“El Gato” Hablaba entusiasmado de los días en los Criollitos, sin embargo un recuerdo hizo que su expresión cambiara por unos momentos…
“Supe que estaban conformando el equipo de la selección de beisbol de Venezuela. El try out era en el Universitario y el mánager Remigio Hermoso. Fui y di muchos y buenos batazos, pero aquello era una rosquita a la que yo no pertenecía, así que me dejaron fuera”.
Lloré muchísimo, me sentí realmente mal”.
Cuando filmanos esta historia para el documental, tuvimos que parar la grabación porque se quebró de verdad, volvió a llorar. Una frustración se le mezcló con otra…
De esto conversamos después con Remigio, quien recuerda que tampoco Urbano Lugo ni Oswaldo Guillén fueron escogidos, pero dejó muy claro que no se trataba de nada personal, sencillamente no gustó.
Sin embargo, podría decir que sólo hablando de Tom Runels, un mánager de los Expos, y Remigio Hermoso, Andrés arruga la cara.
Como “no hay mal que por bien no venga”, dice sabiamente el aforismo, Andrés se fue con los “Ray Ran” a Puerto Rico, a disputar una copa de beisbol juvenil en homenaje a Alfonso Carrasquel.
Chico estaba presente en la Isla del Encanto y allá pudo presenciar el poder de Andrés, cosa que ratificó el destino de nuestro Gato.
En uno de los juegos, Andrés sacó una bola del parque llevándola más allá de donde era pensable podía hacerlo un “juvenil”. Chico se impresionó tanto, que se intersó por conversar con el muchacho.
Aprovechó para confesarle que quería ser pelotero profesional y Alfonso estuvo de acuerdo con que tenía condiciones y actitud para llegar lejos.
En Caracas, Alfonso le pidió a Felipe Rojas Alou, mánager de los Leones, que probara al muchacho.
Cuando Chico recordó esta historia para la película, el mismo nos dió la frase con la que titularíamos el documental, porque el cuento sigue con que, luego de probarlo la primera vez, en la que sacó varias pelotas, por cierto, Felipe le dijo que el muchacho estaba muy gordo, a lo que Carrasquel respondió: “!Sí, es un gordito, pero aquí, aquí (dijo golpeando con su índice derecho la sien), lo que tiene es puro beisbol”.
Con semejante “palanca”, el Gato llegó a un acuerdo con Alou que era un gran desafío, debía perder más o menos 12 kilos, en dos semanas.
Recuerda que casi no comía. Ensaladitas y pollo a la plancha, nada que ver con los deliciosos platos de la gastronomía criolla que sabe preparar Juana como las mejores. Ya la quisiera don Armando Scannone en su cocina.
Esas dos semanas fueron de mucho sacrificio, ni un dulcito, ni una empanadita, ni un vaso de chicha. Quería ser pelotero y punto, así que se deshizo de los kilos demás y volvió.
Entonces lo firmaron para los Expos de Montreal, organizción de Grandes Ligas para la que trabajaba Felipe Rojas Alou, y para los Leones del Caracas.
Una anécdota muy graciosa que está vinculada a sus inicios, cuenta que estando en los juegos de pretemporada, en Guarenas, aún no había sido firmado, pero era necesario protegerlo. El “Loco” Torres, coach de los Melenudos, decidió cambiarle el apellido por el de “Soler”. Escogió el nombre porque era fanático de las películas mejicanas y admiraba a los hermanos Soler.
La primera vez que salió retratado en el periódico fue por aquellos días. Aparecía anotando una carrera y claramente se ve que es él, sin embargo, el gran titular decía: “Novato Andrés Soler impresiona en las prácticas”.
En primera base del Caracas estaba Gonzalo Márquez, sin duda uno de los más notables que hayan jugado en equipo alguno, así que Andrés tuvo que esperar.
Según Oscar Prieto, co-dueño y gerente general del equipo, era predecible que no se quedaría como tantos otros, porque además de poderoso, era ordenado, disciplinado, metido en el juego, siempre en la baranda pendiente del pitcher, esperando su turno…
Al terminar su primera temporada de novato se fue al norte, a Palm Beach, hogar primaveral de los Expos.
Allí no la pasó bien. Nos confesó que muchas veces pensó en devolverse, pero su deseo de jugar pelota y de ser un grandeliga eran más fuertes que la incomodidad de no entender el idioma, de estar lejos de casa, un muchacho además tan familiero como él. A pesar de lo difícil de esos años, no desmayó.
No pasó mucho tiempo para que Andrés se casara con Eneida, vecina toda la vida de Chepellín, una muchacha divertida y “de su casa”. La vida en pareja, estando afuera, le alivió la nostalgia por la distancia, así que le empezó a ir mejor.
Si bien sentía que se le hacía tarde para cristalizar su meta de ser un bigleaguer, en nuestra pelota se iba convirtiendo en un ídolo, con cada batazo bueno se ganaba más y más el cariño de los caraquistas.
Recordando los momentos difíciles, le vino a la memoria un juego con el Caracas, siendo Chico el mánager, en el que tres veces se había ponchado feísimo. Estaba cubriendo el jardín izquierdo y lo único que deseaba era que no bataeran hacia allá. Estaba desconcentrado y no quería seguir, ni en aquel juego ni en nungún otro. Fue esa la única vez que pensó en cambiar de ramo.
Entre lágrimas, le pidió a Carrasquel que lo sacara del juego. Chico no sólo no le hizo caso, sino que lo reprendió: “El beisbol no es sólo jonrones y hits, si fuera tan fácil todo el mundo jugaría”. Le ordenó que cogiera su guante y siguiera jugando. Un turno más tarde dió un buen batazo y todo lo malo que había ocurrido se desvaneció, pero la lección quedó bien aprendida.
Andrés fue ascendiendo lentamente en los equipos menores de los Expos. Un día, estando en triple A, se sentó frente a Felipe Rojas Alou y le manifestó su frustración, porque estaba bateando muchísimo, mejoraba cada día su defensa y no obstante ese esfuerzo, veía como otros eran subidos a las Mayores mienras él seguía esperando.
La respuesta de Felipe fue sabia: “Cuando subas, no volverás a bajar”.
A mitad de la temporada de 1986, Alou lo llamó a su oficina y le dijo que hiciera la maleta.
Hacer la maleta significaba que en las próximas horas iría al equipo grande. La felicidad era inmensa, como su voluntad.
Llamó a Eneida, que estaba con seis meses de embarazo, y le comunicó la gran noticia, pero ella al otro lado de la línea, si bien estaba contenta por el éxito de su esposo, lamentaba que no estaría en los dias finales, porque debía venirse a Caracas a dar a luz a la primogénita, Andria. Ella fue quien hizo la maleta y la envió a donde Andrés debía unirse a los Expos.
La historia desde entonces es por todos conocida, se lució bateando y fildeando, de hecho ganó dos Guantes de Oro y recibió su primera invitación al Juego de las Estrellas. Finalmente había conseguido lo que quería, establecerse en las Grandes Ligas.
(continuará)





