El “beau geste” del hijo de Fabricio Ojeda apoyando a Capriles

Muy difícil debe ser para quien es hijo de uno de los íconos de la izquierda venezolana como fue el periodista, político y guerrillero Fabricio Ojeda deslastrase de todo lo que significa hoy, 46 años después del asesinato de su papá en la celda de una cárcel política como fue la Digepol, la imagen manipulada permanentemente por el régimen militar cívico de Hugo Chávez en los últimos 14 años y aportar de forma pública su voto por Henrique Capriles Radonski.

Dando ejemplo en cuanto a reconciliación y no ver para atrás cargando odios acumulados con los que las nuevas generaciones no tienen por qué cargar con esas culpas y resentimientos hoy fuera de lugar.

Conocí y admiré como periodista la figura de Fabricio padre apenas yo comenzaba mi trabajo de reportero. Cubrí para Venevisión en 1966 su muerte y antes algunos hechos de la guerrilla “que se podían comentar”. Él fue amigo de mi padre Alfredo Bocaranda González pues ambos eran de Boconó y coincidieron en el liceo donde papá era profesor.

Esa fue mi carta de presentación cuando lo conocí como diputado de URD.

De su carta que publicamos íntegra aquí abajo menciono dos segmentos claves:

1) No se trata de un “salto de talanquera”, pues jamás he creído conveniente que los militares, de derecha o izquierda, gobiernen, entre otras cosas porque su visión y formación cuartelaria los acostumbra a mandar u obedecer sin derecho a pataleo, y además, la historia enseña que por lo general se quieren quedar toda la vida en el poder.

2) Nadie me “calentó las orejas” (en este caso quedaría mejor decir “enfrió”) ni me pagó un céntimo. Prefiero subsistir con mi modesto trabajo, pero mantener la conciencia tranquila.

 

Abajo incluimos la reseña de Wikipedia sobre Fabricio Ojeda padre.

Aquí sus letras de apoyo a la nueva generación de dirigentes venezolanos:

 

Por qué votaré por Capriles

Fabricio Ojeda Díaz

Periodista

Las razones de porqué mi voto será para Henrique Capriles: Esto lo tenía atragantado desde hace tiempo, y lo más honesto y saludable, supongo, es decirlo. Que me disculpen los que piensan distinto, amigos y parientes, y quienes opinan que por ser hijo de quien soy, tengo “ajuro” que ser chavista.

¿Que los adecos mataron a mi padre? Es cierto, pero eso ocurrió hace 46 años, en una convulsionada etapa histórica en la que el gobierno apeló a la violación de los derechos humanos como estrategia de “defensa” de una incipiente democracia que ellos mismos pervirtieron.

Fue un asesinato cometido por hombres específicos, con nombres y apellidos, quienes fallecieron o ya son ancianos, cuyos hijos y nietos no tienen por qué heredar la culpa de sus actos. Agradezco la iniciativa de reabrir el caso, tomada por las actuales autoridades.

Valoro ese gesto no por resentimiento, odio ni deseos de venganza, sino porque puede servir para rebatir la tesis oficial del suicidio y recuperar, si no su vida, al menos la dignidad del sacrificio de mi padre. Yo, por mi parte, los perdono. La justicia divina se encargará de pasar facturas.

Y si la justicia terrenal actúa y queda aún a alguien a quién sancionar, al menos moralmente, que se le castigue con todas las garantías, pero los venezolanos debemos asumir el futuro.

No podemos pasar toda la vida enfrentándonos por lo que sucedió en los años 60. Si alguna enseñanza nos debe quedar de estas últimas cinco décadas y media, es que ningún país avanza si una mitad busca dominar a la otra, si cada quien anda por su lado despotricando o persiguiendo al adversario, apostando sólo a intereses particulares o colectivos sectarios.

La única manera de progresar es trabajando todos, sin distinciones, egoísmos, mesías o caudillos, sin imposiciones, dejando de lado los antagonismos políticos para construir como hermanos una Venezuela mejor.

Respeto la posición de cada quien, en especial de miembros de mi familia, y siempre defenderé su derecho a expresarla y actuar según sus principios y creencias.

Para ellos, el cariño sigue siendo el mismo. Lo que aquí escribo es algo individual que no tiene por qué involucrarlos.

No se trata de un “salto de talanquera”, pues jamás he creído conveniente que los militares, de derecha o izquierda, gobiernen, entre otras cosas porque su visión y formación cuartelaria los acostumbra a mandar u obedecer sin derecho a pataleo, y además, la historia enseña que por lo general se quieren quedar toda la vida en el poder.

Nadie me “calentó las orejas” (en este caso quedaría mejor decir “enfrió”) ni me pagó un céntimo. Prefiero subsistir con mi modesto trabajo, pero mantener la conciencia tranquila.

Esto lo digo para adelantarme a las malas lenguas, y para quienes ven en el insulto y la descalificación una forma válida de ataque (impulsada por su máximo líder) contra quienes piensan diferente y tienen la osadía de expresarlo.

Dicho esto, ahí van las razones de por qué yo, Fabricio Ojeda Díaz, votaré por Henrique Capriles y no por el teniente coronel Hugo Chávez:

En primer lugar, porque deseo elegir a una persona cuyo estado de salud no genere la incertidumbre de si podrá o no ocuparse de los asuntos concernientes al Estado.

Alguien que no tenga una concepción militarista del poder ni militarizada de la sociedad, que no difunda un discurso de odio y confrontación, sino que por el contrario, promueva, respete y defienda el derecho a pensar diferente, como esencia de la democracia.

Quiero que se acaben las divisiones y enfrentamientos entre viejos amigos, entre hermanos, entre padres e hijos, entre parejas, entre venezolanos; que la violencia no esté a la vuelta de la esquina, y que de nuestro vocabulario se eliminen las palabras guerra, invasión y muerte.

Prefiero votar por un hombre de las nuevas generaciones, nacido en 1972 (seis años después de la muerte de mi padre), con ideas modernas, que no está contaminado con los vicios del pasado ni comprometido con los abusos y desviaciones que se cometieron durante la vieja democracia.

Un hombre que en cada discurso llama a la inclusión, a la paz, a la hermandad, a la seguridad, a la inversión en un esquema de garantías jurídicas, a la unión de los sectores público y privado para lograr el desarrollo del país, con empleo digno, sin expropiaciones caprichosas, sin zozobra.

Un candidato que utiliza un lenguaje de respeto, de reconocimiento al adversario, que ha prometido mantener y mejorar los programas sociales ya existentes y crear otros, dentro de un clima de libertad de prensa y opinión, sin persecuciones, sin retaliación. Que siempre llama a la reconciliación de los venezolanos y promete utilizar nuestros recursos para solucionar los graves problemas que nos afectan, y no para financiar proyectos utópicos ni gobiernos y dictaduras extranjeras.

Un joven sencillo, sin poses, con un lenguaje claro, que ha dedicado su vida al estudio, al trabajo y la lucha política, en lugar de disfrutar de los privilegios inherentes al hecho casual de haber nacido -como Bolívar- en el seno de una familia pudiente.

En fin, un hombre que tendrá la responsabilidad de dirigir a Venezuela dentro de un esquema de no confrontación, de tolerancia y respeto hacia los ciudadanos, con servicios públicos eficientes, educación, seguridad, generación de empleo, en paz, pero con mano dura al delito y la corrupción.

Eso es lo que necesitamos luego de una etapa traumática de la historia democrática que los venezolanos podemos concluir con los votos este 7 de octubre.

Fabricio Ojeda Díaz

Periodista

 

Esta es la reseña sobre su padre que aparece en Wikipedia:

Fabricio Ojeda

Fabricio Ojeda (Boconó, 6 de febrero de 1929 — Caracas, 21 de junio de 1966) fue un político, guerrillero comunista y periodista venezolano

Inicios en la política

Fabricio conocido como “Roberto”, nació el 6 de febrero en 1929 en Boconó, (estado Trujillo) Era reportero del periódico El Nacional desde los tiempos del régimen de Marcos Pérez Jiménez. Fue Jefe de la “Junta Patriótica” en la clandestinidad, organización que derrocó la dictadura Perezjimenista el 23 de enero de 1958. Fue Militante fundador de Unión Republicana Democrática (URD). Ingresa al Congreso como Diputado de URD en 1958, solidarizándose con el triunfo de la Revolución Cubana. El 30 de junio de 1962 renuncia al Congreso y marcha a los Andes a organizar un Frente Guerrillero de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. A finales de este año y luego de una serie de combates es detenido. Escapa de la Cárcel de Ciudad Trujillo donde resulta herido en un tobillo al saltar un muro.

Actividad guerrillera

Se incorpora al Frente Guerrillero “José Antonio Páez” donde es nombrado su Primer Comandante. Desde esas montañas mantiene correspondencia con los guerrilleros Douglas Bravo y Argimiro Gabaldón Márquez donde vislumbran la posibilidad de reorganizar las FALN y crear un partido marxista-leninista ajeno al “revisionismo” y a la conciliación de clases que caracterizan al Partido Comunista de Venezuela (PCV). El Buró Político del PCV le impide asistir a las Conferencias de 1964 y 1965. Pero en los primeros meses de 1966 viaja a Caracas sin autorización del buró político y se reúne con éste y plantea la conclusión de que la grave crisis que vivía el PCV sólo los conduciría a la Capitulación. Inicia una labor de clarificación política y se dirige por escrito a Juan de Dios Moncada Vidal, Pedro Medina Silva, Teodoro Molina Villegas y a los restantes miembros del Cuartel General de las FALN. Entra en abierta polémica con el BP del PCV sosteniendo un intercambio de acusaciones con Guillermo García Ponce. Por su captura se ofrecen Bs. 2.500. En los primeros días de abril de 1966 junto a Douglas Bravo inicia la reorganización total de las FALN y la creación del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) de línea marxista-leninista. El 21, 22 y 23 se realiza el histórico pleno de cuadros con asistencia de unas treinta personas representando a los cuadros civiles y militares radicales donde es nombrado Fabricio como Presidente del FLN-FALN con apoyo de los Frentes Guerrilleros, de las UTC urbanas y de los militantes consecuentes del PCV a consecuencia de esto se inician agudas discusiones entre el PCV y los disidentes.

El día 17 de junio de 1966 sale publicado en el Vocero legal del PCV un comunicado indicando que Fabricio Ojeda y Douglas Bravo son “traidores” y se encontraban en Caracas. El 20 de junio de ese año 1966, Fabricio es detenido por el Servicio de Información de las Fuerzas Armadas (SIFA), junto a su compañera Anayansi Jiménez, en la casa de Mario Matute Bravo, un ex perezjimenista, de quien era muy amigo.

La información al día siguiente fue que “Fabricio Ojeda se suicidó en su celda”.

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Muy difícil debe ser para quien es hijo de uno de los íconos de la izquierda venezolana como fue el periodista, político y guerrillero Fabricio Ojeda deslastrase de todo lo que significa hoy, 46 años después del asesinato de su papá en la celda de una cárcel política como fue la Digepol, la imagen manipulada permanentemente por el régimen militar cívico de Hugo Chávez en los últimos 14 años y aportar de forma pública su voto por Henrique Capriles Radonski.

Dando ejemplo en cuanto a reconciliación y no ver para atrás cargando odios acumulados con los que las nuevas generaciones no tienen por qué cargar con esas culpas y resentimientos hoy fuera de lugar.

Conocí y admiré como periodista la figura de Fabricio padre apenas yo comenzaba mi trabajo de reportero. Cubrí para Venevisión en 1966 su muerte y antes algunos hechos de la guerrilla “que se podían comentar”. Él fue amigo de mi padre Alfredo Bocaranda González pues ambos eran de Boconó y coincidieron en el liceo donde papá era profesor.

Esa fue mi carta de presentación cuando lo conocí como diputado de URD.

De su carta que publicamos íntegra aquí abajo menciono dos segmentos claves:

1) No se trata de un “salto de talanquera”, pues jamás he creído conveniente que los militares, de derecha o izquierda, gobiernen, entre otras cosas porque su visión y formación cuartelaria los acostumbra a mandar u obedecer sin derecho a pataleo, y además, la historia enseña que por lo general se quieren quedar toda la vida en el poder.

2) Nadie me “calentó las orejas” (en este caso quedaría mejor decir “enfrió”) ni me pagó un céntimo. Prefiero subsistir con mi modesto trabajo, pero mantener la conciencia tranquila.

 

Abajo incluimos la reseña de Wikipedia sobre Fabricio Ojeda padre.

Aquí sus letras de apoyo a la nueva generación de dirigentes venezolanos:

 

Por qué votaré por Capriles

Fabricio Ojeda Díaz

Periodista

Las razones de porqué mi voto será para Henrique Capriles: Esto lo tenía atragantado desde hace tiempo, y lo más honesto y saludable, supongo, es decirlo. Que me disculpen los que piensan distinto, amigos y parientes, y quienes opinan que por ser hijo de quien soy, tengo “ajuro” que ser chavista.

¿Que los adecos mataron a mi padre? Es cierto, pero eso ocurrió hace 46 años, en una convulsionada etapa histórica en la que el gobierno apeló a la violación de los derechos humanos como estrategia de “defensa” de una incipiente democracia que ellos mismos pervirtieron.

Fue un asesinato cometido por hombres específicos, con nombres y apellidos, quienes fallecieron o ya son ancianos, cuyos hijos y nietos no tienen por qué heredar la culpa de sus actos. Agradezco la iniciativa de reabrir el caso, tomada por las actuales autoridades.

Valoro ese gesto no por resentimiento, odio ni deseos de venganza, sino porque puede servir para rebatir la tesis oficial del suicidio y recuperar, si no su vida, al menos la dignidad del sacrificio de mi padre. Yo, por mi parte, los perdono. La justicia divina se encargará de pasar facturas.

Y si la justicia terrenal actúa y queda aún a alguien a quién sancionar, al menos moralmente, que se le castigue con todas las garantías, pero los venezolanos debemos asumir el futuro.

No podemos pasar toda la vida enfrentándonos por lo que sucedió en los años 60. Si alguna enseñanza nos debe quedar de estas últimas cinco décadas y media, es que ningún país avanza si una mitad busca dominar a la otra, si cada quien anda por su lado despotricando o persiguiendo al adversario, apostando sólo a intereses particulares o colectivos sectarios.

La única manera de progresar es trabajando todos, sin distinciones, egoísmos, mesías o caudillos, sin imposiciones, dejando de lado los antagonismos políticos para construir como hermanos una Venezuela mejor.

Respeto la posición de cada quien, en especial de miembros de mi familia, y siempre defenderé su derecho a expresarla y actuar según sus principios y creencias.

Para ellos, el cariño sigue siendo el mismo. Lo que aquí escribo es algo individual que no tiene por qué involucrarlos.

No se trata de un “salto de talanquera”, pues jamás he creído conveniente que los militares, de derecha o izquierda, gobiernen, entre otras cosas porque su visión y formación cuartelaria los acostumbra a mandar u obedecer sin derecho a pataleo, y además, la historia enseña que por lo general se quieren quedar toda la vida en el poder.

Nadie me “calentó las orejas” (en este caso quedaría mejor decir “enfrió”) ni me pagó un céntimo. Prefiero subsistir con mi modesto trabajo, pero mantener la conciencia tranquila.

Esto lo digo para adelantarme a las malas lenguas, y para quienes ven en el insulto y la descalificación una forma válida de ataque (impulsada por su máximo líder) contra quienes piensan diferente y tienen la osadía de expresarlo.

Dicho esto, ahí van las razones de por qué yo, Fabricio Ojeda Díaz, votaré por Henrique Capriles y no por el teniente coronel Hugo Chávez:

En primer lugar, porque deseo elegir a una persona cuyo estado de salud no genere la incertidumbre de si podrá o no ocuparse de los asuntos concernientes al Estado.

Alguien que no tenga una concepción militarista del poder ni militarizada de la sociedad, que no difunda un discurso de odio y confrontación, sino que por el contrario, promueva, respete y defienda el derecho a pensar diferente, como esencia de la democracia.

Quiero que se acaben las divisiones y enfrentamientos entre viejos amigos, entre hermanos, entre padres e hijos, entre parejas, entre venezolanos; que la violencia no esté a la vuelta de la esquina, y que de nuestro vocabulario se eliminen las palabras guerra, invasión y muerte.

Prefiero votar por un hombre de las nuevas generaciones, nacido en 1972 (seis años después de la muerte de mi padre), con ideas modernas, que no está contaminado con los vicios del pasado ni comprometido con los abusos y desviaciones que se cometieron durante la vieja democracia.

Un hombre que en cada discurso llama a la inclusión, a la paz, a la hermandad, a la seguridad, a la inversión en un esquema de garantías jurídicas, a la unión de los sectores público y privado para lograr el desarrollo del país, con empleo digno, sin expropiaciones caprichosas, sin zozobra.

Un candidato que utiliza un lenguaje de respeto, de reconocimiento al adversario, que ha prometido mantener y mejorar los programas sociales ya existentes y crear otros, dentro de un clima de libertad de prensa y opinión, sin persecuciones, sin retaliación. Que siempre llama a la reconciliación de los venezolanos y promete utilizar nuestros recursos para solucionar los graves problemas que nos afectan, y no para financiar proyectos utópicos ni gobiernos y dictaduras extranjeras.

Un joven sencillo, sin poses, con un lenguaje claro, que ha dedicado su vida al estudio, al trabajo y la lucha política, en lugar de disfrutar de los privilegios inherentes al hecho casual de haber nacido -como Bolívar- en el seno de una familia pudiente.

En fin, un hombre que tendrá la responsabilidad de dirigir a Venezuela dentro de un esquema de no confrontación, de tolerancia y respeto hacia los ciudadanos, con servicios públicos eficientes, educación, seguridad, generación de empleo, en paz, pero con mano dura al delito y la corrupción.

Eso es lo que necesitamos luego de una etapa traumática de la historia democrática que los venezolanos podemos concluir con los votos este 7 de octubre.

Fabricio Ojeda Díaz

Periodista

 

Esta es la reseña sobre su padre que aparece en Wikipedia:

Fabricio Ojeda

Fabricio Ojeda (Boconó, 6 de febrero de 1929 — Caracas, 21 de junio de 1966) fue un político, guerrillero comunista y periodista venezolano

Inicios en la política

Fabricio conocido como “Roberto”, nació el 6 de febrero en 1929 en Boconó, (estado Trujillo) Era reportero del periódico El Nacional desde los tiempos del régimen de Marcos Pérez Jiménez. Fue Jefe de la “Junta Patriótica” en la clandestinidad, organización que derrocó la dictadura Perezjimenista el 23 de enero de 1958. Fue Militante fundador de Unión Republicana Democrática (URD). Ingresa al Congreso como Diputado de URD en 1958, solidarizándose con el triunfo de la Revolución Cubana. El 30 de junio de 1962 renuncia al Congreso y marcha a los Andes a organizar un Frente Guerrillero de las Fuerzas Armadas de Liberación Nacional. A finales de este año y luego de una serie de combates es detenido. Escapa de la Cárcel de Ciudad Trujillo donde resulta herido en un tobillo al saltar un muro.

Actividad guerrillera

Se incorpora al Frente Guerrillero “José Antonio Páez” donde es nombrado su Primer Comandante. Desde esas montañas mantiene correspondencia con los guerrilleros Douglas Bravo y Argimiro Gabaldón Márquez donde vislumbran la posibilidad de reorganizar las FALN y crear un partido marxista-leninista ajeno al “revisionismo” y a la conciliación de clases que caracterizan al Partido Comunista de Venezuela (PCV). El Buró Político del PCV le impide asistir a las Conferencias de 1964 y 1965. Pero en los primeros meses de 1966 viaja a Caracas sin autorización del buró político y se reúne con éste y plantea la conclusión de que la grave crisis que vivía el PCV sólo los conduciría a la Capitulación. Inicia una labor de clarificación política y se dirige por escrito a Juan de Dios Moncada Vidal, Pedro Medina Silva, Teodoro Molina Villegas y a los restantes miembros del Cuartel General de las FALN. Entra en abierta polémica con el BP del PCV sosteniendo un intercambio de acusaciones con Guillermo García Ponce. Por su captura se ofrecen Bs. 2.500. En los primeros días de abril de 1966 junto a Douglas Bravo inicia la reorganización total de las FALN y la creación del Partido de la Revolución Venezolana (PRV) de línea marxista-leninista. El 21, 22 y 23 se realiza el histórico pleno de cuadros con asistencia de unas treinta personas representando a los cuadros civiles y militares radicales donde es nombrado Fabricio como Presidente del FLN-FALN con apoyo de los Frentes Guerrilleros, de las UTC urbanas y de los militantes consecuentes del PCV a consecuencia de esto se inician agudas discusiones entre el PCV y los disidentes.

El día 17 de junio de 1966 sale publicado en el Vocero legal del PCV un comunicado indicando que Fabricio Ojeda y Douglas Bravo son “traidores” y se encontraban en Caracas. El 20 de junio de ese año 1966, Fabricio es detenido por el Servicio de Información de las Fuerzas Armadas (SIFA), junto a su compañera Anayansi Jiménez, en la casa de Mario Matute Bravo, un ex perezjimenista, de quien era muy amigo.

La información al día siguiente fue que “Fabricio Ojeda se suicidó en su celda”.

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