¡Si te pegan, tú pegas! por Blanca García Bocaranda

Cada 30 de enero se conmemora  el “Día Internacional de la NO violencia”, por lo cual los estudiantes que hacen pasantías en el Programa de Medicina Comunitaria del Centro Médico Docente La Trinidad colocaron lazos morados a quienes circulaban por la institución para sensibilizarles sobre el alerta.

Entendiendo que oraciones como ésta son especialmente conocidas por los adultos significativos que por primera vez permiten que sus pichones se aventuren fuera del nido como mensaje de protección ante los potenciales riesgos que enfrentarán en el mundo sin su supervisión que ofrece la escuela. En otras palabras, una frase tan sencilla como esta tiene implicaciones importantes para estos novicios que apenas salen de casa y para quienes aún lo que digan papá y mamá es definitivamente la ley.  Esta expresión es perfectamente cónsona con el carácter de reciprocidad de consecuencias (rayando casi en la venganza) establecido poco más de 1700 años antes de Cristo a través del código Hammurabi, quizás más popularmente conocida como la ley del Talión o el famoso “ojo por ojo”. Es parte de esas “perlas de sabiduría parental” que ofrecemos a nuestros hijos cuando no estén bajo la tutela de otros adultos compartiendo con sus pares en la escuela.

A estas alturas de la historia de la humanidad, aún será apropiado utilizar patrones como estos para la enseñanza de la resolución de conflictos para nuestros hijos? Será que la ley del Talión aún está vigente en nuestros días?

“Sin hacer análisis especialmente exhaustivos la respuesta sencilla pareciera ser afirmativa y quizás sea esta una de las múltiples razones por la cual la violencia escolar se ha transformado hoy en día en un problema de salud pública mundial”, advierte Ricardo Montiel, médico de adolescentes del Centro Médico Docente La  Trinidad.  Quién no ha leído o al menos escuchado sobre situaciones de violencia que han escalado progresivamente en los últimos años, tanto fuera como dentro de nuestro país?  No nos equivoquemos, LA VIOLENCIA ESTA CADA VEZ MÁS CERCA DE NUESTROS HIJOS. Violencia que no distingue estratos socioeconómicos, ni religión ni genero. Violencia que se manifiesta desde  la simple agresión verbal en el patio de la escuela hasta los horrendos asesinatos en  colegios. Violencia que hoy  es denominada   acoso o Bullying. Cuando la escuela es la protagonista el acoso escolar  se manifiesta de muchas maneras, pero sin duda el denominador común es la presión de uno o más individuos sobre otros para hacer algo que no desean voluntariamente hacer o utilizar diferentes estrategias para establecer dominancia de una persona o grupo sobre los demás, más comúnmente para establecer “niveles de popularidad”. En los últimos años el acoso o bullying se ha trasformado en un problema de salud pública, tanto así que el presidente Barack Obama se ha referido a la misma en diferentes oportunidades en sus discursos del 2012.

Desafortunadamente, ante esta realidad la mayoría de las personas, aún las afectadas de forma directa o indirecta, parecieran indiferentes o al menos siguen fielmente el primer mandamiento de supervivencia escolar, “NO SOPLARÁS”. A sabiendas de que al romperlo las consecuencias del acoso pueden ser aún mayores. Al mismo tiempo las autoridades responsables dentro de los límites de la institución escolar se han adjudicado el rol  de  paladines en contra del mismo y más bien han adoptado una posición  de “laisser faire, laisser passe” (…dejar hacer, dejar pasar…) antes que enfrentarse a la ira de los representantes de los acosadores que se hacen acompañar indefectiblemente de una tal  sra. LOPNA (Ley Orgánica de Protección al Niño y el Adolescente) causando una reacción de miedo hasta la paralización entre ellas. La “estrategia del avestruz” no funciona para esto.

Si miras para otro lado y esperas que el hada madrina antiviolencia con su varita mágica resuelva el problema de la violencia, pues nos equivocamos. “Tenemos años fungiendo de profetas del desastre advirtiendo esta situación y lejos de visualizar una posible solución vemos que  el crecimiento exponencial de la violencia escolar nos acerca cada día más a los terribles episodios de asesinatos en escuelas de los que hemos sido testigos en Estados Unidos, Brasil y Argentina”, asevera Montiel. Algún muchacho o muchacha, en alguna parte va a tener acceso y disponibilidad a algún tipo de armas, las cuales incluso ha llevado a la escuela, ya sea para tratar de contrarrestar el maltrato recibido o simplemente para vengarse de alguien ante quien se considera sin poder  y lo que pueda pasar después sólo podemos colocarlo en la lista de nuestras peores pesadillas.

Estos eventos que hemos presenciado a través de los medios y que nos han horrorizado y conmovido a la vez, en otros países, han sido bastante bien estudiados por los diferentes expertos. Todos coinciden que  no ocurren por una sola razón, pero sin duda que el evento disparador por excelencia en la mayoría de los casos es una situación de acoso o bullying que fue dejada sin control por cierto tiempo tanto por parte de las autoridades escolares, así como del resto del ecosistema escolar que al actuar como testigos mudos se transforman en acosadores pasivos, hasta que alguna de las victimas decidió romper el ciclo para dejar de serlo y transformarse en victimarios.

El odio y el miedo que hemos manejado por mucho tiempo como estrategias bizarras de comunicación, la disponibilidad y acceso cada vez mayor a las armas, el manejo inadecuado de la Ley de Protección de Niños y Adolescentes donde los colegios por miedo lo que hacen es evadir la parte disciplinaria, flexibilizando las normas del colegio son  apenas algunas de las variables que intervienen a la hora de perpetuar este problema. Y por supuesto, “SI TE PEGAN, LE PEGAS”.

Hoy por hoy están dadas todas las condiciones para una situación grave de  violencia, los chamos no tienen dónde acudir ni en la escuela ni en casa,  no saben qué hacer y en el hogar lamentablemente son maltratados en segunda instancia, pues el esquema natural de “si te pegan, le pegas”, obliga a defenderte/vengarte con el mismo grado de violencia o mayor que el infringido en ellos, y en caso de no ocurrir la posibilidad de ser regañado/castigado por no hacerlo es muy cercana. En otras palabras “Si te pegan, le pegas, sino  te  pego yo a ti” es otra forma de manejar la violencia en casa transformando a nuestro representado en una víctima  de ambos mundos.

El miedo se nota

La sospecha de los padres sobre la posibilidad de una situación de acoso o bullying tiene síntomas evidentes en cosas como ausentismo escolar repetitivo con o sin excusas médicas, aislamiento, cambios extremos de humor (del llanto fácil a los ataques de rabia sin detonante específico), incluso depresión infantil.  En adolescentes, sin duda que uno de los causantes de depresión en estas etapas de la vida es el acoso en la escuela y sabemos que al menos una cuarta parte de estos estados patológicos depresivos pueden culminar en suicidio.

Ser diferente

No hay nada más fácil para ser “buleado” que ser distinto, afirma Montiel.  Si eres más gordito o más alto, más bonito o más feo, si tienes acné  u  orientación sexual distinta, si eres de un color que no es, si prefieres un estilo de moda o grupo musical sobre otro o eres simpatizante de equipo deportivo o partido diferente a la mayoría, pues tienes un blanco en el pecho para ser objeto de acoso o bullying.   Cualquier excusa es buena para que el grupo que ocupa el vértice de la pirámide de popularidad escolar utilice el acoso como estrategia para mantener la misma. Lo paradójico es que, usualmente, este grupo es, por lo general, el minoritario dentro del ambiente escolar, quizás sea esa la razón por la que la  aplicación de la fuerza física, el maltrato físico y/o emocional sean sus herramientas de sustentación.

Cada vez más temprano

El otro aspecto relevante de este problema es que está sucediendo cada vez más temprano. No existen estadísticas formales al respecto en nuestro país. Sin embargo, anecdóticamente, estamos observando casos de acoso niños tan pequeños como los que están empezando ahora 1ro. y 2do. grado, es decir, en edades de 6 y 7años. Aunque parezca una mala película de terror hay maltrato y acoso en niñitos de 6 años.  Eso es lo que está sucediendo en estos días, de manera lamentable, con una frecuencia inimaginable y los colegios no actúan.

“Es impredecible el futuro académico y emocional de esos niños acosados y de sus acosadores cuando se presenta tan tempranamente”, advierte Montiel.  Lo que sí es predecible es que una vez que comienza no se detiene espontáneamente. De la magnitud o alcance del acoso ya hemos sido tristemente testigos en los últimos años,  hasta que alguien quizás no lleguen a sobrevivir los años que vienen por delante.

Sutil femineidad

Las hembras son, inclusive, mucho más exquisitas a la hora de acosar que los varones. Resultan  mucho más sofisticadas intelectualmente y por ende, el acoso femenino es mucho más sutil, apoyadas en Internet   o todas  las redes sociales,  con agresiones más intensas. Muchos acosados casi que preferirían el acoso o maltrato físico y no que los desacrediten en blogs, Facebook, Twitter por donde salen todos los calificativos más depravados, fotos y calumnias que llegan a infinidad de personas. Este ataque es mayor y  lamentablemente más deletéreo, más mortífero.

Conductas a seguir

Lo primero es aceptar que hay un problema que debe ser enfrentado a todos los niveles, con el colegio, con los propios estudiantes y la familia. Hay que darles herramientas a los colegios para que se mantengan alertas y retomen los niveles de disciplina que hubo en algún momento sin que ello signifique maltrato por parte del colegio porque también hay un límite en eso, pero deben estar preparados para actuar ante las transgresiones a la norma, las cuales serán corregidas de acuerdo a las reglas acordadas por las diferentes partes que integran la institución escolar, sin que el colegio tema ejecutarlas y sepa utilizar las Consejerías de Niños y Adolescentes como agentes de facilitación y negociación a fin de aplicar efectivamente las normas de disciplina, no como el instrumento de castigo que sienten que es.

En el Colegio, establecer instrumentos formales de manejo efectivo de los conflictos en la escuela, llámese tribunales de mediación y negociación dentro del colegio con sus  propios jueces de paz entrenados para esa labor (tanto profesores como alumnos, familiares e incluso personal que labora en la institución), ofrecer alternativas de denuncia anónima y seguimiento y en general “poner de moda” que la escuela es un ambiente libre de violencia.

“En casa debemos implementar un programa de reeducación y sensibilización para padres y representantes en cuanto a detección temprana de signos de violencia y/o acoso, manejo adecuado de la misma y en general estrategias de resolución efectiva de conflictos”, sugiere Montiel. Por supuesto debemos hacer énfasis en los roles que como adultos significativos estamos dando a nuestros hijos. De continuar con la ley del “Ojo por ojo” es posible que terminemos todos ciegos.

Por Blanca García Bocaranda

                                                                                                              Garbo64@gmail.com

@garbo83

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Cada 30 de enero se conmemora  el “Día Internacional de la NO violencia”, por lo cual los estudiantes que hacen pasantías en el Programa de Medicina Comunitaria del Centro Médico Docente La Trinidad colocaron lazos morados a quienes circulaban por la institución para sensibilizarles sobre el alerta.

Entendiendo que oraciones como ésta son especialmente conocidas por los adultos significativos que por primera vez permiten que sus pichones se aventuren fuera del nido como mensaje de protección ante los potenciales riesgos que enfrentarán en el mundo sin su supervisión que ofrece la escuela. En otras palabras, una frase tan sencilla como esta tiene implicaciones importantes para estos novicios que apenas salen de casa y para quienes aún lo que digan papá y mamá es definitivamente la ley.  Esta expresión es perfectamente cónsona con el carácter de reciprocidad de consecuencias (rayando casi en la venganza) establecido poco más de 1700 años antes de Cristo a través del código Hammurabi, quizás más popularmente conocida como la ley del Talión o el famoso “ojo por ojo”. Es parte de esas “perlas de sabiduría parental” que ofrecemos a nuestros hijos cuando no estén bajo la tutela de otros adultos compartiendo con sus pares en la escuela.

A estas alturas de la historia de la humanidad, aún será apropiado utilizar patrones como estos para la enseñanza de la resolución de conflictos para nuestros hijos? Será que la ley del Talión aún está vigente en nuestros días?

“Sin hacer análisis especialmente exhaustivos la respuesta sencilla pareciera ser afirmativa y quizás sea esta una de las múltiples razones por la cual la violencia escolar se ha transformado hoy en día en un problema de salud pública mundial”, advierte Ricardo Montiel, médico de adolescentes del Centro Médico Docente La  Trinidad.  Quién no ha leído o al menos escuchado sobre situaciones de violencia que han escalado progresivamente en los últimos años, tanto fuera como dentro de nuestro país?  No nos equivoquemos, LA VIOLENCIA ESTA CADA VEZ MÁS CERCA DE NUESTROS HIJOS. Violencia que no distingue estratos socioeconómicos, ni religión ni genero. Violencia que se manifiesta desde  la simple agresión verbal en el patio de la escuela hasta los horrendos asesinatos en  colegios. Violencia que hoy  es denominada   acoso o Bullying. Cuando la escuela es la protagonista el acoso escolar  se manifiesta de muchas maneras, pero sin duda el denominador común es la presión de uno o más individuos sobre otros para hacer algo que no desean voluntariamente hacer o utilizar diferentes estrategias para establecer dominancia de una persona o grupo sobre los demás, más comúnmente para establecer “niveles de popularidad”. En los últimos años el acoso o bullying se ha trasformado en un problema de salud pública, tanto así que el presidente Barack Obama se ha referido a la misma en diferentes oportunidades en sus discursos del 2012.

Desafortunadamente, ante esta realidad la mayoría de las personas, aún las afectadas de forma directa o indirecta, parecieran indiferentes o al menos siguen fielmente el primer mandamiento de supervivencia escolar, “NO SOPLARÁS”. A sabiendas de que al romperlo las consecuencias del acoso pueden ser aún mayores. Al mismo tiempo las autoridades responsables dentro de los límites de la institución escolar se han adjudicado el rol  de  paladines en contra del mismo y más bien han adoptado una posición  de “laisser faire, laisser passe” (…dejar hacer, dejar pasar…) antes que enfrentarse a la ira de los representantes de los acosadores que se hacen acompañar indefectiblemente de una tal  sra. LOPNA (Ley Orgánica de Protección al Niño y el Adolescente) causando una reacción de miedo hasta la paralización entre ellas. La “estrategia del avestruz” no funciona para esto.

Si miras para otro lado y esperas que el hada madrina antiviolencia con su varita mágica resuelva el problema de la violencia, pues nos equivocamos. “Tenemos años fungiendo de profetas del desastre advirtiendo esta situación y lejos de visualizar una posible solución vemos que  el crecimiento exponencial de la violencia escolar nos acerca cada día más a los terribles episodios de asesinatos en escuelas de los que hemos sido testigos en Estados Unidos, Brasil y Argentina”, asevera Montiel. Algún muchacho o muchacha, en alguna parte va a tener acceso y disponibilidad a algún tipo de armas, las cuales incluso ha llevado a la escuela, ya sea para tratar de contrarrestar el maltrato recibido o simplemente para vengarse de alguien ante quien se considera sin poder  y lo que pueda pasar después sólo podemos colocarlo en la lista de nuestras peores pesadillas.

Estos eventos que hemos presenciado a través de los medios y que nos han horrorizado y conmovido a la vez, en otros países, han sido bastante bien estudiados por los diferentes expertos. Todos coinciden que  no ocurren por una sola razón, pero sin duda que el evento disparador por excelencia en la mayoría de los casos es una situación de acoso o bullying que fue dejada sin control por cierto tiempo tanto por parte de las autoridades escolares, así como del resto del ecosistema escolar que al actuar como testigos mudos se transforman en acosadores pasivos, hasta que alguna de las victimas decidió romper el ciclo para dejar de serlo y transformarse en victimarios.

El odio y el miedo que hemos manejado por mucho tiempo como estrategias bizarras de comunicación, la disponibilidad y acceso cada vez mayor a las armas, el manejo inadecuado de la Ley de Protección de Niños y Adolescentes donde los colegios por miedo lo que hacen es evadir la parte disciplinaria, flexibilizando las normas del colegio son  apenas algunas de las variables que intervienen a la hora de perpetuar este problema. Y por supuesto, “SI TE PEGAN, LE PEGAS”.

Hoy por hoy están dadas todas las condiciones para una situación grave de  violencia, los chamos no tienen dónde acudir ni en la escuela ni en casa,  no saben qué hacer y en el hogar lamentablemente son maltratados en segunda instancia, pues el esquema natural de “si te pegan, le pegas”, obliga a defenderte/vengarte con el mismo grado de violencia o mayor que el infringido en ellos, y en caso de no ocurrir la posibilidad de ser regañado/castigado por no hacerlo es muy cercana. En otras palabras “Si te pegan, le pegas, sino  te  pego yo a ti” es otra forma de manejar la violencia en casa transformando a nuestro representado en una víctima  de ambos mundos.

El miedo se nota

La sospecha de los padres sobre la posibilidad de una situación de acoso o bullying tiene síntomas evidentes en cosas como ausentismo escolar repetitivo con o sin excusas médicas, aislamiento, cambios extremos de humor (del llanto fácil a los ataques de rabia sin detonante específico), incluso depresión infantil.  En adolescentes, sin duda que uno de los causantes de depresión en estas etapas de la vida es el acoso en la escuela y sabemos que al menos una cuarta parte de estos estados patológicos depresivos pueden culminar en suicidio.

Ser diferente

No hay nada más fácil para ser “buleado” que ser distinto, afirma Montiel.  Si eres más gordito o más alto, más bonito o más feo, si tienes acné  u  orientación sexual distinta, si eres de un color que no es, si prefieres un estilo de moda o grupo musical sobre otro o eres simpatizante de equipo deportivo o partido diferente a la mayoría, pues tienes un blanco en el pecho para ser objeto de acoso o bullying.   Cualquier excusa es buena para que el grupo que ocupa el vértice de la pirámide de popularidad escolar utilice el acoso como estrategia para mantener la misma. Lo paradójico es que, usualmente, este grupo es, por lo general, el minoritario dentro del ambiente escolar, quizás sea esa la razón por la que la  aplicación de la fuerza física, el maltrato físico y/o emocional sean sus herramientas de sustentación.

Cada vez más temprano

El otro aspecto relevante de este problema es que está sucediendo cada vez más temprano. No existen estadísticas formales al respecto en nuestro país. Sin embargo, anecdóticamente, estamos observando casos de acoso niños tan pequeños como los que están empezando ahora 1ro. y 2do. grado, es decir, en edades de 6 y 7años. Aunque parezca una mala película de terror hay maltrato y acoso en niñitos de 6 años.  Eso es lo que está sucediendo en estos días, de manera lamentable, con una frecuencia inimaginable y los colegios no actúan.

“Es impredecible el futuro académico y emocional de esos niños acosados y de sus acosadores cuando se presenta tan tempranamente”, advierte Montiel.  Lo que sí es predecible es que una vez que comienza no se detiene espontáneamente. De la magnitud o alcance del acoso ya hemos sido tristemente testigos en los últimos años,  hasta que alguien quizás no lleguen a sobrevivir los años que vienen por delante.

Sutil femineidad

Las hembras son, inclusive, mucho más exquisitas a la hora de acosar que los varones. Resultan  mucho más sofisticadas intelectualmente y por ende, el acoso femenino es mucho más sutil, apoyadas en Internet   o todas  las redes sociales,  con agresiones más intensas. Muchos acosados casi que preferirían el acoso o maltrato físico y no que los desacrediten en blogs, Facebook, Twitter por donde salen todos los calificativos más depravados, fotos y calumnias que llegan a infinidad de personas. Este ataque es mayor y  lamentablemente más deletéreo, más mortífero.

Conductas a seguir

Lo primero es aceptar que hay un problema que debe ser enfrentado a todos los niveles, con el colegio, con los propios estudiantes y la familia. Hay que darles herramientas a los colegios para que se mantengan alertas y retomen los niveles de disciplina que hubo en algún momento sin que ello signifique maltrato por parte del colegio porque también hay un límite en eso, pero deben estar preparados para actuar ante las transgresiones a la norma, las cuales serán corregidas de acuerdo a las reglas acordadas por las diferentes partes que integran la institución escolar, sin que el colegio tema ejecutarlas y sepa utilizar las Consejerías de Niños y Adolescentes como agentes de facilitación y negociación a fin de aplicar efectivamente las normas de disciplina, no como el instrumento de castigo que sienten que es.

En el Colegio, establecer instrumentos formales de manejo efectivo de los conflictos en la escuela, llámese tribunales de mediación y negociación dentro del colegio con sus  propios jueces de paz entrenados para esa labor (tanto profesores como alumnos, familiares e incluso personal que labora en la institución), ofrecer alternativas de denuncia anónima y seguimiento y en general “poner de moda” que la escuela es un ambiente libre de violencia.

“En casa debemos implementar un programa de reeducación y sensibilización para padres y representantes en cuanto a detección temprana de signos de violencia y/o acoso, manejo adecuado de la misma y en general estrategias de resolución efectiva de conflictos”, sugiere Montiel. Por supuesto debemos hacer énfasis en los roles que como adultos significativos estamos dando a nuestros hijos. De continuar con la ley del “Ojo por ojo” es posible que terminemos todos ciegos.

Por Blanca García Bocaranda

                                                                                                              Garbo64@gmail.com

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