Los niños de las niñas por Blanca García Bocaranda

La vida que le espera a una niña de 10 años que se convierte en madre es realmente preocupante. El parto de esa niña nos alerta sobre el fenómeno creciente de la maternidad precoz de alguien que ni siquiera llega a la adolescencia. Los riesgos psíquicos, físicos y sociales son muy elevados y los organismos pertinentes deberían averiguar si fue objeto de abusos. Todo esto es parte de un planteamiento que nos lleva a conversar con Marianella Escobar, ginecólogo infanto juvenil del Centro Médico Docente La Trinidad.

Es un evento sumamente difícil en la vida de esa criatura porque no está capacitada desde ningún punto de vista. Ni fisiológicamente su organismo está preparado para recibir un embarazo ni psicológicamente puede enfrentar esa realidad. Es un paso muy complejo porque, aunque ella comenzó jugando con sexo, al tener una pareja ese entretenimiento la condujo a explorar algo más. En la curiosidad, la niña guiada por las hormonas que son la “gasolina” generadora de ignición del motor que es la actividad sexual, ha sido llevada bajo ese impulso. Simplemente se dejó someter por las emociones que fluían y sentía, no calificadas como amor sino como error por enamoramiento, al pasar de una pareja a otra.

Cifras de vértigo

La población de Venezuela es de 26 millones de habitantes, su tasa de fecundidad es de 2,7% mientras que la tasa de crecimiento demográfico anual es 1,8%. Según las Naciones Unidas somos el primer país sudamericano en embarazos no planificados. Entre 20 y 30% los nacimientos son de madres adolescentes, entre 40 y 44% de las mujeres entre 15 y 49 años utilizan anticonceptivos, por lo tanto más del 50% de las mujeres con actividad sexual no están protegidas. Apenas el 10,6% de las mujeres entre 15 y 19 años utilizan métodos anticonceptivos.

Acota Escobar que “atendemos niñas de 11 años embarazadas, aún antes de ver la menstruación, recién llegada la menarquía”. Cada día impacta más el nivel de precocidad en estos casos, alrededor de los 9 años, que en estos días es bastante prematuro para una niña tener un hijo. Entre 10 y 11 años es el promedio de aparición de la menarquía y esa evolución ha de llevarse lentamente.

Los juegos sexuales los hace no con varones de su misma edad sino con los de 18 años o 20 años inclinados hacia un manoseo, besos o una relación de inicio de contactos para incrementar el deseo sexual al llegar al punto de tener relaciones a cabalidad. Al interrogarla el especialista siempre asegura que “no sabía, no creía que iba a llegar a eso, pero nunca imaginé que saldría embarazada”.

Hay un período que pareciera ignorancia tanto de los padres, del medio educativo, el ambiente donde se desenvuelve y ella misma que cree que en ese juego sexual no corre riesgos de embarazo. El adolescente cree y dice que nunca le pasará nada indeseado, “eso le sucede a la vecina, a la amiguita, pero no a m”. Por eso nunca se cuidan para tener relaciones.

La tendencia a primera relación sexual de las venezolanas según su edad evidencia que 10% comienza de 13 a 15 años, 25% de 16 a 18 años, 19% de 19 a 21 años y apenas 7% de 22 a 25 años. Cuidarse en esta actividad, 25% empieza de 13 a 17 años, 55% de 18 a 22 años, 17% de 23 a 30 años y un escaso 2% de 22 a 25 años.

A los 9 o 10 años no saben cómo cuidarse. La educación sexual está instituida para comenzar a los 13 o 14 años al creer que las hijas no están en esa onda o riesgo de tener algún tipo de manoseo o contacto con el noviecito que va a la casa o aseguran ir al cine juntos mientras que los padres ni intuyen la posibilidad de otro tipo de exposición. Siempre escuchamos a las madres asegurar “yo le dije, siempre le dije”, pero parece que la información no se canalizara o llegara. Es algo que se ve casi exclusivamente en la población de escasos recursos, donde está más marcado el embarazo de adolescentes de14 año quienes pierden totalmente la escolaridad porque no regresan a clases con la barriga y al tener al bebé han de ocuparse de ese hijo, sin haber tenido experiencia previa dando la impresión de ser niñas jugando a las muñecas. Es la abuela de la criatura y madre de la “niña madre” quien termina criando a ese bebé dada su experiencia como mamá. Es sumamente triste, pero es lo que vemos en la población a diario. Son menores que alternan el papel de hijas con una maternidad precoz. Casos como esos pueden ocultar, además, episodios de abusos familiares.

Sin padres

Abundan las niñas madres y qué espera un país de la población que crece en esas condiciones? La figura del padre no existe hace tiempo ni siquiera sabrá que tendrá un hijo ni criará a esa criatura porque eso lo hará el abuelo, si es que en ese hogar hay una figura paterna porque puede ser parte de una constelación de eventos familiares similares. En el gran porcentaje ocurre eso. Si esta niña embarazada también es producto de un embarazo similar por parte de su madre, ella lo hará igual. No hay un patrón que le permita evitar riesgos. Es una cadena a repetición de generación en generación. La vida no les da tiempo ni formación para educar a la que viene detrás.

Educación para salvarlas

Pero, quiénes las educarán, de dónde sacarán la orientación valiosa para vadear esos riesgos de embarazo. Siempre dicen que es un problema de gobierno o de familia o de educación. “Considero que todo suma para aumentar el problema, siendo una participación activa de todos y me llama mucho la atención el poder que tienen los medios de comunicación sobre todo para difundir mensajes que abran los ojos de esa comunidad femenina desde la más tierna edad porque es mucho el tiempo que los menores pasan frente al televisor”, advierte Escobar. Los medios que más penetran en la conducta son los audiovisuales y de allí copian mucha de la conducta sexual que las lleva al error. Han sido estimuladas por lo que ven en la pantalla. En todas las casas hay un televisor y no en todas las casas de escasos recursos hay una computadora como para decir que es el Internet quien “suministra” la motivación con información sexual equivocada. Si aprovechamos ese recurso valiosísimo como es el medio audiovisual para elaborar y difundir mensajes de valores con orientación cuya visión permita enfocar de alguna forma, un valor hacia la educación o hacia otro escape que no sea necesariamente hacia el sexo.

En estos casos se ve clarísima la influencia del contenido de las telenovelas, sin tener nada contra ese género de entretenimiento, pero ese es el medio donde ellas se crían escuchándolas desde que nacen a toda hora y eso lo que les va quedando. Van a clases y lo que reciben allí no les gusta, pero al encender la TV ven y atienden cómo conquistar a una pareja o atender un hijo y ese será el futuro de su vida. Ante eso si hay una solución como es sembrar otro tipo de valores, inclusive utilizando el mismo formato atractivo de las telenovelas o series de TV. La prevención podemos lograrla todos juntos, Estado, medios de comunicación social, docentes y hogar. No se trata nada más del 26 de septiembre para hacer campaña contra el embarazo en la adolescente, acumulando todos los mensajes en un solo día y quizás muchos no tienen la posibilidad de escucharlos. Lo idóneo es mantener el mensaje en una constante.

Organismo lesionado

Riesgos físicos, psíquicos y sociales son muy elevados. Todo va desde el riesgo de aborto espontáneo hasta el desarrollo de malformaciones en el feto. El organismo de esa niña no está preparado para lo que significa un embarazo. A nivel fisiológico sus hormonas apenas se terminan de despertar y comienza a formarse un ser que, definitivamente, ella tiene que seguir llevando adelante.

Son embarazos calificados de alto riesgo por las muchas circunstancias que los conducen a un aborto o al parto prematuro. Varias ellas ameritan una cesárea, aunque en las maternidades públicas lo usual es el parto vía vaginal. El primer riesgo es que esas niñas no acuden al control prenatal por temor o la mayoría ni siquiera sabe que está embarazada. Se ha visto adolescentes o menores aún que llegan a la consulta con 4 o 6 meses de embarazo o la mamá las acompaña preocupada porque “sospecha” la presencia de un tumor o algún quebranto severo y resulta que está embarazada. Conocer el diagnóstico es una sorpresa para la madre en ese momento y hasta para la misma hija que no tenía idea de su estado de gestación.

El después a nivel funcional y psicológico es traumático para la niña madre y su entorno familiar. El organismo de la adolescente comienza a madurar, a comportarse de otra forma, pero existe un dato curioso y esto es impactante: más del 90% de estas niñas madres al año vuelven a salir embarazadas. No hay escarmiento al respecto, de no reincidir en ese error o crear un plan de vida para evolucionar de ese hoyo donde está su vida. La única solución que encuentran es buscar otra pareja que “me quiera” y esto es algo sumamente curioso, pues al entrevistar a las adolescentes sobre la razón por la cual salieron embarazadas, ellas argumentan querer tener alguien que las quiera. Juran que el hijo es quien va a suplir o llenar ese vacío de afecto y no saben que son ellas quienes tienen que colmar de afecto a sus hijos. Buscan otra pareja que les de afecto por un rato, pero que les engendrará otro hijo.

En busca de afecto

Es su concepto sobre el afecto. Son tantos los conceptos que deben corregirse! Demasiadas creencias a derrumbar para cambiar el futuro del país comenzando por la conformación del hogar. Detalle sumamente preocupante para dejar tal responsabilidad en manos ignorantes porque es el mañana de la nación y es la población que crece desmesuradamente.

Hay un concepto equivocado hasta de la femineidad porque la mayoría de las mujeres no se consideran como tales si no tienen un hijo, al menos, y eso no puede ser establecido como un valor, aunque eso está muy arraigado en América Latina desde México hasta la Patagonia. Es evidente que va ligado a la ignorancia dentro de los países de bajo nivel de educación donde proliferan embarazos en adolescentes.

El promedio de partos que tendrá esa madre niña en su vida es de 4, mínimo. Ya a los 20 años tiene 4 hijos. Mucha gente se pregunta si ante este escenario y personaje con familia numerosa, sin recursos económicos ni esperanza de tenerlos, pero si con vida sexual activa todavía, las maternidades deberían ligar las Trompas de Falopio a estas pacientes. La Sociedad Venezolana de Obstetricia y Ginecología aún no ha establecido un criterio para dar la posibilidad a estas pacientes. Suena absurdo, pero todavía observamos que hasta los 30 años no está permitido ofrecerles esta opción ginecológica. Si espera hasta esa edad, la madre de 4 hijos no sabemos cuántos tendrá. Es un absurdo total. A esa altura de la vida aún no tienen educación sexual y sus hijos tampoco la tendrán porque ella no la posee para transmitírsela. Esa mujer ya no tiene ningún contenido para formar a su familia en dicho aspecto que acabó con su plan de vida, si es que lo tenía.

El condicionante en estratos socioeconómicos de mayor poder adquisitivo es otro. En realidad es muy bajo el porcentaje de embarazos en estos grupos sociales porque tienen cierta base moral. Hay cierta formación para que las niñas sean más cuidadas e informadas desde más temprana edad por sus padres al respecto. Ellos se esmeran más en cuidarla o protegerla, pero no por el hecho de estar vigilándolas sino en transmitirles información. Se aprecia una relación más directa en la información hablada, en el conocimiento que ella debe tener sobre lo que es la actividad sexual, el concepto de novio, la selección de su pareja que será a futuro su marido y el significado de formar una familia. Son niñas que observan y viven un patrón de familia, el cual tratarán de copiar en la medida de lo posible. Imposible negar que las niñas de 14 años de nivel socioeconómico medio y alto no las tienen, pero si se cuidan o el varón también está informado para usar el condón o preservativo. O se cuida ella acudiendo a una consulta ginecológica pues la LOPNA protege con la Ley a partir de los 14 años para que acudan a la consulta médica libremente y los varones por igual, sin estar acompañados por sus representantes.

Es vital difundir esta información de la LOPNA para tranquilidad de los padres y que los jóvenes aprovechen la libertad de asesorarse o de despejar dudas e inquietudes al respecto con profesionales como una valiosa herramienta de educación. En la educación privada dictan charlas para adolescentes que les orientan en anticoncepción, manejo de prevenir enfermedades de transmisión sexual, por ejemplo. Si hay embarazos en esta parte de la sociedad, pero muy bajos porcentajes. Eso no quiere que vaya a existir baja escolaridad o que no concluyan su escolaridad y carrera universitaria, aunque se deforme su plan de vida, pero en la mayoría de los casos ellos siguen adelante con la ayuda de sus padres, convertidos en “padres abuelos”.

¿Aborto como opción?

La población de jóvenes embarazadas en algún momento pensó abortar. Las niñas sin recursos acuden libremente a cualquier cosa para provocarse el aborto poniendo en riesgo ambas vidas. Es increíble la cantidad de emergencias que ocurren a diario por abortos mal provocados con cualquier instrumento o ingesta de terribles soluciones ante el pánico tener un hijo o si sus padres se enteran acuden a cualquier método. En medio del terror y con tan poca edad, asustadas por la respuesta severa de la figura paterna buscan la peor solución que les conduce a la muerte muchas veces.

Es interesante que una vez pasada la página en el otro lado de la ciudad o del país exista esa otra población de cierto nivel socioeconómico que confirman haberse realizado un aborto y consultan para que las revisen porque conocen la forma de provocarlo. Ellas mismas consiguen récipes para ciertas tabletas que pueden tomar y están enteradas de la prescripción, la forma, el nombre porque se lo dicen las amiguitas. Medicamentos que se venden sólo bajo prescripción médica, pero se las ingenian para conseguirlos.

Esta pastilla provoca sangrado con dolor fuerte e inclusive puede finalizar en una hemorragia masiva vaginal importante, razón por la cual acuden al médico. Al consultar vacilan sobre la presencia de algún resto fetal en su útero o si el aborto fue completo en ese sangrado que tuvieron porque puede ser más abundante que una menstruación y dudan de haberlo expulsado en su totalidad. Con el ecosonograma el especialista comprueba que el útero está limpio. Eso ocurre en la minoría, no es la mayoría de los casos.

La pastilla del “día siguiente” constituye una alternativa ante una relación sexual no esperada, pero debe ingerirse exclusivamente en casos muy específicos cuando se rompe el condón o si fue una relación sorpresa pro determinada razón. El problema reside en que muchas adolescentes han asumido la ingesta de la pastilla como una rutina posterior a cada relación sexual porque es un medicamento de venta libre para la prevención del embarazo. No debe tomarse con cada relación sexual y los especialistas deben alertarlas sobre los daños que sufre su organismo con esa práctica frecuente. Tampoco es método constante de prevención del embarazo porque sufrirán trastornos menstruales y endocrinos que no vienen al caso.

Pueden caer en infertilidad más que todo si son sujeto de abortos provocados. El aborto no es una práctica legal en Venezuela y en ninguna clínica se lo harán. Antes las embarazadas en medio de la angustia se introducían ganchos, espumas o jabón que les provocaba el aborto con un final de histerectomía o en la terapia intensiva posterior a la histerectomía por cualquier proceso de riesgo en ese acto de agresión contra la salud.

Si la educación no llega a estas niñas, seguiremos con la explosión demográfica de gente sin recursos ni consciente de lo que es ser un ciudadano capaz de formar y mantener una familia. La necesidad de educar e instaurar valores es imperiosa. El apoyar desde el Gobierno la procreación ilimitada e irresponsable con dinero y bolsas de pañales estimula el fracaso de la generación del futuro en América Latina. La madre limitada en su educación no puede darle nada positivo a su hijo. Es labor de muchos, del hogar, del Estado, del sistema educativo, la sociedad. Sobre todo inculcar valores de familia a toda la población. Al tener otra visión las niñas creerán en tu mensaje sin tener que buscar algo más en la presencia de un niño que no es la respuesta para su vacío afectivo.

Ese hijo tiene derecho a vivir con su padre al lado, tener un patrón masculino desde que viene al mundo y no la presencia de desconocidos que no sienten nada para él. En cualquier barriada de Caracas o poblaciones del interior ese panorama se repite sin piedad. Igual sucede con la población de extranjeros sin recursos que emigraron a nuestro país y al no salirle los papeles de inmigración deciden lo más fácil y peor para su vida: embarazarse.

 @garbo83

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La vida que le espera a una niña de 10 años que se convierte en madre es realmente preocupante. El parto de esa niña nos alerta sobre el fenómeno creciente de la maternidad precoz de alguien que ni siquiera llega a la adolescencia. Los riesgos psíquicos, físicos y sociales son muy elevados y los organismos pertinentes deberían averiguar si fue objeto de abusos. Todo esto es parte de un planteamiento que nos lleva a conversar con Marianella Escobar, ginecólogo infanto juvenil del Centro Médico Docente La Trinidad.

Es un evento sumamente difícil en la vida de esa criatura porque no está capacitada desde ningún punto de vista. Ni fisiológicamente su organismo está preparado para recibir un embarazo ni psicológicamente puede enfrentar esa realidad. Es un paso muy complejo porque, aunque ella comenzó jugando con sexo, al tener una pareja ese entretenimiento la condujo a explorar algo más. En la curiosidad, la niña guiada por las hormonas que son la “gasolina” generadora de ignición del motor que es la actividad sexual, ha sido llevada bajo ese impulso. Simplemente se dejó someter por las emociones que fluían y sentía, no calificadas como amor sino como error por enamoramiento, al pasar de una pareja a otra.

Cifras de vértigo

La población de Venezuela es de 26 millones de habitantes, su tasa de fecundidad es de 2,7% mientras que la tasa de crecimiento demográfico anual es 1,8%. Según las Naciones Unidas somos el primer país sudamericano en embarazos no planificados. Entre 20 y 30% los nacimientos son de madres adolescentes, entre 40 y 44% de las mujeres entre 15 y 49 años utilizan anticonceptivos, por lo tanto más del 50% de las mujeres con actividad sexual no están protegidas. Apenas el 10,6% de las mujeres entre 15 y 19 años utilizan métodos anticonceptivos.

Acota Escobar que “atendemos niñas de 11 años embarazadas, aún antes de ver la menstruación, recién llegada la menarquía”. Cada día impacta más el nivel de precocidad en estos casos, alrededor de los 9 años, que en estos días es bastante prematuro para una niña tener un hijo. Entre 10 y 11 años es el promedio de aparición de la menarquía y esa evolución ha de llevarse lentamente.

Los juegos sexuales los hace no con varones de su misma edad sino con los de 18 años o 20 años inclinados hacia un manoseo, besos o una relación de inicio de contactos para incrementar el deseo sexual al llegar al punto de tener relaciones a cabalidad. Al interrogarla el especialista siempre asegura que “no sabía, no creía que iba a llegar a eso, pero nunca imaginé que saldría embarazada”.

Hay un período que pareciera ignorancia tanto de los padres, del medio educativo, el ambiente donde se desenvuelve y ella misma que cree que en ese juego sexual no corre riesgos de embarazo. El adolescente cree y dice que nunca le pasará nada indeseado, “eso le sucede a la vecina, a la amiguita, pero no a m”. Por eso nunca se cuidan para tener relaciones.

La tendencia a primera relación sexual de las venezolanas según su edad evidencia que 10% comienza de 13 a 15 años, 25% de 16 a 18 años, 19% de 19 a 21 años y apenas 7% de 22 a 25 años. Cuidarse en esta actividad, 25% empieza de 13 a 17 años, 55% de 18 a 22 años, 17% de 23 a 30 años y un escaso 2% de 22 a 25 años.

A los 9 o 10 años no saben cómo cuidarse. La educación sexual está instituida para comenzar a los 13 o 14 años al creer que las hijas no están en esa onda o riesgo de tener algún tipo de manoseo o contacto con el noviecito que va a la casa o aseguran ir al cine juntos mientras que los padres ni intuyen la posibilidad de otro tipo de exposición. Siempre escuchamos a las madres asegurar “yo le dije, siempre le dije”, pero parece que la información no se canalizara o llegara. Es algo que se ve casi exclusivamente en la población de escasos recursos, donde está más marcado el embarazo de adolescentes de14 año quienes pierden totalmente la escolaridad porque no regresan a clases con la barriga y al tener al bebé han de ocuparse de ese hijo, sin haber tenido experiencia previa dando la impresión de ser niñas jugando a las muñecas. Es la abuela de la criatura y madre de la “niña madre” quien termina criando a ese bebé dada su experiencia como mamá. Es sumamente triste, pero es lo que vemos en la población a diario. Son menores que alternan el papel de hijas con una maternidad precoz. Casos como esos pueden ocultar, además, episodios de abusos familiares.

Sin padres

Abundan las niñas madres y qué espera un país de la población que crece en esas condiciones? La figura del padre no existe hace tiempo ni siquiera sabrá que tendrá un hijo ni criará a esa criatura porque eso lo hará el abuelo, si es que en ese hogar hay una figura paterna porque puede ser parte de una constelación de eventos familiares similares. En el gran porcentaje ocurre eso. Si esta niña embarazada también es producto de un embarazo similar por parte de su madre, ella lo hará igual. No hay un patrón que le permita evitar riesgos. Es una cadena a repetición de generación en generación. La vida no les da tiempo ni formación para educar a la que viene detrás.

Educación para salvarlas

Pero, quiénes las educarán, de dónde sacarán la orientación valiosa para vadear esos riesgos de embarazo. Siempre dicen que es un problema de gobierno o de familia o de educación. “Considero que todo suma para aumentar el problema, siendo una participación activa de todos y me llama mucho la atención el poder que tienen los medios de comunicación sobre todo para difundir mensajes que abran los ojos de esa comunidad femenina desde la más tierna edad porque es mucho el tiempo que los menores pasan frente al televisor”, advierte Escobar. Los medios que más penetran en la conducta son los audiovisuales y de allí copian mucha de la conducta sexual que las lleva al error. Han sido estimuladas por lo que ven en la pantalla. En todas las casas hay un televisor y no en todas las casas de escasos recursos hay una computadora como para decir que es el Internet quien “suministra” la motivación con información sexual equivocada. Si aprovechamos ese recurso valiosísimo como es el medio audiovisual para elaborar y difundir mensajes de valores con orientación cuya visión permita enfocar de alguna forma, un valor hacia la educación o hacia otro escape que no sea necesariamente hacia el sexo.

En estos casos se ve clarísima la influencia del contenido de las telenovelas, sin tener nada contra ese género de entretenimiento, pero ese es el medio donde ellas se crían escuchándolas desde que nacen a toda hora y eso lo que les va quedando. Van a clases y lo que reciben allí no les gusta, pero al encender la TV ven y atienden cómo conquistar a una pareja o atender un hijo y ese será el futuro de su vida. Ante eso si hay una solución como es sembrar otro tipo de valores, inclusive utilizando el mismo formato atractivo de las telenovelas o series de TV. La prevención podemos lograrla todos juntos, Estado, medios de comunicación social, docentes y hogar. No se trata nada más del 26 de septiembre para hacer campaña contra el embarazo en la adolescente, acumulando todos los mensajes en un solo día y quizás muchos no tienen la posibilidad de escucharlos. Lo idóneo es mantener el mensaje en una constante.

Organismo lesionado

Riesgos físicos, psíquicos y sociales son muy elevados. Todo va desde el riesgo de aborto espontáneo hasta el desarrollo de malformaciones en el feto. El organismo de esa niña no está preparado para lo que significa un embarazo. A nivel fisiológico sus hormonas apenas se terminan de despertar y comienza a formarse un ser que, definitivamente, ella tiene que seguir llevando adelante.

Son embarazos calificados de alto riesgo por las muchas circunstancias que los conducen a un aborto o al parto prematuro. Varias ellas ameritan una cesárea, aunque en las maternidades públicas lo usual es el parto vía vaginal. El primer riesgo es que esas niñas no acuden al control prenatal por temor o la mayoría ni siquiera sabe que está embarazada. Se ha visto adolescentes o menores aún que llegan a la consulta con 4 o 6 meses de embarazo o la mamá las acompaña preocupada porque “sospecha” la presencia de un tumor o algún quebranto severo y resulta que está embarazada. Conocer el diagnóstico es una sorpresa para la madre en ese momento y hasta para la misma hija que no tenía idea de su estado de gestación.

El después a nivel funcional y psicológico es traumático para la niña madre y su entorno familiar. El organismo de la adolescente comienza a madurar, a comportarse de otra forma, pero existe un dato curioso y esto es impactante: más del 90% de estas niñas madres al año vuelven a salir embarazadas. No hay escarmiento al respecto, de no reincidir en ese error o crear un plan de vida para evolucionar de ese hoyo donde está su vida. La única solución que encuentran es buscar otra pareja que “me quiera” y esto es algo sumamente curioso, pues al entrevistar a las adolescentes sobre la razón por la cual salieron embarazadas, ellas argumentan querer tener alguien que las quiera. Juran que el hijo es quien va a suplir o llenar ese vacío de afecto y no saben que son ellas quienes tienen que colmar de afecto a sus hijos. Buscan otra pareja que les de afecto por un rato, pero que les engendrará otro hijo.

En busca de afecto

Es su concepto sobre el afecto. Son tantos los conceptos que deben corregirse! Demasiadas creencias a derrumbar para cambiar el futuro del país comenzando por la conformación del hogar. Detalle sumamente preocupante para dejar tal responsabilidad en manos ignorantes porque es el mañana de la nación y es la población que crece desmesuradamente.

Hay un concepto equivocado hasta de la femineidad porque la mayoría de las mujeres no se consideran como tales si no tienen un hijo, al menos, y eso no puede ser establecido como un valor, aunque eso está muy arraigado en América Latina desde México hasta la Patagonia. Es evidente que va ligado a la ignorancia dentro de los países de bajo nivel de educación donde proliferan embarazos en adolescentes.

El promedio de partos que tendrá esa madre niña en su vida es de 4, mínimo. Ya a los 20 años tiene 4 hijos. Mucha gente se pregunta si ante este escenario y personaje con familia numerosa, sin recursos económicos ni esperanza de tenerlos, pero si con vida sexual activa todavía, las maternidades deberían ligar las Trompas de Falopio a estas pacientes. La Sociedad Venezolana de Obstetricia y Ginecología aún no ha establecido un criterio para dar la posibilidad a estas pacientes. Suena absurdo, pero todavía observamos que hasta los 30 años no está permitido ofrecerles esta opción ginecológica. Si espera hasta esa edad, la madre de 4 hijos no sabemos cuántos tendrá. Es un absurdo total. A esa altura de la vida aún no tienen educación sexual y sus hijos tampoco la tendrán porque ella no la posee para transmitírsela. Esa mujer ya no tiene ningún contenido para formar a su familia en dicho aspecto que acabó con su plan de vida, si es que lo tenía.

El condicionante en estratos socioeconómicos de mayor poder adquisitivo es otro. En realidad es muy bajo el porcentaje de embarazos en estos grupos sociales porque tienen cierta base moral. Hay cierta formación para que las niñas sean más cuidadas e informadas desde más temprana edad por sus padres al respecto. Ellos se esmeran más en cuidarla o protegerla, pero no por el hecho de estar vigilándolas sino en transmitirles información. Se aprecia una relación más directa en la información hablada, en el conocimiento que ella debe tener sobre lo que es la actividad sexual, el concepto de novio, la selección de su pareja que será a futuro su marido y el significado de formar una familia. Son niñas que observan y viven un patrón de familia, el cual tratarán de copiar en la medida de lo posible. Imposible negar que las niñas de 14 años de nivel socioeconómico medio y alto no las tienen, pero si se cuidan o el varón también está informado para usar el condón o preservativo. O se cuida ella acudiendo a una consulta ginecológica pues la LOPNA protege con la Ley a partir de los 14 años para que acudan a la consulta médica libremente y los varones por igual, sin estar acompañados por sus representantes.

Es vital difundir esta información de la LOPNA para tranquilidad de los padres y que los jóvenes aprovechen la libertad de asesorarse o de despejar dudas e inquietudes al respecto con profesionales como una valiosa herramienta de educación. En la educación privada dictan charlas para adolescentes que les orientan en anticoncepción, manejo de prevenir enfermedades de transmisión sexual, por ejemplo. Si hay embarazos en esta parte de la sociedad, pero muy bajos porcentajes. Eso no quiere que vaya a existir baja escolaridad o que no concluyan su escolaridad y carrera universitaria, aunque se deforme su plan de vida, pero en la mayoría de los casos ellos siguen adelante con la ayuda de sus padres, convertidos en “padres abuelos”.

¿Aborto como opción?

La población de jóvenes embarazadas en algún momento pensó abortar. Las niñas sin recursos acuden libremente a cualquier cosa para provocarse el aborto poniendo en riesgo ambas vidas. Es increíble la cantidad de emergencias que ocurren a diario por abortos mal provocados con cualquier instrumento o ingesta de terribles soluciones ante el pánico tener un hijo o si sus padres se enteran acuden a cualquier método. En medio del terror y con tan poca edad, asustadas por la respuesta severa de la figura paterna buscan la peor solución que les conduce a la muerte muchas veces.

Es interesante que una vez pasada la página en el otro lado de la ciudad o del país exista esa otra población de cierto nivel socioeconómico que confirman haberse realizado un aborto y consultan para que las revisen porque conocen la forma de provocarlo. Ellas mismas consiguen récipes para ciertas tabletas que pueden tomar y están enteradas de la prescripción, la forma, el nombre porque se lo dicen las amiguitas. Medicamentos que se venden sólo bajo prescripción médica, pero se las ingenian para conseguirlos.

Esta pastilla provoca sangrado con dolor fuerte e inclusive puede finalizar en una hemorragia masiva vaginal importante, razón por la cual acuden al médico. Al consultar vacilan sobre la presencia de algún resto fetal en su útero o si el aborto fue completo en ese sangrado que tuvieron porque puede ser más abundante que una menstruación y dudan de haberlo expulsado en su totalidad. Con el ecosonograma el especialista comprueba que el útero está limpio. Eso ocurre en la minoría, no es la mayoría de los casos.

La pastilla del “día siguiente” constituye una alternativa ante una relación sexual no esperada, pero debe ingerirse exclusivamente en casos muy específicos cuando se rompe el condón o si fue una relación sorpresa pro determinada razón. El problema reside en que muchas adolescentes han asumido la ingesta de la pastilla como una rutina posterior a cada relación sexual porque es un medicamento de venta libre para la prevención del embarazo. No debe tomarse con cada relación sexual y los especialistas deben alertarlas sobre los daños que sufre su organismo con esa práctica frecuente. Tampoco es método constante de prevención del embarazo porque sufrirán trastornos menstruales y endocrinos que no vienen al caso.

Pueden caer en infertilidad más que todo si son sujeto de abortos provocados. El aborto no es una práctica legal en Venezuela y en ninguna clínica se lo harán. Antes las embarazadas en medio de la angustia se introducían ganchos, espumas o jabón que les provocaba el aborto con un final de histerectomía o en la terapia intensiva posterior a la histerectomía por cualquier proceso de riesgo en ese acto de agresión contra la salud.

Si la educación no llega a estas niñas, seguiremos con la explosión demográfica de gente sin recursos ni consciente de lo que es ser un ciudadano capaz de formar y mantener una familia. La necesidad de educar e instaurar valores es imperiosa. El apoyar desde el Gobierno la procreación ilimitada e irresponsable con dinero y bolsas de pañales estimula el fracaso de la generación del futuro en América Latina. La madre limitada en su educación no puede darle nada positivo a su hijo. Es labor de muchos, del hogar, del Estado, del sistema educativo, la sociedad. Sobre todo inculcar valores de familia a toda la población. Al tener otra visión las niñas creerán en tu mensaje sin tener que buscar algo más en la presencia de un niño que no es la respuesta para su vacío afectivo.

Ese hijo tiene derecho a vivir con su padre al lado, tener un patrón masculino desde que viene al mundo y no la presencia de desconocidos que no sienten nada para él. En cualquier barriada de Caracas o poblaciones del interior ese panorama se repite sin piedad. Igual sucede con la población de extranjeros sin recursos que emigraron a nuestro país y al no salirle los papeles de inmigración deciden lo más fácil y peor para su vida: embarazarse.

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