¿Si alguien le dice a usted que le va a dar una pastillita, le va a poner una inyección o le dará una cremita que lo hará ser mejor en lo que hace, acepta?
Tomemos un tiempo antes de responder, porque planteada así pareciera que seríamos muy tontos si decimos no y en este caso parece demasiado bueno como para no dudar.
Suena como muy tentador, ser mejor sin mucho esfuerzo o con el mismo esfuerzo, gracias a unas sustancias que garantizan que en poco tiempo superaremos a nuestros similares y ello nos hará ganar mucho dinero.
Mejor no preguntamos mucho, precisamente para no saber, pero probamos y a los pocos días nos sentimos incansables, somos más eficientes y además se nos nota.
Comienzan a llegar los “memos” de felicitación, provocativas propuestas de otras empresas, promesas de ascenso y mejor salario. Claro, seguimos consumiendo esa maravilla que nos ha hecho potenciar nuestras cualidades y que sigan los aplausos, eso si, que nadie nos vea mientras nos damos la “ayudita”, por si acaso cualquier cosa.
Y no tenemos ni idea de que es ilegal lo que hacemos, de eso ni hablamos, no preguntamos, no queremos ni enterarnos porque la verdad la sentimos en nuestro progreso. Éramos buenísimos pero ahora estamos cerca de los más geniales, incluso con la posibilidad de ser superiores a las leyendas. Así que mejor nos escondemos para que nadie nos vea, ni a nosotros ni a nuestro secreto; mejor es no decir nada, no comentar. Ser ignorantes podría ser un atenuante por si nos preguntan, no sabemos.
Esta cronista quiere creer que Barry Bonds nunca supo que lo que le recomendaba su entrenador personal Greg Anderson, eran esteroides, prefiero pensar que en efecto prefirió no saber y que aceptó que la crema era aceite de linaza o crema para la artritis, a lo mejor sale “no culpable” de los cargos de perjurio y obstrucción a la justicia, pero no será inocente ante los ojos de montones de fanáticos del beisbol que no creen que todos sus jonronres (762) sean válidos para compararse con Babe Ruth, Hank Aaron o su padrino Willie Mays.
Víctor Conte es el cínico dueño de Laboratorios Balco, inventor de sustancias ilegales para mejorar el rendimiento como :
*THG o The Clear”, producto que acelera los procesos de rehabilitación y la reparación de los tejidos.
*Testosterona/epitestosterona en crema (Su propósito era compensar la reducción de testosterona endógena causada por el uso de THG y también para acelerar el tiempo de recuperación tras una intensa fatiga).
*EPO: Incrementa el número de glóbulos rojos en la sangre y mejora el rendimiento del oxígeno y su utilización.
*HGH, esta sustancia se utilizaba principalmente en los meses de pretemporada para favorecer la recuperación tras un entrenamiento muy intenso.
*Humalog (insulina de acción rápida), cuyo propósito es llenar de nuevo los depósitos de glucosa, resintetizar la molécula trifosfato de adenosina (ATP) y facilitar la síntesis de las proteínas y el crecimiento muscular.
*Modafini, que se usa como agente que estimula el estado de alerta antes de la competición.
*Liotironin. sirve para acelerar el metabolismo antes de la competición. Reduce las consecuencias de la inactividad e incrementa la rapidez.
La mayoría sin tests aceptaos para detectarlas y diseñadas para ser consumidas en ciclos cortos para engañar a las autoridades deportivas.
Según dijo Conte, un delincuente convicto y confeso en un documental presentado por ABC News, sobre el caso de los esteroides, Barry Bonds estaba fascinado con su nuevo cuerpo, de ser un hombre atlético pasó a ser un tipo de músculos gruesos pero más veloz, incluso es detestable cuando se refiere a cómo el pelotero estaba encantado con sus robustos glúteos.
A Conte no tenemos que creerle nada, es un tramposo, pero quedó demostrado en el juicio seguido por el escándalo de los esteroides que el entrenador de Bonds, Greg Anderson, si tenía relaciones con Laboratorios Balco y con Victor Conte directamente.
Conte es el mismo que suministró a Marion Jones los esteroides que más tarde provocaron que fuera despojada de sus medallas olímpicas.
El primer día del juicio el abogado de Bonds, Allen Ruby, dijo que su cliente admitió consumir esas sustancias ilegales, pero engañado por su entrenador. Ratificó lo dicho el 4 de diciembre de 2003, cuando declaró ante un tribunal que nunca usó los esteroides a sabiendas.
Ahora hay varias preguntas:
¿Son Barry Bonds y los otros jugadores que consumieron esteroides los únicos responsables de este oscuro episodio del beisbol?
¿Cuánto tiene que ver Bud Zelig y su “vista gorda” en todo esto?
¿Cuántos dijeron algo mientras se producía el fascinante espectáculo de ver el montón de jonrones?
¿Cuánto dinero en publicidad, taquilla y transmisión de TV produjeron esos jonrones?
¿Cuántos periódicos se vendieron porque el titular era otro jonrón?
¿Cuántos de nosotros celebramos cada batazo o cada strike y preferimos, tal vez como Bonds, ni saber cómo sucedían tantas maravillas”
Montones de preguntas nos vienen a la mente.
No parece que será fácil a los fiscales federales demostrar si Bonds lo sabía o no, pero por lo pronto no hay ninguna duda de que buena parte de esos 762 jonrones que dejó para los records no son producto únicamente de su innegable talento y eso podría condenarlo a no llegar al Salón de la Fama, seguramente su gran motivación, estar entre los mejores de los mejores para siempre…
(continuará)





