
Este miércoles se cumple el 50 aniversario de la marcha a Washington que marcó el principio de una nueva era en la lucha por los derechos civiles de los negros estadounidenses con un discurso pronunciado por el reverendo Martin Luther King, que conmovió al país y al mundo.
Lejos de ser utópico, el ‘Sueño’ que King narró al cuarto de millón de personas que lo oían embelesadas en la explanada del Monumento a Abraham Lincoln en Washington era modesto: “Yo tengo un sueño –dijo King–. “Sueño que mis cuatro pequeños hijos vivirán un día en un país donde no se los juzgará por el color de su piel, sino por la naturaleza de su carácter”.
Visto desde una perspectiva histórica, pedirle al país un futuro sin segregación racial y en el que todos los estadounidenses pudieran vivir en paz con igualdad y en armonía, a cien años de que Lincoln proclamara la emancipación de los esclavos en los estados de la Confederación y posteriormente en toda la nación, no era algo extravagante. Fue, sin embargo, un asunto de difícil resolución, incluso después de que Lyndon B. Johnson proclamara dos leyes fundamentales: la Civil Rights Act, en 1964, y la Voting Rights Act, en 1965, y hoy se sigue discutiendo si el ‘Sueño’ se cumplió.
Para muchos, la elección de Obama prueba que el ‘Sueño’ se cumplió y el país vive una realidad post-racial, porque se impuso la rectitud moral del llamado a la igualdad racial hecho por King y porque el país cuenta ya con leyes que explícitamente prohíben la discriminación. También, porque en los círculos sociales el discurso abiertamente racista es cada vez más inaceptable, aunque en ciertos grupos persiste la resistencia a aceptar la diversidad. Según una encuesta de Reuters-Ipsos, el 40 por ciento de los blancos y el 25 de los estadounidenses no blancos no tienen amigos de una raza distinta de la suya. Solo a los latinos parecería que les gusta la diversidad racial y étnica en sus grupos sociales; apenas un 10 por ciento de los latinos dice no tener amistades de otra raza.
La lucha de MLK y, en general, la de los movimientos en favor de los derechos civiles de los negros han beneficiado también a otros grupos cuyos derechos civiles y humanos no eran respetados en la década de los años 60: hispanos, mujeres, gays. Por otro lado, una encuesta realizada por las universidades de Tufts y de Harvard reveló que si bien blancos y negros admiten que el racismo contra los negros ha disminuido, los blancos dicen que el racismo contra ellos ha aumentado y que hoy es un problema mayor que el racismo contra los negros. Dato curioso y extraño, ¿no cree usted?
Sin embargo, de acuerdo con una encuesta reciente del Pew Center, más del doble de los negros se quejan de que la policía y los tribunales de justicia no les dan el mismo trato que a los blancos, y aumenta al tres por uno cuando hablan del trato que reciben en el trabajo, tiendas, restaurantes, hospitales y escuelas públicas. Por otro lado, el estándar de vida de los afroamericanos ha mejorado. El porcentaje de graduados de secundaria subió de 25 por ciento en 1960 a 85 en el 2012, y el número universitarios subió de 365.000 a 5,1 millones. Su situación económica también mejoró, pues en 1960 el 56 por ciento de los afroamericanos recibían ingresos por debajo de la línea de pobreza, y para el 2011 el porcentaje descendió a un 28, todavía muy alto y el doble del de los blancos, pero mejor.
Creo que el impacto político de ese discurso en Lyndon B. Johnson y en todo el país fue fundamental para transformar la democracia en EE. UU., para acabar con el racismo institucional y para reconocer los derechos civiles de las minorías, pero reconozco que queda mucho por hacer para que podamos decir que el pasado ha sido superado por el presente y que el futuro se ve prometedor.
Fuente: El Tiempo (Colombia)






