Los últimos acontecimientos nos obligan a presentar una posición y hacer un llamado de atención a los principales actores políticos del Gobierno acerca de su responsabilidad en los actuales momentos y la necesidad de dejar de pensar en mantener su parcela de poder y dar un paso al frente por la política del país, por la estabilidad y la paz que nuestra nación requiere.
El 14 de abril de 2013 se llevó a cabo una importante elección donde participaron millones de venezolanos. Más allá del resultado, de la proclamación de un candidato y su efectivo ejercicio del poder, existen dudas razonables, sustentadas y comprobadas respecto a la transparencia del proceso, y por ende de la exactitud de sus resultados.
Hagamos un paralelismo: si en una escuela o liceo se generan situaciones que nos hagan sospechar que un estudiante haya obtenido la mayor calificación por sobornos o presiones varias, es obligación del personal docente de la institución llevar una exhaustiva investigación y, en caso de comprobarse tales delitos, reprobar a este estudiante, sea quien sea.
En eso estamos claros. Pues bien, parece que en esta escuela los profesores y la dirección del plantel consideran a cierto alumno intocable. Pese a que, del resto de la comunidad, 7 de cada 10 venezolanos consideran que el examen del 14 de abril debe ser revisado a profundidad.
Lo peor es que, además, quienes se mantienen en el poder, en vez de reflexionar acerca de los resultados y reconocer a la otra mitad del país, ha decidido actuar de forma despiadada en el aniquilamiento de quienes piensan distintos: aniquilarlos moralmente y hasta económicamente. La medición de la democracia a partir de cantidad de elecciones celebradas resulta absurda. La calidad del sistema también se debe calificar, y las amenazas a medios de comunicación, la soberbia de algunos funcionarios del Gobierno, las presiones psicológicas a los servidores públicos y los maltratos a los que fueron sometidos quienes salieron a manifestar su descontento con el turbio resultado de las elecciones son tan sólo ejemplos que deben alarmarnos y, sobre todo, llevar a los actores políticos (especialmente a quienes ostentan el poder) a hacer un llamado al diálogo y a la paz del país.
Fuente: Últimas Noticias







