La incertidumbre continúa en torno a la toma de posesión del presidente reelecto Hugo Chávez Frías. La muy discreta información sobre su salud ha generado múltiples comentarios sobre qué ocurriría si el mandatario no pudiera asistir a su toma de posesión.

Pero en lo que sí no ha duda es en lo establecido en los artículos 231 y 233 de la Constitución Venezolana:

Artículo 231.

El candidato elegido o candidata elegida tomará posesión del cargo de Presidente o Presidenta de la República el diez de enero del primer año de su período constitucional, mediante juramento ante la Asamblea Nacional. Si por cualquier motivo sobrevenido el Presidente o Presidenta de la República no pudiese tomar posesión ante la Asamblea Nacional, lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia.

Artículo 233.

Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: la muerte, su renuncia, la destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, la incapacidad física o mental permanentemente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado éste por la Asamblea Nacional, así como la revocatoria popular de su mandato.

Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.

Si la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva.

En los casos anteriores, el nuevo Presidente o Presidenta completará el período constitucional correspondiente…

 

Al respecto les presento lo publicado en los diarios españoles ABC y El País, saquen ustedes sus propias conclusiones:

Abc de Madrid

Cabello descarta convocar elecciones si Chávez no toma posesión el 10 de enero

El presidente de la Asamblea advierte a la oposición que tampoco «abrigue esperanzas» de que él asuma el cargo

El presidente del Parlamento venezolano, Diosdado Cabello, pidió este sábado a la oposición que no abrigue esperanzas con la posibilidad de que el mandatario, Hugo Chávez, no asuma su nuevo periodo de seis años el 10 de enero de 2013, informa Efe.

Al aludir a la fecha establecida en la Constitución para que Chávez jure su cuarto mandato desde 1999, Cabello aclaró que en caso de que el gobernante, operado en Cuba por una recaída del cáncer que padece, no esté en el país, el titular de la Asamblea Nacional (unicameral) no asumirá ese día ni convocará nuevas elecciones en treinta días.

«No estén abrigando esperanzas de que el 10 de enero, al no estar el presidente, entonces el presidente o la presidenta de la Asamblea van a asumir. Se equivocaron, señores. No es por esa vía que ustedes creen que van a llegar al poder», puntualizó Cabello durante un acto en el estado Bolívar (sureste).

El también primer vicepresidente del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) señaló que en la oposición andan «alborotados» con esa fecha e indicó que están «absolutamente pelados (equivocados)».

«Olvídense del 10 de enero, señores. Si es que tienen alguna esperanza de que si el presidente no está va a asumir el presidente o presidenta de la Asamblea Nacional. No es esa fecha, a menos que el presidente Chávez decida él voluntariamente», reiteró Cabello.

Ante el Supremo

Cabello dijo que los opositores «están equivocados» acerca del artículo 231 de la Constitución, pese a que el mismo establece que el candidato elegido tomará posesión el 10 de enero «del primer año de su período» mediante juramento ante la Asamblea Nacional; y que si por un «motivo sobrevenido» no pudiese, «lo hará ante el Tribunal Supremo de Justicia», sin precisar la fecha o plazo para la jura.

Al mismo tiempo, el artículo 233 plantea que en caso de que se produzca una falta absoluta del presidente electo antes de tomar posesión, se encargará el titular de la Asamblea Nacional y se convocará a una «nueva elección universal, directa y secreta» en los treinta días «consecutivos siguientes».

Cabello opinó que «no es legal, no es constitucional y no es lo que el pueblo decidió el 7 de octubre», cuando Chávez logró su tercera reelección; «la voluntad del pueblo debe respetarse», apuntó.

La posibilidad de que Chávez, que pasó por cuarta vez por el quirófano en el último año y medio como parte del tratamiento contra el cáncer que le detectaron a mediados de 2011, no pueda asistir al acto de investidura presidencial ha abierto la discusión en el país sobre la constitucionalidad o no de aplazar esa ceremonia.

La semana pasada, el propio Cabello planteó la posibilidad de que Chávez pudiera tomar posesión del cargo más allá del 10 de enero, lo que desató una tormenta entre quienes se muestran a favor y en contra.

Maduro, su candidato

El pasado 8 de diciembre, Chávez anunció que se sometería a una nueva intervención quirúrgica en La Habana por la reaparición de «células malignas» y planteó, por primera vez, la posibilidad de que su condición lo obligue a apartarse del poder, ante lo que designó a su vicepresidente y canciller, Nicolás Maduro, como su candidato en caso de que se deban convocar a nuevas elecciones en Venezuela.

El País de Madrid

La incertidumbre sobre la salud de Chávez aviva la lucha por la sucesión

Dirigentes chavistas descartan las elecciones aunque falte el presidente

23 DIC 2012 – 22:32 CET

Los venezolanos llegan a esta Navidad en medio de la incertidumbre sobre el final de una historia que van conociendo por entregas, como los buenos folletines. Y también como en las telenovelas, que siguen ocupando los horarios estelares en televisión muchos años después de que los exiliados de la industria cubana del entretenimiento trajeran el género a Venezuela, el origen de las intrigas está en La Habana.

En el centro de la trama se encuentra la enfermedad del presidente Hugo Chávez y su incierta evolución en el Centro de Investigaciones Médico-Quirúrgicas de la capital cubana, donde fue operado el 11 de diciembre por cuarta vez desde que en junio de 2011 le fue detectado un tumor canceroso. Los partes oficiales de los últimos 10 días admitieron que en la fase posoperatoria el paciente atravesó momentos críticos, incluyendo un sangramiento y una infección respiratoria. Pero si bien el ministro de Comunicación, Ernesto Villegas, intentó suavizar el secretismo que hasta ahora había predominado en torno a la enfermedad de Chávez, la semana pasada el mutismo y las imprecisiones volvieron a imponerse.

Por ahora, el vicepresidente y sucesor designado por Chávez, Nicolás Maduro, se limita a hablar de una “progresiva recuperación” del primer mandatario. En Twitter, donde los venezolanos dirimen los asuntos que la verdad oficial de los medios no alcanza a cubrir, la vaguedad de las informaciones sobre la salud del comandante no tardó en dar vuelo a toda clase de rumores. Las versiones más extremas aseguraron que Chávez habría muerto ya y que el Gobierno ganaba tiempo en maniobras políticas. El mismo Maduro y una de las hijas del presidente refutaron la especie. “Basta de mentiras! Estamos junto a papá, VIVOS, luchando y recuperando la salud. CON DIOS”, escribió en Twitter María Gabriela Chávez.

Al drama de la lucha de Chávez por su vida se agrega una subhistoria legal con consecuencias políticas. La convalecencia del presidente, que se prevé larga y compleja, pudiera generar una situación sin precedentes en el país: que el presidente electo –Chávez, reelegido en los comicios del pasado 7 de octubre- no esté en capacidad de asumir el cargo ante la Asamblea Nacional el próximo 10 de enero. ¿Qué hacer?

La Constitución de 1999 –impulsada por Chávez- no deja lugar a dudas en su artículo 231. Si el 10 de enero Chávez no se hace presente, se cumplirían los extremos para que el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), con la ratificación de la Asamblea Nacional, declare la falta del funcionario. Esa falta pudiera ser “absoluta”, por muerte o incapacidad, en cuyo caso el presidente de la Asamblea Nacional asumiría la presidencia de la República con carácter interino para convocar a elecciones presidenciales en un plazo de 30 días. O también pudiera ser “temporal”, lo que requeriría una certificación por parte del Tribunal de la condición que define esa falta, y daría lugar a dos prórrogas de 90 días antes de desembocar en la convocatoria de elecciones.

Sin embargo, el presidente de la Asamblea, Diosdado Cabello, se descolgó el sábado con una tercera opción que, según los expertos, es inconstitucional: posponer la investidura, algo que explícitamente apoyó la presidenta del Tribunal Supremo, Luisa Estella Morales, en declaraciones el pasado jueves.

Cabello, exoficial del ejército, actual presidente de la Asamblea Nacional y exdelfín de Chávez, aseguró este sábado: “Ellos [la oposición] creen que si el presidente no va, pues entonces abandonó. En la Constitución hay un punto que indica que si este no puede tomar posesión el 10 de enero por razones sobrevenidas se juramentará ante el Tribunal Supremo de Justicia. ¿Cuándo? No dice. ¿Dónde? No dice dónde. Pero él seguirá siendo nuestro presidente”. “Olvídense de la fecha del 10 de enero, señores”, concluyó, y añadió que no pensaba convocar nuevas elecciones.

Pero según algunos analistas, la inflexibilidad de Cabello no estaría motivada ni por una lealtad altruista ni por una estrategia concertada dentro del chavismo. En realidad Cabello tendría aspiraciones a la sucesión.

De hecho, al exteniente siempre se le mencionó como líder de una de las facciones, la militar-desarrollista, que conviven bajo el liderazgo de Chávez. Cabello ganó reputación de buen gerente desde su primer cargo como director de la Comisión Nacional de Telecomunicaciones. Las virtudes ejecutivas lo siguieron acompañando como vicepresidente de la República, ministro de varias carteras y gobernador del Estado de Miranda. También lo persiguen señalamientos de enriquecimiento ilícito que, si bien no han tenido desenlaces judiciales, lo han rebajado ante la estima de Chávez.

Junto a Cabello, el exvicepresidente, Elías Jaua, líder de la facción talibana del chavismo, también mostraba un perfil presidenciable. Pero sus posibilidades se han visto mermadas por su reciente derrota ante el opositor Henrique Capriles en la competencia electoral por el Gobierno del céntrico Estado de Miranda.

El tercero en liza, Nicolás Maduro, actual vicepresidente, forma parte de una facción que se pretende civilista. Se convirtió en el primogénito entre los herederos la noche del 8 de diciembre, cuando Chávez expresó su voluntad de que se convocara elecciones y que se eligiera “a Nicolás Maduro como presidente”.

Esa suerte de testamento político de Chávez debió ser suficiente no solo para dirimir el venidero liderazgo del oficialismo, sino quizás para encumbrar a Maduro como ganador en esas eventuales elecciones, montado sobre la ola emocional de compasión y solidaridad con el comandante dado de baja. Pero una prolongación del interregno u otras hipótesis, que pudieran incluir una reincorporación temporal de Chávez a su cargo, tal vez darían nuevo vigor a las posibilidades de Cabello.

Curiosamente, la denuncia más rotunda de esta lucha palaciega no proviene de las filas de la oposición, todavía desconcertada tras su derrota en las pasadas elecciones regionales del 16 de diciembre. Fue Heinz Dieterich, un académico de origen alemán de la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam), quien dio la voz de alarma. En un artículo titulado sin ambages Diosdado desconoce al presidente Chávez, Dieterich acusa a Cabello de “operar en lo oscurito para configurar a su favor el ajedrez de la sucesión”. La opinión de Dieterich, reproducida en diversos medios de la extrema izquierda prochavista, tiene su peso. Fue quien acuñó la expresión de “Socialismo de Siglo XXI” como lema para la nueva izquierda latinoamericana y sirvió como mentor ideológico del chavismo hasta que, hace dos años, rompió con los bolivarianos tras señalar su deriva burocrática y el ascenso de un ala que denomina “derecha endógena”. Cabello se apresuró en tachar a Dieterich de “chulo”: “Sabrá Dios cuánto le estarán pagando, es de esos que cuando ven un movimiento revolucionario se acercan”.

Ni bien terminó de asimilar su papel de ungido, Maduro ha tenido que enfrentar como mejor puede esta primera prueba para su liderazgo en ciernes. La semana pasada, él y Cabello se alternaron para asistir a las diversas tomas de posesión de los gobernadores electos el 16 de diciembre. En el reparto de funciones parece yacer un mensaje salomónico de equilibrio y apaciguamiento. Desde Mérida, Maduro fustigó una supuesta campaña internacional para dividir a la cúpula chavista. “Que si Diosdado es Stalin y yo soy Trotsky”, caricaturizó. “Ridículos, ridículos y más ridículos en la derecha. Nosotros queremos decirles que hemos construido una verdadera hermandad”. Pero en esa intervención, de manera inadvertida o no, Maduro incorporó un nuevo candidato a la sucesión del presidente, cuando mencionó al todopoderoso ministro de Energía y presidente de la petrolera estatal PDVSA, Rafael Ramírez, como uno de los referentes revolucionarios con los que “quieren ponernos a pelear”.

Mientras tanto, los venezolanos se entrenan en la lectura entre líneas de las distintas declaraciones, como émulos de los antiguos kremlinólogos, expertos en interpretar ausencias de dirigentes y giros del lenguaje. La cuenta regresiva termina el 10 de enero y sólo entonces se sabrá quién habrá de ocupar la presidencia de Venezuela. Pero, a juzgar por cómo bulle en estos días el centro de Caracas de multitudes que hacen sus compras navideñas, no es algo que vayan a permitir que les arruine las fiestas.