- Baja de una vez al último sótano, en todos los anteriores están unos tipos que no hacen otras cosa que mandarte a descender, como si estuviesen pagados por Caronte mesmo.
- Una vez en el último sótano, incluso allí, encontrar estacionamiento es tarea dura, pero luego debes tomar papel y lápiz y anotar color, número y letra si quieres volver a conseguir tu carro alguna vez.
- Lo siguiente que debe hacerse es realizar un plano mental del recorrido realizado desde el sótano hasta el primer punto de referencia dos o tres pisos más arriba. Recuerden que en el sótano los puntos cardinales no funcionan debido a que no hay Ávila.
- Ya en el centro comercial, sobreviene lo más difícil: Uno es víctima de lo que llaman el efecto de mostración, porque ignoraba la cantidad de cosas que necesitaba para ser feliz. Frente al pelador de aguacates uno se dice: “un pelador de aguacates es indispensable en todo hogar… ¿Cómo pude sobrevivir sin esto?”.
- La dificultad anterior no es la peor, sino mantener la coherencia entre los pasillos que, cual laberinto del minotauro, te llevan de una a otra plaza y la relación de tus movimientos en la superficie con el esquema mental del sótano. Todo esto mientras el cerebro retiene y compara precios.
- Si lo anterior es duro, imagínense, como añadido, lo que significa el moverse entre la gentará ociosa que solo va a mirar y a eso que antes se llamaba “tirar físico”.
- Después viene el regreso al carro. Como en el poema de Andrés Eloy Blanco: Desbaratando encajes regresas hasta el hilo automotor. Hallar el carro es siempre una felicidad: Te da algunas certezas vitales al borrarte la duda de si tú efectivamente tienes el carro que dices tener.
- Una vez en el vehículo debes mentalizarte: La tranca de la ciudad comienza en el sótano cuatro pisos debajo de Caracas. Como ya pagaste el ticket de estacionamiento y tienes 15 minutos para salir, comienza a invadirte la angustia de que llegues al torniquete con el ticket vencido y tengas que volver al sótano cuatro para estacionar y repagar una y otra vez, hasta que se vaya Esteban de Jesús, es decir, hasta el fin de los tiempos.




