Masacre en la cárcel de Amazonas: “Esa gente vino, mató y se fue”

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Por Lorena Meléndez G.

@loremelendez

“Eso ya lo tenían planificado”. Con esa frase termina el testimonio de Josefina Payema, madre de Gabriel Muñoz, en el informe sobre la masacre que se registró entre el 15 y 16 de agosto pasado en el Centro de Detención Judicial de Amazonas, en Puerto Ayacucho. Esa misma sentencia la repitió el martes 21 de noviembre, cuando acudió a la presentación del informe sobre la matanza de 39 personas que elaboró el Observatorio Venezolano de Prisiones (OVP), ONG encargada de la defensa de los derechos de los privados de libertad.

Payema consideró que hay varias claves que sostienen su hipótesis. Aseguró que antes de las 7:00 pm del martes 15 de agosto, una hora después de haber salido del penal, arribó al lugar un avión militar lleno de funcionarios policiales y militares. Se cumplió así lo que Gabriel le había dicho esa tarde: que desde hace días se planificaba una intervención por parte de las fuerzas del Estado. “Creo que dieron una orden desde Fiscalía y la gente se va a meter. Se lo digo usted para que no se preocupe”, le había comentado su hijo, de 34 años de edad.

Tras haberse enterado de la llegada de los uniformados, Payema se comunicó varias veces con Gabriel para saber qué pasaba puertas adentro. A las 6:00 am del día 16 le había dicho que estaba bien. Sin embargo, 40 minutos después todo cambió. “A esa hora me mandó un mensaje que nunca lo olvido donde me dijo ‘mamá estoy casi muerto, cuídense, los quiero mucho y los amo'”, recordó.

En vano, la madre intentó acercarse al penal pero los Guardias Nacionales cercaron el sitio y durante horas le negaron información sobre el paradero y el estado de los reos. A una de sus hijas y a su nuera las detuvieron porque insistían en pasar hacia el penal para verificar cómo estaba Gabriel. A ella misma se la iban a llevar en una patrulla por preguntar por su salud. Alrededor de las 8:00 am, el avión que había traído a los uniformados, se retiró.

“Ellos habían terminado su trabajo y se habían ido. Yo todavía tenía la esperanza de que mi hijo estuviese vivo. Veíamos que las ambulancias y el Cicpc, a cada momento, cargaban muertos, pero ellos (los guardias) decían que eran los militares quienes habían muerto y que los presos habían matado a muchos militares”, relató la mujer. Sin embargo, en los hechos de Amazonas, solo cinco uniformados resultaron heridos. Los 39 muertos eran parte de los 100 privados de libertad que había en el sitio. Muchos de ellos cayeron por disparos en la nuca y en la cabeza como si se tratara de ejecuciones.

La madre también afirmó que dos semanas antes de la intervención policial-militar hubo cambios en la policía del estado Amazonas.

“Ya ellos venían preparando todo. Unos días antes cambiaron a los directivos de la policía y pusieron como jefes a funcionarios del Cicpc. Ellos habían permitido que los ‘pata de goma’ –supuesto grupo paramilitar– los atacaran. Ellos solo querían matarlos, porque de lo contrario hubiesen buscado la manera de llegar a un acuerdo con ellos, porque ellos ya sabían que de un momento a otro iban a tomar el penal”, se lee en la declaración de Payema plasmada en el informe.

“Yo estoy dando la cara por mi hijo porque eso no se va a quedar así. Allí había personas inocentes y había otras que eran culpables, pero tampoco eran animales, porque ni a los animales se les trata de esa manera. Todos los que tengan que ver con esa masacre, porque eso fue una masacre, que reciban castigo. Yo más nunca voy a recuperar a mi hijo, por eso yo quiero que se haga justicia”, enfatizó la madre este martes.

Todos lo sabían

Las afirmaciones de Payema las secundó el obispo de Amazonas, monseñor Jonny Reyes Sequera, quien conoció que se haría una intervención en la cárcel dos días antes de que sucediera. “Yo sabía y los presos también lo sabían. Pero nadie se imaginó que iba a ser una masacre”, apuntó.

Al igual que la madre de Gabriel, el sacerdote vio cómo un avión trasladó a los funcionarios que ejecutaron la operación. “Eso lo hizo gente que fue invitada, que fue convocada y a la que le fue señalada una misión. Esa gente vino, mató y se fue”, recalcó.

Reyes Sequera condenó la manipulación ejercida por el Estado para evitar que la matanza tuviera “resonancia”. Recordó que a la semana siguiente de los hechos, pocos mencionaban lo que había pasado. “Ya nadie le paraba, a nadie le importaba porque la gente estaba ocupada con el Clap y el efectivo. Eso es triste, tenemos que crear conciencia social”, añadió.

El discurso oficial también ha contribuido a reducir la masacre. “Se trata de decir que eran unos pranes, unas lacras, pero no podemos ceder en el hecho de que ellos eran personas y tenían dignidad (…) Aquí no venimos a echarle un cuento, ni una historia de fantasía, lo que ha visto la señora Josefina, lo que vieron los residentes de Ayacucho, los habitantes de San Enrique, aledaño al centro judicial, no es cuento, no es una posición ideológica por querer ir contra el Gobierno, es una experiencia de injusticia que se ha cometido hacia venezolanos que tenían una dignidad”, aseveró el obispo.

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