Cuando nos broceamos en la playa o al lado de una piscina muy pocos sabemos, y si lo sabemos no vamos tan lejos como interpretar este momento de placer en términos científicos, pero lo cierto es que estamos siendo sometidos a una fusión nuclear. Lo mismo nos pasa generalmente cuando admiramos la naturaleza que nos rodea sin profundizar que el ecosistema de nuestro planeta nos proporciona oxigeno, frutas, granos, la fauna y el agua que nos permite sobrevivir. La realidad es que las fusiones nucleares y las irradiaciones que emanan las estrella o soles, son responsables de la mayoría de los fenómenos astrofísicos del universo.
La fusión nuclear es normalmente el producto de la fusión de dos átomos de hidrogeno que crean un átomo de helio dentro de un entorno incandescente de prohibitivo calor y de altísima presión exactamente como ocurre en la masa central del sol. Se trata de un desgaste energético de enormes proporciones cuya producto, sin embargo, emite múltiple veces más energía que la usada para propiciar la fusión nuclear, tanto es así que las irradiaciones solares llegan hasta a los rincones más lejanos de nuestra galaxia.
La fisión nuclear, por otro lado es el resultado de la división dos grandes núcleos tales como el uranio y el plutonio proceso que también arroja una inmensa cantidad de energía aunque no llega a compararse al volumen energético que produce una fusión nuclear.
Debido que en la tierra no existía un entorno incandescente que podía producir una fusión nuclear, eminentes científicos encabezados por Albert Einstein y Enrico Fermi se abocaron a la tarea de crear una fuente de energía no tradicional como la energía hidroeléctrica y las derivadas de la quema de materias fósiles como el carbón, el gas y el petróleo y crearon la energía nuclear a través de la fisión.
Pero con la construcción y proliferación de plantas nucleares a partir de la mitad del siglo pasado, han aparecidos múltiples problemas y al triste descubrimiento de la bomba atómica. Luego han ocurridos grandes accidentes tales como el de Chernóbil en Rusia y Fukushima en Japón y la construcción de nuevas plantas nucleares está prácticamente parada en espera de que se descubran nuevos sistemas que eliminen el peligro de la contaminación radioactiva.
La fusión nuclear es por lejos la solución ideal del problema energético mundial porque ésta puede ocurrir solamente dentro de un entorno donde la temperatura, la presión y la fuerza magnética tienen forzosamente que mantener niveles específicos controlados y el reactor que se usaría para su proceso se apagaría automáticamente a registrarse la menor imperfección.
Al usarse el hidrógeno, o sea el mismo combustible del sol, elemento que tenemos en abundancia en nuestros océanos, el ser humano contaría con suficiente materia prima que nos dure muchos milenios.
Tras decenas de años de investigaciones, los científicos de Sandia National Laboratories, compañía subsidiaria de Lockheed Martin, el mayor contratista del Departamento de Energía del gobierno de los Estados Unidos, han descubierto un sistema que produce un entorno incandescente a través del uso de la fuerza magnética, suficiente para propiciar una y fusión y una implosión que arroja por lo menos tanta energía como la que se desgasta en crearla.
“Por supuesto, ” dice su inventor Ryan McBride, ” no podemos todavía cantar victoria porque la fusión nuclear que nos brindaría esta extraordinaria fuente energética, no se dará hasta que su nivel no supere claramente el nivel de energía necesaria para producirla, pero ya sabemos que es posible y que estamos cerca ….. hay una luz al final del túnel.”




