Continúa la discusión sobre las primarias. Enhorabuena. Por ahora, los criterios difieren sobre cuándo hacerlas. Para refrescar las posiciones, el debate ha tenido varias propuestas que van desde realizarlas lo más temprano posible, tesis planteada por Teodoro Petkoff (en octubre), hasta la sugerida por Salas Römer de efectuarlas en julio de 2012. Usted estimado lector, recordará que mi posición escrita en octubre en este mismo espacio (“Primarias Presidenciales”) se centraba en buscar un punto medio entre ambas posiciones y convocarlas hacia finales de este año.
En todo caso, ya la propuesta más extrema de julio ha sido descartada por la propia rectora Socorro Hernández, quien afirmó que el “CNE no organizará primarias después de marzo de 2012”. Ramón José Medina, miembro de la MUD y principal responsable de las primarias celebradas en abril de 2010, ha adelantado que la fecha podría ubicarse entre “noviembre de 2011 y febrero de 2012”.
Ayer en el programa “Golpe a Golpe” que se transmite diariamente a través de Radio Caracas Radio, tuve la oportunidad de ser entrevistado por Fausto Masó sobre este particular. En realidad, la conversación pasó de ser una entrevista a un debate (por cierto, muy cordial) con el anfitrión del espacio informativo. Masó, quien recientemente publicó un influyente artículo, sostiene que “hay adelantar las primarias todo lo humanamente posible”, así que comulga con la tesis Petkoff. Yo volví a insistir que deben ser un poco más allá, cerrando este 2.011. Pienso que en la última semana de noviembre o el primer domingo de diciembre. Mi posición se soporta básicamente sobre dos argumentos: uno de carácter técnico-financiero y otro, por supuesto, de naturaleza política.
Tiempo suficiente para organizarlas
Organizar un proceso electoral a escala nacional, aún con apoyo logístico del Consejo Nacional Electoral, implica de un tiempo relativamente largo. De meses. Si es verdad que la Mesa de la Unidad Democrática terminará definiendo las reglas definitivas para esta primarias a finales del próximo mes, entonces los procedimientos ulteriores para negociar y contar con el respaldo del órgano comicial, tomará su tiempo. Pero más allá de eso, preparar las condiciones técnicas para que la elección se haga sin mayores contratiempos no es algo que se haga de la noche a la mañana. Además, estoy tomando en cuenta otro “pequeño detalle”: cómo pagar la consulta.
No es descartable que el CNE, para colocar nuevos obstáculos a la oposición, pida que el proceso sea sufragado anticipadamente para garantizar su realización. Ya sabemos que el PSUV aún adeuda sus compromisos, pero vivimos en un país en el que el ventajismo está a la orden del día. No debería ocurrir, pero siempre intento ubicarme en el plano del realismo político, para poder planificar sobre las peores circunstancias.
Siendo lo anterior una hipótesis con una alta probabilidad de ocurrencia (y en el fondo, espero que no sea así), la oposición deberá iniciar un despliegue organizativo a nivel nacional para que sean los electores los que sufraguen la consulta electoral de manera abierta, transparente… y masiva. Como ya he apuntado antes, esto lejos de distraer, pienso que puede ser reencuadrado para energizar al electorado y “comenzar la campaña desde temprano”.
Si por alguna razón, el proceso no fuese organizado por el CNE, entonces, hay que recurrir a otras organizaciones y efectuar un proceso manual y “auto-administrado”. Acá, con toda seguridad, se necesitaría más tiempo. De ahí mi cálculo: para tener gobernabilidad de este proceso –sea cual sea el organizador final– es imprescindible contar con tiempo a favor. Considero que unos 8 ó 9 meses son un colchón importante en ese sentido.
Una competencia justa y una gran decisión: ¿pasado o futuro?
El segundo argumento, como lo adelanté, es de naturaleza estrictamente política. Soy de los que cree que el país todo debe apreciar una competencia entre los principales candidatos que aspirarán competir con Chávez y alcanzar el Palacio de Miraflores. He dicho antes también que unas primarias adelantadas benefician a quien tiene más recursos económicos y mediáticos y unas muy atrasadas, a los que hoy no tienen gran posicionamiento. Creo que eso puede ayudar a resolverse con la elección de un punto medio y por supuesto, con un reglamento que no genere distorsiones.
Obviamente, creo que sí hay que evitar que esta consulta sea saturada por aspirantes folklóricos que sólo desean ver su nombre en televisión como “candidato presidencial”. Por ello, un mínimo de condiciones como un número determinado de firmas que respalden su postulación y otras que quizás no se me ocurran en este momento, podrían ser la manera más efectiva. Obviamente, no estaré de acuerdo con cosas como las hechas en abril de 2010 de pedir dinero a los candidatos para que “sufraguen las primarias”.
Creo además que unos meses de sana rivalidad entre diferentes aspirantes de la oposición también le permitirán al electorado definir con mayor claridad quién es el mejor contrincante para enfrentarse al actual Presidente, quién puede enrumbar a Venezuela hacia mejores destinos. Los debates televisados podrían ayudar bastante a esclarecer este panorama.
Pero, finalmente, presento un punto álgido y quizás muy polémico. Soy de los que piensa que uno de los temas de fondo de esa campaña interna y para la cual también se necesita tiempo, es que ayudará a dirimir si la Oposición quiere elegir un candidato que represente una nueva generación de liderazgos políticos o bien, lo contrario. Acá hay opiniones para todos los gustos y cada uno puede tener su inclinación particular, por supuesto, pero esto seguramente será un tema que pueda ayudar (o no) al futuro candidato que se escoja en primarias. Sobre esto, profundizaré luego en próximos artículos.
El síndrome “post-decembrino”
Un argumento que he escuchado con insistencia para objetar la realización de primarias en 2.011, es que hacerlas cerca de diciembre pudiera ser perjudicial para el “clima electoral”. Los que dicen esto piensan que toda la algarabía y energía en torno a las primarias, se diluirá ante los festejos de diciembre y que la gente se olvidará pronto de todo.
Si bien esto pudiera ocurrir, me pregunto: ¿y si se elige al candidato en febrero no ocurrirá lo mismo en Carnaval? ¿Y si se elige en marzo no ocurrirá lo mismo en Semana Santa? Esas son cosas que ocurren en toda campaña electoral: siempre las festividades atentan y hay que buscar la manera de sacarle provecho. La campaña electoral presidencial del candidato unitario en 2012 también deberá superar los meses de julio y agosto, tradicionalmente más relajados por las vacaciones escolares. Mantener la atención en las propuestas de ese candidato será una responsabilidad del comando de campaña y claro está, de los ciudadanos…
En el fondo y esto quiero destacarlo, el argumento también subestima la capacidad cívica de los electores. Lo que Venezuela se jugará en 2.012 es demasiado importante y nadie estará alejado de lo en este país ocurra el próximo año. Así que concluir el 2.011 con un candidato popularmente legitimado, pienso que es lo mejor que puede ocurrirle a la oposición.
Las reglas avanzan y el escenario se sigue moviendo. Hay que estar atento
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