En los tiempos de la boliburguesía la mezcla era evidente. En todo caso, la edad no era el detalle, sino hacer negocios con el gobierno chavista. La época dorada de la boliburguesía va entre el 2003 y el 2008, incluso hasta el 2009. Un periodo suficiente para que se levantaran fortunas de gran monta. Es lo que duraba antes un gobierno de AD y Copei. Además, es ese lapso en el que se registran los mayores ingresos petroleros, y los bolifuncionarios aún no sabían cómo hacer negocios. De modo que los boliburgueses aprovecharon el escenario completo. Entonces y después caen bancos, empresarios, aseguradores, y casas de Bolsa. Pero el detalle es que había boliburgueses de todas las edades. Todavía quedan algunos de pie.
Desde hace un año, tal vez dos, el fenómeno es otro. Reducido el círculo con la defenestración de buena parte de la bolibuirguesía, y abandonado el terreno por los bolioperadores, ha entrado en el juego una nueva camada de intermediarios. Los llaman los Bolichicos. Cuando Chávez llegó al poder en 1999, ellos todavía cursaban estudios universitarios. Ahora, no pasan de 35 años. Como mucho. Son jóvenes de verdad. Su origen es la clase media alta. De apellidos conocidos. Cursaron estudios en los mejores colegios de Caracas y Maracaibo, en las universidades más encopetadas de Caracas, Inglaterra y Estados Unidos. Les han tocado ahora los dados, como diría antes Carlos Kaufman. El camino se les ha despejado. Tienen contactos en las alturas del Gobierno. Contactos rojos, rojos rojitos. Por allí viene n los Negocios con PDVSA, PDVAL, Mercal, los seguros y bancos estatales. Importaciones de China. Intermediaciones con Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia, Cuba, Bielorusia, Rusia, Colombia, Nicaragua. Que todo esto suma. Al menos cinco apellidos suenan con fuerza. Ya roncan, para usar esta expresión que le gusta al empresario Oswaldo Karam. Y la chequera aumenta en ceros. Ya se hablará de ellos. Son los Bolichicos.




