Dos nuevos estudios advierten sobre las presentaciones más nuevas de pastillas anticonceptivas, llamadas Yaz o Yasmin. Dicen que podrían conllevar un riesgo más elevado de coágulos que los anticonceptivos orales más antiguos.

Las mujeres que toman pastillas de “cuarta generación” que contienen drospirenona, un nuevo tipo de progesterona, presentaron entre el doble y el triple del riesgo de coágulos, frente a las mujeres que tomaron pastillas que contenían levonorgestrel, según dos estudios publicados en la edición on line del 22 de abril de la British Medical Journal.

“Esto confirma lo que muchos médicos sospechaban. Las nuevas pastillas sí tienen un riesgo de coágulos mayor. Sin embargo, sigue siendo más bajo que el riesgo relacionado con el embarazo, por lo que no nos impide dejar de prescribirlas”, aseguró la Dra. Rachel Bonnema, profesora asistente de Medicina Interna del Centro Médico de la Universidad de Nebraska en Omaha.

El Dr. Steven R. Goldstein, profesor de Ginecología y Obstetricia del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, agregó que “estamos hablando de un aumento mínimo del riesgo”.

Estas nuevas pastillas, que se venden con el nombre Yaz o Yasmin, son populares, aunque el riesgo de coágulos, conocidos también como tromboembolia venosa, ya se había registrado.

En uno de los dos estudios nuevos participaron mujeres estadounidenses de entre 15 y 44 años que tomaron una píldora anticonceptiva que contenía drospirenona o levonorgestrel después de enero de 2002.

En este estudio, los investigadores dirigidos por la Dra. Susan Jock de la Facultad de Medicina de la Universidad de Boston, compararon a 186 mujeres que habían sufrido un coágulo con otras 681 que no.

Las que tomaron la pastilla más nueva presentaron un riesgo 2.3 veces superior de coágulo. El riesgo absoluto fue de 30.8 por 100,000 entre las que tomaron drospirenona, frente a 12.5 por 100,000 entre las que tomaron levonorgestrel.

El otro estudio examinó a mujeres de edad similar en el Reino Unido y halló un riesgo tres veces superior de coágulos entre las mujeres que tomaron la versión más nueva de la pastilla. Eso resultó en 23 por 100,000 mujeres del grupo de drospirenona y en 9.1 por 100,000 en el grupo de levonorgestrel.

“El riesgo absoluto por cada 100,000 mujeres sigue siendo reducido”, señaló la Dra. Jill Rabin, jefa de Atención Ambulatoria y Ginecoobstetricia del Centro Médico Judió Long Island de Hyde Park, Nueva York.

Aún no está claro por qué la drospirenona podría incrementar el riesgo, agregó.

Otro estudio reciente concluyó que las píldoras de cuarta generación no conllevaban un riesgo mayor de enfermedad de la vesícula biliar, que también había sido motivo de cierta preocupación.

¿Cambiarán la práctica médica los hallazgos actuales?

“Si tengo un paciente que viene mañana a comenzar a tomar anticonceptivos, quizá no le recete Yaz o Yasmin”, aseguró Goldstein. “Pero no se la quitaría si ya lleva seis meses o un año tomando esta píldora y le está yendo bien, si no tiene antecedentes familiares ni personales de tromboembolia”.

Las mujeres que estén en mayor riesgo de coágulos probablemente no deberían tomar píldoras anticonceptivas, añadió.

De todos modos, la versión con drospirenona tiene sus ventajas, dijo.

“La retención de agua parece ser dramáticamente mejor y la presentación de dosis baja está aprobada para el trastorno disfórico premenstrual”, digo Goldstein. “Definitivamente, hay ventajas para las personas adecuadas”.