EL DIARIO EL PAÍS de Madrid (www.elpais.com) continúa con el cubrimiento de la campaña electoral venezolana a través de sus corresponsales especiales en Caracas.
Las dos crónicas de hoy las firma el colega Luis Prados.
Una pone énfasis en el cambio de la estrategia opositora y otro en el tema de la protesta estudiantil.
Sus notas hoy 9 de abril de 2013:
Capriles cambia de estrategia y pasa al ataque
El candidato opositor emplea un discurso más agresivo y denuncia la posibilidad de un fraude electoral por parte del régimen chavista
LUIS PRADOS Caracas 8 ABR 2013 – 20:07 CET
Las elecciones presidenciales venezolanas del próximo domingo son una suerte de segunda vuelta de las celebradas el pasado 7 de octubrecon dos notables diferencias: la ausencia física del presidente Hugo Chávez y el cambio de estrategia del candidato opositor, Henrique Capriles, mucho más agresivo en esta ocasión. “Al ser una campaña tan corta, de tan solo 10 días de duración, se ha convertido en un combate de boxeo, en el que se gana por KO en el último round más que con propuestas. De ahí que Capriles haya cambiado su discurso y pasado al ataque directo“, afirma el analista político Manuel Felipe Sierra. La oposición ha decidido jugar mucho más fuerte esta vez sin temerle a la palabra fraude.
En octubre, el candidato de la oposición evitó el enfrentamiento con el régimen chavista y trató de ganarse a parte de su público electoral garantizando sus conquistas sociales al tiempo que denunciaba sus fracasos —apagones, desabastecimiento, carestía, violencia…— y prometía una mejor gestión. Esa fue la actitud decidida entonces por laMesa de la Unidad Democrática (MUD), la alianza opositora formada por más de 20 pequeños partidos, en la que probablemente también pesó el efecto contraproducente que podría tener atacar a un rival enfermo como era el caudillo bolivariano.
La derrota de octubre, a la que siguió la debacle de las elecciones regionales de diciembre, en las que la oposición perdió los gobiernos de varios Estados, hizo que esa estrategia fuera considerada un error por la mayoría de los enemigos del chavismo, que hoy exigen que el “flaco ataque”, como dice la canción de Willie Colón convertida casi en la banda sonora de la campaña.
Capriles ha tomado nota y pasado a denunciar la pérdida de soberanía nacional a favor de los cubanos, que se han incrustado en buena parte del aparato del Estado —hay más de 40.000 cubanos trabajando actualmente en Venezuela, cifra que fuentes independientes elevan hasta 100.000—, la parcialidad de los altos mandos militares, las mentiras y corrupción del régimen, la falta de experiencia y capacidad para gobernar del presidente encargado, Nicolás Maduro, y, sobre todo, la actitud del Consejo Nacional Electoral (CNE) permitiendo los abusos del poder como el dominio absoluto de los espacios en radio y televisión o el hecho de que miembros del partido del Gobierno tuviesen la clave de acceso de 45.000 máquinas de votación. Es más, Capriles ha llegado a denunciar la existencia del Plan José Stalin ideado por el Gobierno “para torcer la voluntad de los electores”.
La nueva firmeza del candidato opositor ha logrado galvanizar a sus partidarios y empieza a dar resultados a tenor de las encuestas internas de los institutos de opinión que apuntan un estancamiento de Maduro y el ascenso de Capriles. Sin embargo, está aún por ver si la noche del 14 abril éste aceptará el resultado electoral como hizo el 7 de octubre o llamará a la movilización contra un posible fraude con todas sus consecuencias. “Dependerá de cuán apretada sea la votación”, comenta Manuel Felipe Sierra. “Me pregunto hasta qué punto se sentirá fuerte para desatar una crisis de ingobernabilidad, cuando todo el proceso está controlado por un Ejército ideologizado”.
La segunda parte de la ecuación de estas elecciones es que son las primeras sin el líder bolivariano o para ser más precisos como dice el antiguo dirigente democristiano, Marcos Villasmil, “las últimas de Chávez, ya que Maduro actúa como una especie de médium”. El candidato oficialista, que carece de su carisma y nunca se ha sometido a la prueba de las urnas, ha planteado la campaña como un voto de lealtad al comandante. Ha citado miles de veces a su mentor político, convertido en eslogan la frase: “Chávez, te lo juro, voto por Maduro”, y dado un perfil religioso a su propaganda electoral como ungido por el “Cristo de los pobres” que, cursilerías aparte, es ajena a la tradición de Venezuela, un país donde la Iglesia católica nunca tuvo un papel político protagonista.
La oposición confía en que la mediocridad de Maduro como candidato y la ausencia de Chávez desmovilice a sus simpatizantes, como ocurrió en el pasado. En los comicios en los que Chávez no era candidato, la abstención subía y eso beneficiaba a sus adversarios políticos. Así lo ha señalado el propio ministro de Exteriores, Elías Jaua, cuando recientemente afirmó: “Nuestro principal enemigo es la abstención”.
A esas incógnitas se suma el marasmo económico en el que se encuentra el país con dos devaluaciones en los últimos meses —si en octubre un dólar se cambiaba en el mercado negro por 11 bolívares, ahora pasa de los 20—, alta inflación, una industria petrolera en crisis de producción y de beneficios, y escasez de productos básicos como leche, café, harina y aceite en amplias regiones del país. Los venezolanos vuelven el domingo a las urnas en medio de una fuerte polarización política para decidir o no la continuidad durante seis años más de un régimen autoritario y populista.
El diario español abarca otro tema de la campaña venezolana como es el de la protesta estudiantil por mejores garantías electorales:
“Esperamos que Capriles esté a la altura y no reconozca el resultado si hay fraude”
La movilización de los estudiantes ha influido también en el tono más agresivo de Capriles en esta campaña
LUIS PRADOS Caracas 9 ABR 2013 – 16:28 CET
En la plaza La Castellana, en pleno centro de Caracas, unos 40 estudiantes llevan cuatro días en huelga de hambre para exigir que las elecciones presidenciales del domingo sean libres y transparentes. Cuatro de ellos se cosieron la boca la tarde del lunes para protestar contra el ventajismo del Gobierno por su abuso del tiempo en radio y televisión, el uso de recursos públicos a su favor y el control del Centro Nacional Electoral (CNE). Son las tres de la tarde, la temperatura alcanza los 30 grados y la mayoría de los jóvenes dormita a la sombra del improvisado campamento. “Vamos a radicalizar la protesta con una huelga de sangre, extrayéndonos la mayor cantidad que sea posible”, dice Ramón Campos, de 20 años, alumno de Ingeniería Agrónoma de la Universidad de Oriente en el Estado de Monaguas. Solo beben agua y suero. Incluso han dejado de fumar.
Bajo un toldo negro descansa Villca Fernández, líder de la llamada Operación Soberanía contra el régimen chavista, que reúne a universitarios de todo el país. Estudiante de quinto de Ciencias Políticas en la Universidad de Los Andes, en el Estado de Mérida, y con 30 años recién cumplidos, Villca tiene el cuerpo lleno de marcas de perdigonazos y de pelotas de goma e incluso la huella de un disparo de bala en el brazo derecho.
Son las cicatrices de una lucha que empezó en 2012, pero que cobró fuerza a comienzos de este año cuando Chávez agonizaba en La Habana y Nicolás Maduro fue entronizado como presidente encargado. “Violaron la Constitución, fue un golpe de Estado. Empezamos una protesta por la liberación del país y por la democracia, para decirles la verdad a los venezolanos que estaban siendo sometidos a una fenomenal manipulación informativa con ayuda de los hermanos Castro. Nos encadenamos en la Embajada de Cuba hasta que entregaron a Chávez”.
Tras unos días de tensión y varias detenciones, los estudiantes abandonaron la legación diplomática cuando en la madrugada del pasado 18 de febrero Chávez volvió a Venezuela. “O no llegó o llegó muerto. Nadie lo vio ni él se dejó ver, lo que es muy raro para un tipo tan mediático como él”. Los estudiantes vieron en el regreso del comandante un éxito de su presión y decidieron extenderla ante la sede del Tribunal Supremo, del CNE y ahora en una plaza de la capital. “No reconocemos a Maduro. Estas elecciones son las más desiguales de la historia de Venezuela. El régimen practica el terrorismo electoral. Intimida a los votantes, el registro de electores está sin depurar, por lo que estoy seguro de que hasta el propio Chávez va a votar aunque esté muerto, el candidato del Gobierno se pasa horas en la televisión mientras que al opositor, Henrique Capriles, le dan minutos… cada día que pase sin que atiendan nuestras demandas uno de nosotros se coserá la boca. Sellaremos nuestra voz para que millones de venezolanos puedan dar un grito de libertad el 14 de abril”.
La movilización de los estudiantes ha influido también en el tono más agresivo de Capriles en esta campaña. “Esperamos que esté a la altura y esté dispuesto a no reconocer los resultados si se demuestra que hay fraude. Vamos a apoyarle en eso y el siguiente paso debe ser sacar a la gente a la calle exigiendo un nuevo proceso electoral. La Fuerza Armada debe ponerse del lado de la Constitución, defender la paz y no atacar al pueblo. Preferimos vivir en la calle a vivir arrodillados”.
Viilca Fernández pone como ejemplo del camino a seguir lo que hizo el ex presidente peruano Alejandro Toledo cuando en el año 2000 denunció el fraude electoral de Alberto Fujimori “y meses después ganó las elecciones y reventó la bomba de corrupción del Chino”.
El líder estudiantil se muestra muy crítico con la actitud de la comunidad internacional hacia el líder bolivariano y su legado. “Chávez dividió al pueblo, jugó con el estómago de la gente. No va a quedar como un mártir ni como un libertador del continente. Recorrió el mundo comprando conciencias. Es una vergüenza que la OEA haya dado la presidencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) a Raúl Castro, las democracias se han arrodillado ante una dictadura”.
Hasta ahora los universitarios habían sido amenazados de muerte vía celular o por twitter, pero en la noche del lunes un grupo de chavistas motorizados asaltaron a tiros y botellazos el campamento e hirieron a siete estudiantes. Los jóvenes resisten, pero lo peor puede estar por llegar. “Si hay fraude, después del domingo va a ser duro. Maduro no es bobo, es parte de una estrategia castro-comunista y optará por la represión. Tendremos que irnos del país o acabaremos presos”.







