El rey del tenedor

En octubre de 1955  por primera vez una venezolana ganaba la corona de “Miss Mundo”. Susana Dujim había quedado entre las 15 finalistas del “Miss Universo” y la expectativa con su participación en el otro certamen de belleza tenía a todos pendiente, según puede verse en las hemerotecas, la muchacha era el gran tema del momento.

Pero los beisboleros estaban en otra cosa, comenzaba la temporada con la apertura de un nuevo parque de beisbol el “estadio Cuatricentenario” que más tarde fue re bautizado como “José Bernardo Pérez”.

El 8 de octubre de 1955, el equipo debutante de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional,  Industriales recibía a los Leones del Caracas. Fue una tarde de beisbol para el recuerdo. “El Indio” Emilio Cueche abría por los valencianos y José “Carrao” Bracho por los capitalinos.

Emilio “El Indio” Cueche

Fue un duelo en el que los Leones terminaron derrotando 1×0 al Industriales luego de un recital de envíos que casi no pudieron descifrar los bateadores.

Cueche y Bracho se caracterizaron por ser hombres fajadores y aquel día no fue distinto, y trabajaron completo, sólo que los pitcheos extraños por el “Carrao”  pudieron más que las curvas de su rival.

José “Carrao” Bracho

Quienes lo recuerdan siempre han destacado ese pitcheo insólito que caía en cualquier parte menos en zona de strike para engañar a los bateadores.  Si es como dice Sandy Koufax, que “pitchear es el arte de engañar” El “Carrao” fue Miguel Angel.

José “Carrao” Bracho, Emilio Cueche y Ramón Monzant fueron los tres legendarios lanzadores más dominantes de la década de los cincuenta en nuestra pelota y sería justo decir que del Caribe.

Cuenta la leyenda urbana que le tenía miedo a viajar en avión, aunque vio acción en el béisbol de los Estados Unidos y  de la República Dominicana, donde también hizo fama de leyenda. En 1953 fue seleccionado “Pelotero del Año” al ganar 10 encuentros con Estrellas Orientales.

En 1955 pitcheó con el Sugar Kings, equipo AAA de los Rojos de Cincinnati en la Liga Internacional y  obtuvo nueve victorias. Siempre se recuerda que  estuvo a un paso de subir a las Grandes Ligas, pero el dueño del equipo, Bobby Maduro, prefirió que se quedara para la “Pequeña Serie Mundial” que se realizaría ese mismo año en La Habana y no volvió a recibir la oportunidad o quién sabe si fue por su aprehensión a subirse a los aviones.

En aquellos tiempos los jugadores de beisbol no sólo se enfrentaban con strikes o batazos, el duelo comenzaba antes de iniciar los movimientos y se escuchaban cantidad de cosas entre el pitcher y el bateador.

Dicen que el “Carrao” devolvía las chanzas con esa pelota que se hundía y dejaba en ridículo al hombre del madero. Siempre contaba que se le ocurrió para tratar de ponchar a Willie Mays y le funcionó. El pitcheo lo conocemos como “la bola de tenedor”.

Cuando en el año 2000 Empresas Polar promovió la creación de un “equipo del Milenio” para honrar a los más destacados de nuestra pelota. José de la Trinidad “Carrao” Bracho fue invitado a compartir. Entonces coincidió de nuevo con Alfonso Carrasquel, su compañero en el Cervecería y en Leones, con Héctor Benítez “redondo”  y Jesús Romero Petit (también héroes del 41), Luís Aparicio, Víctor Davalillo y glorias “nuevas” como Wilson Álvarez, Omar Vizquel y Bob Abreu.

A quien suscribe le tocó el inmenso honor de coordinar ese evento y pude entonces compartir con ellos todo el día de la celebración, que ocurrió en el primer juego de la final entre Magallanes y las Águilas en el “Luís Aparicio, El Grande” de Maracaibo.  Carrao fue acompañados por uno de sus hijos.

Es una experiencia sabrosa presenciar esos encuentros, porque entre peloteros pareciera que no hay brechas, cuando llega un pelotero de experiencia además, los más jóvenes, por estelares que sean, evidencian respeto y hablan en sus códigos beisboleros y todos son iguales: hombres de beisbol.

El “Chico” le preguntó, hablando de Bob Abreu: ¿Qué pitcheo le harías a él?, el “Carrao” sonrió y le dijo: “El mismo que no me bateó nadie”.

Quiso irse de madrugada, terminó el juego por estos lares, después de una trayectoria que por más de dos décadas le permitió convertirse en uno de lo mejores de todos los tiempos. Como dice el ya lugar común para él “nuestro Cy Young”.

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