Luego del foro en el suplemento Papel Literario de El Nacional de hace unos días y conducido por Nelson Rivera, Alonso Moleiro y este servidor nos dedicaremos a analizar en ese mismo espacio diversos aspectos de la cultura política venezolana en varias entregas. Ayer 18 de noviembre, se publicó la primera de ellas. Me animo a compartirla con ustedes en #Venebarometro para propiciar el debate.

Para iniciar, nos concentramos en una dimensión crucial: ¿Cuáles son las valoraciones que como venezolanos tenemos sobre la democracia? En ellas, abundan las paradojas y surgen muchas contradicciones. Espero podamos debatirlas…

“Paradojas y Contradicciones”

 

Desde hace muchas décadas, los venezolanos sentimos un gran apego por la democracia. Es al menos lo que hemos declarado. No existe estudio que no lo haya registrado: en cualquier revisión que se haga, es claro que una enorme mayoría aprecia los valores de la forma democrática. Sin embargo, no todo es color de rosas. Nuestras valoraciones como sociedad entrañan profundas contradicciones y paradojas. Aún más: presentan grandes desafíos.

En los estudios pioneros sobre la materia, muchos venezolanos afirmaron que “preferían la democracia a cualquier otro sistema de gobierno”; no obstante, un porcentaje muy relevante llegó a afirmar que “en algunos momentos se podía justificar un Golpe de Estado”. ¿Había un germen autoritario en nuestro imaginario? Con el paso del tiempo, esa hipótesis se diluyó. El país siguió, tuvimos más elecciones, millones seguían votando y el sistema se “consolidó”. El principal clivaje era el ser “político” (militando o simpatizando en alguno de los grandes partidos) o ser “apolítico” (refugiándose en la esfera de los asuntos privados).

Nos identificamos con los valores más importantes de la democracia, decimos apoyarlos y practicarlos, pero somos una sociedad con un bajísimo nivel –longitudinalmente registrado– de confianza interpersonal. No confiamos en el otro, así de simple. ¿Cómo pensar en mecanismos asociativos sólidos y fecundos, cuando muchos se refugian en las infranqueables murallas de su privacidad? Hay quien afirma que hemos visto la democracia tan sólo como la celebración de elecciones.

Con los años ´90 y las intentonas militares, el apego democrático volvió a ponerse a prueba. Los venezolanos rechazaron los golpes, aunque muchos valoraron positivamente a quien los perpetró. La democracia nos seguía gustando, pero la queríamos con otros partidos. El sistema se comenzó a resquebrajar. Comenzamos a votar menos. Algunos comenzaron a hablar de la “crisis de legitimidad del sistema venezolano”. Los problemas institucionales, la corrupción y la falta de eficacia en la resolución de problemas concretos nos colocaron al borde un precipicio. En 1998 decidimos entre dos opciones que se nutrían de una retórica de “cambio radical”. Elegimos a la más nítida de ellas.

Desde hace 14 años se instauró el paradigma de la “democracia participativa”, pero seguimos haciendo poca vida en el espacio público. Los nuevos mecanismos de acción pública son ocupados por una minoría muy pequeña –y muy partidizada– porque muchos se han negado a hacer vida en ellos. Una parte importante del país afirma que Venezuela vive una democracia sana y plena, pero cada vez es más elocuente la ausencia en la división de poderes.

Hay quienes aún cuando creen en la democracia, tienen miedo a hablar sobre política hasta con sus vecinos. Tienen miedo a que se conozca su voto, porque dudan que éste sea secreto. Nos gusta votar y decir lo que queremos, pero muchos no participamos más allá de una elección. Curioso. Muy curioso

 

Edgard Gutiérrez

@gedgard / Facebook

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