Varios eventos importantes, come el descubrimiento del sistema de perforación de la capa de esquisto, proceso conocido como fracking, el aumento de la producción petrolera de países como México, Colombia y especialmente Brasil, y el aprovechamiento a través de mejoras y expansiones de las refinerías en varios importantes países productores de petróleo como Rusia, Arabia Saudita y Kuwait, están transformando la balanza energética del mundo.
Pero el cambio quizás más relevante es la revolución interna en los Estados Unidos. Los grandes yacimientos de gas siempre más accesibles gracias al fracking, el hecho que la producción domestica ha registrado el más alto crecimiento de producción de los últimos 30 años, la mejora de los estándar de producción Norteamericanos y que las ganancias en la extracción del crudo pesado se han vuelto más atractivas son los cuatro factores que están cambiando el panorama energético del gran país del norte.
Esto no quiere decir que el mercado Norteamericano ha encontrado la fórmula mágica de controlar los niveles de su demanda doméstica ni tampoco ha descubierto la manera de eliminar las importaciones. Los Estados Unidos seguirán importando crudo y preocuparse de los eventos políticos de los países del Medio Oriente, Rusia, China, Venezuela y otros productores hemisféricos a pesar de que la producción doméstica del los Estado Unidos está aumentando paulatinamente.
Lo que es más significante para los Norteamericanos es el nuevo patrón de los precios de los hidrocarburos que depende – y seguirá dependiendo por lo menos por otras dos décadas – del petróleo que se está viendo siempre más afectado por el aporte de fuentes energéticas alternativas tal como el gas. Esta nueva perspectiva está operando tres cambios:
1) El mercado Norteamericano está cesando de estar sujeto a los precios impuestos internacionalmente y está convirtiéndose en un mercado que dicta los precios que está dispuesto aceptar. Esto quiere decir que aunque Estados Unidos seguirá dependiendo en gran parte de las importaciones, se puede permitir de cuestionar los precios establecidos por la OPEP porque puede contar con un creciente aporte doméstico que está disminuyendo su demanda y su dependencia de proveedores internacionales que no sean parte del continente Norteamericano (que incluye Méjico y Canadá). Esto permite a Estados Unidos de prever sus costos energéticos y aunque a corto plazo esto no se reflejará en el precio de la gasolina, una más clara visión de mercado a futuro ya está siendo de gran ayuda.
2) La nueva realidad energética permitirá a Estados Unidos poder escoger sus proveedores, darle mucho más poder negociador y hasta evitar, en gran parte, aumentos violentos de los precios petroleros debidos a interrupciones o desastres internacionales. Repito, no es que el crecimiento del parque energético Norteamericano elimine la necesidad de importar crudo, simplemente disminuye su gran dependencia internacional.
3) Para Estados Unidos el crudo deja de ser el “combustible preferido” porque deja de jugar el papel principal porque su mayor preocupación es el precio de la gasolina para sus vehículos, que se considera estrictamente relacionado al precio del petróleo como también al costo de su transporte.
De hecho, y muy equivocadamente el pueblo presta poca importancia al hecho que la gasolina es solamente una de las cuatro categorías energéticas que producto del crudo, siendo las otras la generación de electricidad, el combustible para las industrias y la producción de derivados petroquímicos.
Es desde este punto que empieza a ganar importancia el aporte del gas. Un numero siempre creciente de plantas generadoras de electricidad van a utilizar gas en lugar de fuel-oil y el gas natural comprimido o Compressed Natural Gas (CNG) va a sustituir el diesel empezando por las grandes flotillas de transporte terrestre.
Toda esta revolución y los cambios que se contemplan no es a corto plazo pero su gradual crecimiento va a ser inexorable
Para Venezuela este nuevo panorama Norteamericano debería interrumpir el sueño de los inocentes y/o ineptos y motivar a los responsables de nuestro “tesoro nacional” y mayor fuente de ingreso del país a desarrollar una nueva estrategia y política energética que se adapte a los cambios y a las realidades internacionales.
Tony Bianchi







