Transición: “Situación o estado intermedio entre uno antiguo o pasado y otro nuevo, al que se llega tras un cambio”.
Comprender el significado de este término cobra mucho valor en la Venezuela actual. De todos lados llegan mensajes de estrategias y planes de transición, dando como un hecho que el presente ya es pasado. Esta, tal vez, es una tentación que confunde el análisis objetivo de la situación. La realidad indica que Venezuela cuenta con un presidente que lucha por su vida ante una enfermedad que pudiera ser terminal. Pero, el presente sigue siendo el presente, a menos que algunos indicadores demuestren lo contrario.
La designación de Elías Jaua y de Nicolás Maduro como candidatos a las gobernaciones de Miranda y Carabobo respectivamente fueron anunciadas por el presidente Chávez a través de los medios, como la mayoría de sus decisiones, donde exhibe la autoridad que se confunde con autoritarismo en la materialización de su voluntad en todos los ámbitos de la vida política venezolana. Si es cierto que Aristóbulo Isturiz y Rafael Lacava reemplazarán en esas candidaturas a los nombrados por el Presidente, y este no ha hecho el anuncio respectivo, ¿qué está sucediendo? ¿Eso es suficiente para indicar que el presente que muchos manejan es pasado para otros?
De lo que podemos estar seguros es que estamos entre una situación de certeza y una de total incertidumbre, que no se corresponde con el cabal acatamiento de nuestra Carta Magna. La ausencia temporal o definitiva del presidente de la República no debe convertirse en punto de inflexión que defina un tránsito convulso, mucho menos violento. Por esto, debemos pensar que quienes sugieren esta suerte de entelequias discursivas como el “comando antigolpe” realizan un ejercicio de mera proyección donde asoman la real posibilidad de irrumpir el orden constitucional ante un estado de conmoción nacional. Son quienes ostentan los Poderes Públicos los únicos con cualidad y capacidad para suspender libertades individuales y colectivas, para impactar garantías y socavar de manera directa la gobernabilidad de Venezuela. Pero el pueblo venezolano, de profundas raíces democráticas no caería en la tentación de incursionar en el terreno del desorden como expresión de emociones encontradas. Y es aquí donde la Fuerza Armada, como garante de la democracia debería garantizar el cumplimiento de lo establecido.
De modo que para hablar de transición es obligatorio validar que el presente sea pasado, y así comenzar el camino pacífico hacia el futuro. El ejercicio de los escenarios es una oportunidad para validar que la probabilidad de planteamientos inéditos, de aventuras ilusas, de disrupciones del orden para evitar el cambio no son más que técnicas dilatorias para evitar el penoso tránsito que un grupo de personas tiene garantizado entre el poder exultante y la aplicación de la justicia. Por eso, civiles y militares debemos comprender que en el momento en el cual el presente se convierta en pasado, el estado intermedio a nuevas realidades tiene que estar enmarcado en el respeto a la vida, a las leyes y a la democracia.
Quienes no desean entender que el fin de su capítulo puede llegar en cualquier momento, no pueden arrastrar a inocentes a un destino incierto. Cada quien se labró el suyo, y el destino no se endosa…
Amanecerá y veremos…




