Candidatos, Ideas, Corazones y Mentes

Algunos creen que simplemente con “decretar el triunfo, es suficiente”. Esto es: elegimos el candidato y esperamos a 2012 para lograr un triunfo, así de sencillo. Esta tesis plantea que con la elección del mejor candidato, es suficiente. La pregunta clave es: ¿Qué significa ser el mejor candidato ante el actual Presidente?

Por otra parte, otros creen –quizás de manera obsesiva– que sólo hay que preocuparse por la propuesta de país. Efectivamente la oposición tiene un saldo negativo en todos estos años con respecto a cuál es la visión de país que pretende implantar una vez logre desplazar del poder a Hugo Chávez. Es cierto. En innumerables grupos de enfoque he presenciado cómo esos venezolanos consultados dicen una y otra vez: “yo no sé qué es lo que propone la oposición” y por lo tanto, en unos pocos minutos, terminan concluyendo ellos mismos: “Así que después de Chávez… ¿qué? Esto inspira a muchos a desvivirse por ese proyecto… Pero casi siempre olvidan que es un abanderado, una persona, un rostro el que debe encarnar y hacer vivas esas ideas.

Estimado lector, es preciso trabajar en ambas cosas. A la vez. Simultáneamente. Hay que “caminar y masticar chicle al mismo tiempo”.

Sólo candidatos… Sólo propuestas…

Es un lugar común en campañas electorales decir que al final del día “sólo se vota es un por candidato, por más nada” y también se suele escuchar con mucha frecuencia esta frase: “en una campaña no importa la razón, es sólo la emoción la que predomina”.  Algo de cierto tienen ambas expresiones, pero no dejan de ser sólo eso: lugares comunes.

A quienes piensan lo primero (sólo se vota por el candidato), debo decirles que efectivamente, sí, sí se vota por un candidato y sus cualidades personales, pero que eso es sólo una parte –muy relevante, por supuesto– de  la ecuación electoral, pero la misma no estaría completa sin algo que es muy importante: ideas. Son muchos los casos de elecciones en las que un candidato que no es tan bueno como sus contrincantes logra imponerse por la fuerza, vitalidad, trascendencia, claridad y viralidad de sus ideas. Los que opinan que el mundo de la consultoría política tan sólo se trata de vender la imagen de una persona como si esta fuese simplemente un detergente o un desodorante, les digo con rigor profesional que están profundamente equivocados. Ya lo decía claramente la famosa “Dama de Hierro” Margaret Tatcher: “Las ideas no es algo que pueda venderse como un simple jabón”.

A quienes piensan lo segundo (“es sólo la emoción lo que predomina”), puedo adelantarles que los estudios más recientes en materia de psicología política, comportamiento electoral y neurobioquímica han demostrado que la decisión de un elector de votar por alguien, se basa en ambas cosas y que opera simultáneamente: se vota tanto con el corazón como con la mente. Si usted tiene algún interés en profundizar sobre los hallazgos de estas investigaciones, lo invito a leerse los trabajos de Marcus, Neuman y MacKuen Affective Intelligence and Political Judgement (“Inteligencia Afectiva y Juicio Político”), el ya célebre trabajo de Drew Westen The Political Brain” (El Cerebro Político) y mi favorito de Ted Brader: Campaigning for hearts and minds (Campañas para Corazones y Mentes”). Eso por sólo darle tres referencias de autores clásicos. Hay un mundo de investigaciones que sustentan esta tesis.

Es bastante obvio que sobre el candidato hay variables muy claras para poder evaluarlos: conocimiento, agrado, capacidad, experiencia, logros, performance, arrastre, carisma. Hay otras variables que no son tan sencillas de medir como: partido (s) que lo apoya (n), financiamiento, debilidades poco conocidas, etc. En todo caso, ya tendremos un panorama más claro de eso para cada uno de los aspirantes, tan pronto como vaya avanzando la zafra electoral y se vaya despejando el cuadro candidatural. Lo que no es tan obvio es el tema del proyecto de país.

Ya usted conoce mi posición (o mejor dicho, mis muchas dudas) en torno a un posible esquema en el que la Mesa de la Unidad Democrática elabore una propuesta a la que todos los candidatos deben someterse. Más allá de si yo tengo razón o no, ese no es el punto.

Lo realmente importante, lo esencial es lo atractivo de esa propuesta. Y además, tan importante como el fondo es: ¿Cómo se hace potable, fácilmente comprensible y divulgable a través de comunicaciones masivas ese conjunto de ideas?

Un conjunto de ideas poderosas

Este es el quid del segundo componente de nuestra ecuación electoral. Las ideas que finalmente presente el abanderado opositor tienen que ser claras, contagiosas y además, lo más importante, realmente inspiradoras. Ese conjunto de propuestas deben centrarse en ir más allá de resolver los muchos problemas que nos aquejan –aspecto necesario– sino en plantear el rumbo que nuestro país debe asumir en las próximas décadas. En una frase: deben poner a soñar a todos los venezolanos. Alguien decía por ahí alguna vez que “son las ideas las que mueven el mundo”. Yo estoy de acuerdo con eso. Esto es lo que aplica acá.

Esas ideas necesitan ser muy atractivas. No pueden ser sólo comprensibles por los intelectuales. Deben ser elaboradas en un lenguaje que todos entiendan. Desde el venezolano más inteligente hasta el más humilde de nuestros compatriotas. Me atrevo a ir más allá: debe ser una plataforma que llegue hasta la diáspora de ciudadanos de este país que están por todo el planeta.

Lo atractivo es importante. A veces estas propuestas se quedan en un lenguaje muy complejo, o son tan amplias, que no le terminan diciendo nada al ciudadano común. Por supuesto que es muy respetable el esfuerzo adelantado por notables venezolanos que han dedicado mucho para producir estas propuestas, pero es necesario que sean “potabilizadas”, que sean masificadas, que sean “viralizadas”. Ahí radicará el éxito.

Le pongo un ejemplo, muy reciente. ¿Recuerda usted la plataforma de propuestas de la Mesa de la Unidad Democrática para las elecciones parlamentarias del 26-S del año pasado?

¿Recuerda su nombre? Si no pudo hacerlo, no se sienta mal. Eso suele ocurrir. La propuesta se llamaba “100 soluciones para la gente”. Ahora bien: ¿Recuerda usted todas las soluciones? ¿Sabe usted cuál es la solución número 47? ¿Podría usted indicarme de qué se trataba la solución número 98?

Si no logró responder las dos preguntas anteriores, ya usted entendió mi punto. No se sienta mal. Si por el contrario, usted pudo responder acertadamente las dos interrogantes, estoy casi seguro que trabajó en el equipo de redacción de la Mesa de la Unidad Democrática. Así que de nuevo, usted vuelve a entender mi punto: las ideas tienen que llegarle a todos los venezolanos. A todos.

Simplificar las ideas y propuestas sin perder calidad y lograr que las mismas movilicen, es un reto increíble, pero es un imperativo. No sólo con llegarle al corazón de los venezolanos es suficiente, también tenemos que llegarle a su mente…

Fórmese su propia opinión. Para ello, evalúe los esfuerzos hechos durante los últimos años. ¿Quiere consultar los últimos dos propuestas que la oposición ha elaborado en este sentido? Lo invito a leer  el “Plan Consenso País” de la Coordinadora Democrática (2004) y las “100 soluciones para la Gente” de la Mesa de la Unidad Democrática (2010)

Como siempre, yo estaré a sus órdenes para conversar en la red social Twitter sobre este y otros aspectos de la política venezolana.

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Algunos creen que simplemente con “decretar el triunfo, es suficiente”. Esto es: elegimos el candidato y esperamos a 2012 para lograr un triunfo, así de sencillo. Esta tesis plantea que con la elección del mejor candidato, es suficiente. La pregunta clave es: ¿Qué significa ser el mejor candidato ante el actual Presidente?

Por otra parte, otros creen –quizás de manera obsesiva– que sólo hay que preocuparse por la propuesta de país. Efectivamente la oposición tiene un saldo negativo en todos estos años con respecto a cuál es la visión de país que pretende implantar una vez logre desplazar del poder a Hugo Chávez. Es cierto. En innumerables grupos de enfoque he presenciado cómo esos venezolanos consultados dicen una y otra vez: “yo no sé qué es lo que propone la oposición” y por lo tanto, en unos pocos minutos, terminan concluyendo ellos mismos: “Así que después de Chávez… ¿qué? Esto inspira a muchos a desvivirse por ese proyecto… Pero casi siempre olvidan que es un abanderado, una persona, un rostro el que debe encarnar y hacer vivas esas ideas.

Estimado lector, es preciso trabajar en ambas cosas. A la vez. Simultáneamente. Hay que “caminar y masticar chicle al mismo tiempo”.

Sólo candidatos… Sólo propuestas…

Es un lugar común en campañas electorales decir que al final del día “sólo se vota es un por candidato, por más nada” y también se suele escuchar con mucha frecuencia esta frase: “en una campaña no importa la razón, es sólo la emoción la que predomina”.  Algo de cierto tienen ambas expresiones, pero no dejan de ser sólo eso: lugares comunes.

A quienes piensan lo primero (sólo se vota por el candidato), debo decirles que efectivamente, sí, sí se vota por un candidato y sus cualidades personales, pero que eso es sólo una parte –muy relevante, por supuesto– de  la ecuación electoral, pero la misma no estaría completa sin algo que es muy importante: ideas. Son muchos los casos de elecciones en las que un candidato que no es tan bueno como sus contrincantes logra imponerse por la fuerza, vitalidad, trascendencia, claridad y viralidad de sus ideas. Los que opinan que el mundo de la consultoría política tan sólo se trata de vender la imagen de una persona como si esta fuese simplemente un detergente o un desodorante, les digo con rigor profesional que están profundamente equivocados. Ya lo decía claramente la famosa “Dama de Hierro” Margaret Tatcher: “Las ideas no es algo que pueda venderse como un simple jabón”.

A quienes piensan lo segundo (“es sólo la emoción lo que predomina”), puedo adelantarles que los estudios más recientes en materia de psicología política, comportamiento electoral y neurobioquímica han demostrado que la decisión de un elector de votar por alguien, se basa en ambas cosas y que opera simultáneamente: se vota tanto con el corazón como con la mente. Si usted tiene algún interés en profundizar sobre los hallazgos de estas investigaciones, lo invito a leerse los trabajos de Marcus, Neuman y MacKuen Affective Intelligence and Political Judgement (“Inteligencia Afectiva y Juicio Político”), el ya célebre trabajo de Drew Westen The Political Brain” (El Cerebro Político) y mi favorito de Ted Brader: Campaigning for hearts and minds (Campañas para Corazones y Mentes”). Eso por sólo darle tres referencias de autores clásicos. Hay un mundo de investigaciones que sustentan esta tesis.

Es bastante obvio que sobre el candidato hay variables muy claras para poder evaluarlos: conocimiento, agrado, capacidad, experiencia, logros, performance, arrastre, carisma. Hay otras variables que no son tan sencillas de medir como: partido (s) que lo apoya (n), financiamiento, debilidades poco conocidas, etc. En todo caso, ya tendremos un panorama más claro de eso para cada uno de los aspirantes, tan pronto como vaya avanzando la zafra electoral y se vaya despejando el cuadro candidatural. Lo que no es tan obvio es el tema del proyecto de país.

Ya usted conoce mi posición (o mejor dicho, mis muchas dudas) en torno a un posible esquema en el que la Mesa de la Unidad Democrática elabore una propuesta a la que todos los candidatos deben someterse. Más allá de si yo tengo razón o no, ese no es el punto.

Lo realmente importante, lo esencial es lo atractivo de esa propuesta. Y además, tan importante como el fondo es: ¿Cómo se hace potable, fácilmente comprensible y divulgable a través de comunicaciones masivas ese conjunto de ideas?

Un conjunto de ideas poderosas

Este es el quid del segundo componente de nuestra ecuación electoral. Las ideas que finalmente presente el abanderado opositor tienen que ser claras, contagiosas y además, lo más importante, realmente inspiradoras. Ese conjunto de propuestas deben centrarse en ir más allá de resolver los muchos problemas que nos aquejan –aspecto necesario– sino en plantear el rumbo que nuestro país debe asumir en las próximas décadas. En una frase: deben poner a soñar a todos los venezolanos. Alguien decía por ahí alguna vez que “son las ideas las que mueven el mundo”. Yo estoy de acuerdo con eso. Esto es lo que aplica acá.

Esas ideas necesitan ser muy atractivas. No pueden ser sólo comprensibles por los intelectuales. Deben ser elaboradas en un lenguaje que todos entiendan. Desde el venezolano más inteligente hasta el más humilde de nuestros compatriotas. Me atrevo a ir más allá: debe ser una plataforma que llegue hasta la diáspora de ciudadanos de este país que están por todo el planeta.

Lo atractivo es importante. A veces estas propuestas se quedan en un lenguaje muy complejo, o son tan amplias, que no le terminan diciendo nada al ciudadano común. Por supuesto que es muy respetable el esfuerzo adelantado por notables venezolanos que han dedicado mucho para producir estas propuestas, pero es necesario que sean “potabilizadas”, que sean masificadas, que sean “viralizadas”. Ahí radicará el éxito.

Le pongo un ejemplo, muy reciente. ¿Recuerda usted la plataforma de propuestas de la Mesa de la Unidad Democrática para las elecciones parlamentarias del 26-S del año pasado?

¿Recuerda su nombre? Si no pudo hacerlo, no se sienta mal. Eso suele ocurrir. La propuesta se llamaba “100 soluciones para la gente”. Ahora bien: ¿Recuerda usted todas las soluciones? ¿Sabe usted cuál es la solución número 47? ¿Podría usted indicarme de qué se trataba la solución número 98?

Si no logró responder las dos preguntas anteriores, ya usted entendió mi punto. No se sienta mal. Si por el contrario, usted pudo responder acertadamente las dos interrogantes, estoy casi seguro que trabajó en el equipo de redacción de la Mesa de la Unidad Democrática. Así que de nuevo, usted vuelve a entender mi punto: las ideas tienen que llegarle a todos los venezolanos. A todos.

Simplificar las ideas y propuestas sin perder calidad y lograr que las mismas movilicen, es un reto increíble, pero es un imperativo. No sólo con llegarle al corazón de los venezolanos es suficiente, también tenemos que llegarle a su mente…

Fórmese su propia opinión. Para ello, evalúe los esfuerzos hechos durante los últimos años. ¿Quiere consultar los últimos dos propuestas que la oposición ha elaborado en este sentido? Lo invito a leer  el “Plan Consenso País” de la Coordinadora Democrática (2004) y las “100 soluciones para la Gente” de la Mesa de la Unidad Democrática (2010)

Como siempre, yo estaré a sus órdenes para conversar en la red social Twitter sobre este y otros aspectos de la política venezolana.

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