Reino Unido. ser o no ser, europeos por Luis De Lion

El escenario de una salida del Reino Unido de la Unión Europea asusta. David Cameron, ha lanzado la amenaza, el pasado miércoles 23 de enero, proponiendo un referéndum sobre el tema, buscando así motivar a Europa a reformarse. El clima, cada vez más euroescéptico del otro lado de la Mancha, inquieta del lado continental. Una hipotética salida ¿qué cambiaría?

En teoría, el Reino Unido se puede apartar de la Unión. El artículo 50 del tratado de Lisboa 2009 autoriza a cualquier miembro a “decidir conforme a sus reglas constitucionales de retirarse de la Unión”. Pero el documento no precisa las condiciones de dicha partida. Las negociaciones serían interminables. Para evitar inconvenientes, Londres podría tratar de negociar un estatuto aparte, parecido a Noruega o Suiza. Pero el Reino Unido, eterna piedra en el zapato de la UE, corre el riesgo de sufrir un gran rechazo de parte de sus socios más importantes, es decir, Francia y Alemania.

Una jugada a dos bandas para Londres. Beneficios casi que inmediatos. Londres dejaría de participar en la política agrícola común, algo que detesta, y se liberaría de las reglas que Bruselas impone, principalmente en materia de pesca y de duración de jornadas de trabajo. Una diputada conservadora británica señaló que la semana de 48 horas es la responsable de la muerte de pacientes en los hospitales. Pero, lo más importante, el Reino Unido, dejaría de pagar la pesada factura de su contribución anual al presupuesto europeo, 8 millardos de euros.

La City perdería sus títulos de nobleza. Un pesado tributo, pagaría la capital financiera, que aporta 10% del PIB británico. La mayoría de los bancos estadounidenses implantados en Londres, se mudarían. La plataforma financiera seguiría sometida a las reglamentaciones europeas, pero sin derecho de palabra.

El impacto comercial. Reino Unido, deberá negociar decenas de acuerdos comerciales bilaterales, y ello en posición débil. Eso, sin contar que, los productos ingleses deberán someterse a derechos de aduana para ser vendidos en Europa. Según cálculos de The Economist, el queso Cheddar pagaría 167 euros de tasas por cada 100 kilos.

El escenario de una salida británica de la Unión inquieta mucho a los inversores. Reino Unido es de los más business friendly de toda la Unión Europea. De igual forma muchas fábricas abandonarían el territorio británico, con la respectiva pérdida de empleos incluida. Ese sería el caso, por ejemplo, de Toyota, que cerraría sus plantas en el Reino Unido ya que no sería más la puerta de entrada a Europa para el fabricante japonés.

Un duro golpe para la Unión. La integración quedaría en entredicho, sería una primicia en Europa, un freno a la difícil construcción europea. Una Europa desnaturalizada. El Reino Unido contribuye al dinamismo de la Unión, en especial en materia de política extranjera y de Defensa. Europa necesita de la tradición democrática del Reino Unido, de su pragmatismo, de su influencia mundial y de su papel de puente con los EE.UU.

Por su parte Washington perdería un aliado estratégico. Los EE.UU. perciben a la Gran Bretaña como la puerta más segura de entrada en Europa. En una reciente conversación telefónica, Obama le dijo a Cameron, que él apreciaría un Reino Unido fuerte dentro de una Unión Europea fuerte y equilibrada. Era también una manera de decirle a Londres, que la relación privilegiada entre ambos podría dejar de existir, si abandonan la UE. Washington se vería obligado a buscar un nuevo aliado. Berlín se impondría como el nuevo aliado natural.

@LDeLION

luisdelion@gmail.com

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El escenario de una salida del Reino Unido de la Unión Europea asusta. David Cameron, ha lanzado la amenaza, el pasado miércoles 23 de enero, proponiendo un referéndum sobre el tema, buscando así motivar a Europa a reformarse. El clima, cada vez más euroescéptico del otro lado de la Mancha, inquieta del lado continental. Una hipotética salida ¿qué cambiaría?

En teoría, el Reino Unido se puede apartar de la Unión. El artículo 50 del tratado de Lisboa 2009 autoriza a cualquier miembro a “decidir conforme a sus reglas constitucionales de retirarse de la Unión”. Pero el documento no precisa las condiciones de dicha partida. Las negociaciones serían interminables. Para evitar inconvenientes, Londres podría tratar de negociar un estatuto aparte, parecido a Noruega o Suiza. Pero el Reino Unido, eterna piedra en el zapato de la UE, corre el riesgo de sufrir un gran rechazo de parte de sus socios más importantes, es decir, Francia y Alemania.

Una jugada a dos bandas para Londres. Beneficios casi que inmediatos. Londres dejaría de participar en la política agrícola común, algo que detesta, y se liberaría de las reglas que Bruselas impone, principalmente en materia de pesca y de duración de jornadas de trabajo. Una diputada conservadora británica señaló que la semana de 48 horas es la responsable de la muerte de pacientes en los hospitales. Pero, lo más importante, el Reino Unido, dejaría de pagar la pesada factura de su contribución anual al presupuesto europeo, 8 millardos de euros.

La City perdería sus títulos de nobleza. Un pesado tributo, pagaría la capital financiera, que aporta 10% del PIB británico. La mayoría de los bancos estadounidenses implantados en Londres, se mudarían. La plataforma financiera seguiría sometida a las reglamentaciones europeas, pero sin derecho de palabra.

El impacto comercial. Reino Unido, deberá negociar decenas de acuerdos comerciales bilaterales, y ello en posición débil. Eso, sin contar que, los productos ingleses deberán someterse a derechos de aduana para ser vendidos en Europa. Según cálculos de The Economist, el queso Cheddar pagaría 167 euros de tasas por cada 100 kilos.

El escenario de una salida británica de la Unión inquieta mucho a los inversores. Reino Unido es de los más business friendly de toda la Unión Europea. De igual forma muchas fábricas abandonarían el territorio británico, con la respectiva pérdida de empleos incluida. Ese sería el caso, por ejemplo, de Toyota, que cerraría sus plantas en el Reino Unido ya que no sería más la puerta de entrada a Europa para el fabricante japonés.

Un duro golpe para la Unión. La integración quedaría en entredicho, sería una primicia en Europa, un freno a la difícil construcción europea. Una Europa desnaturalizada. El Reino Unido contribuye al dinamismo de la Unión, en especial en materia de política extranjera y de Defensa. Europa necesita de la tradición democrática del Reino Unido, de su pragmatismo, de su influencia mundial y de su papel de puente con los EE.UU.

Por su parte Washington perdería un aliado estratégico. Los EE.UU. perciben a la Gran Bretaña como la puerta más segura de entrada en Europa. En una reciente conversación telefónica, Obama le dijo a Cameron, que él apreciaría un Reino Unido fuerte dentro de una Unión Europea fuerte y equilibrada. Era también una manera de decirle a Londres, que la relación privilegiada entre ambos podría dejar de existir, si abandonan la UE. Washington se vería obligado a buscar un nuevo aliado. Berlín se impondría como el nuevo aliado natural.

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