Henrique Capriles sigue desmarcándose de la estrategia de calle sugerida por la dupla López-Machado. Palabras más flechas menos, lo que sugiere el gobernador de Miranda, es que ese no es el camino porque no incluye lo social. “Nosotros no vamos en esa dirección, porque estamos construyendo un proyecto que incluye a la inmensa mayorÃa del paÃs”. Se pregunta uno si salir a la calle a protestar por “un paÃs hecho leña” como es su propio decir, no registra el sentimiento de la inmensa mayorÃa de los venezolanos…
MarÃa-Corina Machado y Leopoldo López han asumido el inmenso desafÃo de levantar de su diván a esa gran mayorÃa de ciudadanos que se encuentran frustrados, atemorizados y decepcionados del salvajismo social que se tragó al paÃs, donde la vida vale menos que en Siria o Afganistán, y el bolÃvar se ha devaluado mas que el mismo peso cubano. HabrÃa que recordarle al amigo Capriles, que el derecho a la vida, al trabajo y a una convivencia digna y próspera, son derechos perdidos que los venezolanos no podemos poner en el escaparate hasta una nueva elección. Quedarse en casa esperando que la muerte nos alcance (siendo que ni en ellas estamos a salvo), o levantarse cada dÃa e ir a trabajar a riesgo de un secuestro, un asalto o una bala perdida, nos coloca en los linderos de la anomia, misma que nos neutraliza, desmoraliza y en fin, nos anula. La protesta ciudadana, como derecho y como deber, es un ejercicio sano, impostergable y necesario de aglutinación grupal; de lucha asistida de liderazgo, vecinos y conciudadanos, que trata de ponerle freno a la violencia y al abuso de poder. Ser libre, no solo de palabra y pensamiento, sino de vivir y de andar, no son temas de dejarlos exclusivamente en vuestras manos Henrique. La calle comporta una misión ciudadana esencialmente socialpor humanista, más que polÃtica o económica, siendo-sin duda-la ultima respuesta de resistencia que le queda a un paÃs dejado en abandono, aislado de la comunidad internacional, sin justicia a lo interno, con unas FFAA vigiladas y contenidas (aunque en su mayorÃa muy indignadas) y sometido por la inteligencia cubana.
Denuncia Capriles: “hay laboratorios en las redes (sociales) promovidos por sectores de la oposición para atacarlo [a Henrique]. Ya yo sé de dónde es que operan, dónde se meten… Desde esos sectores presionan para tratar de meternos a nosotros en una agenda que no es la nuestra. La agenda nuestra es ¡social!, la salida ¡es social!” Y enfatizó: “creemos en la unidad del pueblo y en quienes tienen una visión para los pobres, una visión social”. Tuve que releer varias veces esta arenga, para convencerme que no era Chávez quien nos hablaba desde el más allá. La intimidación no es buena consejera muchacho porque asemeja desesperación. Y el pobrecitismo ya aburre… No hay otro laboratorio polÃtico en Venezuela, que el que brota del gobierno. El ciudadano de a pie que clama por un paÃs normal, a estas alturas ni es manipulable por redes sociales, ni por agendas ocultas. La única agenda social y que acaba con todo: Estado, Gobierno y pueblo, es la de muerte desatada, la desolación, la escasez, la inflación y el miedo. Nadie Henrique, ni desde la oposición, ni desde el mismo chavismo, están enfocados en ti, porque el guayabo no lo monopolizas ni tú ni Maduro, sino nuestra profunda frustración colectiva por sobrevivir un paÃs de corsarios y saqueadores. Si vuestra agenda no es salir a la calle por considerarlo una aventura o parecer un “carro chocón“, pues nada al decir de Voltaire, no estoy de acuerdo con vuestro modo de pensar, defiendo vuestro derecho a disentir, pero lo que no puedo consentir, es que que actúes como una suerte de “Batman for ever“, pensándose el último paladÃn capaz de volar sobre ciudad gótica, con todos los méritos, todos los tiempos y todas las verdades. No ganarás a solas, jamás levantarás vuelo sin el impulso del consenso, y solo os quedareis, con el antifaz de héroe. Venezuela no es Ciudad Gótica y los villanos de esta pelÃcula, no son de ciencia ficción, ni pingüinos, ni acertijos. Son personajes reales, muy hábiles y perversos, que requieren de la máxima aglutinación, cohesión y coherencia colectiva (que comienza por la de su liderazgo), para nivelar y vencer. Es ofensivo que nos pongamos camisetas de pobres, para ganar la atención del pobre. Prefiero que vistas la camiseta de la humildad.
Decir que movilizar a la gente es una irresponsabilidad, es precisamente irresponsable. La gente ya no vive ni trabaja Henrique, sino que suda y pierde el dÃa buscando una lata de margarina o de sardina. Compite con MarÃa Corina y Leopoldo, pero con madurez, considerando que no estamos en un paÃs normal, sino tomado y forajido. Si solo se tratara de correr por el poder, hace rato os correspondÃa iros a las duchas como normalmente le ocurre aquél que ya ha sido derrotado. Pero no pasa nada, tú no lo fuÃsteis (derrotado) y el paÃs aún te reconoce como lÃder de un desafÃo superior, por lo que no lo dejéis a solas, como la disidencia aún no se ha planteado dejarte a ti.




