Estados Unidos y Venezuela, una relación tormentosa

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En los últimos días, el gobierno venezolano ha insistido en sus denuncias contra Estados Unidos. Hace seis días, luego de la detención del alcalde metropolitano, Antonio Ledezma, Maduro acusó a Washington de estar detrás del desmantelado golpe de estado “planeado por el eje Miami-Bogotá-Madrid. “Ni una ofensa más por parte del gobierno de Estados Unidos”, dijo Maduro en un encendido discurso. Le pidió a Barack Obama “imponer criterios de respeto en su gabinete hacia Venezuela”.

“Que nadie se meta con Venezuela, a Venezuela se respeta, yanquis del carajo, respeten nuestra patria. Ya basta. Alerta a los pueblos: ni una ofensa más voy a aceptar, ni una más, del imperialismo estadounidense”, dijo el presidente, quien agregó que no aceptará que Washington y su embajada en Caracas continúen llamando militares, tratando de comprar periodistas opinadores y dirigentes en el país caribeño.

Este lunes la canciller, Delcy Rodríguez, hizo un anuncio: Estados Unidos tendrá 15 días para presentar una clasificación de los funcionarios que permanecerán en el país suramericano, que deben pasar de un centenar a 17. “Se le dio un tiempo de 15 días para presentar el plan en cuanto a la clasificación de rango de funcionarios que deberán permanecer en nuestro país acreditados por su Gobierno en Venezuela”, dijo la ministra tras reunirse con el encargado de negocios de la embajada de EE.UU. en Caracas, Lee Clenny.

Maduro ordenó la reducción del centenar de funcionarios diplomáticos de su embajada en Caracas a niveles similares a los 17 que mantiene su Gobierno en Washington.  Además, indicó, toda reunión de los diplomáticos norteamericanos en Venezuela deberá realizarse con el consentimiento de su Gobierno. Asimismo, el presidente solicitó la obligatoriedad del visado para estadounidenses que visiten el país petrolero, una medida adoptada, según dijo, luego de la captura de un piloto estadounidense de quien las autoridades sospechan que estuvo en acciones de “espionaje”.

La canciller venezolana anunció que el Gobierno de su país publicará una resolución “donde en razón de la reciprocidad se aplica visado para los ciudadanos estadounidenses”. “Como bien ya hemos mencionado,son medidas y acciones diplomáticas enmarcadas en el derecho internacional público, en los propósitos y principios de las Naciones Unidas y que en principio conciernen a la reciprocidad que debe regir entre los estados soberanos”, añadió.

Entre otros políticos, el gobierno venezolano le negará el ingreso al país a personajes como el expresidente George W. Bush, el exvicepresidente Dick Cheney y el congresista republicano Marco Rubio.

¿Represalias?

El gobierno de Venezuela está bajo fuerte presión. En diciembre del año pasado, el congreso de EE.UU. aprobó un paquete de sanciones contra el país por violar los derechos humanos durante las protestas del 2014, que dejaron 43 muertos. Washington impuso sanciones, incluyendo restricciones de visas y en algunos casos congelamiento de bienes, a funcionarios venezolanos involucrados, según afirmó, en casos de violaciones de derechos humanos y corrupción.

“Nuestra embajada en Washington no anda buscando militares para que derroquen a Obama… a estas conjuras trazadas por políticos opositores con apoyo estadounidense les aplicar vamos a la mano dura”, amenazó el mandatario.

En octubre de 2013, Maduro ordenó la expulsión de tres diplomáticos estadounidenses, entre ellos la encargada de negocios, a quienes acusó de reunirse con opositores para “sabotear el sistema eléctrico y la economía” del país.

En los últimos dos años, al menos ocho diplomáticos han sido expulsados de Venezuela. Pese a las tensiones en el plano político, Estados Unidos sigue siendo el principal cliente del petróleo venezolano, que paga con dinero líquido. Maduro, enfrentado a una severa crisis económica y una profunda caída de su popularidad, ha redoblado en los últimos meses sus denuncias sobre planes de golpe y magnicidio, en las que con frecuencia involucra a Washington.

Intentos amistosos
Las relaciones con Estados Unidos han estado marcadas por la tensión. Desde 2002 cuando el fallido golpe contra Hugo Chávez las denuncias de conspiración aumentaron. Las relaciones se rompieron definitivamente en septiembre de 2008, cuando el presidente Chávez expulsó al embajador estadounidense y EE.UU. respondió con el mismo gesto.

El apretón de manos entre los presidentes Chávez y Barack Obama, durante la Cumbre de las Américas que se celebró en abril en Trinidad y Tobago (2009), abrió un nuevo episodio de entendimiento entre ambos países. En junio de ese año, el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Nicolás Maduro, informó que el intercambio diplomático se restablecería.

Pero los roces diplomáticos continuaron. El punto más bajo en los años recientes llegó en 2014 cuando se retiraron los respectivos embajadores. Así se han mantenido hasta ahora, con algunos intentos del gobierno de Maduro por acercarse a la Casa Blanca. El más reciente, el pedido de ayuda al expresidente colombiano y actual secretario de Unasur, Ernesto Samper, para que tendiera puentes entre los dos países. Washington respondió que no necesitaba mediadores.

Maduro ha invitado en varias oportunidades al presidente Obama a conversar, “pero en un diálogo de iguales”, ha dicho. La Casa Blanca no ha respondido.

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En los últimos días, el gobierno venezolano ha insistido en sus denuncias contra Estados Unidos. Hace seis días, luego de la detención del alcalde metropolitano, Antonio Ledezma, Maduro acusó a Washington de estar detrás del desmantelado golpe de estado “planeado por el eje Miami-Bogotá-Madrid. “Ni una ofensa más por parte del gobierno de Estados Unidos”, dijo Maduro en un encendido discurso. Le pidió a Barack Obama “imponer criterios de respeto en su gabinete hacia Venezuela”.

“Que nadie se meta con Venezuela, a Venezuela se respeta, yanquis del carajo, respeten nuestra patria. Ya basta. Alerta a los pueblos: ni una ofensa más voy a aceptar, ni una más, del imperialismo estadounidense”, dijo el presidente, quien agregó que no aceptará que Washington y su embajada en Caracas continúen llamando militares, tratando de comprar periodistas opinadores y dirigentes en el país caribeño.

Este lunes la canciller, Delcy Rodríguez, hizo un anuncio: Estados Unidos tendrá 15 días para presentar una clasificación de los funcionarios que permanecerán en el país suramericano, que deben pasar de un centenar a 17. “Se le dio un tiempo de 15 días para presentar el plan en cuanto a la clasificación de rango de funcionarios que deberán permanecer en nuestro país acreditados por su Gobierno en Venezuela”, dijo la ministra tras reunirse con el encargado de negocios de la embajada de EE.UU. en Caracas, Lee Clenny.

Maduro ordenó la reducción del centenar de funcionarios diplomáticos de su embajada en Caracas a niveles similares a los 17 que mantiene su Gobierno en Washington.  Además, indicó, toda reunión de los diplomáticos norteamericanos en Venezuela deberá realizarse con el consentimiento de su Gobierno. Asimismo, el presidente solicitó la obligatoriedad del visado para estadounidenses que visiten el país petrolero, una medida adoptada, según dijo, luego de la captura de un piloto estadounidense de quien las autoridades sospechan que estuvo en acciones de “espionaje”.

La canciller venezolana anunció que el Gobierno de su país publicará una resolución “donde en razón de la reciprocidad se aplica visado para los ciudadanos estadounidenses”. “Como bien ya hemos mencionado,son medidas y acciones diplomáticas enmarcadas en el derecho internacional público, en los propósitos y principios de las Naciones Unidas y que en principio conciernen a la reciprocidad que debe regir entre los estados soberanos”, añadió.

Entre otros políticos, el gobierno venezolano le negará el ingreso al país a personajes como el expresidente George W. Bush, el exvicepresidente Dick Cheney y el congresista republicano Marco Rubio.

¿Represalias?

El gobierno de Venezuela está bajo fuerte presión. En diciembre del año pasado, el congreso de EE.UU. aprobó un paquete de sanciones contra el país por violar los derechos humanos durante las protestas del 2014, que dejaron 43 muertos. Washington impuso sanciones, incluyendo restricciones de visas y en algunos casos congelamiento de bienes, a funcionarios venezolanos involucrados, según afirmó, en casos de violaciones de derechos humanos y corrupción.

“Nuestra embajada en Washington no anda buscando militares para que derroquen a Obama… a estas conjuras trazadas por políticos opositores con apoyo estadounidense les aplicar vamos a la mano dura”, amenazó el mandatario.

En octubre de 2013, Maduro ordenó la expulsión de tres diplomáticos estadounidenses, entre ellos la encargada de negocios, a quienes acusó de reunirse con opositores para “sabotear el sistema eléctrico y la economía” del país.

En los últimos dos años, al menos ocho diplomáticos han sido expulsados de Venezuela. Pese a las tensiones en el plano político, Estados Unidos sigue siendo el principal cliente del petróleo venezolano, que paga con dinero líquido. Maduro, enfrentado a una severa crisis económica y una profunda caída de su popularidad, ha redoblado en los últimos meses sus denuncias sobre planes de golpe y magnicidio, en las que con frecuencia involucra a Washington.

Intentos amistosos
Las relaciones con Estados Unidos han estado marcadas por la tensión. Desde 2002 cuando el fallido golpe contra Hugo Chávez las denuncias de conspiración aumentaron. Las relaciones se rompieron definitivamente en septiembre de 2008, cuando el presidente Chávez expulsó al embajador estadounidense y EE.UU. respondió con el mismo gesto.

El apretón de manos entre los presidentes Chávez y Barack Obama, durante la Cumbre de las Américas que se celebró en abril en Trinidad y Tobago (2009), abrió un nuevo episodio de entendimiento entre ambos países. En junio de ese año, el entonces ministro de Relaciones Exteriores, Nicolás Maduro, informó que el intercambio diplomático se restablecería.

Pero los roces diplomáticos continuaron. El punto más bajo en los años recientes llegó en 2014 cuando se retiraron los respectivos embajadores. Así se han mantenido hasta ahora, con algunos intentos del gobierno de Maduro por acercarse a la Casa Blanca. El más reciente, el pedido de ayuda al expresidente colombiano y actual secretario de Unasur, Ernesto Samper, para que tendiera puentes entre los dos países. Washington respondió que no necesitaba mediadores.

Maduro ha invitado en varias oportunidades al presidente Obama a conversar, “pero en un diálogo de iguales”, ha dicho. La Casa Blanca no ha respondido.

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