Hogar Bambi: 30 años reconstruyendo el derecho a tener un hogar seguro

Hace treinta años el futuro de miles de niños venezolanos comenzó a cambiar por un proyecto dentro de las aulas de la Universidad Metropolitana, que inició como una tesis de grado de la fundadora, Erika Spillmann, motivada por una sensibilidad compartida con su padre sobre la desprotección infantil en Venezuela. Esta propuesta pasó de ser una idea académica para convertirse en una realidad. Hoy, ese pequeño proyecto estudiantil es Hogar Bambi, un conjunto de cinco casas en la urbanización de San Bernardino que ha servido de refugio y familia para más de 5000 niños que necesitaban una segunda oportunidad.

Este 28 de abril, la institución no solo celebra un aniversario de tres décadas, sino que conmemora el impacto en la vida de todos los niños que encontraron en sus sedes una protección en medio de entornos de riesgo para ellos.

Hogar Bambi empezó con una sede en Antímano bajo un convenio de uso y evolucionó rápidamente a una organización autónoma y privada que, actualmente, es un ejemplo de la protección integral en el país.

Un modelo que crece junto a los niños

Hogar Bambi no se centró únicamente en el cuidado básico, aunque originalmente fue concebido para atender solamente la primera infancia (de 0 a 6 años). La realidad del país llevó a la institución a expandir sus horizontes ya que ahora la organización cuenta con acompañamientos a los niños desde sus primeros días de nacidos hasta el camino hacia la adultez.

Al día de hoy, 100 niños y adolescentes residen en sus casas que están divididas estratégicamente para atender las necesidades propias de cada rango de edad. En Bambi 5 se recibe a los más vulnerables, con capacidad solo para 30 pequeños que van desde recién nacidos hasta los 3 años de edad, mientras que Bambi Enlace se levanta como la sede más grande que puede hospedar a 46 niños entre los 4 y 11 años. Finalmente, el complejo de hogares cuenta con Bambi 2 y 4 que son espacios exclusivamente para adolescentes, donde el equipo de la institución se enfoca en prepararlos para la juventud adulta y sus futuros.

Estos espacios no son solo logística, sino que permiten que el equipo de expertos y los psicólogos puedan aplicar modelos de atención personalizada a cada uno de los jóvenes para restaurar poco a poco los derechos que les fueron vulnerados antes de asentarse en estos hogares.

La esperanza sigue viva

El equipo de trabajo es quien mantiene en pie a la organización. Uno de ellos es Carlos Mendoza, quien desde hace seis años entiende que su labor como conductor es, en realidad, un compromiso con el futuro para asegurar que cada niño llegue a clases a ejercer su derecho de aprender.

De la misma forma, Iris Pacheco -desde el área de mantenimiento- ve su oficio como parte de algo “extraordinario” que permite apoyar y mejorar el entorno donde estos jóvenes reciben ayuda psicológica necesaria para sanar.

El estudiante de Derecho de la UCV, Marcos Barrios, durante su estadía como pasante, comentó que el refugio funciona como una escuela de “esperanza activa”, donde la empatía transforma la visión al aprender a cuidar a cada niño con el cariño que se le daría a un hijo propio.

Más que un aniversario, un legado

Cumplir 30 años en Venezuela es una prueba de ardua constancia, pero el desafío de la sostenibilidad es permanente ya que al ser una organización sin fines de lucro, el mantenimiento de los espacios depende exclusivamente del compromiso de la sociedad civil y del sector privado.

Hogar Bambi funciona como un lugar de acogida temporal de calidad donde los niños no solo reciben techo y comida, sino que cumplen rutinas, asisten a clases, participan en actividades y logran crear vínculos afectivos mientras se trabaja en soluciones para sus situaciones legales y familiares.

“Proteger a la infancia vulnerable es asegurar el futuro de nuestro país”, afirma Erika Spillmann.

En un contexto como Venezuela, donde la crisis suele ocultar a los más afectados, Hogar Bambi asegura que mientras un niño esté bajo su cuidado, su realidad puede ser transformada. Es así como estos 30 años son la prueba de que, con resiliencia y profesionalismo, las historias de cada pequeño pueden reescribirse como historias de segundas oportunidades.

Con información de Nota de Prensa

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

La institución celebra tres décadas transformando el riesgo en protección real para miles de niños y adolescentes en el país
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Hace treinta años el futuro de miles de niños venezolanos comenzó a cambiar por un proyecto dentro de las aulas de la Universidad Metropolitana, que inició como una tesis de grado de la fundadora, Erika Spillmann, motivada por una sensibilidad compartida con su padre sobre la desprotección infantil en Venezuela. Esta propuesta pasó de ser una idea académica para convertirse en una realidad. Hoy, ese pequeño proyecto estudiantil es Hogar Bambi, un conjunto de cinco casas en la urbanización de San Bernardino que ha servido de refugio y familia para más de 5000 niños que necesitaban una segunda oportunidad.

Este 28 de abril, la institución no solo celebra un aniversario de tres décadas, sino que conmemora el impacto en la vida de todos los niños que encontraron en sus sedes una protección en medio de entornos de riesgo para ellos.

Hogar Bambi empezó con una sede en Antímano bajo un convenio de uso y evolucionó rápidamente a una organización autónoma y privada que, actualmente, es un ejemplo de la protección integral en el país.

Un modelo que crece junto a los niños

Hogar Bambi no se centró únicamente en el cuidado básico, aunque originalmente fue concebido para atender solamente la primera infancia (de 0 a 6 años). La realidad del país llevó a la institución a expandir sus horizontes ya que ahora la organización cuenta con acompañamientos a los niños desde sus primeros días de nacidos hasta el camino hacia la adultez.

Al día de hoy, 100 niños y adolescentes residen en sus casas que están divididas estratégicamente para atender las necesidades propias de cada rango de edad. En Bambi 5 se recibe a los más vulnerables, con capacidad solo para 30 pequeños que van desde recién nacidos hasta los 3 años de edad, mientras que Bambi Enlace se levanta como la sede más grande que puede hospedar a 46 niños entre los 4 y 11 años. Finalmente, el complejo de hogares cuenta con Bambi 2 y 4 que son espacios exclusivamente para adolescentes, donde el equipo de la institución se enfoca en prepararlos para la juventud adulta y sus futuros.

Estos espacios no son solo logística, sino que permiten que el equipo de expertos y los psicólogos puedan aplicar modelos de atención personalizada a cada uno de los jóvenes para restaurar poco a poco los derechos que les fueron vulnerados antes de asentarse en estos hogares.

La esperanza sigue viva

El equipo de trabajo es quien mantiene en pie a la organización. Uno de ellos es Carlos Mendoza, quien desde hace seis años entiende que su labor como conductor es, en realidad, un compromiso con el futuro para asegurar que cada niño llegue a clases a ejercer su derecho de aprender.

De la misma forma, Iris Pacheco -desde el área de mantenimiento- ve su oficio como parte de algo “extraordinario” que permite apoyar y mejorar el entorno donde estos jóvenes reciben ayuda psicológica necesaria para sanar.

El estudiante de Derecho de la UCV, Marcos Barrios, durante su estadía como pasante, comentó que el refugio funciona como una escuela de “esperanza activa”, donde la empatía transforma la visión al aprender a cuidar a cada niño con el cariño que se le daría a un hijo propio.

Más que un aniversario, un legado

Cumplir 30 años en Venezuela es una prueba de ardua constancia, pero el desafío de la sostenibilidad es permanente ya que al ser una organización sin fines de lucro, el mantenimiento de los espacios depende exclusivamente del compromiso de la sociedad civil y del sector privado.

Hogar Bambi funciona como un lugar de acogida temporal de calidad donde los niños no solo reciben techo y comida, sino que cumplen rutinas, asisten a clases, participan en actividades y logran crear vínculos afectivos mientras se trabaja en soluciones para sus situaciones legales y familiares.

“Proteger a la infancia vulnerable es asegurar el futuro de nuestro país”, afirma Erika Spillmann.

En un contexto como Venezuela, donde la crisis suele ocultar a los más afectados, Hogar Bambi asegura que mientras un niño esté bajo su cuidado, su realidad puede ser transformada. Es así como estos 30 años son la prueba de que, con resiliencia y profesionalismo, las historias de cada pequeño pueden reescribirse como historias de segundas oportunidades.

Con información de Nota de Prensa

*El periodismo en Venezuela se ejerce en un entorno hostil para la prensa, con decenas de instrumentos jurídicos dispuestos para el castigo de la palabra, especialmente las leyes “contra el odio”, “contra el fascismo” y “contra el bloqueo”. Este contenido está siendo publicado teniendo en consideración las amenazas y límites que, en consecuencia, se han impuesto a la divulgación de informaciones desde dentro del país.

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