“La oposición soy yo”, por Eddie A. Ramírez S.

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No tienen el poder, por lo que no pueden  decir “El Estado soy yo”, como vociferó Luis XIV, según anécdota poco sustentada. Por ello, unos se limitan a predicar “la oposición soy yo”, los demás son colaboracionistas; otros se consideran  la verdadera oposición y descalifican a  los demás por no ser militantes de un partido o por percibirlos extremistas. En tiempos difíciles,   quienes pretenden fungir como dirigentes o como orientadores  deberían tener   la sensatez de deponer sus intereses, en unos casos,  o de mitigar su fanatismo y prepotencia, en otros.

Esta característica no es exclusiva de los venezolanos. La historia narra casos de luchas internas entre dirigentes, aún cuando la situación que enfrentan amerita unir esfuerzos. Uno de ellos fue la confrontación en el exilio entre los generales De Gaulle y Giraud, mientras Francia estaba ocupada por los nazis y Hitler se paseaba victorioso por Europa. Al respecto Churchill  comentó  “se odian más entre ellos que a los alemanes”.

Cada quien tiene derecho a expresar sus ideas, pero es pertinente ser más comedidos. ¿Es sensato  y justo, por ejemplo, descalificar a  Yon Goicoechea porque decidió lanzar su candidatura a la alcaldía de El Hatillo? ¿No sería más constructivo decir que no se está de acuerdo con esa decisión y por lo tanto no votarán por él?  ¿Qué se gana con descalificar a un joven que lo que ha hecho es  sufrir prisión y desear seguir luchando?

¿Es tan difícil entender que votar o no hacerlo es una decisión, buena o mala,  que generalmente se toma de buena fe pensando que es la mejor manera de enfrentar al totalitarismo? Votando hemos tenido éxitos, aunque poco después la dictadura haya desconocido competencias,   encarcelado a alcaldes y anulado a la Asamblea Nacional, pero a un elevado costo político a nivel internacional. También hemos tenido fracasos como el reciente del 15O, básicamente por fraude cometido por el régimen y, parcialmente, por descuidos nuestros.

Lo mismo es válido para la negociación. Es tan poco racional descalificar a quien considera que una negociación es necesaria , como desacreditar a quien la rechaza. Todo depende del objetivo que se persigue, de lo que se acepte y de las garantías de cumplimiento. Cuando el mariscal Petain, el almirante Darlan y el general Giraud  negociaron el armisticio con Hitler no lo hicieron por antipatriotas, sino por pensar que el ejército alemán era tan poderoso que seguir combatiendo era un mal mayor. Se equivocaron. Inevitablemente toda Francia quedó bajo el yugo nazi.  Darlan y Giraud se percataron a tiempo y al final apoyaron la causa aliada. Petain se plegó a los nazis y sufrió las consecuencias. Esa negociación fue un fracaso, pero otras han sido exitosas.

En esa II Guerra Mundial, mientras los nazis ocupaban países y asesinaban judíos, Suecia y Suiza, países neutrales y democráticos,  negociaban con Alemania materiales estratégicos. En esa época Cordel Hull, Secretario de Estado de Roosvelt, aceptaba que Tacho Somoza, el dictador de Nicaragua, era un hdp pero alegó que “era nuestro hdp”. Cuando Curazao y Trinidad eran dependientes de las democráticas Holanda e Inglaterra, respectivamente, Pérez Jiménez logró que mi padre fuese expulsado de esas islas. En el caso de Trinidad también fueron desalojados Jóvito Villalba, Droz Blanco y Vicente Gamboa. Afortunadamente, hoy la defensa de los derechos humanos no tiene fronteras y los países democráticos tienen pocas simpatías por las dictaduras.

Parte de la oposición aceptó acudir a una nueva negociación, siempre y cuando asistan como acompañantes cancilleres de países democráticos. Esta vez cuenta con  respaldo internacional,  lo cual es una ventaja. Sin embargo,  comparece debilitada por la reciente derrota y por la división interna. El régimen acude fortalecido por una parte, pero debilitado por la necesidad de refinanciamiento de la deuda y por las sanciones internacionales de Estados Unidos, Canadá y de los 28 países de la Unión Europea. ¿Qué se podrá lograr? Lo máximo sería que se disolviera la Constituyente, pleno reconocimiento de la Asamblea Nacional, cambio del CNE y del TSJ, libertad de presos políticos y canal humanitario. Lo mínimo aceptable sería que los rojos  limiten las atribuciones de la Constituyente, designación de un nuevo CNE,  libertad de los presos políticos y canal humanitario ¿Vale la pena ir a esa negociación? Sí, siempre y cuando nuestros representantes no se dejen engatuzar.

Predicar que debemos hacer cumplir el “mandato”del 16 J, sin tener cómo son solo buenos  deseos. Otras opciones son posibles, pero se perciben poco probables. Para salir del régimen la oposición no puede ser fulano o sutano, tenemos que ser todos. Para alcanzarlo quizá lo apropiado es lograr una buena negociación y reconstruir la unidad alrededor de un candidato independiente.

Como (había) en botica: Según Boletín de la OPEP del día de ayer, la producción de crudo de Venezuela es de 1.863.000 barriles por día,  un 5.7% del total de esa organización.  “Infatigables” es un libro que está próximo a circular.  Víctor José López( El Vito) no se limita a referir las luchas por la libertad en las que participaron familiares de él y de su primo Leopoldo, otro infatigable,sino que en forma amena nos pasea por muchos sucesos de fines del siglo XIX hasta la fecha. Lo disfruté y aprendí ¡No más prisioneros políticos, ni exiliados!

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