“Entonces usted necesita alguien fuerte, que pueda pelear”, le dijo Jackie Robinson a Branch Rickie al terminar de escuchar sus argumentos para persuadirlo de que aceptara jugar con los Dodgers de Brooklyn.
Rickie, un hombre sensible al problema de la segregación, cuando jugaba para el equipo de la Universidad Ohio Wesleyan, se disgustó cuando un equipo contrario se negó a jugar con ellos porque tenían un negro en la alineación, desde entonces se hizo el firme propósito de acabar con aquella vergonzosa tara.
Fue un personaje admirable, una figura de la historia del beisbol y contemporánea de los Estados Unidos de la que tendremos que hablar en algún momento como merece.

La respuesta del co-propietario y presidente de los Dodgers de Brooklin a la pregunta de Jackie fue: “No, necesito a alguien todavía más fuerte para no pelear”.
La historia de allá para acá es conocida, Jackie Robinson debutó en las Mayores el 15 de abril de 1947 y demostró en cada batazo, en cada lance y en cada carrera, que Branch Rickie no se equivocó cuando se decidió por él por encima de otros jugadores tal vez más estelares en la Ligas Negras, como Satchel Paige, quien llegó a la Gran Carpa dos años después con Cleveland.
Jackie Robinson fue elegido como “Novato del año” y por eso hoy en día el premio al más destacado debutante lleva su nombre.
Rickie le pidió que soportara tres temporadas.
Tres amargas campañas en las que Robinson fue blanco de amenazas, incluso de muerte, escupitajos de jugadores de equipos contrarios, entradas a sus pantorrillas para lesionarlo, pitcheos al cuerpo, a la cabeza, insultos y groserías de los fanáticos, gatos negros eran lanzados al terreno para burlarse, menosprecio de la prensa y desplantes en hoteles y restaurantes a los que llegaba todo el equipo menos él.

“Después al primero que te ofenda le responderás”- le pidió Branch Rickie y así fue. Pronto fueron disminuyendo las provocaciones, Jackie se había impuesto y abierto la puerta para que otros jugadores negros llegaran a las Grandes Ligas.
Por diez temporadas se mantuvo el oficial y graduado universitario Jackie Robinson en las Grandes Ligas, pero cuando el equipo decidió cambiar de ciudad y mudarse a Los Ángeles, Robinson, aunque había anunciado un acuerdo con los Gigantes, nunca se uniformó con ellos y se retiró antes de comenzar la siguiente campaña, en 1957.
No descansó en la lucha por los derechos civiles de su raza, fue inspirador de hombres tan notables como Martin Luther King.
Cuando murió en 1972, el reverendo Jesse Jackson ofició una misa en la que recordó su máxima premisa: “Una vida no es importante, sino por el impacto que causa en otras vidas”.
Un día como hoy en 1960 comenzó a demolerse el Ebbets Field, hogar de los Dodgers de Brooklyn. Ahí consiguieron ser campeones de la Liga Nacional en 1941, 1947, 1949, 1952, 1953, 1955 y 1956. Y ganaron la Serie Mundial de 1955.
Jackie Robinson, en esa Serie Mundial de 1955, le robó el home a Yoggie Berra, quien aún insiste en que el umpire se equivocó y fue out.
El “Ebbets Field” ya no existe físicamente, pero en la memoria del beisbol se mantiene su leyenda y no es posible hablar de Jackie o del beisbol sin recordar el estadio que diseñó el Arquitecto Clarence Randall Van Buskirk y que costó 750 mil dólares.
En ese lugar se dio una de las gestas más exitosas por la conquista de derechos civiles que puedan recordarse. Fue un campo de batalla en la que ganó la inteligencia, la sensibilidad, la hidalguía, la resistencia pacífica y la tolerancia.
Hay lugares que nunca desaparecen, el Ebbets Field es uno de ellos.








