Branch Rickey tenía 22 años y estudiaba en la Universidad Ohio Wesleyan. Era jugador y manager del equipo de beisbol y un fin de semana fueron a South Bend para jugar contra sus similares de Notre Dame.
El equipo aspiraba hospedarse en el Hotel “Oliver” y los peloteros descendieron del autobús para registrarse, luego de ver a cada uno, el gerente dijo: “Tengo habitaciones para todos ustedes -excepto para él”- y señaló al receptor del equipo, Charlie Thomas, quien era negro.
Cuando Rickey reclamó, el encargado le explicó que la política del hotel era que “solo se hospedan hombres blancos”.
Apenado, Branch Rickey le pidió que llevara un catre a su habitación para compartir hospedaje con su compañero, petición que fue aceptada luego de discutirlo un buen rato.
Más tarde, según narra Ken Burns en el documental “Beisbol”, Rickey contó: “’Charlie estaba tirando frenéticamente de sus manos, tirando de sus manos. Me miró y dijo, “Es mi piel. Sí tan solo pudiese arrancarla, me gustaría ser como todos los demás. ¡Es mi piel, es mi piel, Sr. Rickey!”‘
Ese día, dijo el joven manager después: “Quien sintió más vergüenza por su color de piel fui yo”.
Charlie Thomas se convirtió un exitoso odontólogo y Branch Rickey vengó el bochornoso momento abriéndole la puerta para siempre a los jugadores negros en el beisbol de Grandes Ligas.
Charlie Thomas recordaría muchos años después : “Desde el primer día en que ingresé en la Ohio Wesleyan University, Branch Rickey tuvo un especial interés en mi bienestar. Como el primer jugador negro en alguno de sus equipos, muchos de mis compañeros no me dieron una bienvenida amigable, aunque no había una franca oposición. Pero, siempre sentí que el Sr. Rickey los mantenía a raya. Durante los tres años que estuve en la Ohio Wesleyan, ningún hombre podría haberme tratado mejor. Cuando salíamos de viaje, el Sr. Rickey era el primero en ver si yo era bienvenido en el hotel en el que parábamos. En varias ocasiones, habló con el gerente para que me permitiese ocupar una habitación doble con él y su compañero de cuarto, Barney Russell”
En 1944, después de convertirse en presidente de los Dodgers de Brooklyn, le dijo a Red Barber, el locutor radial de los Dodgers, “Durante 41 años, he oído llorar a ese joven [Charles Thomas]. Ahora, voy a hacer algo al respecto. . . . Voy a llevar a un negro a los Brooklyn Dodgers”.
Encargó a varios cazatalentos de su equipo para encontrar en las Ligas Negras a ese hombre que pudiera ser capaz de jugar en un equipo de Grandes Ligas, en los Dodgers de Brooklyn, jugando buena pelota, cosa de la que Rickey no tenía dudas, ya que sentía admiración y respeto por la calidad de la pelota que jugaban los hombres de color.
Sabía del buen espectáculo que daban las Ligas Negras y sus estrellas, hombres como Satchel Page, Josh Gibson (El “Babe” Ruth negro), Larry Doby o Buck Leonard, por citar algunos de los más brillantes. Todos ellos “sonaban” más que Jackie Robinson, pero Rickey no sólo estaba en busca de un súper pelotero, necesitaba que ese hombre tuviera exacta dimensión de lo que significaría jugar en escenarios hostiles y soportar vejaciones y malos tratos hasta que fuese irreversible la integración.
Cuando decidió firmar a Jackie Robinson se lo explicó, le dijo que no tenía dudas de que pudiera rendir en las Grandes Ligas y le pidió paciencia ante lo que ambos sabían estaba por venir, pero concientes de que cualquier sacrificio sería poco ante la conquista que iban a lograr.
Esa fue probablemente una de las acciones más importantes que se dieron hasta entonces para reducir el racismo. Las primeras lecciones de “no violencia activa” que inspiraron a Martin Luther King.
Siempre que se hable de la conquista de los derechos civiles de los negros que se dio desde los campos de beisbol, hay que mencionar a su principal promotor, Branch Rickey.
En 2007, en un foro en el “National Civil Rights Museum en Memphis” cuando se celebraron 60 años del debut de Robinson, el Comisionado Bud Selig reconoció que Branch Rickey “No solamente fue el más grande ejecutivo deportivo y del baseball del siglo XX, sino que su decisión de incorporar a Jackie Robinson a las Grandes Ligas permanecerá por siempre como el momento más orgulloso del baseball”.
Unos días antes de anunciar la firma de Jackie Robinson , Rickey coincidió en un restaurante con el alcalde de Nueva York Fiorello H. La Guardia; el político le comentó que harían que las leyes obligaran a los equipos de Grandes Ligas a incluir jugadores negros en sus nóminas.
Con todo listo para dar el gran paso, Branch Rickey le comentó a Sukeforth Clyde, el scout que envió a seguir a Jackie Robinson: “tenemos que darnos prisa, la política no le puede ganar al beisbol”.






