Riquezas, corrupción, intrigas y herederos dominan Congreso del Partido Rojo en China

Una noticia desde China, un trabajo de investigación y un análisis desde Madrid coinciden hoy en la importancia y relevancia que para el mundo entero tiene lo que hoy está sucediendo en Beijing cuando se reúna la cumbre del Partido Comunista Chino.

La noticia de la que hablamos ha causado revuelo no solo en China sino en el resto del mundo. Tras haber sido denunciado en el diario The New York Times del pasado 26 de Octubre, por supuestamente tener junto a su familia una fortuna de $ 2.700 millones, el primer ministro de China Wen Jiabao pidió una investigación sobre su pretendida riqueza.  La dirección del partido comunista ha puesto en marcha esa investigación a petición del primer ministro, según las fuentes del PCC.

En una carta presentada al Comité Permanente del Buró Político del partido que es el órgano superior de decisión del que el primer ministro es también miembro, Wen pidió una investigación formal sobre las reclamaciones hechas por The New York Times.

No está claro hasta donde escarbe o profundice la investigación ni tampoco si los resultados serán publicados.

La pesquisa se espera se centre en las acciones allegadas a la familia en Ping An, una de las compañías de seguros más grandes del continente.

El informe del Times, citando a la normativa reguladora y documentos corporativos, dijo que en 2007 la familia de Wen tuvo una participación de $ 2.200 millones en Ping An.

También se alegó que la madre de Wen tuvo $ 120 millones en acciones de la compañía.

Casualmente hoy mismo aparece en el muy prestigioso diario español El País (www.elpais.com) lo que bien pudiera ser considerado como el más completo manual para actualizar el conocimiento global que sobre el secreto del poder en el país más grande del mundo puede tener cualquier interesado en conocer la cúpula del Partido Comunista Chino, los líderes que entran y salen y sobretodo el posible rumbo que el gigante asiático ha de tomar en los años por venir. Los años desde ya. Sin mucha demora.

La periodista Georgina Higueras hace una enjundiosa investigación que nos revela, arista tras arista, lo que está en juego no dentro del ancestral y obsoleto comunismo de Mao sino en el medio del capitalismo chino, más radical en su esencia de lo que pudiera imaginarse Wall Street o Londres.

AQUÍ EL TRABAJO DE INVESTIGACIÓN DE EL PAÍS:

Los ‘príncipes’ de la nueva China

Comienza el reinado de los hijos de los fundadores de la República Popular, que ya copan la dirección de las regiones y de bancos y grandes empresas estatales

GEORGINA HIGUERAS Madrid 

El XVIII Congreso del Partido Comunista Chino (PCCh), que comienza el próximo día 8, entronizará a los llamados príncipes (taizidang) al frente del destino de China durante los próximos 10 años. Son los hijos de los fundadores de la República Popular y de otras personalidades relevantes de la China comunista. Sus padres, casi todos, sufrieron los desmanes de la Gran Revolución Cultural (1966-1976), pero al igual que Deng Xiaoping (1904-1997) —el llamado arquitecto de la reforma y el impulsor del avance económico que ha convertido a China en la segunda potencia mundial—, fueron rehabilitados a finales de la década de los setenta, lo que facilitó la carrera de los hijos.

Xi Jinping, que la semana próxima sustituirá a Hu Jintao como secretario general del PCCh, en tanto que príncipe heredero, encabeza la larga lista de hijos de la nomenclatura que por razones dinásticas copan los cargos de máxima responsabilidad del partido, del Estado, de las regiones, los bancos, las finanzas, las grandes empresas estatales e incluso algunas de las mayores compañías privadas de China.

Parece increíble que en un país de 1.350 millones de personas pueda haber una conexión entre los dirigentes de dos provincias separadas por miles de kilómetros y, sin embargo, con frecuencia la hay. El PCCh, con 82 millones de miembros, ha tejido una extraordinaria red de contactos que se forjan desde la más tierna infancia, por lazos entre las familias, las escuelas, las universidades y los lugares de trabajo. Es la malla invisible del nepotismo que impregna todos los sectores de la realidad china.

Las activas redes sociales, con Weibo a la cabeza (una especie de combinación de Twitter y Facebook), revelan el creciente malestar por los privilegios de los príncipes. En 2010, el Diario del Pueblo (Renmin Ribao), órgano de difusión del PCCh, se hizo eco de este descontento al indicar que el 91% de los participantes en una encuesta consideró que “todas las familias ricas de China proceden de la política”. Y en un foro organizado por el mismo Renmin Ribao el pasado marzo, el ex auditor general Lin Jihua aseguraba que “muchos de los problemas de corrupción se organizan a través de los hijos e hijas”. Según Lin, el rápido enriquecimiento de los dirigentes y de sus hijos es “el principal motivo de descontento entre la población”.

La reclusión de los máximos líderes en el Zhongnanhai —la Ciudad Prohibida comunista, situada justo al sur de la antigua residencia de los emperadores en Pekín— facilitó desde la fundación de la República Popular, en 1949, la endogamia de los dirigentes. Sus hijos jugaron juntos en los jardines de Zhongnanhai. Después, los chicos acudieron al elitista instituto masculino número 4 de la capital y luego chicos y chicas volvieron a reunirse en las prestigiosas universidades de Pekín y Qinhua (también en Pekín) y Fudan (Shanghái). Casados entre ellos, sus hijos estudian en Harvard, Cambridge y otras importantes universidades internacionales.

Conocido como el príncipe rojoBo Xilai, ahora expulsado del PCCh y a la espera de ser juzgado por abuso de poder, sobornos, relaciones impropias con numerosas mujeres y ocultamiento del asesinato de un hombre de negocios británico por su esposa, Gu Kailai (sentenciada en agosto a la pena capital con dos años de suspensión de condena), es uno de los más claros ejemplos del poder de estas sagas. Hijo de Bo Yibo, uno de los “ocho venerables” (entre los que se incluía Deng Xiaoping), su primera mujer también es princesa, vivió en Zhongnanhai, ha acumulado enormes riquezas y los dos hijos de sus dos matrimonios han estudiado en EE UU, el primero en Columbia y el segundo en Harvard.

En el país de los guanxi (contactos), los bancos más exitosos de China tienen especialistas dedicados a trazar los árboles genealógicos de dirigentes, exdirigentes y altos funcionarios a nivel central y regional para organizar sus carteras de clientes. La información publicada porThe New York Times en octubre pasado sobre que la familia del primer ministro, Wen Jiabao, ha acumulado una riqueza superior a los 2.100 millones de euros, muestra cómo se desarrollan esas corruptas relaciones de poder.

Según The Sydney Morning Herald, si Wen Yunsong, el hijo del primer ministro, dirige uno de los fondos privados de acciones más exitoso, el hijo de Wu Bangguo —presidente de la Asamblea Popular Nacional y oficialnúmero dos del PCCh—, dejó Merrill Lynch para dirigir un fondo de inversión ligado a la estatal compañía de energía nuclear. La hija de Li Chanchun, jefe de propaganda del partido, trabaja en una filial de inversión del Banco de China y varios bancos extranjeros han contratado a familiares de Wang Qishang, quien todo apunta a que en el cónclave que comienza el próximo jueves ascenderá a miembro del Comité Permanente del Politburó, la dirección colegiada de China.

No son los únicos. El hijo de Zhu Rongji (primer ministro de 1998 a 2003) dirige China International Capital Corp. y colocó a su lado a la hija de Shang Fulin (supervisor de la Bolsa de China de 2002 a octubre de 2011). La nieta de Hu Yaobang (secretario general del PCCh de 1982 a 1987), Janice Hu, es la presidenta para China de Credit Suisse. En realidad, la lista de príncipes y princesas al frente de las más poderosas instituciones y empresas es tan amplia como casi el número de estas.

A este fabuloso entramado de guanxi, donde nepotismo y corrupción van de la mano, contribuye en parte la misma mentalidad china. Tras la destitución en septiembre pasado de Ling Jihua como director de la Oficina del Comité Central (el gabinete del jefe del Estado para los asuntos internos del PCCh), el profesor de la Universidad de Pekín Zhang Ming reconoció, en declaraciones a la agencia alemana DPA, que en China es una práctica habitual cubrir de atenciones a las familias de los políticos para influir en la toma de decisiones. “Ling Jihua era director de la Oficina General del Comité Central e, incluso aunque no lo pidiera, la gente le daría dinero a su hijo”, dijo el profesor al referirse al escándalo del Ferrari del hijo del político degradado. La policía cibernética bloqueó toda la información sobre el accidente de un Ferrarien el que murió el conductor (Ling Guo) y las dos chicas que iban dentro resultaron heridas de gravedad. Ling Guo fue enterrado en secreto para que no se dañara la imagen de su padre, quien finalmente cayó no solo porque su hijo condujera un Ferrari sino también porque estaba vinculado al exministro de Ferrocarriles Liu Zhijun, expulsado del PCCh el pasado 28 de mayo porque durante los ocho años de su cargo (2003 a 2011) favoreció a empresas de amigos y familiares y desvió a sus cuentas personales cientos de millones de euros de los fondos para la construcción de la amplia red de trenes de alta velocidad.

La salida a Bolsa en Hong Kong de la China Railway Construction Corp. (4.600 millones de euros), que gestionó el Macquarie Group, se consiguió tras el vertiginoso ascenso en esa financiera australiana de Raymond Sun, casado con la hija de Fu Zhihuan, ministro de Ferrocarriles de 1998 a 2003.

No es de extrañar el enorme malestar de la mayoría de los chinos contra los abusos y la inmunidad de que gozan los taizidang. Unos privilegios que también tratan de atribuirse los hijos de las autoridades locales.

Pero el Partido Comunista Chino es solo cosa de príncipes. Frente a estas élites dinásticas se alzan los tuanpai, los hijos del pueblo, que a través de la Liga de la Juventud han escalado paso a paso los peldaños del PCCh hasta el Comité Permanente del Politburó. Con el respaldo del saliente Hu Jintao y con Li Keqian a la cabeza, tratarán de hacerse en el XVIII Congreso con varios de los nueve escaños —se estudia reducirlos a siete— del máximo órgano de poder.

 

La misma edición de El País trae un artículo de opinión  firmado por el profesor Mario Esteban, especialista en Asia  y más específicamente en China en la Universidad Autónoma de Madrid, quien analiza la integración del nuevo liderazgo chino enfatizando que dos facciones de poder de la Liga de la Juventud, una “De China” y la otra “De Shangai” serán las que con su puja a músculo debatirán el rumbo del poder nuevo en el gigante amarillo: 

La quinta generación

Los líderes que durante la próxima década regirán China pertenecen a dos facciones del poder

En los próximos días se celebrará el congreso nacional del Partido Comunista Chino, del que saldrán los líderes que van a dirigir durante la próxima década la potencia emergente más importante de nuestro tiempo. Las decisiones que tomen durante su mandato no solo contribuirán a moldear el futuro de China, sino que se dejarán sentir más allá de sus fronteras. Al igual que nos conciernen las elecciones estadounidenses, tampoco nos puede resultar indiferente quién gobierne China. Parece por tanto conveniente dibujar el perfil de la nueva generación de líderes chinos.

Los miembros de la quinta generación de líderes son los primeros que nacieron tras la fundación de la República Popular China y han pasado la mayor parte de su vida adulta en la China reformista, tras el maoísmo. Es más, el principal recuerdo que muchos de ellos guardan del periodo maoísta son los padecimientos que sufrieron a raíz de la Revolución Cultural, ya fuese su deportación a zonas rurales del interior de China o la persecución de sus familiares. Esto hace que comulguen todavía menos que sus antecesores con los preceptos ideológicos del maoísmo.

En cuanto a su perfil formativo, están todavía más cualificados que sus predecesores y cuentan con una mayor variedad de áreas de especialización, reduciéndose el número de ingenieros frente a los científicos sociales. Varios de ellos han estudiado en países occidentales, o tienen actualmente a sus hijos estudiando allí, y son más cosmopolitas que los líderes salientes.

Respecto a la orientación política de los miembros del próximo Comité Permanente del Politburó, el órgano político más importante de ese país, todo ellos están vinculados o a la facción de la Liga de la Juventud Comunista de China o a la facción de Shanghái. Si tenemos en cuenta que estas facciones están encabezadas por los dos últimos secretarios generales del partido, Hu Jintao y Jiang Zemin, no se esperan cambios políticos radicales a corto plazo. Los líderes entrantes seguirán apelando al desarrollo económico y al nacionalismo para legitimar el monopolio político del Partido Comunista Chino. Esta línea continuista vendrá reforzada por el hecho de que un porcentaje importante de los nuevos líderes son hijos de antiguos cargos del partido.

Aunque no vayamos a asistir a un cataclismo político, la relación de fuerzas que se establezca entre ambas facciones nos resultará enormemente relevante. Si la facción de la Liga de la Juventud Comunista de China consigue mantener una mayor influencia, se aplicarán políticas que busquen un desarrollo más equilibrado del conjunto del país, orientadas a reducir la conflictividad social, aunque sea a costa de desacelerar el ritmo de crecimiento económico. Por el contrario, cuanto más poder aglutine la facción de Shanghái, más impulso tendrán políticas que maximicen el desarrollo macroeconómico de China, que benefician especialmente a las zonas costeras y a una creciente clase de empresarios y profesionales liberales.

Mario Esteban es profesor titular de Estudios de Asia Oriental en la Universidad Autónoma de Madrid y coordinador de Asia-Pacífico del Observatorio de Política Exterior Española de la Fundación Alternativas.

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