en la mente y en el corazón de todos los seres humanos.

En realidad, la cultura de paz trasciende los límites de los conflictos armados para hacerse extensiva en todos los espacios posibles: las escuelas y los lugares de trabajo del mundo entero, los parlamentos y las salas de prensa, las familias y los lugares de recreación.

Naciones Unidas también ha establecido que convivir en paz consiste en aceptar las diferencias y tener la capacidad de escuchar, reconocer, respetar y apreciar a los demás, así como vivir de forma pacífica y unida. Es un proceso positivo, dinámico y participativo en que se promueva el diálogo y se solucionen los conflictos en un espíritu de entendimiento y cooperación mutuos.

En efecto, la Asamblea General, al reconocer la necesidad de eliminar todas las formas de discriminación e intolerancia, en su resolución 72/130, declaró el 16 de mayo como el Día Internacional de la Convivencia en Paz, y enfatizó la importante función de la sociedad civil, incluidos el mundo académico y los grupos de voluntarios, en el fomento del diálogo entre religiones y culturas.

La Declaración del Milenio establece la importancia de propiciar sociedades pacíficas, justas e inclusivas que estén libres del temor y la violencia. No puede haber desarrollo sostenible sin paz, ni paz sin desarrollo sostenible, sostiene la ONU.

De acuerdo con la Unesco, la paz, el desarrollo y la democracia forman un triángulo interactivo. Los tres se requieren mutuamente. Sin democracia no hay desarrollo duradero: las disparidades se hacen insostenibles y se desemboca en la imposición y el dominio.

Además, la paz, en alianza con los derechos humanos, no podrá hacerse eco de discriminaciones, ni proponer nuevas formas de exclusión. No puede haber ganadores ni perdedores. Promueve la inclusión dentro de la sociedad y la reparación a las víctimas.  

Los derechos humanos y la paz son una convocatoria a pensar, hablar e idear formas más armónicas de convivencia y en ese ejercicio de imaginar sociedades más justas surge la cultura de la paz y su estrecha relación con los derechos humanos porque cuando se promueve la comprensión, el respeto y la solidaridad, en realidad se propicia el logro de una convivencia más justa, libre y respetuosa de la dignidad humana.

Todo eso depende de una tarea compleja que requiere el compromiso de las autoridades y el  apoyo de todos para generar cambios estructurales que faciliten la convivencia, el arreglo pacífico de los conflictos, el respeto y el entendimiento mutuo, la promoción de la democracia, la plena vigencia de los derechos humanos y las libertades, la construcción del diálogo, la negociación, la búsqueda de consenso, la promoción del desarrollo económico y social, la eliminación de toda forma de discriminación, entre otras muchas acciones.

La paz también persigue eliminar todas las manifestaciones de racismo, xenofobia, marginación, discriminación e intolerancia. Implica fortalecer la educación para la democracia, la responsabilidad cívica, el pensamiento crítico, la tolerancia y la solución no violenta de los conflictos.

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