Aquí debería haber una nota de beisbol

No puedo escribir

Aquí debería haber una nota de beisbol.

Tal vez una crónica sobre los hermanos Niekro, que llevo días pensado, un texto dedicado a Aníbal Sánchez o una respuesta a la repetida pregunta caraquista de si Asdrúbal cabrera, con lo bien que le va, jugará con los Leones en la próxima temporada. Él ha hecho saber que su buena forma es consecuencia de su actividad en invierno, pero habrá que esperar por lo que viene, hasta dónde trascenderán los Indios y si no habrá objeciones para que juegue aquí.

Pero la verdad es que no tengo cabeza, no puedo escribir.

Hoy es el estreno de la obra “Uno más y la cuenta” y estoy nerviosa, ansiosa, un poco tensa y súper conmovida, pero con unas ganas inmensas de que llegue la hora de los timbres y que comience la función.

Daniel mi esposo, me recuerda que debuté como anunciadora de los Leones del Caracas ante casi 18 mil personas, que apenas abrí el micrófono comenzó una pita estruendosa que se repitió muchas veces, tantas como errores cometí y algunas más porque el Caracas perdía y los caraquistas al menos se divertían pitándome a mi.

Fue una noche horrorosa, yo la titulé “pánico en el estadio” pero no podía irme, que era lo que me provocaba.

Aunque llevaba varios años en la radio, no es lo mismo, en un estudio sólo está el operador, los productores y alguna que otra persona más y si uno se equivoca mandan un mensaje o llaman por teléfono, en el estadio están ahí y se voltean y te ven y te pitan, en tu cara.

La primera vez pitaron porque nunca habían escuchado una voz femenina, después porque me equivoqué con el nombre de un jugador gringo, anuncié a Eddy  Díaz dos veces en el mismo turno y dije que venía a batear Roger Cedeño, que estaba en círculo de espera mientras que consumía turno Curtis Goodwin si mal no recuerdo.

Al día siguiente pensé que Oscar Prieto Párraga iba a despedirme por chimba, pero el prefirió tener paciencia y a los días ya todos nos entendíamos mejor…

Pero aquella vez no sentía este susto que tengo ahora, creo que era una irresponsable y que como estaba en Universitario “el estadio de mi papá”, creía que estaba en mi casa.

Y bueno es diferente porque esta vez no es el beisbol, que es mi zona segura. Es el teatro, vaya compromiso y estoy al lado de dos estupendas actrices, claro que tengo que esar nerviosa y conmovida.

Ha sido tan distinto a todo. Estar con Amanda Gutiérrez, que es mi amiga de muchos años y a quién siempre he admirado por muchas cosas, desde que era “Ifigenia”  y después como amiga, luchadora, mamá, más allá de la gran actriz…Pienso en lo feliz que estaría mi papá, que estaba enamorado platónicamente de “La Dueña” si me viera con ella en un escenario.

Rebeca Alemán  y yo siempre nos caímos bien, me invitó a compartir con ella en “Amanecí como con ganas de morirme” en una escena corta y divertidísima y después nos vimos muchas veces hasta que me escribió para invitarme actuar junto a ella y Amanda, dirigidas por Iraida Tapias, escritora, productora, directora cuyo nombre uno ha escuchado siempre y esa de esas personas que uno cree que la conoce de toda la vida.

Así que dije que si y terminando abril nos reunimos para las primeras lecturas. Al principio parecía menos complicado, después comencé a valorar en su dimensión lo que significa este compromiso de subirse a un escenario a interpretar unos personajes que sobre todo deben transmitir toda la verdad y honestidad con los que fueron escritos.

El texto es de Iraida Tapias, Rebeca Alemán y Oscar Perdomo Marín y aborda la felicidad incluso desde el punto de vista de la infelicidad.

Me dijo Elba Escobar unas palabras que me encantaron “el teatro es como la casa, ahí aprendemos a hablar a caminar…y qué bueno que estés con Iraida en tu primera vez, y con Amanda que es como una hermana que te guía y Rebeca una amiga genial”.

Y así es, Elba no es adivina pero es Elba.

Faltan horas para el ensayo general. Tenemos personajes diversos, mujeres distintas, todas nosotras. También les vamos a cantar y si gustan bailamos un poquito…

Les confieso que es muy rico comenzar a hacer algo por primera vez a los 44 años de edad. Bien decían muchos, cuando pasó lo de la radio, que “cuando se cierra una puerta se abren otras” y esta que se abrió del teatro me ha permitido vivir una experiencia enriquecedora que no pensé que podía tener. Doy gracias a Dios por eso, porque se que tiene metida su mano en este invento.

Entonces así ando, con las famosas “mariposas en el estómago” y sin cabeza para hablar de beisbol, se las debo, después que pase el susto del primer día, vendrá el susto del día siguiente y el otro y el otro…pero el lunes tendrán de vuelta el beisbol por aquí “Por la goma”.

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No puedo escribir

Aquí debería haber una nota de beisbol.

Tal vez una crónica sobre los hermanos Niekro, que llevo días pensado, un texto dedicado a Aníbal Sánchez o una respuesta a la repetida pregunta caraquista de si Asdrúbal cabrera, con lo bien que le va, jugará con los Leones en la próxima temporada. Él ha hecho saber que su buena forma es consecuencia de su actividad en invierno, pero habrá que esperar por lo que viene, hasta dónde trascenderán los Indios y si no habrá objeciones para que juegue aquí.

Pero la verdad es que no tengo cabeza, no puedo escribir.

Hoy es el estreno de la obra “Uno más y la cuenta” y estoy nerviosa, ansiosa, un poco tensa y súper conmovida, pero con unas ganas inmensas de que llegue la hora de los timbres y que comience la función.

Daniel mi esposo, me recuerda que debuté como anunciadora de los Leones del Caracas ante casi 18 mil personas, que apenas abrí el micrófono comenzó una pita estruendosa que se repitió muchas veces, tantas como errores cometí y algunas más porque el Caracas perdía y los caraquistas al menos se divertían pitándome a mi.

Fue una noche horrorosa, yo la titulé “pánico en el estadio” pero no podía irme, que era lo que me provocaba.

Aunque llevaba varios años en la radio, no es lo mismo, en un estudio sólo está el operador, los productores y alguna que otra persona más y si uno se equivoca mandan un mensaje o llaman por teléfono, en el estadio están ahí y se voltean y te ven y te pitan, en tu cara.

La primera vez pitaron porque nunca habían escuchado una voz femenina, después porque me equivoqué con el nombre de un jugador gringo, anuncié a Eddy  Díaz dos veces en el mismo turno y dije que venía a batear Roger Cedeño, que estaba en círculo de espera mientras que consumía turno Curtis Goodwin si mal no recuerdo.

Al día siguiente pensé que Oscar Prieto Párraga iba a despedirme por chimba, pero el prefirió tener paciencia y a los días ya todos nos entendíamos mejor…

Pero aquella vez no sentía este susto que tengo ahora, creo que era una irresponsable y que como estaba en Universitario “el estadio de mi papá”, creía que estaba en mi casa.

Y bueno es diferente porque esta vez no es el beisbol, que es mi zona segura. Es el teatro, vaya compromiso y estoy al lado de dos estupendas actrices, claro que tengo que esar nerviosa y conmovida.

Ha sido tan distinto a todo. Estar con Amanda Gutiérrez, que es mi amiga de muchos años y a quién siempre he admirado por muchas cosas, desde que era “Ifigenia”  y después como amiga, luchadora, mamá, más allá de la gran actriz…Pienso en lo feliz que estaría mi papá, que estaba enamorado platónicamente de “La Dueña” si me viera con ella en un escenario.

Rebeca Alemán  y yo siempre nos caímos bien, me invitó a compartir con ella en “Amanecí como con ganas de morirme” en una escena corta y divertidísima y después nos vimos muchas veces hasta que me escribió para invitarme actuar junto a ella y Amanda, dirigidas por Iraida Tapias, escritora, productora, directora cuyo nombre uno ha escuchado siempre y esa de esas personas que uno cree que la conoce de toda la vida.

Así que dije que si y terminando abril nos reunimos para las primeras lecturas. Al principio parecía menos complicado, después comencé a valorar en su dimensión lo que significa este compromiso de subirse a un escenario a interpretar unos personajes que sobre todo deben transmitir toda la verdad y honestidad con los que fueron escritos.

El texto es de Iraida Tapias, Rebeca Alemán y Oscar Perdomo Marín y aborda la felicidad incluso desde el punto de vista de la infelicidad.

Me dijo Elba Escobar unas palabras que me encantaron “el teatro es como la casa, ahí aprendemos a hablar a caminar…y qué bueno que estés con Iraida en tu primera vez, y con Amanda que es como una hermana que te guía y Rebeca una amiga genial”.

Y así es, Elba no es adivina pero es Elba.

Faltan horas para el ensayo general. Tenemos personajes diversos, mujeres distintas, todas nosotras. También les vamos a cantar y si gustan bailamos un poquito…

Les confieso que es muy rico comenzar a hacer algo por primera vez a los 44 años de edad. Bien decían muchos, cuando pasó lo de la radio, que “cuando se cierra una puerta se abren otras” y esta que se abrió del teatro me ha permitido vivir una experiencia enriquecedora que no pensé que podía tener. Doy gracias a Dios por eso, porque se que tiene metida su mano en este invento.

Entonces así ando, con las famosas “mariposas en el estómago” y sin cabeza para hablar de beisbol, se las debo, después que pase el susto del primer día, vendrá el susto del día siguiente y el otro y el otro…pero el lunes tendrán de vuelta el beisbol por aquí “Por la goma”.

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