Sudamerican rockers, sudamerican ilusos, sin mujeres, sin millones, sin cadillac… una frase memorable de uno de los clásicos de Los Prisioneros. Una frase que se ha convertido en la realidad cercana para cientos de bandas Latinoamericanas que sueñan con conquistar el mundo y vivir de la música. Pero esto no sería exactamente la historia de Los Prisioneros, una de las bandas de rock más influyentes y trascendentales de Chile, su historia es diferente.
“La banda no existe desde hace mucho y es imposible que nos volvamos a reunir. Es una historia muy complicada. De hecho la escribí en el libro, Mi vida como prisionero.” Esa fue la reacción de Claudio Narea, uno de los integrantes de Los Prisioneros, cuando le pedía una exclusiva para DDA. ”Yo no estuve en la exitosa época de Tren al Sur, por lo tanto nunca fui a Venezuela. Mis ex compañeros si fueron. Pero a veces la gente se confunde. Yo no fui el compositor principal de la banda, pero estuve ahí. Y creo haber sido parte importante”.
Tal vez Claudio no participó en las últimas producciones, pero fue uno de sus fundadores, de los que vivió las primeras frustraciones, los primeros éxitos. ”Éramos incomprendidos en esa época. La banda no sólo tenía que ser buena, sino que la gente tenía que estar dispuesta a oírla. Pero al tiempo comenzaron a hablar de nosotros y eso empezó a crear expectativa. Los Prisioneros hasta el día de hoy son emblemáticos y no sólo en Chile. No porque yo estuviera ahí, pero fue como una especie de movimiento social. Lo que no quiere decir que las tenemos todas ganadas, porque partir con un proyecto nuevo es casi ir de cero. Es como la canción: ilusos, sin millones… Así es mi vida. Lo que no está mal por que me mantiene los pies en la tierra”.
We are Sudamerican Rockers
Telegrama, una agrupación venezolana que se formó en el 2005 en Caracas, comparte en cierta medida algo más que el sentimiento de Sudamericans Rockers, que en algún momento tuvo Claudio con su mejor amigo y líder de Los Prisioneros, Jorge González. Javier García, cantante de Telegrama se reunió con DDA para comentar ciertas coincidencias que los unen a la historia de Los Prisioneros: ”Roberto y yo, al igual que Claudio y Jorge, nos conocimos en el colegio. Intercambiábamos música, al tiempo nos juntamos y acordamos hacer una banda seria, influenciada por la música que en ese momento estaba explotando (la alternativa) y mezclándola con melodías pop que le dieran un toque más popular”.
La amistad de los chilenos nació también por sus gustos musicales, los dos se reunían a oír Kiss y al tiempo formaron Los Prisioneros: “Yo veía el proyecto como un encuentro de amigos donde jugaba a hacer música. Rápidamente esto funcionó y comenzamos a ser famosos”. Pero la historia que inició tan idílica se terminó al poco tiempo para Claudio. “Yo no quiero ser un prisionero y odiaba que me hablaran de Los Prisioneros. Viví una situación muy compleja, era difícil de explicar. Incluso al salirme de la banda me seguí sintiendo preso. Ya años después pude explicar todo a través del libro, fue una terapia que me ayudó a liberarme”.
Parte del trabajo de una banda es aprender a convivir, a lidiar con los momentos de tensión, evitar esas clásicas peleas que no se terminan solucionando: “Es complicada la convivencia. Yo me llevo bien con casi todo el mundo, pero con Los Prisioneros no se puede”. El ego, la fama, las críticas, las tentaciones son difíciles de ocultar y para algunos imposibles de manejar. Telegrama también ha tenido que superar ciertas diferencias y chispas de afinación. “Siempre tenemos peleas, los egos se manejan por si solos, es una lucha difícil pero lo hemos logramos bien, sin embargo este disco en el que estamos trabajando tiene un cargamento de sentimientos que casi logra separarnos y que a la vez nos tiene demasiado enfocados en que tenemos que hacerlo. Ha sido parte de la magia”.
Para Claudio la magia con Los Prisioneros se acabó hace muchos años, en parte, el día en que Jorge comenzó a inspirarse con su mujer. En 1989 Jorge viajó a Los Ángeles para producir con Gustavo Santaolalla lo que parecía ser un disco solista, un disco con una fuerte influencia amorosa, un disco que se llamó Corazones y que sería el cuarto álbum de Los Prisioneros. Días después del primer ensayo general de la banda, de practicar por primera vez todas las canciones nuevas juntos, Claudio Narea decepcionado abandona el proyecto musical. El proyecto que en un inicio sería un encuentro de grandes amigos terminó siendo un pequeño infierno.
Puede que no sepa lo que quiero pero sé lo que NO quiero SER
No es casualidad que Telegrama tenga una canción que se llame “Prisionero” y termine con la letra We are Sudamerican rockers. Javier cuenta cómo César, Adolfo y Roberto quisieron hacer un tributo a la canción de Los Prisioneros. “Era la manera perfecta de criticar los trabajos corporativos de la época. Todos estaban cayendo en ese hueco y yo fundando la banda. Nadie creía en mí y hasta el día de hoy piensan que estoy loco y que me voy a morir de hambre”.
Para Claudio no resulta extraño que artistas latinoamericanos como Telegrama estén influenciados por su ex banda. “Muchos artistas en distintos lugares se han inspirado con nosotros y a veces le pierdo la pista a ese legado”. Precisamente la misión de DDA detrás de la exclusiva era enseñarle a Claudio que parte de ese legado está en Venezuela. Y Para sorpresa de muchos, no sólo le gustó el tema, sino que se sintió identificado: “Me gustó el tema, es lúcido y evocador. Aunque sólo fuera esa frase, tiene que ver conmigo. Su letra me hizo mucho sentido, no por el lado social, sino por el personal. Muchas veces en mi vida pensé que me hubiera sentido mejor sin ser parte de la banda, sin ser un prisionero. La pasé un poco mal en ciertos momentos. Hoy me siento muy bien, al final todas las experiencias enseñan”.
Annette Barriola











