Hay desconfianza en los magnicidios que han anunciado Chávez y Maduro a lo largo de 14 años; especialmente cuando se apela a las leyendas de colombianos que necesitan una foto para identificar a sus procuradas víctimas. Pero no es descartable hipotéticamente que haya gente que quiera atentar contra Maduro, en la misma medida en que cualquiera jefe de Estado o simple usurpador del cargo, tiene enemigos, algunos de los cuales no quieren apelar a los métodos democráticos y electorales. De todos modos hay que decir que Nicolás Maduro no debe tener más enemigos mortales que Barack Obama, que Vladimir Putin, que David Cameron, que Mariano Rajoy, que Juan Manuel Santos o que Álvaro Uribe. Lo singular es que ninguno de estos personajes anda en el plan de que lo quieren matar. Imaginarse nada más a Obama con presentaciones mensuales en televisión con la denuncia de que el jefe de Al Qaeda lo quiere matar; sería sideral el ridículo aunque nadie dudara de la seriedad de su denuncia. Es más, esa vocación homicida de los terroristas en un esfuerzo por atentar contra el presidente de Estados Unidos es un presupuesto del cargo, y no se vio nunca a George W. Bush ni ahora a Obama con ese insistente gimoteo. Entre otras cosas porque un presidente cuya principal preocupación sea su propia seguridad personal denota no saber ni por qué está allí ni su lugar en el contexto de la sociedad. El riesgo personal es un requisito del cargo. En el caso de Maduro la cuestión se agrava porque su denuncia periódica y compulsiva lo que hace es reafirmar la noción de inseguridad que vive Venezuela. Si el propio jefe del régimen confiesa un día sí y otro también que puede ser víctima de un atentado, ni se imagina cómo cae ese temor en los ciudadanos que todos los días sufren la violencia en forma directa o indirecta. Él, rodeado de guardaespaldas, tecnologías de punta en seguridad, decenas de carros blindados, bajo la directa supervisión de los cubanos, todavía abriga temores, cómo se sentirán los ciudadanos en esas calles de Dios.
Fuente: TiempoDePalabra.com







