Alejandro Lezama nació en Tucupita el 9 de febrero de 1918. Se vino a Caracas en 1936 y estudió en la escuela “República del Brasil” que quedaba en Cuartel Viejo, en la avenida Baralt. Después ingresó a la Escuela de Grumetes de la Marina donde sirvió por 3 años y conoció a Wolfang Larrazábal, dato que nunca omite.
En 1944 comenzó a ir a los juegos de pelota en el estadio de San Agustín , para apoyar a los Leones de Arauco, así que para 1946, cuando fue fundada la Liga Venezolana de Beisbol Profesional, “el Corneta” ya llevaba rato animando a los capitalinos, ahora convertidos en “Cervecería Caracas”.
Aunque a muchos les cueste creerlo, Lezama jamás ha sido empleado del Caracas. “No he cobrado, ni cobraré” dice con energía. Viaja con el equipo y recibe unos viáticos para su alimentación y también hospedaje, además del uniforme: “Me tratan como un pelotero” dice y se le nota orgulloso.
Vive de su pensión de vejez, es jubilado del INOS y después de 10 años de retiro y 30 de servicio, aún no ha cobrado sus prestaciones aunque ganó el juicio al Estado y hay sentencia firme.
Sin embargo eso parece no quitarle demasiado el sueño, a él lo que lo desvela es que el Caracas entre en una mala racha.
Ha paseado por todos los estadios de Venezuela y el Caribe acompañando a los Leones y con su corneta y su guante de goma espuma con el tricolor nacional se ha convertido en un icono del beisbol venezolano.
Recorrer la historia de nuestra pelota es un privilegio. Tiene juegos completos en su prodigiosa memoria y a ello apela cada vez que al Caracas le entran a palos.
“Esa no es diferencia” – dice con optimismo y recuerda cualquier juego en el que el equipo vino de atrás y dejó en el terreno al contrario.
Siempre es fascinante y aleccionador conversar con un viejito, con cualquiera, compartir su historia, hurgar en su memoria, escuchar sus anécdotas y consejos, pero imagínense que los cuentos de Lezama tienen que ver con la vida del beisbol.
Fue un gran bailarín en sus años mozos, incluso ganó un concurso de baile en Hotel Ávila en aquellos dias de “En el Ávila es la cosa”.
Así que tiene montones de recuerdos, de beisbol, de Tucupita, de Caracas, de sus dias de grumete y ahora de las travesuras de sus nietos y bisnietos.
Si uno le pregunta quién es el mejor pelotero del Caracas, de inmediato responde “Carrasquelito, como pelotero y como amigo”. Siempre destaca que “Ese chino se bajaba del avión y se venía al juego”.
En todos los estadios del país se le reconoce y no pocos fanáticos de otros equipos se toman fotos con él.
Por eso sorprendió la decisión de la gerencia de los Tiburones de La Guaira, de impedirle estar en la tribuna en el juego del pasado domingo.
Según cuenta el “Corneta’ o “Chivita” como también le llama la gente del beisbol, él estaba en la tribuna animando, como siempre lo hace, uniformado y con su trompetita que por cierto ya casi no suena, cuando se le acercó uno de los directivos del Caracas a pedirle que dejara la tribuna para evitar problemas, ya que el alto mando de Tiburones rechazaba su presencia.
Le molestó la decisión pero igual atendió la sugerencia y bajó al dogout a vestirse “de paisano” y subió de nuevo.
Reconoce que cantó “eliminado ¡Uh!”, canto que le aplican a los Tiburones desde hace décadas, así como la barra tiburonera le dice a los Leones “gaticos”.
Al parecer, piensa Lezama, eso molestó muchísimo en el lado de La Guaira y esta vez fue la seguridad del home club la que le pidió que abandonara la tribuna. Resalta Alejandro Lezama que los muchachos fueron amables, considerados y respetuosos y asegura que hasta pena tenían cuando le dijeron que debía irse.
Otra vez el mismo directivo de Leones le pidió que atendiera la “invitación” a dejar la tribuna y así lo hizo, terminó de ver la contundente victoria del Caracas desde el dogout, pero con el malestar después del episodio narrado.
Uno de los argumentos esgrimidos es que “si la Samba no entra, Lezama tampoco” lo curioso es que la Samba no entra desde hace años y esta decisión se toma justo en el inning en el que Leones anotó 6 carreras.
La samba estuvo por años aupando a Tiburones aunque no fueran home club, hasta una noche en la que decidieron no cumplir con el trato de no tocar durante el trabajo de los lanzadores. Pero más allá de si hubo razones para no dejarlos estar cuando el Caracas es anfitrión, no es comparable la samba a Lezama.
Se dice que “las mascotas” no deben estar si su equipo no es home club, como si Lezama fuese una “mascota”, ya la sola comparación es más que lamentable.
También dicen que cuando “Chivita” pasea por el lado derecho “está provocando” .
Siempre los fanáticos, que es lo que es Alejandro Lezama, han molestado a los otros y ese chalequeo es parte de la convivencia, siempre se ha soportado. ¿Por qué tanta sensibilidad?
El popular “Piyiyo” pasea por la tribuna del Caracas y nadie se siente provocado, está claro que está divirtiéndose y solo pasea por ese lado cuando Zulia está ganando, justamente para burlarse.
Los guairistas le gritan al Caracas “ahora gatico, cálate la samba” y eso no es provocación.
Son impelables las urnas que llevan el cadáver del contrario en las finales. Esa convivencia es una característica maravillosa de nuestro beisbol y debemos defenderla.
¿O qué queremos, que haya una cerca que divida la tribuna entre los fanáticos del home club y los “enemigos” porque sino es una provocación?
¿Qué la samba debe estar presente? Es algo que sería sano discutir, porque es innegable que también forman parte del espectáculo y es sabroso gritarles “ahora sardina, tócame la samba” , cuando no están esa arenga no tiene sentido.
Y bueno, ojala quienes tomaron esa decisión tengan una vida tan feliz y larga como la que ha tenido Alejandro Lezama y que no los traten nunca de esa manera, porque eso de “ojo por ojo” solo deja tuertos.








