Reuben Morales
He aquí la historia de dónde viene la esclavitud en las fincas del sur del Lago…
En el año 1791, en una hacienda al sur del Lago de Maracaibo, cuenta la historia que se dio un amor imposible. Un amor, que en teoría no debió darse, pero que por las fuerzas del sentimiento se consumó. Ella era una esclava de la finca explotadora; él, un capataz explotador de la finca. Ella, revolucionaria; él, oligarca. Ella, Juliana Ron y él, Miguel Henrique. Ambos, enamorados, se escaparon una noche de verano hacia las caballerizas y engendraron a una niña que daría de qué hablar por su estirpe mezclada de “niní” (o “tití”, porque tenía de un lado y tenía del otro): era Ichaura Henrique Ron.
Como Ichaura era esclava, y además producto de una unión que en la práctica no podía vivir como una familia normal, fue adoptada por los dueños de la finca. Estos sí eran una familia que vivía unida. Su principal característica es que eran “ninís”, como ella, porque sólo buscaban producir tranquilos sin meterse en política, pues eso no era asunto de ellos. Se trataba del encomendador Cisneros y su esposa Gertrudis Camero de Cisneros.
De esta manera, fue como Ichaura vivió su niñez y su adolescencia de manera tranquila hasta que en 1810, a sus 19 años de edad, regresó a la hacienda el verdadero hijo natural del matrimonio Cisneros Camero: el joven Leoncio Rafael. Él era un muchacho altanero y malcriado que acostumbraba a hacer lo que le venía en gana, por lo que conocer a la esclava Ichaura no fue la excepción. Al contemplar su belleza y ver lo exótica que era, se puso entre ceja y ceja un objetivo: invadir su corazón para expropiar su amor.
Todos estaban en contra de la idea, pero a Leoncio Rafael le importó tres pitos. Él invadió la finca e hizo y deshizo en ella con el solo objetivo de conseguir el amor de la esclava Ichaura. Ofreció mejores salarios, prometió la libertad a todos los esclavos para que fueran los verdaderos dueños de la finca y garantizó que todos los productos ahí producidos tendrían compra segura en los nuevos canales de distribución. No obstante, a la larga todo resultó un desastre: la producción de la finca se fue a pico, los salarios empeoraron porque Leoncio Rafael era el único empleador y pagaba lo que le daba la gana y, por último, nadie se atrevía a quejarse de la situación, ya que los podían dejar sin empleo y eso era algo muy difícil de conseguir en el sur del Lago.
Por eso, para tratar de combatir las ansias destructoras que Leoncio Rafael tenía por su obsesión hacia la esclava Ichaura, el encomendador Cisneros y su madre Gertrudis Camero de Cisneros decidieron convenir un matrimonio para meter a Leoncio Rafael en cintura. Así fue como lo emparentaron a la fuerza con la acaudalada hija del Coronel Sanders: la señorita Malvina Clinton.
Aprovechando el evento, el encomendador y su esposa hicieron lo imposible por darle la libertad a la esclava, pero en el intento murieron. Sumado a esto, Miguel Henrique, padre natural de Ichaura, trató de comprar la libertad de su hija con los ahorros de toda su vida, pero cuando fue a hacer la transacción, se dio cuenta de que la inflación se había comido todas sus morocotas y cuando busco hacer algo por la vía del trueque, se dio cuenta de que en el sur del Lago era muy difícil conseguir de aquella lechuga verde.
Temiendo seguir por siempre en las garras de Leoncio Rafael, Ichaura escapó una noche a otra hacienda que no había sido invadida porque quedaba muy apartada y no tenia sistema de agua y luz de la calle; sino que debía autoabastecerse de una laguna con un sistema de bombas que, de sólo pensarlo, a Leoncio Rafael le parecía un fastidio invadirla. En esta nueva hacienda, Ichaura es recibida por otra perseguida por Leoncio Rafael: la señorita Tomasia Poleo. Es en este nuevo hogar, donde Ichaura conoce al verdadero amor de su vida, el abolicionista Álvaro Goicochea.
Fue un flechazo a primera vista. Álvaro Goicochea no perdió ni un minuto en estar con ella. Así fue como la invitó a un baile al que irían todas las amistades del sur del Lago. Una vez allí, todo fue magia entre la nueva pareja a medida que bailaban cada pieza. Lo que no sabían ellos, es que colados entre los invitados había hombres del SEBIN (Seccional de Becerreros Interesados) enviados por Leoncio Rafael con el objetivo de secuestrar a la esclava Ichaura. Sólo esperaron el momento en que ella fue al baño a retocarse, y entraron, la amarraron, la amordazaron y la llevaron de vuelta a la hacienda tomada por Leoncio Rafael. Cuando todos le informaron a Álvaro Goicochea de lo ocurrido, éste no se alarmó, pues sabía que existía una forma pacífica e inteligente de tener a Ichaura de vuelta en sus brazos.
Cuando salió el sol a la mañana siguiente, Álvaro Goicochea se monto en su caballo y se dirigió a la finca tomada por Leoncio Rafael para hacerle una oferta a la que sabía no se resistiría: le compraría la hacienda con las 500 mil morocotas que se ganó con el premio aquel que le otorgaron en el exterior. Con semejante cantidad de dinero enfrente, Leoncio Rafael no se resistió y accedió, por lo que terminó sucediendo lo que Álvaro Goicochea siempre vaticinó hacia sus adentros: “un invasor dice que la finca es de él, hasta que puede venderla para hacerse millonario”.
Así fue como Leoncio Rafael terminó de patitas en la calle, pero millonario. Por su parte, la finca volvió a manos de Ichaura y todo comenzó a mejorar en ésta, empezando por el hecho de que Ichaura dejó de ser esclava cuando Álvaro Goicochea le regaló todos los títulos de propiedad de la finca como muestra del amor que le tenía.
Es así como termina la famosa historia de la esclava Ichaura. Una novela en la que los protagonistas, como siempre, terminaron muy felices, pero siempre haciéndose una misma pregunta que no los dejaba dormir tranquilos: ¿qué hará Leoncio Rafael para el 1812?




